miércoles, 23 de agosto de 2017

036: la mujer de Ñuño

Durante tres meses había tratado de ocultármelo; de golpe comprendí sus ataques de ira, su vuelta a la bebida, su hosquedad, sus cambios de humor. Me lo contó todo, agarrándose la cabeza con las manos, como si temiera que se le abriera por el esfuerzo, y yo escuché con un horror creciente mientras él avanzaba a trompicones con su relato.

Se casó joven, yo nací unas semanas antes de que cumpliera los diecisiete años y acababa de cumplir los veinticinco cuando mi madre nos dejó para siempre.

Al igual que a mi padre, a mi madre le gustaban los clichés, y entendí que en sus cartas había mucha palabrería y mucho retorcerse las manos; al parecer necesitaba averiguar quién era, admitía que había culpa por los dos lados, que había estado mal emocionalmente, y se acogía a una serie de excusas parecidas para justificar su deserción.

Pero decía que había cambiado; por fin había madurado. En cualquier caso, se había vuelto a casar y se había ido a vivir al Brasil.

Ñuño era un hombre maravilloso, a los dos nos caería bien. De hecho, le encantaría que lo conociéramos; era profesor de inglés; le entusiasmaban los deportes y adoraba a los niños. Y esto la llevaba al siguiente punto: aunque Ñuño y ella lo habían intentado e intentado, no habían podido tener un hijo. Y aunque mi madre no había tenido el valor de escribirme, nunca había olvidado a su niño querido, su tesoro; ni un día había pasado sin que pensara en mí. Al final, había convencido a Ñuño. En su piso había sitio de sobra para tres; yo era una criatura inteligente y no tendría ninguna dificultad en aprender la lengua.

Lo mejor de todo era que volvería a tener una familia, una familia que me querría, y el dinero compensaría todo lo que aquellos años me habían negado.

Aquello me horrorizó. Habían pasado seis años, y en ese tiempo la nostalgia desesperada que sentía por mi madre había llegado hasta la indiferencia y más allá. La idea de volver a verla —la reconciliación con la cual, al parecer, ella soñaba— me llenaba de una vergüenza sorda e incómoda. La veía con una perspectiva alterada: mi madre, con una nueva capa de sofisticación, un nuevo barniz barato, me ofrecía una vida precocinada, nueva y barata, a cambio de mis años de sufrimiento.
El único problema era que yo ya no quería esa vida.

martes, 22 de agosto de 2017

035: la niña que no sabía volar

— ¿Qué va a ser de nosotros?
Yo callaba.
— ¿Sabe?, cuando se marchó ayer, dejándome sola en esta habitación en plena tarde, me dije a mí misma que nunca más volvería a vivir algo así. Nunca más, ¿me oye? Nunca más…
Me vestí y salí. No sabía adónde ir. No quiero volver a vivir esto, no quiero volver a tumbarme con usted en una habitación y después verlo marchar. Es demasiado duro.
Le costaba articular.
—Me había prometido a mí misma no volver a vivir con un hombre que me hiciera daño. Creo que no me lo merezco, ¿comprende? No me lo merezco. Entonces por eso le pregunto: ¿qué va a ser de nosotros?
Yo no decía nada.
— ¿No dice usted nada? Me lo temía. ¿Y qué puede usted decir, de todas formas? ¿Qué puede usted hacer? Tiene a su mujer y a sus hijos. Y yo, ¿qué soy? No soy casi nada en su vida.
Vivo tan lejos… Tan lejos y de una forma tan extraña… No sé hacer nada como los demás. No tengo casa, ni muebles, ni gato, ni libro de cocina, ni proyectos. Yo que creía que era la más lista, que había comprendido la vida mejor que los demás, y me felicitaba por no haber caído en la trampa. Y ahora está usted aquí, y me siento totalmente perdida.
Ahora me gustaría asentarme un poco porque encuentro que con usted la vida es hermosa. Le dije que intentaría vivir sin usted… Lo intento, lo intento, pero no soy muy valiente, pienso en usted a todas horas. Así que se lo pregunto ahora, y tal vez por última vez, ¿qué piensa hacer conmigo?
—Amarla.
— ¿Pero qué más?
—Le prometo que nunca más la abandonaré en una habitación de hotel. Se lo prometo.
Y me di la vuelta para hundir mi rostro entre sus piernas.
— ¿Pero qué más?
—La amo. Sólo soy feliz con usted. Sólo la amo a usted. Yo… Yo… Confíe en mí.
Me soltó la cabeza y nuestra conversación murió ahí. La tomé con ternura, pero ella no se abandonaba, se dejaba hacer. Son dos cosas muy distintas…
 —No, no rompí, seguí tirándomela dulcemente, prometiéndole siempres y más adelantes.
— ¿De verdad?
—Sí.
— ¿Le hablaba como se habla en esas historias sórdidas?
—Sí.
— ¿Le pedía que tuviera paciencia y le prometía un montón de cosas?
—Sí.
— ¿Cómo hacía ella para soportar todo eso?
—No lo sé. De verdad, no lo sé…
— ¿Tal vez lo amaba?
—Tal vez.
Se terminó la copa de un trago.
—Tal vez sí… Tal vez…
—Es increíble…
— ¿El qué?
—Esta historia… Ver de qué depende… Es increíble.
—No, no es increíble, querida… No, no es increíble. Es la vida. Es la vida de casi todo el mundo.
Actuamos con doblez, nos las apañamos, tenemos siempre nuestra pequeña cobardía a nuestros pies como un perrito faldero. La acariciamos, la amaestramos, nos encariñamos con ella. Es la vida. Por un lado están los valientes, y por otro los que se acomodan. Es mucho menos cansado acomodarse…

domingo, 20 de agosto de 2017

034: Una pompa de jabón.

Me apetecía un cigarrillo.
Era absurdo, hacía años que ya no fumaba.
Sí, pero ¿y qué?, así es la vida…
Haces gala de una fuerza de voluntad tremenda, y un buen día, una mañana de invierno decides recorrer cuatro kilómetros con un frío que pela para comprar una cajetilla, o amas a una mujer y una mañana te enteras de que te deja porque ama a otro.
Añade que está confusa, que se ha equivocado.

Como al teléfono:
«Perdone, me he equivocado».
No pasa nada, no se preocupe… 

jueves, 17 de agosto de 2017

033: modo infraganti

-Mentía yo y mentimos todas. Siempre hay que mentir, porque si no ellos, se llevan un disgusto horroroso. La primera noche es un desastre. En primer lugar, la novedad distrae muchísimo y así no hay manera de concentrarse. Y luego, un señor encima es algo bastante incómodo, aparte de absolutamente antinatural. Yo no sé lo que pensarán ustedes, pero yo... insisto: la primera noche una catástrofe. Y la segunda. Y la tercera.  
-Según esta teoría, el mundo se habría acabado hace mucho tiempo.
-Más le hubiera valido porque, tal como está, no tiene gracia.
-No tendrá gracia, pero cada vez hay más gente que coge.
-La gente hace el amor por costumbre. Porque hacer el amor tiene buena prensa. Y luego porque se aburren. Si la Tele estuviera más entretenida, la gente se iría menos a la cama.
-Lo que pasa es que no te gusta hacer el amor, confiésalo.
-Ese no es un problema mío, sino tuyo. No es posible pasarlo bien con un ignorante: deprime.
-Todas las mujeres dicen lo mismo desde que se creen autosuficientes y desde que se han apuntado al feminismo.
-Yo estoy apuntada al feminismo desde que nací, y en cuanto a mi autosuficiencia... A propósito: ¿usted quién es?
-Tu marido.
-¿Lo ven? Lo dije: volvió.
-Por supuesto que volví. ¿Qué iba a hacer? ¿Irme de putas? No. Mi santa esposa tiene razón. A mí no me gustan las putas. No es por hacerme el fino, pero nunca me han gustado. En realidad debo confesar que yo a estas cuestiones del sexo llegué con cierto retraso, en fin, digamos que no estaba demasiado interesado por el tema. Aparte de que, bueno, el ejemplo que tenía en casa no era precisamente como para darse prisa. Ahí está mi madre.
-Hazme el favor de venir aquí en seguida, ¿me oyes? Es la hora de dormir. ¿Cuántas veces he de decirte que es la hora de dormir? ¿Eh? ¿Cuántas?
-Ninguna.
-¡Descarado! ¡No contestes así a tu madre! ¿Qué pasa? ¿Que ya te crees que lo sabes todo? ¡No te digo...! A ver esas manos.
-¡No te has lavado las manos! ¡No te has lavado las manos! Ahora mismo vas a lavártelas y no vuelvas por aquí hasta que se pueda comer sopas en ellas. ¿Te enteras? Espera. Acércate. Abre la boca. ¡Y esos dientes...! ¡Esos dientes! Pero, ¿es que no te da vergüenza? ¡Sucio, más que sucio! ¿Y para esto te he comprado yo un cepillo con su pasta y todo? ¡Desagradecido! Venga, a lavarse esos dientes hasta que queden como una patena. ¿Me has oído? Pues que no te lo tenga que repetir dos veces. La culpa de todo esto la tiene tu padre, que es un canalla. ¿Me oyes? ¡Un canalla! ¡¡Un canalla!! Porque tu padre, el mierda de tu padre, nos ha abandonado para irse con otra mujer. Una mujer de la calle, a ver si te enteras, una puta. Ya sé, ya sé, no me digas nada, ya sé que hay cosas que no se deben contar a los hijos, pero es que estoy hasta la coronilla. ¿Te has lavado ya los dientes? Frótate bien de arriba abajo, incluso las encías. ¿Te das cuenta? Yo aquí hecha una mártir, y tu padre Dios sabe dónde, con esa puta, de jarana, como si lo viera. Anda, anda, sécate ya las manos que nos vas a dejar sin jabón y no está la cosa como para dispendios. Ven aquí. A ver. Las manos... ¿Y la boca? Así está mejor. Venga, ahora a rezar un Padrenuestro y a la cama.
-Mamá...
-¿Qué? No me sulfures, eh, no me sulfures. ¿Qué te pasa?
-¿Puedo dormir con el osito?
-¿Con el oso de peluche? Pero, bueno, tú te has vuelto loco. ¿De manera que quieres dormir con el oso para estropearlo? Desde luego es que a este niño no se le ocurre nada bueno. Aquí debería estar tu padre para meterte en cintura, pero, claro, como tu padre tiene otras cosas más «entretenidas» en qué pensar... ¡Ay, Dios mío, qué cruz, qué cruz...! el Padrenuestro y a la cama.

miércoles, 16 de agosto de 2017

032: dónde nace un refrán

— ¿Estas saliendo?
—Si
— ¿Voy contigo?
— ¿Para qué?
— ¿Cómo que para qué? Para estar contigo
—En el único lugar que estás conmigo es en la cama y cuando estas dormida
— ¿Porque dices eso?
—Porque cuando vas conmigo en el auto, estas mirando tú móvil y no quieres hablar, lo mismo sucede si nos detenemos en una cafetería o dónde diablos sea,  tú sigues agachada sobre tu móvil. En ese entendido «más vale andar solo, que mal acompañado»

lunes, 14 de agosto de 2017

031: ¿Qué estás buscando en una pareja?

Imagina esto: alguien te pregunta: “¿Qué estás buscando en una pareja?”. Obviamente has pensado mucho sobre esta pregunta; has aprendido que si das la respuesta estándar, entonces quien te pregunta no sabrá más de ti que de las otras personas. Entonces respiras profundo, miras a la persona a los ojos y contestas: “Estoy buscando a alguien que dice lo que hace y que hace lo que dice. Y obviamente también busco a alguien que tenga todas las condiciones básicas: que sea buena persona, que esté a la par mía. Ah, y por favor, no quiero alguien que fume”.

¿Y qué respuesta obtienes a tu tan pensada respuesta? Generalmente es algo parecido a:
“¡Eres tan quisquilloso!”

Veamos algunas de las pensadas respuestas a “eres demasiado quisquilloso”:

La respuesta larga:
“Me conozco y decidí que estos intereses, ya sean fundamentales o secundarios, no son negociables. Es por el bien de todos que yo no ceda demasiado, ya que si lo hiciera, entonces, no me estaría casando con la persona que creería que me estoy casando”.

La respuesta más corta:
¿Por qué darle la satisfacción de una respuesta? Tan sólo vete sin responder.

Las respuestas que contraatacan:
“¿Quién eres tú para juzgarme?”.
“¡Sí, lo soy! Y también soy seguro de mí mismo, encantador y atractivo, ¿y tú?”.
“Es bueno ser quisquilloso… cuando se trata de una elección para toda la vida”.
“Elijo no resignarme”.
“¡Eres demasiado juicioso!”.
“Es una decisión importante; uno debe ser quisquilloso”.
“Es por eso que le llaman encontrar a la persona indicada”.
“Si no lo fuera, entonces sería un problema. ¿Has visto lo que se encuentra en la calle hoy en día?”.
“Si quisiera tu opinión te la pediría”.

Las respuestas que demuestran seguridad en uno mismo
“Me conozco a mí mismo y sé lo que necesito. No quiero desperdiciar mi tiempo con otra persona”.
“Trabajé mucho para conocerme a mí mismo y lo que he descrito es lo que mejor me complementa”.
“Bueno, ¿fuiste tú quisquillosa/o cuando buscabas con quien casarte? Si no lo fuiste… ¿puedo decírselo a tu pareja?”.

“Ves cuán quisquillosa soy respecto a mis zapatos, y eso que sólo los uso en los pies. Ser quisquillosa no siempre es malo; ser irrealista sí lo es”.

domingo, 13 de agosto de 2017

030: él desencanto

—¿Qué piensa ella que ese hombre le podría ofrecer?
—Algo nuevo. Aventuras. Romance. Misterio. Sexo.
—¿Aventuras?, ¿de qué tipo?
—No lo sé. Algo nuevo, y diferente, con una persona que no es previsible, que puede hablar, e imaginar cosas, libremente. No como yo, con mis esquemas, y obsesiones.
—¿Qué se entiende por romance?
—La conversación de él es fluida, sabe cómo cautivar, cómo ganarla de su lado. Tiene seguridad en sí mismo.
—¿Le trae regalos?
—No es importante, no hay necesidad. La lleva a cenar.
—¿Hay alguien mirándola, en el restaurant donde él la lleva a cenar?
—Ella lo mira a él, se olvida de lo que hay alrededor.
—Usted a continuación mencionó sexo.
—Con el otro sería mejor, duraría más. Él no sentiría esa ansia por eyacular, no tendría que esforzarse tan bárbaramente. Es fatigoso para él a veces, justo cuando la mujer está por empezar su orgasmo él larga todo lo que tiene adentro. Pero después se siente pésimo. El otro tendría una verga de acero, no sentiría ningún ansia, no se le ablandaría nunca en medio de la acción. La bombearía al infinito, hasta hacerla gritar.
—Usted también mencionó el misterio, como otro elemento más.
—Él no está atado a ninguna rutina miserable. No trabaja en un empleo de mierda, no sale y entra a la misma hora cada día. No está cansado al fin del día, quejándose sobre sus carencias personales. Su imaginación es libre.
—Si ella lo prefiere porque no lo conoce, se decepcionará fácilmente en el momento de descubrir quién es.
—¿Por qué dice eso?
—Al llegar a conocer a alguien, esa persona se vuelve previsible, ¿o me equivoco?, tan previsible como usted lo es para ella.

viernes, 11 de agosto de 2017

029: susurro

El gesto desdeñoso y burlón con que frunce los labios, en un mohín que tiene mucho de adolescente descarada o tal vez de niñita consentida, el bailoteo breve y ondulante del cabello en el aire, cuando ella agita la cabeza y ríe, imágenes que retuvo y que preserva como las piezas únicas de un tesoro extraño, para acariciarse con ellas en la oscuridad de la alcoba, para hacerlas rimar una y mil veces en asociaciones infinitas. Y es un poco triste, hasta un tanto patético, y en cualquier caso terriblemente turbador, este sexo inexperto, torpe, solitario, que no conoce otro sexo, ni otra lengua ni otras manos, un sexo que no conoce sexo, ni mano, ni pezón, ni lengua, y que irrumpió entonces desolado, en acometidas dolorosas e inútiles, contra la dureza áspera de los pantalones, del mismo modo en que ahora, se restriega insistente contra la suavidad de las sábanas, mientras desciende cautelosa hacia las ingles la propia mano, y hunde más y más en la almohada un rostro cubierto de sudor, y gime muy bajito, entre los dientes apretados, en una cantilena interminable, el nombre de una mujer

miércoles, 9 de agosto de 2017

028: Cómo saber cómo es…

¿Cómo puedes conocer la verdadera naturaleza de la persona con la que estás cogiendo?

Su bolsillo. Si quieres saber si es generoso, fíjate en cómo se relaciona con el dinero. Sí, así de simple. Si sales a cenar y tu cita saca su calculadora de propinas, se pone los anteojos en la punta de su nariz y comienza a calcular (veamos, le llevó mucho tiempo traerme otra jarra de agua, eso le hace perder un punto del porcentaje. El mesero no sonrió, otro punto…), eso podría darte un indicio de cuán tacaño es. A menudo las personas hablan sobre lo amables y generosas que son, pero la verdad sale a la luz cuando hay que sacar la billetera.

Cuando hablamos de dinero, las personas bajan la guarda y se dejan ver como son en realidad. No pueden fingir. Pon atención a la manera en que manejan sus finanzas. ¿Son responsables, razonables y generosos, o son demasiado avaros? Este factor se evidenciará pronto en una relación.

Su vaso. Se refiere a cómo se comporta una persona cuando toma un poco más de alcohol de la cuenta. Al ponerse alegre, se revela la verdadera personalidad y podemos ver la esencia de quien nos acompaña. "Cuando entra el vino salen los secretos"
Después de uno o dos tragos, fíjate si la persona es alegre, divertida, seductora, malhumorada, inmadura, grosera… las personas exhiben algunos de sus rasgos de personalidad más importantes cuando la copa de Merlot está vacía.

Su enojo. Lo que dice y hace una persona cuando está enojada es un fuerte delator de quién es en realidad. La disculpa usual cuando alguien dice algo hiriente es: “No quise decir eso, lo dije en un momento de enojo”. Sí, claro. Si realmente no pensara lo que dijo entonces la idea no hubiera estado en su mente. Lo que dice la gente en los momentos de ira es una ventana a lo que tienen en el interior pero que no dicen durante tiempos tranquilos sino sólo cuando explotan.

La pasión, y aquí deberías prestar mucha atención a lo que hace que se le ilumine el rostro. ¿Cuándo se anima esta persona? ¿Qué es lo que le apasiona? Deportes, injusticia, éxito comercial, niños, sabiduría. Es muy fácil ver lo que le apasiona a una persona. ¿Se enciende con las cosas importantes o con la última comedia del cine?

[Mesero. ¿Cómo trata al mesero de un restaurante? Si la persona con la que estás saliendo de citas es considerada con quien supuestamente pertenece a un grupo socioeconómico inferior, entonces puedes ver que tiene la bondad y el respeto básico hacia todas las personas sin importar la posición que tengan. Si es amable contigo y con otras personas importantes de su vida, pero es irrespetuoso y brusco con personas como el mesero o el cajero, entonces tienes una seria señal de alerta respecto a la bondad básica de esta persona.]

Estas cuatro cosas te pueden permitir conocer más a fondo la esencia de la persona y la manera en que lidia con las situaciones cotidianas, lo cual nos lleva a un último punto que quiero mencionar: no pases todas tus citas en un café; estar allí no tiene nada que ver con la realidad.
Si te enrolas con alguien, tu vida no va a tratarse de conversar en cafés, dar largas caminatas por la playa o bailar en discotecas. Lleva a tu pareja a visitar a tu hermana que tiene un bebé resfriado, ponle el bebé en su falda y observa cómo reacciona. Pareciera estar pensando “mmm, este niño está ensuciando mis pantalones” o “qué lindo bebé, ¿alguien me alcanzaría una servilleta?”. Quieres ver a tu pareja en situaciones de la vida real y no en situaciones ficticias, porque el matrimonio no es una película fantasiosa de Hollywood.
Cuando salgas de citas, ten los ojos abiertos; espero que estas herramientas te ayuden en tu búsqueda y te faciliten la decisión cuando la química te traiga a tu alma gemela.

martes, 8 de agosto de 2017

027: la clica

Este martes 8 de agosto es el Día Mundial del Orgasmo Femenino. La efeméride se constituyó en 2006 en el pueblo brasileño de ESPARTINA, donde el concejal Arimateio Dantas decidió compensar con este día a su esposa por sus deudas sexuales. 

Está más que demostrado y experimentado que la función principal de la clica es generar placer a las mujeres y no hay que ser leído para saberlo.

Existen muchas partes del cuerpo de la mujer cuya estimulación podría dar lugar a orgasmos. Por ejemplo la estimulación de los pezones genera una reacción similar a la que se produce cuando se estimulan otras zonas erógenas 

Durante la época victoriana del siglo XIX las mujeres que tenían problemas ginecológicos, o incluso emocionales, eran diagnosticadas de algo conocido como histeria femenina.
Esta mal llamada enfermedad no tenía cura, pero podían paliarse sus síntomas a través de una serie de masajes en el clítoris

Hoy en día son más las mujeres que recurren al dedo en busca de relaciones más placenteras.

domingo, 6 de agosto de 2017

026: ‘INTERROGACIÓN’

Ya no creo en nada,
hasta dudo de ti;
siento desconfianza,
ya no creo ni en mí;
mi mente se ofusca
ya no sé qué decir,
me enloquecen los celos
que yo siento por ti.

Malditos sean los celos
que envenenan mi alma;
maldita sea la duda
que acabó mi ser;
la cruel incertidumbre
de tu amor me mata.

Me estoy volviendo loco
sin saber por qué.

Yo no sé por qué será
que no pierdo la razón;
será porque hay en tu amor
alguna interrogación.

Dime, dime la verdad,
desengáñame, mejor,
que yo prefiero un puñal,
a la duda de tu amor.


Julio Jaramillo (Guayaquil, 1935 - 1978) Conocido con los apodos de El Ruiseñor de América y Míster Juramento, Es considerado el mejor cantante ecuatoriano de todos los tiempos. Sus canciones, que hablan de amores y desencuentros, calaron profundamente en el público que se reflejaba en ellas. Las melodías que popularizó, entre las que cabe mencionar De cigarro en cigarro, Alma mía, Interrogación, Odio en la sangre, Te odio y te quiero, Carnaval de la vida o Cuando llora mi guitarra, todavía se escuchan en las radios de Latinoamérica.

sábado, 5 de agosto de 2017

025: la sinceridad, mata

—¿De qué hablaron?
—Toda clase de temas. Estas conversaciones en general esquivan la cuestión. Se puede hablar de un millón de cosas, del mundo, de los demás, pero lo difícil de plantear son tus propios sentimientos y necesidades. Nunca se dice directamente, se sugiere nomás. Alusiones indirectas, flirteo. Flirteo y represión van de la mano, y tiene que haber represión para que un cierto placer se desprenda del flirteo.
—No entiendo. Cuando saliste de aquí esa tarde esperabas algo diferente, noté que la deseabas mucho. Estabas cegado por las ganas. Y ella te iba a llevar a su departamento. Por eso no voy a creerte esta versión. Lo que tú no quieres es que me entere de que te saliste con la tuya.
—…
—Te saliste con la tuya, confiesa.
—A veces uno se sale con la suya, y otras no.
—¿Salió ella con la suya? Entonces lo único que quería era flirtear y sentirse deseada.
—Ella quería eso y algo más.
—¿Qué más?
—Sexo y afecto.
—¿Y tú qué es lo que querías?
—Lo mismo.
—Lo que no me dices es que los dos tuvieron otra cita al día siguiente.
—Me encanta tu imaginación. No hubo segunda cita, una fue tortura suficiente. Me resulta muy incómodo estar junto a alguien que deseo, a no ser que la esté ya cogiendo.
—Estabas a dos cuadras de cogerla, ¿por qué dejaste que ella te detuviera?
—Ella no me detuvo. Yo solo me detuve, tiendo a sabotear estas cosas. Hay un modo de hacerlo, de quebrar el encanto, eso que se produce cuando dos personas se sienten cómodas entre sí, receptivas. Son estados de ánimo bastante frágiles, un encanto fácil de quebrar… basta con hacer cualquier mención directa.
—¿Qué sintió cuando por fin la abrazaste, una vez en el departamento?
—Ya te dije que nunca la abracé. Y ojalá mi vida fuese tan florida como tu imaginación… Si llego al punto en que estoy en una cama con una mujer, entonces no hay problema, el problema viene antes. Cuando uno se abre y expresa hasta qué punto está necesitado… se vuelve muy vulnerable, y a pesar de todo puede ser rechazado.

viernes, 4 de agosto de 2017

024: Lolita

Era amiga de la novia de Raúl. No le gustaba. Había consentido en llevarla consigo a instancias de Raúl, quien se le había asegurado que la chica estaba en su punto. Pero cuando por la tarde, después de comer, cada uno escogió un sitio discreto, él pudo confirmar su sospecha de que tenía entre las manos esa materia resistente, terca, ancestral, herencia de convicciones que se abisman en las profundas simas de una invencible desconfianza, esa extraña materia que informa, desde hace cuánto tiempo, las tres cuartas partes de la hembra que, en un país invernal, aspira a un bienestar de clase media: el miedo a los cuerpos.
—No, no es que no quiera
Decía con su voz aguda, tendida de lado junto a él y vigilando distraídamente las manos que la acariciaban
—No es eso, es que soy así, y no creas que no me gustas, siempre me has gustado... Te veía pasar por delante de mi casa, cuando ibas camino del billar, y siempre pensaba que eras diferente de los demás, no sólo más guapo, no sé, diferente, a pesar de que tú también juegas a las cartas con los viejos en el billar los domingos, en vez de ir al baile... Por favor, eso no, ahí no, no está bien...
Calló un rato, ante el suspiro de fastidio de él, y se subió, una vez más, los tirantes del traje de baño; él esperó diez segundos y se los volvió a bajar, sin muchas esperanzas, Lola era una de esas mujeres de carnes hipocondríacas, blandas y tristes, muertas, que parecen muy manoseadas aunque nunca lo han sido y cuya expresión de asco, profundamente grabada en sus rostros hinchados y beatíficos, proviene no de la práctica excesiva del amor, sino precisamente de no haber hecho jamás el amor, es su expresión una mezcla de hastío, de dulzura y de remilgo, como si constantemente captaran con la nariz un olor pestilente pero de alguna manera beneficioso para su alma, o su egoísmo, o como quiera que se llame eso que las mantiene firmes en su soledad animal durante toda la vida.
— Y no es que quiera meterme en lo tuyo, pero también se habla de ti y de esa chica tan antipática, la Hortensia, siempre estás metido en su casa... ¡ay, no seas bruto, que me haces daño...!
Se tapó las tetas con los brazos, notaba aún los dientes de él, pero no recogió la mirada anhelante ni la ternura de su mano acariciando su pelo
— ¿Lo ves?, todos son iguales, y luego qué, también de eso se cansan,... qué haces, por favor...
Su voz perdía firmeza, se fue haciendo líquida
—Eso no, sabía que pasaría eso... ¿Qué vas a pensar de una chica que se deja...? Eso no, te digo. ¿Cómo puedes pensar que yo..., dónde crees que tiene una la honra?
Él la soltó. Había tanta inercia y tanto miedo en aquel cuerpo, su entrepierna estaba tan helada... Se ladeó apretando los dientes con rabia, deslizando la espalda sobre las agujas de pino. Por encima de su cabeza, en las ramas, cantaba un gorrión. “Vaya sitio para guardar la honra”, pensó.
— ¿Adónde vas?
De repente tenía el miedo metido en los ojos
— ¿Qué vas a hacer? ¿Te has enfadado?...

jueves, 3 de agosto de 2017

023: definiendo el amor

El amor es una palabra que tiene tantas definiciones como personas hay para definirlo. Prueba ésta a ver cómo te va. La capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para sí mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te satisficiera o te gustase. Puede que ésta sea una definición practicable pero el hecho es que muy pocas personas son capaces de adoptarla para sí mismos.
¿Cómo puede llegarse al punto de poder dejar que los demás sean como quieren y eligen ser sin insistir para que se pongan a la altura de lo que esperas de ellos?
Muy sencillo. Amándote a ti mismo. Sintiendo que eres importante, hermoso y que vales mucho. Cuando hayas reconocido lo que vales y lo bueno que eres no tendrás necesidad de que los demás apoyen y refuercen tu valor y tus valores ajustando su conducta a tus instrucciones. Si estás seguro de ti mismo y tienes confianza en lo que piensas, no querrás ni necesitarás que los demás sean como tú. En primer lugar, tú eres un ser único.
Por otro lado eso los privaría de su individualidad, y lo que te gusta en ellos son precisamente esos rasgos que los diferencian y hacen que sean lo que son.
La cosa empieza a armarse. Logras amarte a ti mismo y de pronto eres capaz de amar a los demás, y eres capaz de hacer cosas por los demás al poder dar y hacer cosas para ti mismo primero que nada. Así no tendrás necesidad de artimañas para amar y dar. No lo harás porque esperas retribución o gratitud sino por el auténtico placer que sientes al ser generoso y amante.
Si tu ser no vale nada, o no es amado por ti, entonces es imposible dar.
¿Cómo puedes dar amor si no vales nada? ¿Qué valor tendría tu amor?
Y si no puedes dar amor, tampoco puedes recibirlo. Después de todo, ¿qué valor puede tener el amor que se le da a una persona que no vale nada? El estar enamorado, el poder dar y recibir, todas esas cosas empiezan con un ser que es capaz de amarse totalmente a sí mismo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

022: la cobra

Cualquiera podía enloquecerse con ella, y si yo no caí fue porque ella no me lo permitió...
Al principio lo envidié, me dio rabia su buena suerte, se conseguía a las mejores, las más bonitas; a mí, en cambio, me tocaban las amigas de las novias, menos buenas, menos bonitas, porque casi siempre una mujer hermosa anda al lado de una fea. Pero como yo sabía que a él no le duraban mucho las aventuras, esperaba tranquilo con mi fea hasta que él cambiara para cambiar yo también, y esperar a ver si esa vez me tocaba algo mejor. Pero con ella fue distinto. A ella no la quiso cambiar, y yo tampoco quise quedarme con ninguna amiga de ella: a mí también me gustaba. Pero tengo que admitirlo: yo tuve más miedo, porque con ella no se trataba de gusto, de amor o de suerte, con ella la cosa era de coraje. Había que tener mucho huevo para meterse con ella.
—Esa mujer es una herida
Los dos estábamos en lo cierto, es de esas mujeres que son veneno y antídoto a la vez. Al que quiere curar cura, y al que quiere matar mata.