martes, 17 de octubre de 2017

071:pro-logos

—Así que se fue
—Se fue con su papito y su mamita
—¿Y nunca los conociste?
—¡Claro que los conocí! 
—¿Y que tienen de horrendo?
—¡Nada!  
—¡Pero hombre, una o dos veces al año no hace daño!
—Así es, pero yo soy un convencido de ese dicho que dice: “el que se casa, casa quiere” y eso
quiere decir que quiere hacer su propia familia, su “patriarcado” lejos, muy lejos de sus propios
padres y de sus suegros y ella mi compañera su “matriarcado” Ya nada nos obliga a seguir sus
usos y sus costumbres, creando nosotros las nuestras.
—Pero ahorita… chau patriarcado
—No seas tonto. Ella estará de vuelta antes de fin de semana
—¿Y cómo lo sabes?
—Porque no es la primera vez que se va
—¿Y qué explicación te da?
—¿Explicación? ¿Por qué tiene que darme explicación alguna? Pareces una vieja pidiendo explicaciones. Lo siento, pero yo no pido explicaciones, ni porque se va, ni porque vuelve, ella es libre de hacer lo que le venga en gana. Ella está de acuerdo con el plan. Solo que a veces la vence la nostalgia.

domingo, 15 de octubre de 2017

070: epi-logos

—Mis padres y hermanos están muy molestos contigo
—Este fin de semana podríamos ir a Samaipata y visitar el Fuerte
—No me cambies la conversación
—Me han contado que hay un restaurant suizo que tiene una cocina de maravilla
—Me han sugerido que vuelva a vivir con ellos
—Y al retorno podríamos ir a la posada de Laguna Volcán
—No me interesa ir a ningún lado con alguien que menosprecia a mi familia
—Y el lunes podríamos ir y firmar el contrato con el arquitecto
—No me vas a comprar con un palacio de cristal
—Prepara tus maletas te puedo dejar al paso cuando vaya a Samaipata

viernes, 13 de octubre de 2017

069: logos

—El domingo es el cumpleaños de mi padre y mis hermanos han preparado una fiesta y nos han invitado
—Me imagino que les has agradecido y les has dicho que no podré ir
—¿No puedes ir? ¿Por qué no puedes ir?
—Tú puedes y debes ir. Yo no me muevo de acá
—Y cuando me pregunten por que no fuiste ¿Qué les digo?
—Le verdad ¿no te enseñaron acaso tus padres a decir la verdad?
—Y la verdad es que no te interés conocer a mi familia
—La verdad es que no entiendo que tiene que ver TU familia y la MÍA en nuestra relación
—¿Lo nuestro tiene futuro?
—No existe futuro alguno, se vive día a día, solo existe el ahora y el día de ayer.
—¿Y en tu día a día has considerado la posibilidad de tener algún hijo?
—¡Estás loca! Los hijos son una carga molesta, por otra parte a ti no te gusta que te despierten al amanecer y es al amanecer cuando el llorón reclama su mamadera y que le cambien el pañal y allí entro yo para estar todo el día en el trabajo soñoliento y a ningún gerente le agrada ver a un empleado bostezando.
—¡Eres un egoísta de mierda! ¡Yo! ¡Yo! ¿Y yo qué?
—Tu eres la mujer que quiso estar conmigo conociendo lo que pienso te conté que mi padre nos abandonó porque mi madre le exigía mucho, en ese sentido yo no te exijo nada, tu y yo nos llevamos bien mientras no surgen estas conversaciones,  que no nos llevan a ninguna parte.
—Mis amigas me han aconsejado que me separe de ti, que eres toxico.
—No soy toxico, soy un tónico amargo que solo dice la verdad.

jueves, 12 de octubre de 2017

068: “… dicen que te estas casando”

Me quedé mirando la foto de la invitación a la boda: Ella y el Otro formaban una pareja de película, algo que Ella y Yo nunca habríamos podido ser.
Sin embargo, habíamos creído que estábamos hechos a la medida: yo para ella; ella para mí.
Eso había sido en otra época, cuando nos conocimos, el día en que le salvé la vida. Fue en el rio Palacios. Yo tenía veintitantos años y estaba con Otra de vacaciones; Ella pasaba las vacaciones con sus amigos en la casa de veraneo de sus padres.
Si a Ella no le hubiera dado un calambre mientras nadaba y yo no me hubiera dado cuenta, seguramente nunca nos habríamos conocido. Y ella se habría ahogado. Pero nadé unos pocos metros hacia Ella, me sumergí y la saqué, casi inconsciente, a la superficie. Acudieron sus parientes en una lancha y nos subieron a bordo.
Ella volvió a abrir los ojos cuando ya estaba en la barca. Me miró con sus maravillosos ojos verdes y susurró fascinada: Tienes los ojos más tristes que he visto nunca
Y yo susurré: Gracias, igualmente

lunes, 9 de octubre de 2017

067: dejando de ser un chicle

—Si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre
—Yo… tengo algo que objetar a esta boda.
—¿Tenemos que escucharla?
Preguntó la novia. El sacerdote estaba confundido, era evidente que en toda su carrera nunca le había ocurrido algo semejante. Después de pensarlo un momento, decidió
—No, no tenemos que escuchar.
—¡Un momento! Usted ha hecho un llamamiento para que dijéramos si teníamos algo en contra de esta unión.
—Lo decía más bien retóricamente.
—Entonces, ¿usted sólo pronuncia palabras huecas?
El reproche dio en el blanco, y a la novia le entró miedo:
—¿No… no irá a hacerle caso a esa descarada?
Me gustó que tuviera miedo, a lo mejor no estaba tan segura de que yo no pudiera recuperarlo. Eso me animó.
—Déjela hablar  
Pidió Iván y eso me animó todavía mucho más. La novia lo miró enfadada, pero él le sostuvo la mirada y luego se volvió hacia mí:
—¿Qué quieres objetar a este matrimonio?
Respiré hondo y fui a lo mío:
—Querido, te he amado mucho tiempo y tú me has cogido mucho tiempo. Sí, ya lo sé, me explicaste que ahora amas mucho más a ella y que los dos tienen un sexo maduro y que crees que están hechos el uno para el otro y etcétera, etcétera, etcétera… Cuando lo dijiste, me dolió, y no sólo porque acababan de hacerme un empaste. Iba a renunciar a nuestro amor, pero, he descubierto que las almas que están hechas la una para la otra transitan a través de los siglos y se enamoran una y otra vez.
Iván me miraba con los ojos abiertos como platos.
—Nuestras almas, la tuya y la mía, intentan estar siempre cerca y creo que lo hacen porque están predestinadas…
Miré a Iván a la cara y no me pareció que, con mis palabras, hubiera cobrado fuerza en él la sensación de que estábamos predestinados.
—Y ahora que te miro a la cara compruebo que esas palabras no provocan nada en ti…
Iván se encogió de hombros.
—… Si nuestras almas estuvieran realmente hechas la una para la otra no te limitarías a encogerte de hombros…
Se encogió de hombros otra vez.
—… Te agradecería que dejaras de…
Se encogió de hombros una vez más.
—Aunque, pensándolo bien, si tú y yo estuviéramos realmente hechos el uno para el otro, no te encogerías de hombros y, además, alguna vez me habrías defendido de tu horrible madre… Haría tiempo que tendríamos hijos y no me habrías dejado sólo porque una vez besé a otro hombre. Eso habría sido insignificante para alguien que realmente ama. Y, ahora que te miras los zapatos, también comprendo que, en realidad, para ti sólo fue una buena ocasión para dejarme e irte a coger con otra.
Clavó los ojos más insistentemente en sus zapatos.
—Pero no hace falta que sigas contemplando tus zapatos, porque probablemente no habría besado al profesor de gimnasia si tu alma y la mía hubieran estado realmente predestinadas… Además, al profesor de gimnasia lo besé porque me sentía muy sola.
—Tú… ¿te sentías sola? ¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no lo he comprendido hasta que no he dejado de sentirme sola.
—¿Y con quién no te sientes sola…?
—Con alguien que me saca de mis casillas, pero también me apoya y me defiende. Él y yo formamos un buen equipo…
—¿Un equipo?
—Olvídalo, en cualquier caso, ¡gracias a ese hombre ya no soy un cliché! ¡O sea que tengo que dejar de comportarme como tal y dejar que te cases de una vez!
Mis palabras resonaron en la nave de la iglesia sin que nadie reaccionara.
Pasaron unos segundos de silencio larguísimos hasta que el sacerdote se atrevió a preguntar:
—Ejem, ¿significa eso que puedo proseguir con la boda?
—Sí, estos dos  están hechos el uno para la otra.

domingo, 8 de octubre de 2017

066: y me hundí en una sima negra y profunda

—Bueno… ¿Qué querías decirme?
¿Presentía lo que iba a ocurrir? ¿Tenía las mismas esperanzas? ¿Podía tener yo la esperanza de que ella tuviera la misma esperanza?
—He venido para decirte que siento mucho lo que hice, y que me gustaría deshacer lo hecho, pero por desgracia no se puede viajar al pasado…  Quiero pedirte perdón…
Ella callaba, estaba confusa, intentaba procesarlo todo, pero saltaba a la vista que no lo conseguía. Luego pronuncié la única frase que importaba.
—Yo te quiero.
Ella tragó saliva. Y yo tuve que esperar su respuesta. El tiempo se dilató, quizá sólo fueron segundos, pero a mí me parecieron horas, días, años, décadas. Durante ese tiempo percibido habrían podido surgir civilizaciones y se habrían podido extinguir. Casi se me paró el corazón de nervios. Aquella cocina del infierno podía transformarse en el cielo en cualquier instante. Todos mis sueños podían hacerse realidad. Mi triste vida podía volver a tener sentido.
—Pero yo ya no te quiero.
Fue como si alguien me desgarrara el corazón, de tanto que me dolió. Ella me miraba disculpándose, era evidente que le sabía mal hacerme tanto daño.
—Yo te quería… y después de lo que me contaron, me derrumbé…
Sonrió débilmente, pero yo me sentía demasiado débil para sonreírle débilmente
—Pero gracias a esa experiencia he madurado. Ahora sé mejor lo que quiero, y el amor con mi novio es un amor profundo, adulto… un amor maduro… Sabemos que estamos hechos el uno para el otro…
y… y…
Vio en mi cara que yo no quería oír
—Y tal vez no debería seguir hablando.
Entonces, en mi interior se quebró todo. Todas mis esperanzas, mis ganas de vivir perecieron..., tambaleándome salí al vestíbulo, ella me ayudó a llegar a la puerta…

viernes, 6 de octubre de 2017

065: Clementina

— ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
—Tiene estilo
—Hay preguntas que no quieren respuesta
—Y parece una top model
Edgardo creía firmemente que los amigos tenían que tratarse con absoluta sinceridad. Y, desgraciadamente, tenía razón: mientras que la otra tenía un tipo que haría que hasta Hailey Clauson se tirara de los pelos de envidia, yo tenía celulitis, los morocos demasiado gruesos y, con mala luz, parecía una Rigoberta Menchú con la tripa caída.
—Y ha estudiado una carrera.
— ¡Yo también!
—Tú, Magisterio Rural en Charagua. Ella, Medicina en la Universidad Mayor y Pontificia de san Francisco Xavier de Chuquisaca.
—Cállate ya
—Además, los padres de ella y los de él frecuentan los mismos círculos sociales.
— ¿Qué parte no has entendido de cállate ya? ¿Cállate o ya?
—Y no es tan respondona y tiene buenos modales.
— ¿O sea que yo los tengo malos?
—Bueno, tú siempre ríes demasiado fuerte, a veces eructas. Pero hay una cosa que tú tienes y ella no.
— ¿Padres que padecen de hongos en las patas?
—Sí. Pero me refería a otra cosa.
Puse los ojos en blanco, no quería oír nada más.
—No te preocupes, sólo pretendo completar mi lista
Quizá, pensé, también le oiría decir algo agradable. Así pues, decidí seguirle el juego
—Bien, ¿qué tengo yo que no tenga esa culiparado?
—Ella no lo ha engañado.
— ¡Yo tampoco!
—Sí lo hiciste
—Cuestión de definiciones
—También hay otra cosa que tú tienes y ella no…
—No quiero oírla.
—Tú…
— ¡Me da la impresión de que lo que no quiero es oírte a ti!
—Tú tienes más corazón que ella.
Lo miré asombrada, sonreía para darme ánimos.
—Y tienes mucho carácter. Nunca te quedas con el culo al aire.
—Y eso que es descomunal
—Y tienes sentido del humor. Y por todo eso eres también mucho más fantástica que ella

miércoles, 4 de octubre de 2017

064: cosas que los hombres no comprenden, ni aunque se las expliquen mil veces

*Que si te peleas con él y le cortas el teléfono y le gritas que nunca más te llame, te enojes porque no te llamó.
*Que no puedas usar el mismo vestido para la fiesta de fin de año de la oficina en dos años consecutivos. Porque alguien puede recordar que te lo pusiste el año pasado.
*Que te dé asco su transpiración, pero no te de asco que ponerte cera ardiente en las piernas para depilártelas.
*Que no alcance con que te pregunte qué quieres para tu cumpleaños.
*Que no soportes la cama deshecha, aunque él piense en volver a deshacerla en cinco minutos.
*Que no sepa comprender que estás mal por la menstruación.
*Que te enfurezca que te diga: “¿Qué te pasa? ¿Te vino?”.
*Que siempre lleves cartera, aunque jamás la abras.
*Que le pongas sacarina al café con crema.
*Que te encante presentarle tipos a tus amigas.
*Que siempre quieras hablar de la relación.
*Que no siempre te interese coger.
*Que te saque de quicio que tu suegra quiera “ayudar” en la cocina.
*Que no puedas atender el teléfono si sospechas que es su hermana.
*Que te sientas gorda si aumentaste medio kilo.
*Que puedas pasar de amorosa a histérica a distante a llorosa a divertida en tres minutos.
*Que puedas dejar de fumar con la misma facilidad con la que te fumas dos atados en un día.
*Que vayas dos horas por día al gimnasio a hacer cinta, pero que después no puedas ir a la tintorería a buscarle su saco gris.
*Que si te compras un CD solo escuches eso cuarenta veces por día, todos los días.
*Que te dé miedo un ruidito a la noche en el jardín, pero que no te de miedo insultar a unos obreros porque te pisaron los nomeolvides de la entrada.
*Que si estás en la dieta del pescado hervido, él también tenga que hacer la dieta del pescado hervido.
*Que si decís tres veces seguidas “Me duele la cabeza”, él no te traiga corriendo una aspirina y un vaso de agua.
*Que reacciones tan bruscamente ante un asiento de inodoro levantado, o ante la butaca del auto corrida hacia atrás, lo la de la pc ajustada a la altura de él.
*Que tarde media hora en llegar a todas partes sabiendo que tú eres siempre puntual.
*Que una se enoje porque él dijo “Te llamo” ....y tardó mucho en llamar.
*Que una se enoje porque, aunque él nos haya dado los gustos durante todo el día, no te haya dicho Te quiero

lunes, 2 de octubre de 2017

063: cómo ir a ver si llueve

Se echó a reír, se le estremecieron las tetas y tuvo un último gesto maternal, puso su mano entre mis piernas, me buscó con los dedos y me aplicó una caricia circular, desprovista ya de todo deseo, una caricia agradecida y blanda, como el lengüetazo fiel de un animal.
Luego se enroscó sobre mi cuerpo, como era su costumbre, y se quedó dormida.
Hacía muchos años que no dormíamos desnudos y me intimidó en primer lugar el contacto de su cocho, abierto y plácido, que se adhirió con un dulcísimo chasquido sobre mi muslo izquierdo.
Unos minutos antes habíamos cogido, tal como se hace luego de veinticinco años de matrimonio, es decir, como se hacen unas maletas.

domingo, 1 de octubre de 2017

062: parientes

Me los imaginé a los dos, velando a los pies de la cama, tropezando deliberadamente en los pasillos; se me apareció nítida la imagen de mi esposa dándole una gragea a su padre mientras que por detrás se le acercaba ese hombre, el primo de papá, se paraba mansamente a sus espaldas y se le pegaba una pizca, un roce de nada, mero accidente del destino al agacharse para recoger una revista que el pobre viejo había dejado caer. Mi esposa se ponía en guardia, pero desechaba la idea de inmediato, y el primo se aprovechaba de su lasitud, hasta cierto punto de su inocencia, y volvía poco a poco a las andadas, y frotaba su vientre contra las nalgas macizas de mi mujer, mi esposa sintiéndolo y apenándose, era después de todo el primo de su padre, un primo cada vez más solícito que sólo esperaba a que ella se inclinara (solía inclinarse a limpiar los labios del anciano), para embestirla sin compasión ni disimulo, imponiendo sus armas aún por debajo de la tela, jadeando levemente cuando les deseaba a ambos, al padre y a la hija, muy buenas noches, porque lo que era él, se iba a dormir. La historia, por supuesto, no paraba ahí. En realidad, el primo de papá se quedaba acechando a mi esposa, esperando que también ella le diera las buenas noches a papá para irse a la cama, sólo que no a su cama, sino a la mía, susurrándole al oído que lo había vuelto loco, usted es la culpable, desgarrándole la blusa (mi esposa perdía, en cada uno de sus viajes, un par de buenas blusas), mordiéndola y empujándola hacia el hueco de la puerta donde ella aún se resistía, se debatía entre la decencia y el furor, musitando claramente que no y que no, hasta que el primo de papá, harto de tanto alarde, le atrapaba una mano, se la llevaba al bulto y sollozaba en su oreja: Mira cómo me tienes. Nuestra pequeña hija, que viajaba siempre con su madre, andaría a esas horas por el quinto sueño, pero mi esposa no podía permitir que la niña despertara y no la viera a su lado, de modo que en la madrugada salía de la habitación del primo de papá hacia la suya propia, temblando de pies a cabeza, no tanto por el fresco de la hora, como por la sensación de gozo clandestino que, mal que bien, siempre la alebrestaba. Él le preguntaba si se verían a la noche siguiente, ella daba la callada por respuesta y, por supuesto, no volvía.
Pero pasados dos o tres días, él la atrapaba en territorio neutro, pongo por caso la cocina, y mi mujer, haciéndose la mártir, se dejaba conquistar, se abandonaba toda, se derretía. El hombre finalmente la arrastraba hacia su madriguera, le alzaba la bata y le aflojaba la ropa interior, siéntese aquí, mi reina, y encima le prestaba su rostro para que enloqueciera.
En una ocasión le pregunté la edad del primo de papá, si es muy mayor, le dije, no estará en condiciones de cuidar a tu padre. Ella tensó el rostro y me miró de reojo: ¿quién me había dicho que el primo de papá era mayor?, tendría cinco o seis años más que ella, no mucho más, había perdido a su mujer hacía bastante tiempo y se sentía muy útil atendiendo al primo. Está retirado, concluyó mi esposa.
El primo de papá se retiró muy joven.
Pensé que toda la energía, todo el empeño, toda la voluntad de ese jodido viudo estarían dirigidos a la obtención de un sórdido trofeo: el amor condicional de mi esposa, que al fin y al cabo se esfumó cuando mi suegro consiguió morir.
Desde entonces habían pasado muchos años, mi esposa no se ausentaba nunca y, por lo tanto, cesaron los arrebatos del reencuentro. Comenzó a vivir un poco a través de la vida de su hija, siempre ha sido una excelente madre.

viernes, 29 de septiembre de 2017

061: No se puede vivir del amor

—El único remedio que necesitas es el amor.
—¿Y si no funciona?
—¡Entonces necesitas una dosis más grande!

¿Es verdad que la mejor medicina es el amor?

Por un lado, si usted está realmente enfermo, espero que no escuche este consejo ¡y vaya al médico! Estoy seguro que mi amigo no estaba intentando convencernos de otra cosa. Todo lo que estaba intentando decir es que el amor es la cosa más importante en la vida.
Pero, ¿lo es realmente?

Volviendo al consejo de mi amigo, me parece que la afirmación de que todo lo que necesitas es amor está equivocada, y quizás incluso sea la fuente de muchas frustraciones.
Muy a menudo, nos enfocamos en el amor, con muchas esperanzas, pero olvidamos hablar sobre la auto restricción.
Todos amamos a nuestro cónyuge y a nuestros hijos. O por lo menos deberíamos.
Pero cuando pensamos sobre esas relaciones, deberíamos empezar a pensar también sobre los límites, lo que no.

Será como decirle que no solo la amamos, sino que vamos a intentar realmente de evitar cualquier cosa que ella no quiere que hagamos. Y decirle a nuestra compañera de toda la vida que intentaremos evitar cualquier cosa que pueda dañar nuestra relación. Y decirle a nuestros hijos que ellos son nuestra primera prioridad, más alta que nuestros trabajos y pasatiempos, y que si alguna vez tenemos que elegir, los elegiremos a ellos primero.
Los límites crean seguridad, lo que permite que la relación eche raíces.

Creémoslo y respetémoslo

jueves, 28 de septiembre de 2017

060: ¡felices ellos!

La Corte Suprema de Argentina determinó que espiar el correo electrónico, el Facebook y el teléfono celular de la pareja es un delito federal, es decir que debe ser investigado por los mismos jueces que juzgan terrorismo, narcotráfico o corrupción.

lunes, 25 de septiembre de 2017

059: El amor es…

Al principio, todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe.

Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando llueve. Te dedicas a escribir spots sobre esta cuestión. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.

El segundo año, las cosas empiezan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que se ha establecido con tu peor es nada. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. En la calle, confunden a tu mujer con tu hermana: eso te halaga pero te va desgastando. Coges cada vez menos y consideráis que no es grave.
Estás convencido de que el fin del mundo está muy lejos. Defiendes el matrimonio delante de tus amigos solteros, que ya no te reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las mujeres ligeras de ropa que iluminan la calle?

El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las mujeres ligeras de ropa que iluminan la calle. Ya no hablas con tu mujer. Pasas horas en el restaurante escuchando lo que hablan en las mesas vecinas. Sales cada vez más: eso te proporciona la excusa para
no tener que follar. Pronto llega el momento en que ya no puedes soportar a tu esposa ni un segundo más, ya que te has enamorado de otra.
Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida siempre tiene la
última palabra.
El tercer año trae consigo una noticia buena y otra noticia mala. La noticia buena: asqueada, tu mujer te abandona. La noticia mala: empiezas otro blog.

domingo, 24 de septiembre de 2017

058: Fantasías femeninas

*-Que tu ex te pida perdón de rodillas.
*-Enamorar a un ermitaño, oscuro y torturado, que jamás se haya fijado en otra mujer.
*-Tener sexo con un profesor (siempre nos encanta algún profesor).
*-Que dos hombres se agarren a las trompadas por una.
*-Tener un admirador secreto.
*-Que tu primer novio (quien probablemente ya tuvo muchas novias, una esposa, hijos y nietos) haya estado siempre enamorado de ti.
*-Hacer un pacto con el diablo y –sin importar lo que comas- no volver a engordar nunca más.
*-Poder usar remera sin corpiño y que todo quede en su lugar.
*-Ser la más linda de una fiesta, de la universidad, de un grupo de amigos, o -aunque más no sea- de la familia.
*-Coger con un desconocido.
*-Dejar de perder la lima de uñas, la pincita de depilar y el alicate una vez por semana.
*-Encontrarte con el hombre que te rompió el corazón justo cuando estás más flaca, más linda y mejor vestida.
*-Que esa infeliz que habla todo el día de lo perfecto que es su marido, se entere de que es cornuda.
*-Que tu pelo se mueva como en la publicidad de “Pantene“.
*-Poder detectar qué zapatos te van a mutilar los dedos antes de comprarlos.
*-Encontrar a los mogólicos que diseñan bikinis para explicarles que la parte de abajo y la de arriba rara vez le sirven a la misma mujer.
*-Cuando tengas una cita: que si el hombre resulta ser un imbécil, te reintegre el dinero que invertiste en peluquería y vestimenta.
*-Que el talle “M” sea siempre “M” de “medium” y no “M” de muñeca Barbie.
*-Que alguna vez ellos contesten la pregunta “¿En qué estás pensando?”.
*-Tener un cuerpo perfecto para poder tirarte encima cualquier trapito de oferta.
*-Que los poros finalmente se cierren, que las estrías se borren, que las puntas del pelo se regeneren, que la celulitis se alise, que los brazos se tonifiquen, que la panza se endurezca y que la cola se levante sin hacer demasiado esfuerzo..
*-Que él por fin se dé cuenta de que “serían perfectos juntos”.
*-Cuando el amor de tu vida, que no te da bola; que sorpresivamente te declare su amor
*-Que la empleada doméstica deje de meter tus corpiños con aro en el lavarropas.
*-Que tu hermana menor deje de usarte la ropa.
*-Volver a ser soltera.
*-No ser la última de las hermanas y primas en casarte


sábado, 23 de septiembre de 2017

057: amigos de joda

Me acuerdo de otra cosa: Teo y Simón discutiendo acerca de la señora López. Teo le decía que el señor López empezaba a mostrarse celoso y con razón. Simón, de buen humor, se lo tomaba a broma: el señor López trataba con desprecio a su esposa, decía, y por lo tanto se merecía aquello. 
Pero, en realidad, la broma estaba dirigida a Teo, pues era él quien sentía celos, y de Simón. 
A éste no le importaba que Teo se mostrara herido; ¿por qué había de importarle? Cuando alguien presiente que van detrás de él en un sentido para  conseguir algo en otro sentido, lo resiente siempre. Siempre. Claro está, 
Teo comenzaba persiguiendo a la mariposa debajo de la piedra, y lograba controlar a la perfección sus sentimientos románticos. Pero éstos existían, por lo cual él merecía momentos como aquel, repetidos una y mil veces: Simón le dirigía la sonrisa dura de quien sabe más de lo que el otro cree, con los ojos empequeñecidos y como diciéndole: ¡Bah, amigo! Ya sabes que esto no es lo mío. Y, no obstante, Teo le estaba ofreciendo un libro o algo por el estilo. 
Simón había acabado por manifestar un franco desprecio hacia Teo, el cual, en lugar de mandarlo a la mierda, se mostraba tolerante. Teo era una de las personas más escrupulosas que he conocido, a pesar de lo cual iba a organizar expediciones con Simón para conseguir cerveza o comida rateada en algún sitio.
Después, nos explicaba que sólo había ido para tener una oportunidad de explicar a Simón que aquella no era manera de vivir, como un día comprenderá. Pero luego nos lanzaba una mirada rápida, avergonzado, y volvía la cara con aquella sonrisa nueva de amargura y odio hacia sí mismo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

056: la hermana

-Me alegro de haberte encontrado a tiempo.
-¿Por qué? ¿Sucede algo?
-Nada en particular. Quería decirte algo antes de que te  marcharas.
-¿Sí?
-Quería darte tres consejos que te serán de mucha utilidad.
-¿Cuáles?
-Prométeme que los cumplirás.
-Los cumpliré. Lo prometo.
Ella abrazó a su hermano, conmovida.
-Te echaré mucho de menos. Yocalla no será lo mismo sin ti.
-No, desde luego ¡Todos podrán respirar tranquilos! Bueno, pequeña, ¿y esos tres consejos?
-El primero: sé tú mismo. No olvides nunca que eres un Diu. Pero, ante todo, eres tú, eres como eres. Sea lo que sea lo que te encuentres ahí fuera, no olvides nunca que tú eres tú, y que tu hogar está aquí, en Yocalla, con nosotros.
Él meditó las palabras, muy serio.
-El segundo es un consejo básico que no debes olvidar: nunca confíes en nadie. Nunca dejes tu vida en manos de otra persona, porque podría fallarte. Hazme caso, ¡vivirás más años!
-Estoy de acuerdo. ¿Y el tercero?
Larisa sonrió.
-Es el más importante. No debes olvidarlo: nunca, nunca, nunca te enamores. Lo digo en serio. Te portas de una forma muy estúpida cuando estás enamorado.
Él rió de nuevo, pero no había alegría en su risa.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

055: ¿a qué llamas amor?

El amor no gira en torno de ir a la cama y coger con ella. Eso no es amor, eso es lujuria.  
Y muchas de ustedes se han embarazado por la lujuria, sin la oportunidad de sentir el amor.
¿Crees verdaderamente que el amor es amar a alguien que abusa de ti porque eso es todo lo que vales? No, el amor no es abusivo, el amor no es inseguro, el amor no tiene que ver con la lujuria.
El amor, la lujuria, la necesidad de compañía, son áreas muy diferentes.

Para los más primitivos, el amor es la relación más básica entre dos personas que se sienten atraídas, que químicamente son atraídas, que emocionalmente son atraídas, porque, generalmente, las personas, como los animales, no se sienten atraídas si la atracción no es de naturaleza química.
Y la diferencia entre amigos y amantes es que los amantes son del sexo opuesto. Es la única cosa que un amigo no puede compartir y un amante sí. Y algunos de ustedes han cruzado todas esas líneas.

Ahora bien, ¿es natural? Esto nos remite a quién eres tú y cuál es tu prerrogativa en la vida.
Todo el mundo puede hacer el amor. Todo el mundo puede practicar el sexo, pero ¿es el sexo necesariamente amor? No lo es. Es conveniencia, y es químico.

Amor es esa elevada existencia dorada que trasciende el deseo carnal, pero que, una vez que lo encontramos, incluye el deseo en forma de unidad apasionada, una unidad que es compartida no sólo sexualmente, sino también espiritualmente.
Unidad que es compartida de maneras humanistas; que es compartida en sueños, que es compartida no como uno apoyándose en el otro, sino como dos individuos fuertes y capaces de caminar y de definir la realidad, y capaces de combinar esas realidades o de mantenerlas separadas. Pero es una compañía grandiosa en todos los aspectos.

En el mundo hay mucha propaganda sobre la libertad sexual y acerca de que eso es lo más esencial en una relación. Yo difiero. No lo es.
Lo más importante en una relación es la honestidad, la individualidad, la grandeza de ser único.
Ésta es una sociedad en decadencia, y si todavía no te has enterado, es que te estás haciendo el loco.

¿Cuántas veces te has hecho el loco? Y lo único que te diferencia de los animales del bosque es que controlas —tú controlas—-las armas que les controlan a ellos. Eso es lo único que te separa de ellos. Pero el amor es algo esplendoroso. Y no es algo que comience entre tus piernas.

Es algo que empieza en nuestras almas, y sólo allí.

martes, 19 de septiembre de 2017

054: asociación permisible

- Tengo entendido que anoche me viste en casa de mi amante.
Inclinó la cabeza a modo de asentimiento.
- Yo la conozco desde cuando era un muchacho. Por lo común, estas cosas terminan cuando el hombre se casa, pero yo nunca me casé.
- ¡Pero hace años que acompaña a Rosa!
- Es cierto. Una cosa no excluye la otra.
- ¿Eso significa que ama a las dos?
- De modos diferentes
- ¡Vaya!
- No tienes por qué burlarte. Una es cómoda, sin complicaciones, bastante terrenal; la otra, estimulante para la mente, pero tranquilizadora para el alma.
¿Cuál era cuál? lo miró fijamente, fascinada por ese vistazo en la complicada vida afectiva de aquel hombre, aparentemente tan simple.
- ¿Y si usted se casara con Rosa?
- Eso parece muy poco probable.
- ¿Por qué? ¿Alguna vez se lo ha propuesto?
- Nunca ha habido un momento propicio.
- Oh, vamos, ésa es una excusa muy débil.
- Tal vez, pero nunca he querido arriesgar la relación que nos une.
- Y por eso no hace nada.
- ¿Te parece cobardía? Te aseguro que muchas veces yo también pienso así.
- Se diría que detesta alterar el cómodo arreglo que ha conseguido.
- Comprendo que pienses así, pero ¿podrías decirme, en este momento, si Rosa me aceptaría en el caso de que yo le propusiera matrimonio?
Descubrió, sorprendida, que no podía asegurarlo.
- Jamás lo sabrá si no hace el intento.
- Sí, pero mi fortuna no es grande. ¿Qué puedo ofrecerle, salvo mi apellido?
- ¿Y su amor?
- Podría no bastar.
- Y si bastara, ¿qué pasaría con la mujer de la calle Ravelo?
- Para ella no sería una sorpresa que le asignara una pensión. Por el momento, sirve para proteger a Rosa de las lenguas maliciosas.
El amor devoto adoptaba formas extrañas, y también las confidencias. No supo qué decir.