domingo, 31 de marzo de 2024

0843: Albertito

― ¿Por qué lloras pequeño?

Asombrado porque su interlocutor era un desconocido señor mayor, quedó inerte unos segundos. Repuesto del susto miró al extraño y vio que era un hombre alto y fornido de más o menos la edad de su padre, pero cuyo rostro irradiaba bondad e indulgencia. Este le volvió a preguntar:

― ¿Te puedo ayudar para que dejes de llorar?

Empezó a contarle su infortunio, pero antes de terminar el relato de su lastimosa situación, el hombre desconocido, tomándolo con firmeza de un brazo lo condujo hacia adentro y le dijo:

―Yo tomaré el lugar de tu padre. Solo dime tu nombre y no digas ni una palabra, déjame actuar a mí.

―Al… Al... Alberto― alcanzó a balbucear cuando ya estaban adentro camino a la Dirección ―pero mi papá me dice Albertito.

Llegaron al despacho indicado y el señor, con total naturalidad entró cogiendo la mano del niño. El director comenzó a relatar lo acontecido el día anterior y, cuando hizo una pausa para tomar aire y continuar, el señor con voz suave y pausada le dijo:

― ¿Eso hiciste Albertito?

― ¡Sí papá! ― contestó el niño con seguridad, pero con mucho alivio y tranquilidad, pues todo parecía ir perfecto. No terminó de pronunciar la última sílaba cuando sin levantarse de su asiento, el falso padre le propinó una cachetada en pleno rostro que lo hizo tambalear en su silla.

Sorprendido el director, continuó con su relato, pero a la pausa siguiente el «papá», otra vez sin levantarse, descargó contra el niño otra furibunda cachetada que esta vez lo volteó de la silla.

―Señor, cálmese por favor, no debe usted golpear así al niño― y continuó con la descripción de los hechos, pero tratando de hacerlo de una manera más leve con el propósito de evitar enojar más al padre al ver su violenta reacción.

Albertito con el rostro enrojecido y las lágrimas rodando por sus mejillas apenas si podía dominar el llanto.

Terminada la alocución del director, el «papá» se puso de pie y, asiendo la patilla derecha del niño, tiró hacia arriba de ella, lo que hizo que la cabeza de Albertito se levantara enérgicamente y que éste saliera eyectado de su asiento con un fuerte gemido de dolor. Ya ambos de pie, le aplicó la tercera cachetada, tan fuerte que Albertito no pudo aguantar más y rompió en un llanto desgarrador. El director preocupado y temeroso de que el padre del niño continuara con la inesperada e increíble golpiza, dio por terminada la entrevista, amonestando verbalmente al alumno pero permitiéndole volver al aula sin otras consecuencias.

Albertito en su dolor por el castigo y en lo insólito de lo ocurrido, reflexionaba que hubiera sido mejor haberle avisado al papá verdadero, ya que de esa forma el castigo hubiese sido menor.

Por una semana entera hizo guardia en la puerta del colegio a la misma hora del primer encuentro con aquel desconocido, con la esperanza de encontrar de nuevo a su «salvador» pero nunca más lo volvió a ver ni a saber de él.

 

jueves, 28 de marzo de 2024

0842: ¿Tu crees que tener una mujer envidiable es barato?

 Fui a una fiesta de la empresa de mi esposo y un compañero llegó con su nueva novia. Hermosa chica, pelo largo y lacio, uñas en gel, calzado fino, todo trabajado en color dorado (oro), perfume importado, maquillaje impecable, aretes y anillos con brillantes.

Tengo que admitir, que la chica estaba realmente muy bonita.

Pues bien. Al rato me levanté y fuí por una bebida. Cuando regreso a la mesa. oí a mi marido hablando con otro compañero: WUAUUUUUU!!! Que mujeres de mierda tenemos nosotros, el tipo éste si que tiene suerte, esa si que es una mujer bella y cuidada.

Me enojé mucho al oír ese comentario, pero nunca iba a arruinar la fiesta. A pesar de ser impulsiva, me tragué todo y me quedé calladita porque sabía que pronto tendría mi oportunidad.

No pasó mucho tiempo y fuimos invitados a otra fiesta de la empresa.

Definitivamente LA VENGANZA ES UN PLATO QUE SE COME FRÍO.

El día del evento me levanté bien temprano y programé un cita para hacerme el cabello dorado y lacio con el mejor estilista de la ciudad. Pedí turno para hacerme los pies y ponerme uñas en gel.

Pasé por el centros comercial y compré un fabuloso vestido y un par de zapatos de lujo. Además de un perfume francés y anillo y pendientes con brillantes. Y me maquillé con un profesional.

Cuando mi marido llegó y me vió así no lo podía creer.

La noche fué maravillosa.El estaba muy orgulloso y me presumía con sus amigos.

Bailamos, bebimos y nos divertimos....

De regreso a casa, le dije que todavia me quedaba una sorpresita para él Él se volvió como loco. Los niños no estaban en casa, así que estaba emocionado. 

Finalmente en casa, le dije: - SORPRESA! Y que le devuelvo sus tarjetas de crédito con sus respectivos recibos de compras de toda esas vainas bellas que compre y me hice

Casí le dió un infarto.€2.500. Se volvió como loco y me preguntó como pude hacerle eso, que como iba a hacer para pagaaar

Yo HERMOSA Y PLENA le respondí: - Ese monto hizo la diferencia entre "La Mujer de Mierda" que piensas que tienes y la mujer bien vestida y bien arreglada que estas viendo aquí cabrón!!!! Tu que crees? Que tener una mujer envidiable es barato?!!!

#MORALEJA

NO HAY MUJERES FEAS. SOLO HAY MARIDOS POBRES Y JODIDOS 

Sacado de la red ¿Qué opinas?


lunes, 25 de marzo de 2024

0841: CONFUSIÓN

 Un matrimonio decide ir a pasar vacaciones en una playa del Caribe, en el mismo hotel donde pasaron la luna  de miel 20 años atrás, pero debido a problemas de trabajo, la mujer no pudo viajar con su marido, quedando en darle alcance unos días después. 

Cuando el hombre llegó y se alojó en el hotel, vio con asombro que en la habitación había una computadora con conexión a Internet. 

Entonces decidió enviar un e-mail a su mujer pero, se equivocó en una letra y sin darse cuenta lo envió a otra dirección…

El e-mail lo recibe por error una viuda que acababa de llegar del funeral de su esposo , y que al leer el correo electrónico se desmayó instantáneamente. 

El hijo de la viuda al entrar en la habitación, encontró a su madre en el suelo sin conocimiento, a los pies de la computadora, en cuya pantalla se podía leer…:

Querida esposa: 

He llegado bien. 

Probablemente te sorprenda recibir noticias mías por esta vía, pero ahora tienen computadora aquí y puedes enviarle mensajes a tus seres queridos.

 Acabo de llegar y he comprobado que todo está preparado para tu llegada este próximo viernes. 

Tengo muchas ganas de verte y espero que tu viaje sea tan tranquilo y relajado como ha sido el mío. 

No traigas mucha ropa. ¡Aquí hace un calor infernal!.


viernes, 22 de marzo de 2024

0840: La intrusa

 Ella tuvo la culpa, señor Juez. Hasta entonces, hasta el día en que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico.

El año pasado, sin ir muy lejos, recibí una medalla del mismo gerente. En cuanto a ésa, me pareció sospechosa desde el primer momento. Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además ¡qué exageración! recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían en elogios. Alguno deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, Señor Juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que colman la medida. La intrusa, poco a poco, me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. «González -me dijo el Gerente- lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios». Veinte años, Señor Juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor Juez, y que le pegué con todas mis fuerzas. Fui yo quien le dio con el fierro. Le gritaba y estaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera, la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.


Autor Pedro Orgambide


martes, 19 de marzo de 2024

0839: en ocasiones, hasta las buenas acciones traen problemas.

Mi amigo adoraba a su novia. Le regalaba flores y dulces todo el tiempo, y siempre hablaba de ella cálidamente. Para sus vacaciones, él juntó todo el dinero que tenía y le compró a ella y a su hija (de un matrimonio anterior) pasajes para ir a Cuba. Él mismo no fue porque tenía que trabajar. De vez en cuando se llamaban por videollamada, conversaban y se enviaban besos. La novia pictóricamente se lamentaba de que él no estuviera cerca de ella en esos momentos, y decía otras nimiedades por el estilo. Y luego, durante otra conversación, él le dijo: 

— Amor, ¿puedes traerme un cigarro cubano? 

Y su “amor” se encogió de hombros y dijo tranquilamente: 

— Envíame dinero y te lo compraré. 

Al principio, mi amigo pensó que ella estaba bromeando, pero no, realmente se negó a comprarle incluso ese recuerdo, cuyo precio en el mercado era de un dólar. 


 

Una conocida se enteró de que, debido a mi trabajo, a menudo voy a la oficina de correos y envío paquetes. Me pidió mucho que la ayudara con el envío de mercancías. No era difícil para mí y acepté, pero con la condición de que los propios vendedores me alcanzaran los productos. Luego, un par de veces me convenció de que recogiera algo en la boca del metro. Ya me había puesto a pensar en cómo negarme cortésmente a seguir con esa sucesión de compras extrañas, pero todo se solucionó por sí mismo. Ella me llamó un par de semanas antes de Año Nuevo: 

— Ayúdame, por favor. Realmente necesito un vestido de noche para las fiestas. 

— Está bien, que el vendedor me lo traiga. 

— ¿Puedes ir a buscarlo aunque sea a la boca del metro? 

— Está bien, que venga, iré a buscarlo. 

— Solo que él no suele estar en tu área, hay que ir a buscarlo al centro. También hay un metro allí, él te lo llevará. 

Luego hubo muchas, muchas persuasiones de su parte, que casi terminaron con mi consentimiento. Hasta que ella agregó: “Solo que ya he gastado todo mi dinero, no tengo con qué pagar, así que págalo tú, por favor, y yo te lo devolveré ni bien tenga el efectivo”. Y entonces finalmente le dije a dónde podía irse.  


 

Estábamos volviendo del kínder en un autobús lleno de gente. Sonia (mi hija de 5 años) estaba sentada del lado del pasillo, y yo estaba parada junto a ella. En una parada subió una anciana. Me agaché y le dije a Sonia: “Déjale el asiento a la abuela”. Mi hija se puso de pie, y la mujer, sentándose, declaró con fastidio: “Soy abuela para mis nietos, ¡para lo demás soy ‘señora’!”. Un hombre que estaba parado cerca la tomó del brazo y la hizo levantarse con las palabras: “¡Entonces viaje parada, señora! Siéntate” (esto a Sonia).   


 

Cuando yo era chico, apenas sobrevivíamos, y mi madre mantenía sola a toda nuestra familia. Una vez, unos parientes lejanos nos pidieron quedarse en nuestra casa: su hija necesitaba someterse a una cirugía. Bueno, mi mamá dijo que sí. Llegaron como toda una horda: mi tía, mi tío, su hija, otra hija y su esposo, y un montón de niños. Mamá hizo una sopa sin carne, ya que no había, pero sí teníamos cubos de caldo. Comieron y preguntaron sorprendidos dónde estaba la carne. Mi madre explicó que nosotros mismos no podíamos permitirnos ese lujo, que, si querían carne, la compraran. Al final, nunca compraron ninguna clase de comida, aunque vivieron con nosotros durante un mes. En esa época estaba leyendo El principito de Saint-Exupéry, y había dejado el libro en el baño. Luego lo encontré en la bañera, y le faltaban muchas páginas. Fue muy decepcionante. Como resultado, mamá los echó. 

 

domingo, 17 de marzo de 2024

0838: El círculo cuadrado

Soy un círculo cuadrado. Por consiguiente, soy un objeto imposible. Todavía más: soy incluso un concepto imposible. No obstante, me has entendido cuando he hecho esa afirmación sobre quién, o qué, soy, y me has imaginado, o has creído imaginarme, porque de ningún modo has podido hacerlo.

En realidad, yo solo he sido una forma vaga en tu imaginación, vislumbrada desde la distancia, turbiamente, en la penumbra, mi contorno borroso, tal vez fluctuando ligeramente como las sombras en la noche, con las que se pierde la certeza de dónde empieza el fondo y dónde acaba el objeto que las proyecta. No obstante, te has dado por satisfecho con ese contorno vago y no te has preocupado por examinarlo con excesivo detenimiento. No había necesidad alguna.

En cuanto he dicho las palabras «soy un círculo cuadrado», mi identidad ha dejado de pertenecerme en exclusiva, porque al momento tú te has apropiado de ella inconscientemente.

Esto no es algo que se te pueda echar en cara, al tratarse de un elemento intrínseco del proceso de lectura de una historia. Yo me he convertido en un personaje y, como tal, he adquirido un rostro, por vago que pueda ser, porque de acuerdo a nuestra experiencia todos los seres conscientes poseen un rostro, y ser un personaje de ficción consiste en mirar al lector desde la página.

También he adquirido un tono de voz, que es el tuyo, y tú lo estás oyendo ahora mismo, e incluso si decides rebelarte y dejar de oírlo a partir de este preciso instante, la decisión no está en tus manos, y tampoco está en las mías, porque no se conoce ningún método que permita que yo enmudezca en tu cabeza y sin embargo continúe transmitiéndote información, incluida esta información, la información de que no se conoce ningún método que permita que yo enmudezca en tu cabeza.

De acuerdo con las reglas de la lógica, ahora no deberías estar oyéndome hablar, porque un objeto que no existe, que en modo alguno puede existir, debería ser siempre totalmente mudo. Así que ¿cómo es posible que mis palabras adquieran un sonido silencioso en tu cabeza? Esta no es siquiera una pregunta válida, así que no hay necesidad de tratar de contestarla. Si te parece, hagamos caso omiso del problema, pasemos de él.

En tus pensamientos, empero, yo he terminado por convertirme en un ser consciente y he arraigado en tu cabeza con unas raíces que, de manera insidiosa y con el trascurrir del tiempo, podrían permitir que mi presencia fuera cobrando cada vez mayor vitalidad, dado que cuanto más tiempo creas que no soy una contradicción lógica sino un objeto que puede ser imaginado, más te costará a la larga renegar de mí, arrancarme de tu imaginación, aceptar que es totalmente imposible que pueda ser visualizado y aceptado.

Pero permíteme que haga un hincapié muy especial en que existe una tremenda diferencia entre un objeto que simplemente no existe, como un unicornio o un dragón, y otro que bajo ningún concepto puede existir, como una esposa soltera o yo mismo. La distancia entre estas dos categorías es mayor que entre la de los entes y sucesos cotidianos y el primero de los conjuntos de imposibilidades mencionados. Un unicornio es el resultado de la evolución o mutación de un caballo normal, pero un círculo cuadrado no es en absoluto una variante de un círculo redondo.

A la primera categoría pertenecen aquellas cosas que son imposibles solo porque hasta el momento no han sido ni descubiertas ni inventadas.

Así por ejemplo, es imposible que un hombre viva sin cabeza, pero podemos imaginarnos a ese hombre ficticio paseando tranquilamente por la calle y subiendo las escaleras de la habitación alquilada donde vive, y de pie impotente junto a la cocina en la que borbotea una olla con sopa que nunca comerá pero que exige, en un intento por asemejarse a los hombres normales, a los hombres que tienen cabeza, a los hombres posibles.

Su esposa, que es quien le prepara la sopa, es la esposa soltera que ya hemos mencionado como ejemplo de lo que podría encontrarse en la segunda categoría de imposibilidades, el conjunto de imposibilidades lógicas más radicales. A pesar de ser legalmente su esposa, está soltera. Ella contradice los términos de su propia definición, de ahí que sea mucho más imposible que él.

Su esposa no solo no existe, sino que no puede existir; ella está perdida para él, lo estará siempre, más que cualquier mujer real que se marche dando un portazo para nunca volver. La soledad del hombre es mayor a consecuencia de ello, pero él carece de existencia y este hecho alivia su melancolía, o al menos eso es lo que nos decimos para evitar tener que compartir su dolor. Ellos no cruzan palabra cuando el hombre entra en la habitación donde viven, al carecer él de boca y oídos; aunque, habida cuenta de la falta de existencia de ella, tal intercambio sería infructuoso incluso si se pudiera llevar a cabo.

El hombre se sirve sopa en un bol y lo lleva a la mesa. Se sienta en una silla inestable y da vueltas a la sopa con una cuchara, al tiempo que desmigaja un panecillo con los dedos.

Este ritual carente de sentido ha quedado consagrado tras innumerables repeticiones, durante las cuales ha ido adquiriendo una especie de pureza. El hombre da vueltas a la sopa hasta que se enfría, desmigaja el pan hasta que cada miga ya no es más grande que un grano de arena, y luego lleva el bol y el plato al fregadero y tira el contenido. Esto es lo que acostumbra a hacer. Hoy, no obstante, observa algo que le impide llevarlo a cabo.

El cómo es capaz de realizar observación alguna careciendo de una cabeza con la que observar es un detalle que pasaremos convenientemente por alto sin prestarle demasiada atención. Aunque, de hecho, no tiene nada de misterioso. Lo aprecia con los dedos. La mesa a la que está sentado tiene una forma inusual. Ni es cuadrada ni es redonda. Es un círculo cuadrado. Yo soy esa mesa. Soy una contradicción lógica, en oposición geométrica a mi propia definición. Siéntate, por favor.

Tengo un amigo que puede parecer tan imposible como yo, en otras palabras, inconcebible además de inexistente; pero resulta que este amigo es real, real como idea y como materialización de la misma. Mi amigo es un cuadrado circular.

El hombre sin cabeza se enoja con la mesa a la que está sentado. Consternado, me agarra y de un empujón me lanza a través del cuarto. Él no ve y por tanto no puede apuntar, pero no hay peligro de que lastime a su esposa porque ella está soltera y no supone un obstáculo en la trayectoria del proyectil doméstico, que la atraviesa sin notar resistencia alguna, tal como ocurriría con cualquier paradoja matemática.

¡Nada que ver con lanzar una mesa contra un unicornio o un dragón! Aunque, en realidad, la mesa tampoco puede existir en el mundo, así que en este caso el resultado tampoco se vería alterado, y la mesa seguiría recorriendo sin obstáculos su trayectoria hacia el cristal, que ahora hace añicos, no por la fuerza del impacto sino porque llegado este punto la historia requiere cierta dosis de espectacularidad.

Me precipito por la ventana destrozada y caigo hacia la calle, pero la casa está situada en una antigua plaza empedrada de una venerable ciudad meridional. La plaza tiene forma circular y, de hecho, se trata del amigo que he mencionado antes. Por fin el círculo cuadrado y el cuadrado circular se reúnen, y uno es todo lo que no es el otro, mientras que el otro es todo lo que el uno nunca podrá ser-


Por Rhys Hughes

 

viernes, 15 de marzo de 2024

0837: Pantaleon y las visitadoras

 Ahora bien, Pantaleón ofrece dos mudas, ambas del tipo cumulativo. 

Primero, existe en la novela la muda de la misión que el protagonista del libro es encargado de llevar a cabo, es decir: la misión del capitán Pantoja. Por si acaso, me permito resumir el argumento: el Ejército Peruano encarga al oficial de intendencia excepcionalmente concienzudo, a Pantaleón Pantoja, que vaya a la Selva para organizar un servicio de prostitutas. Este se desplazará por hidroavión y barco, a los diversos campamentos que el Ejército tiene en la región. Todo el proyecto se debe a que se espera, así, reducir las quejas eternas y cada vez mayores de la población civil sobre sus hijas, hermanas, esposas, amantes, tías, madres y hasta abuelas violadas por los marcialísimos y por ende, como se supone, virilísimos reclutas. Pantaleón se pone a trabajar. Con milagrosa eficiencia y esfuerzos burocráticos superables sólo por Kafka o un Ministerio de Finanzas, el oficial crea un servicio de "visitadoras" que claramente es, que se sepa y lamentablemente sólo en la ficción, el servicio de entretenimiento más "satisfactorio", por decirlo así, que jamás pueda haber existido doquiera y cuandoquiera: las chicas incluso tienen su propio himno patrio-erótico. No obstante este loabilísimo éxito, la población civil vuelve a quejarse, esta vez porque no le está permitido beneficiarse del servicio. La historia se cuenta, en gran parte, mediante documentos escritos: partes administrativos, informes sobre el progreso del proyecto, mediante recibos, estadísticas, resoluciones regionales, cartas particulares, mediante transcripciones de programas radiales, artículos periodísticos, cartas al editor, entrevistas, etc. 

La segunda muda de la novela es la que se da con la "Hermandad del Arca," guiada por el Hermano Francisco, un movimiento que se extiende cada vez más, a pesar de sus rituales poco atractivos: clavar animales en paredes o árboles, a falta de cruces. Ambos, la misión de Pantoja y el movimiento de la secta del Arca, son intrínsecamente proselitizantes, si bien en sentidos que difieren el uno del otro. El movimiento religioso es proselitizante en la acepción original de la palabra: busca o inspira a adeptos. La misión de Pantaleón es su distorsión farsesca: tanto los usuarios de su servicio como las por aquéllos usadas, se agolpan ante las puertas de Pantaleón para ser atendidos. En cierto modo, lo mismo podría decirse de la Hermandad del Arca: ella también corresponde a algo que los potencialmente "convertibles" (proselitizables) necesitan, aunque, claro está, es una necesidad digamos espiritual, y no la necesidad biológica o en todo caso fisiológica de los soldados por las prostitutas. En efecto —y de ninguna manera al azar por parte del autor—ambas necesidades se oponen diametralmente: los potenciales así como los ya convertidos hermanos y hermanas del Arca esperan, o creen ya recibir, un consuelo para el alma, mientras que los soldades requieren un solaz sexual. No obstante esta dialéctica, en ambos casos los líderes de las respectivas "empresas," tienen como meta el crecimiento ( = muda) de sus organizaciones. El Hermano Francisco, por su lado, persigue ese crecimiento con un esfuerzo incomparablemente menos consciente, menos administrativo, menos organizatorio, que el esfuerzo que pone el capitán Pantoja. En parte, esta diferencia entre los esfuerzos desplegados se debe simplemente a que el Hermano Francisco tiene que ver con una masa humana no organizada previamente, tiene que ver con una especie de caos espiritual y humano. Pantaleón, en contraste, tiene como material a satisfacer una masa ya organizada, acaso la más organizada que existe en la sociedad humana: el ejército. Los únicos elementos que Pantaleón tiene que traer desde más allá de esta organización, a saber: las prostitutas, son, precisamente por ello, y típica y significativamente, y antes que nada, uniformadas, puestas en planillas, hasta provistas de un himno institucional: el caos es absorbido por el orden, las putas por el ejército. Sería por eso, más tarde en la novela, que al invadir el caos—la población civil —el orden, mediante la emboscada tendida a las visitadoras, que surjiría lo que conducirá al desenlace del libro y a la disolución del Servicio de Pantaleón.

Dentro de esta disyuntiva "organización-caos" se sitúa el hecho de que Pantaleón —oficial de la intendencia, afin tenga que emplear, muy conscientemente, todas sus energías (incluso la sexual, a partir de cierto momento), todos sus talentos organizatorios y todos sus recursos disciplinarios, para la perfección de su misión y, sobre todo, para su extensión, para la amplificación del Servicio en todas las direcciones posibles. Una vez aceptada la idea de que la satisfacción del instinto sexual se puede organizar, canalizar, codificar y expresar en estadísticas, esa idea ya no tiene a quien la pare: pues el instinto sexual es ubicuo y no se da solamente en el ejército.

No sorprende entonces que Pantaleón contemple, más tarde, en efecto seriamente se pone como meta realizable, el que se incluya entre los beneficiarios también a los civiles. Lo que es más, el capitán Pantoja—una vez que ha aceptado la misión que le encargó el Ejército y una vez que se ha reconciliado con la lógica que le es inherente a esa misión—está en la obligación, bajo órdenes, de perfeccionar y ampliar su empresa. Recibe sus instrucciones de sus superiores terrestres, que son inevitables porque son concretos y que, además, tienen el poder de castigar.

El Hermano Francisco, en contraste, recibe sus instrucciones sólo de Dios, que no es concreto y cuyos castigos son conjeturales: no se puede comprobar que son castigos de Dios; pero sí se puede comprobar que la remoción del capitán Pantoja a teniente Pantoja se origina en la superioridad militar. Para el Hermano Francisco vale esto: "me lo han dicho las voces que escucho y que no vienen de este mundo," como él escribe, apropriadamente en una carta al editor de un periódico selvático O le vale esto: "como les ha enseñado [a La Hermandad] el cielo por mi boca" Y Dios no insiste, todavía, en informes estadísticos, en partes sobre el avance de un proyecto, en recibos por gastos incurridos en la ejecución de sus instrucciones.


Pero volvamos a la muda y a las leyes que le son inherentes. El Servicio de Pantaleón crece y crece y crece. Una comparación de los informes estadísticos que él envía al Ministerio de Guerra de tanto en tanto, muestra ese proceso clara y casi científicamente. Lo que es más, a cierta altura de la novela un general declara: "Si [Pantoja] al menos hubiera organizado la cosa de una manera mediocre, defectuosa. Pero ese idiota ha convertido el Servicio de Visitadoras en el organismo más eficiente . . ." 

De acuerdo a las mismas leyes de transformación que le son propias a la muda, el movimiento del Hermano Francisco también prolifera y de manera similar. Hasta tal grado, en efecto, que las mismas chicas del Servicio se sienten atraídas por él, muchas de ellas incluso se le adhieren. Hasta la mamá de Pantaleón llega a ser conversa de la Hermandad. Ahora bien, este proceso de crecimiento podría teóricamente seguir y seguir, intensificarse cada vez más. Limitándose uno a las premisas farsescas de la novela, no le sería difícil imaginarse que el Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines abarque, o literalmente abrace, regiones cada vez mayores: primero, digamos, la entera distribución geográfica de la organización a la cual pertenece el Servicio; luego, lentamente, digamos que comprenda al sector no casado de la población civil; después, seguramente incluiría también a los casados; próximo, tal vez los países limítrofes; finalmente, el continente entero más México; Norteamérica, el mundo, el universo, posiblemente con una ayuda especial y especializada de un Servicio Universal o, si se prefiere. Cósmico, para astronautas. ¿Qué implicaciones tendría eso para la novela de marras? Sabemos que Vargas Llosa tiene la ambición ahora ya más que famosa, de escribir una "novela total"; pero es una ambición imposible o una "pasión no correspondida" por la realidad. Pues ningún novelista puede forzar toda la realidad, aquella realidad total, entre las dos tapas de un libro; ni mucho menos si persigue la meta del dudoso objetivismo literario, es decir: aquella de relegar al infierno de la novelística la psicología, que es. al fin y al cabo, una dimensión irrelegable de la realidad. Ningún autor puede hacer esto, porque su libro no terminaría nunca, a no ser que lo corte en algún punto dado, arbitrariamente. Podría por ejemplo concluir la novela en algún punto particularmente impresiónante de la historia que cuenta, y dejar el resto de ella a la imaginación del lector (piénsese en la novela de ítalo Calvino, Se una notte d'inverno un viaggiatore; pero Calvino no pretendió escribir una novela total). Entonces tendríamos que ver con una obra verdaderamente abierta, en el sentido de Umberto Eco. Surge ahora un problema estético. ¿Puede una farsa, una parodia, puede la ridiculización de una institución humana, pueden estos tres "géneros" permanecer abiertosl Una farsa, una parodia, una ridiculización, dejan de ser una farsa, parodia, ridiculización, si el objeto en su estado de haber sido tratado de manera farsesca, paródica, ridicula no resulta una versión completa (es decir, no abierta) del original "serio." O, con diferentes palabras, dejan de serlo si la versión procesada mediante las tres maneras no está redondeada, si el resultado del tratamiento continúa desarrollándose y, por ello, no es en verdad un resultado del tratamiento mencionado, sino un proceso, un devenir. En nuestro caso específico, la versión farsesca, paródica, ridiculizada que nos ofrece Mario Vargas Llosa en Pantaleón y las visitadoras de una característica entre otras que distinguen a ciertas instituciones humanas—aquí a la Iglesia y el Ejército —esa versión procesada no es ya un producto si prolifera, si amplía, crece, potencialmente hasta el infinito, pues entonces esa institución y su desarrollo se constituirían en algo abierto, algo que puede devenir tanto como lo puede su procesamiento. ¿Cómo puede el autor resolver este problema no sólo práctico —el número necesariamente limitado de páginas que caben entre dos tapas —sino también estético (como vimos)? El novelista debe, antes que nada, reducir lo potencialmente infinito de su ridiculización a proporciones finitas. Pero, ¿cómo va a hacer esto si la naturaleza misma de lo por él parodiado es intrínsecamente proselitizante, es inherentemente capaz de una expansión infinita? Creo que la solución reside en la yuxtaposición u oposición de una in- finidad potencial con otra infinidad potencial. En el presente contexto: al poner en oposición la misión de Pantaleón con el movimiento del Hermano Francisco. Esta oposición no necesita ser —y de hecho no es en Pantaleón y las visitadoras —directamente antagonista, es decir: nunca llegan a pelearse directamente digamos las visitadoras con los adeptos a la Hermandad. Muy al contrario, como ya señalé: un buen número de las prostitutas (como un buen número de sus clientes) son, un poco irónicamente, ellas mismas conversas o simpatizantes del movimiento del "profeta."

Sin embargo, es precisamente cuando las dos organizaciones, por intermedio de algunos de sus miembros, chocan una con la otra, por lo menos formalmente o, si se prefiere, oficialmente, y eso durante la emboscada a un convoy de visitadoras que termina en un asalto físico y, en un caso, fatal al personal del Servicio y en el secuestro de la estrella de Pantilandia, la Brasileña, emboscada y asalto organizados por un grupo de civiles frustrados, es precisamente entonces que comienza el desmoronamiento de la misión de Pantoja y de su espléndidamente eficiente Servicio, así como comienza la persecución definitiva y la extinción final de la Hermandad del Arca.

Se ve, pues: al emplear dos veces el recurso técnico de la muda, al depararle a esa muda dos veces —si bien mediante un solo incidente —una amputación en pleno desarrollo, Vargas Llosa se ha aprovechado de una estrategia narrativa para la estructuración de un material narrable: ha enfrentado dos mudas para interrumpir ambas, como dos autos que chocan en plena carrera.

Wolfgang A. Luchting