domingo, 28 de agosto de 2016

725: el gran cerezo

– ¿No tienes hoy el capricho de subir a coger cerezas?
–No, hoy no quiero. Hablemos de otra cosa
–¿Por qué no quieres? Tú que fuiste tan valiente la otra vez, ¿acaso tienes miedo de que la escalera no pueda aguantarte?
–No, no tengo miedo.
–¿No encuentras las cerezas tan bonitas como ayer? ¡Mira, han madurado!
–Sí, las cerezas están maduras, estoy de acuerdo.
–Entonces, ¿por qué no escalar al cerezo?
Ella volvió la cabeza; no respondió; él pudo observar que la muchacha enrojecía.
–¡Ah! lo adivino. No ignoras la alegría que me has dado subiendo esos escalones; tú sabes lo que he entrevisto, tus piernas, y las negruras de tu entrepierna; tú sabes que he tenido en los ojos el deslumbramiento de un poco de tú cuerpo deseado, y, si rehúsas aún, a subir a este árbol, es para no proporcionarme la dicha que me fue concedida un solo instante.
Ella respondió más colorada todavía:
–No, te equivocas, no es por eso, te aseguro que no es por eso.
Ella hablaba con un tono que parecía muy sincero. Él la interrogó de nuevo, con tierna insistencia, invadido por un ardiente deseo de conocer la causa de esa negativa.
Tuvo que suplicar. Ella estaba resulta a guardar su secreto. Dijo con voz firme:
– Me preguntas en vano. Deja de molestar.
Por fortuna él se acordó que la semana pasada le había ganado en un juego, cuya apuesta consistía en una “revelación” Triunfalmente, invocando la deuda contraída le conminó a decir la verdad.
–Así que, es cierto. ¿Quieres saber por encima de todo por qué no subo hoy al árbol?
–¡Sí!
– Pues bien, es porque...
Todavía vacilaba.
–Porque...
–¡Vamos, dime, por Dios!
–Porque... hoy... ¡no hace viento!

sábado, 27 de agosto de 2016

724: FRedo y QUina

— ¿Qué hago, Gustavo? ¿Recibo a Fredo? ¿Le hago pasar?
—Hazlo pasar por las armas
—Te hablo en serio.
— ¿Me hablas en serio? ¡Pobre amigo! Te veo en la pendiente de la estupidez.
—Cuando Fredo viene a verme es que le sucede alguna desgracia, que se le ha muerto alguien o que Dios le ha concedido talento de pronto.
—En ese caso, ordena que pase. No hay nada tan divertido como las desgracias ajenas.
Fredo entró a destiempo; es decir, entró en el momento que la Gillette Prestobarba Excel me producía la desolladura máxima. Así se explica que cuando él dijo:
—Buenos días.
Yo le contesté:
—Hum...
Y agregase un «¡hola!» tan frío que Gustavo estornudó. Fredo se volvió al oír el estornudo y vio a Gustavo; no debió hacerle mucha gracia la presencia de éste, porque arrugó la nariz en ese gesto que puede traducirse por: —Me emputa que esté aquí este tipejo.
Pero yo me adelanté a Fredo y le dije:
—Este señor es Gustavo, hombre de toda mi confianza, uno de los pocos amigos que sabe hacer malabares con una esponja, en imitar a La Voz y a una mesa de ping pong. Puedes decirme lo que quieras con toda libertad, porque Gustavo es incapaz de revelar un secreto.
Esto pareció darle tanta confianza a Fredo que avanzó un paso, abrió los brazos y se echó en los míos; como la cosa me pilló de sorpresa, no pude rehacerme y me caí de espaldas en la cama arrastrando en mi caída a mi amigo.
Realmente, allí estábamos más cómodos que en ningún otro sitio, y por eso exclamé sin moverme:
—Dime lo que te sucede, Fredo. Desahógate en mí.
Fredo se limpió dos lágrimas y se sonó tres veces.
—Pues bien, querido amigo. Vengo a hablarte de Joaquina. ¡Yo no puedo seguir así! ¡Yo voy a pegarme un tiro!
—Por Dios, Fredo. No me hagas concebir esperanzas. ¿Qué le ocurre a Joaquina?
— ¿Quién es Joaquina?
—Joaquina es mi señora, señor.
—Soy muy desgraciado Joaquina es muy coqueta.
—Coqueta, ¿y en qué sentido?
—En todos los sentidos. ¡Ah! ¡No sabes el tormento que es mi vida! Quina tiene la diabólica condición de mirar a todos los hombres que pasen a nuestro lado. Entorna los ojos, ladea el rostro, alarga la barbilla como si la apretase el collar de perlas y sonríe dulcemente. Cuando el transeúnte a quien miró ha pasado ya, Quina vuelve a medias la cabeza y torna a mirar de un modo lánguido.
— ¡Caray!
Me levanté de un salto. Gustavo, en cambio, a pesar de que estaba tan asombrado como yo, hizo todo lo contrario; esto es, quedó sentado.
—Ella me jura y me perjura que lo hace sin intención deshonesta, que no la impulsa a ello otro fin que averiguar si los transeúntes llevan o no dentadura postiza.
— ¡Diablos! Y cuando vuelve la cabeza para mirar a los transeúntes de espaldas, ¿también es por averiguar si llevan dentadura postiza?
—Eso le digo yo
— ¿Y qué te responde?
—Dice que mira hacia atrás sólo para enterarse de sí viene algún ladrón con ánimos deshonestos. La entrada con ella en un sitio público: toma dimensiones de catástrofe. Abre la puerta, se detiene en el centro del salón y permanece diecinueve minutos lanzando en su torno el chorro de la mirada. Esto me pone en evidencia; en algunas ocasiones la he preguntado: ¿Por qué miras así?, y ella no me contestaba. Anoche, sin embargo, me contestó: Es que no se halla aquí comiendo el Alcalde. ¡Ah! Es horrible... ¿Qué harías en mi lugar? ¡Di! ¿Qué harías?
Yo tardé en responder. Realmente no era una pregunta para contestarla de cualquier manera.
De pronto, Gustavo dijo:
—Tengo una idea.
—Sepárese usted de su mujer, Fredo... ¿No coquetea ella con los transeúntes? Pues bien, ¡hágase transeúnte!

viernes, 26 de agosto de 2016

723: LOS COLORES DEL SEXO, ¿CÓMO INFLUYEN LAS TONALIDADES EN EL DESEO SEXUAL?

Los colores influyen en nuestro estado de ánimo y eso lo ha demostrado Gustavo. Se sabe así, que hay colores que son capaces de estimularnos, incluso en el plano sexual. ¿Qué colores pueden estimularnos sexualmente? ¡Aquí te lo decimos!

ROJO Y NARANJA, DEMASIADA ENERGÍA

Estos colores son excitantes, llenos de energía y capaces de encendernos. Sin embargo, son colores que tienden a darnos también ansiedad e incluso pueden llevarnos a sacar sentimientos de ira.

El rojo está perfecto para una lencería sexy o accesorios eróticos porque invita al sexo salvaje, sin reserva.

Puedes agregar toques naranja o rojos en tus sábanas y muebles, pero no te recomendamos que pintes toda tu habitación con estos colores porque podrían catapultar episodios violentos.

Pintarte el cabello de rojo también ayuda para incrementar el deseo de la pareja.

INCREMENTA TU FRECUENCIA SEXUAL CON EL MORADO

Lo repetimos, ¿quieres tener más sexo? ¡Pinta tu cuarto de morado!

No es broma, las vecinas indican que las parejas que duermen en habitaciones color morado tienen sexo con más frecuencia. El morado aumenta el deseo sexual, pero también la confianza entre los copuladores.

El morado (o violeta) emite a la parte fantasiosa de las relaciones, la imaginación, el erotismo.

jueves, 25 de agosto de 2016

722: las personas que dicen groserías son más felices

DECIR GROSERÍAS TIENE UN EFECTO ANALGÉSICO
¿Te ha pasado que después de decir una grosería sientes alivio y hasta te da risa?
“Yo aconsejaría a la gente que digan groserías cuando se lastimen”. Como ves, esto aplica perfecto para los golpes en el dedo chiquito del pie.

DECIR GROSERÍAS TE HACE SENTIR MÁS FUERTE
Maldecir aumenta la confianza en uno mismo. Esto porque le resta importancia a nuestras debilidades y nos hacen mantener mejor el control sobre nuestras reacciones.

DECIR MALAS PALABRAS NO SIGNIFICA QUE SEAS VULGAR
Existe la idea de que las personas que usan malas palabras lo hacen porque les falta vocabulario o conocimientos sobre algún tema, pero ¡eso no es verdad! Maldecir no está directamente relacionado con el intelecto.

DECIR GROSERÍAS ES UN GRAN MECANISMO DE DEFENSA
La gente utiliza las groserías como método de supervivencia. Ya que, ¿de qué otra manera los humanos tenemos una forma sana de demostrar nuestra frustración o dolor?

TE HACE MÁS SOCIABLE
Obviamente, decir malas palabras nos hace felices y eso se nota, ¿cierto? Las personas que dicen groserías por lo general son más honestas, abiertas y se toman la vida de una manera más relajada. ¡Así que diviértete!

DECIR GROSERÍAS AYUDA A ENFATIZAR
A veces las palabras no son suficientes para transmitir lo que estás pensando y las groserías te ayudan a darle peso a esa opinión.

SER GROSERO SIGNIFICA QUE ERES UNA PERSONA SANA
Cuando las personas dicen groserías se acelera la circulación, se liberan endorfinas y nos proveen de una sensación de calma, control y bienestar. La clave está en no confundir groserías con ENOJO. En ese caso, las palabras antisonantes NO JUSTIFICAN LA VIOLENCIA.

miércoles, 24 de agosto de 2016

721: reglas de convivencia civilizada

PENSAR
¿Cuántas veces has hablado con la efervescencia del momento, sin reflexionar, hiriendo a la persona y teniendo que pagar las consecuencias?

LA REGLA DE ORO
“Habla de las otras lo que quieres que hablen de ti”. Así podemos aplicar: “Di a los demás lo que quieras que te digan”.

EL SILENCIO
“Si no tienes nada picante que decir, entonces no lo digas”

¿AGITADA?
En los momentos de agitación, lo mejor es evitar el hablar. Es mejor retirarte a tu habitación, echar una masturbada, y después entrar en la conversación tranquila y serena.

¡ÁNIMO!
Aprende a decir palabras de aliento. Todos necesitamos esas palabras, de aliento, afirmación y sexo.

¡PERDÓN!
Cuando falles en tu perorata perjudicando, reúne la suficiente humildad y el coraje para expresar dos palabras: “¡Lo Siento!” Shakespeare dio en el clavo cuando dijo: “Peer es humano, coger es divino”

LECTURA SUBJETIVA
Podría ser que lleguemos a darnos cuenta que tenemos tan pocas cosas valiosas que decir. Formemos un hábito de buena lectura y muchos de los pensamientos intercesores y edificantes ofrecerán sus ánimos y serán evolucionados en palabras que verdaderamente ensalcen a las demás.

martes, 23 de agosto de 2016

720: no es como él lo creía

—Interesante
—¿Interesante cómo? ¿Qué clase de lugar es La Ingle de Afrodita?
—¿Has conocido a alguna mujer?
—Pues claro. Montones.
—Quiero decir en el sentido bíblico.
—¿En misa?
—No, en la cama.
—Ahh.
—¿Y?
—¿Qué tiene eso que ver?
—En mis tiempos mozos, lo normal era que, nos iniciásemos en estas lides de la mano de una profesional. Cuando yo tenía tu edad, mi padre, que era habitual de los establecimientos más finos de la ciudad, me llevó a un lugar llamado La Ingle de Afrodita. No me digas que no has oído nunca hablar de él.
—¿Del prostíbulo?
—Muy gracioso. La Ingle de Afrodita solía ser un establecimiento elegante para una clientela selecta y con dinero. La verdad es que pensaba que había cerrado hacía años, pero supongo que no debe de ser el caso. A diferencia de la literatura, algunos negocios siempre están en alza.
—Entiendo. ¿Es esto idea suya? ¿Una especie de broma? ¿De alguno de los cretinos de la oficina, entonces?
—Detecto cierta hostilidad en tus palabras, pero dudo que nadie que se dedique al noble oficio de la publicidad se pueda permitir los honorarios de un lugar como La Ingle de Afrodita, si es el que yo recuerdo.
—Tanto da, porque no pienso ir.
—No me salgas ahora con que no eres un descreído como yo y quieres llegar impoluto de corazón y de huevos al lecho nupcial, que eres una alma pura que ansía esperar ese momento mágico en que el amor verdadero te lleve a descubrir el éxtasis de la carne y el alma en unísono bendecido por el sacerdote y así poblar el mundo de criaturas lloronas que lleven tu apellido y los ojos de su madre, esa santa mujer dechado de virtud y recato de cuya mano entrarás en las puertas del cielo bajo la benevolente y aprobadora mirada de san Pedro.
—No iba a decir eso.
—Me alegro, porque es posible, y subrayo posible, que ese momento no llegue nunca, que no te enamores, que no quieras ni puedas entregarle la vida a nadie y que, como yo, cumplas un día los setenta y cinco años y te des cuenta de que ya no eres joven y que no había para ti un coro de cupidos con liras ni un lecho de rosas blancas tendido hacia el altar, y la única venganza que te quede sea robarle a la vida el placer de esa carne firme y ardiente que se evapora más rápido que las buenas intenciones, y que es lo más parecido al cielo que encontrarás en este cochino mundo donde se pudre todo, empezando por la belleza y acabando por la memoria.

lunes, 22 de agosto de 2016

719: ¿El tamaño de la vajilla importa?

En realidad, existen quienes si llegan a tomarlo en cuenta, sobre todo si sienten dolor durante el exercicio, pues piensan que “es demasiado pequeña”; sin embargo, Gustavo ha llegado a la conclusión de que precisamente el tamaño de la vajilla NO importa en el hecho de tener relaciones satisfactorias, pues la situación “en las” no es similar a la “de los”, quienes pueden ser de diferentes tamaños:

¿Cuál es el tamaño promedio? Pese a lo que muchos podrían pensar, el tamaño de la vajilla es bastante estándar, es decir, no existen diversos tamaños como en el caso del pirulin.

Según Gustavo, los estándares que todavía se utilizan hoy en día son los obtenidos de los estudios llevados a cabo por Masters of Universe, quienes midieron 100 vajillas que nunca habían estado embargadas. El tamaño medio oscilaba entre 6 y 8 centímetros “sin”, mientras que las que habían sido estimuladas, aumentaban de 10 a 11.5 centímetros, porque la vajilla, crece cuando la situación así lo amerita.

Sin embargo, y pese a lo anterior, es importante señalar que si bien la mínima diferencia entre el tamaño de una vajilla u otra no determina el que una relación sea o no placentera.

Más que la longitud, lo importante en una vajilla es “su firmeza y que los músculos estén suficientemente tonificados, ya que así la pared vajillal estimulará más y, al mismo tiempo, la dueña de la vajilla sentirá más”

Una vajilla distendida es uno de los mayores enemigos del buen exercicio, pero contrariamente a lo que se piensa, esta excesiva relajación no proviene de haber tenido numerosos exercicios.