domingo, 28 de mayo de 2017

971: La cita de negocios

—Querido…, querido…
— ¿Qué? ¿Qué? ¿Eh…?
—Adolfo, ya son las cinco; levántate, querido.
Un bostezo, otro bostezo…
—Adolfo, perderás ese negocio; tú mismo lo dijiste…
Un bostezo largo, laaargo…
—Anda, querido; anoche te lo dejé todo preparado… Gatito mío, debes irte; ¿o quieres faltar a la cita? Anda, levántate, Adolfo; vete. Si es ya de día…
Carolina se levanta echando a un lado los cobertores; quiere demostrarte  que puede saltar de la cama sin vacilar. Abre las persianas, y penetran la claridad y el aire matinal, el ruido de la calle. Luego se mete otra vez en la cama.
—Pero, querido, levántate… Nunca habría creído que tuvieses tan poca voluntad. ¡Oh, los hombres…! Yo no soy sino una mujer, pero si digo que hago eso…, pues hago eso.

Te levantas rezongando, maldiciendo el matrimonio. Carolina encuentra todo lo que necesitas, y con una rapidez desesperante; lo prevé todo, te da una bufanda en invierno, una camisa de lino y con rayas azules en verano; te trata como a un niño. Si aún duermes, ella te viste, se desvive, y, al final, ya te han echado de la casa. Sin ella, todo iría mal. Te recuerda que tienes que llevar un documento, una cartera… tú no piensas en nada, ella piensa en todo…

Vuelves a casa cinco horas después, a comer. La sirvienta está en la escalera, hablando a su móvil. Preguntas dónde está Carolina, pues la creías esperándote.
—La señora está aún acostada.
Vas a verla y la encuentras lánguida, perezosa, fatigada, adormilada. Ella veló toda la noche para despertarte y por eso ha vuelto a acostarse; tiene hambre.
Tú eres  la causa de todo ese desquiciamiento. Si la comida no está lista, ella echa la culpa a tu madrugón. Y si no la encuentras vestida, si todo está en desorden, la culpa es tuya. A todo lo que no va como es debido, ella responde:
— ¿Y era necesario que te levantases tan temprano?

sábado, 27 de mayo de 2017

970: Empezar es difícil

A Tila se le ha encomendado que entreviste a Gilbert, uno de los solicitantes del puesto de coordinador de personal. Tila tiene que informar por escrito de sus impresiones. Escribe: La entrevista tuvo lugar en el Café Bagdad a las seis de la tarde.

Lo tacha. Eso no es totalmente exacto, porque la entrevista empezó, efectivamente, a las seis, pero se desarrolló entre las seis y las siete menos cuarto. Además, ¿a quién le importa si eran las seis o las ocho, si se trataba de Bagdad o de Alaska? Tacha de nuevo.

Muerde el extremo del bolígrafo. Piensa. Luego escribe: Al principio de la entrevista, Gilbert me entregó… Vuelve a tachar; cambia Gilbert me entregó  por el solicitante me entregó un currículum vitae, que insistió en que leyera en el momento, antes de empezar nuestra conversación. Adjunto el currículum

Lo tacha. ¿Qué importancia tiene eso? Además, insistió resulta demasiado fuerte aquí, pues Gilbert no fue tan categórico. ¿Pidió? Demasiado débil. En realidad, lo que hizo fue menos que insistir pero más que pedirme que leyera su currículum primero. ¿Hay una palabra intermedia entre pedir e insistir? ¿Tal vez exigir? No, no me lo exigió. Y no fue categórico. En general, categórico es una palabra tonta. Sea como fuere, el currículum irá adjunto a mi informe, si es que consigo redactarlo, de modo que ¿a quién le importa si Gilbert insistió, persistió, pidió, rogó o me tentó?

Bueno, quizá lo pueda poner así: El solicitante me produjo la impresión de ser un hombre con una extraordinaria confianza en sí mismo, aun cuando tal vez se esforzó demasiado en tratar de producirme esa impresión. Estupendo, excepto que en realidad es un bodrio: me produjo la impresión de que se esforzaba demasiado en tratar de producirme esa impresión. Un asco de lógica, y un asco de castellano también. Además, extraordinaria confianza en sí mismo: ¿quién te crees que eres? ¿Un asesor titulado en confianza en uno mismo?

Tila vuelve a empezar: Gilbert Gados, veintinueve años, nacido en Gedera, Israel, divorciado, sirvió cinco años como inspector de policía…. No. Demonios, ¿es que no puedes poner las cosas como es debido? Sí que sirvió en la policía cinco años, pero fue inspector sólo el último año y medio.

Y ¿por qué no empezar buscándole la gracia? Pero ¿dónde está la gracia? Encima se está haciendo tarde. Y Tila ha prometido llamar a Matilde antes de que acabe su turno.
Un asco otra vez. No está claro si su turno se refiere al turno de Matilde o al de Tila.

Basta. Tila no presentará su informe hoy. Mañana será otro día. No es el fin del mundo.
Nuevo tachón. Mañana será otro día está muy trillado. Por otra parte, ¿y qué? ¿Qué tiene de malo que esté trillado? ¿Por qué no? ¿Y no queda patoso acabar con tres
preguntas sinónimas: ¿Y qué? ¿Qué tiene de malo? ¿Por qué no??
Tila hace pedazos la hoja y llama a Matilde.

viernes, 26 de mayo de 2017

969: Domingo Santos: Gabriel

-¿Es usted casado?
-No
-Yo tampoco
Y, observando que Gabriel no respondió nada, prosiguió.
-Es difícil encontrar en estos tiempos un hombre dispuesto a casarse. Los robots lo han invadido todo en el mundo. Incluso el terreno del amor. La mayoría de los hombres prefieren comprar un robot a adquirir una esposa. ¿Para qué casarse, dicen? Un robot cumple las mismas funciones. Además, se amortiza fácilmente, no existen con él las cargas de los hijos, siempre se tiene joven y bien dispuesto, y cuando se aburre puede cambiarlo por otro modelo. Es mucho más rentable.
Suspiró.
-Ya lo ve. Tengo veintiocho años. Y todavía no he hallado ningún hombre que quiera hacerme su esposa. Claro que hay algunos –que de todos modos prefieren una mujer a un robot, y se casan. Además, existen los Favores Estatales en pro del matrimonio: hay que asegurar la descendencia. Pero esto no resuelve nada, sólo es una minoría. Para el hombre el problema siempre está resuelto. Pero quedan las mujeres.
-Tal vez algún día se instalen servicios de Rob-amor para las mujeres.
Ella se echó a reír nerviosamente.
-No mencione imposibles. Se consideraría una degradación, una lacra social. Para la mujer, el único camino es el matrimonio. ¿Qué otra solución hay?
-La creación de robots maridos. O quedarse soltera.
-No se burle.
-No me burlo. La mecanización progresiva del mundo aún no ha terminado. Hace sólo un año que se instaló el primer servicio de Rob-amor. ¿Por qué dentro de poco no se puede instalar un nuevo servicio, pero en la parte contraria? Tal vez casas de Rob-amor para mujeres no tuvieran éxito, pero si un hombre puede adquirir un robot como esposa, ¿por qué no puede hacer lo mismo una mujer? Es algo de pura lógica.
-No, no lo es. Es completamente distinto. La psicología humana es así.
Gabriel asintió lentamente.
-Tal vez tenga razón. Tal vez sea yo mismo quien no acaba de comprender la psicología humana. Pero estoy seguro de que lo que digo no tardará en intentarse. La mecanización de la humanidad no puede detenerse. No se detendrá hasta que haya convertido al hombre en una máquina más.
Siguió un ligero silencio. Gabriel vio el perfil del rostro de la muchacha, sus cejas, sus finos labios... Se puso en el nivel de un ser humano, y se dijo que a pesar de todo era bonita.
-Pero usted es bonita -tradujo sus pensamientos en palabras-. No le será difícil encontrar un hombre que llegue a enamorarse de usted.
Ella rió secamente.
-¿Lo cree usted así? En la Tierra tal vez no hubiera desechado del todo sus palabras. Pero aquí no. En la Luna es más difícil hallar marido. Existen diversos grados de habitantes, diversas categorías según su formación física, es decir, según el tiempo que hayan permanecido en el satélite. Existe la categoría de los gigantes, de los medianos y de los enanos. Y dentro de cada una de ellas, multitud de variaciones. Es difícil que un gigante llegue a casarse con una enana, o viceversa. Y lo mismo puede decirse con los medianos. Con lo que las probabilidades se limitan a un tercio de las que hay en la Tierra.
-Por supuesto.
Helena se volvió hacia él.
-Y sin embargo -dijo-, yo tengo ventajas. Soy enana. Podría pasar por una terrestre cualquiera. No soy mucho más alta que usted. Podría pasar por una de ellas, ¿no le parece?
-Por supuesto. Pero eso sigue limitando- sus posibilidades. Usted misma lo ha reconocido.
-Sí, claro. No creo que ningún gigante quiera casarse conmigo. Tal vez algún mediano, aunque es difícil. Pero tengo en mi favor el que podría casarme sin desventaja con cualquier terrestre. ¿No le parece?
Gabriel volvió la cara hacia ella. Y vio el brillo de sus ojos.
-Con tal de que el terrestre también quisiera casarse con usted.
-De acuerdo. Pero en las actuales circunstancias tengo una ventaja a mi favor. Hay muchos terrestres como usted en la Luna. Y si vienen dificultades, muchos de ellos querrán vincularse en algo con los selenitas. Y este algo puede ser el matrimonio. No escogerán como mujer a una gigante, ni siquiera a una mediana. Pero las enanas, como yo, tendremos posibilidades. ¿No le parece?
Gabriel no contestó. Comprendía la argumentación de la mujer. Y veía todo lo que se ocultaba tras ella. Toda la tristeza, toda la amargura y todo el desengaño que había tras aquellas palabras de apariencia intrascendente, dichas casi como si fueran un comentario.
Ella debió comprenderlo así. Lentamente, la sonrisa fue brotando de sus labios. Reclinó de nuevo su espalda en el respaldo del sillón.
-Perdone -murmuró-. Estoy diciendo muchas tonterías.
-No; no dice ninguna tontería. Sus palabras son las palabras de muchas mujeres de la Tierra. Y sus sentimientos también son los mismos. Realmente, el Rob-amor ha causado muchas complicaciones.
Observó su reloj, y se levantó.
-Perdóneme -dijo-, pero he de ir a preparar mi equipaje. Si no nos volvemos a ver antes del aterrizaje, allí podrá encontrarme siempre que lo desee. Tendré mucho gusto en volver a hablar con usted de nuevo. Adiós.
La mujer lo vio marcharse, con paso firme y elástico, en dirección a su camarote. Sus ojos fueron siguiendo su figura mientras se alejaba del salón. 
Había sido una estúpida, se dijo. No había sabido comportarse como hubiera debido. Y lo había echado todo a rodar. Pulsó el botón que detenía el movimiento del sillón vibratorio, y en el mismo gesto se recriminó a sí misma. ¡Estúpida! ¡Estúpida!
Y de pronto recordó las palabras de Gabriel. Cerró los ojos, y las evocó nuevamente.

No, se dijo; en el fondo no era una estúpida. Era tan sólo una mujer. Una mujer en un mundo en el que lo único que existían verdaderamente eran máquinas. Las eficientes y odiosas máquinas...

jueves, 25 de mayo de 2017

968: el cretino

— ¿Cómo van las cosas entre tú y tu elegante amigo?
— ¿Ese? Ya no tiene nada que hacer, ¿qué crees tú que quería ese tipo que hiciera yo?
— ¿Que te metieras en la farándula?
—Qué va; ese individuo es demasiado barato para eso. ¡Pretendía que me casara con él y que viajásemos a Rio de Janeiro para el viaje de novios!

miércoles, 24 de mayo de 2017

967: la nuera

Mi suegro se negaba a entrar al trapo. Escuchaba los comentarios mordaces de sus hijos sin dar jamás una respuesta: «Vuestras críticas me entran por un oído y me salen por el otro», concluía siempre sonriendo antes de marcharse.
Esa vez, sin embargo, la discusión fue más áspera.
Todavía recuerdo su rostro crispado, sus manos aferradas a la jarra de agua como si hubiese querido romperla ante nuestros ojos.
Me imaginaba todas esas palabras que nunca pronunciaría e intentaba comprender. ¿Qué entendía él exactamente? ¿En qué pensaba cuando estaba solo? ¿Y cómo era en la intimidad?
Como último recurso, mi cuñada se volvió hacia mí:
—Y tú, ¿qué piensas de todo esto?
Yo estaba cansada, quería que aquella velada se terminara ya. Estaba ya harta de sus rencillas familiares.
—Yo…, yo creo que Pedro no vive con nosotros, quiero decir, no verdaderamente, es una especie de marciano perdido en la familia Durango…
Los demás se encogieron de hombros y me dieron la espalda. Pero él, no.
Él soltó la jarra y su rostro se distendió para sonreírme. Era la primera vez que lo veía sonreír así. Me parece que esa noche nació entre nosotros cierta complicidad… Algo muy tenue. Yo había intentado defender como podía a mi extraño marciano de pelo cano.

martes, 23 de mayo de 2017

966: ALICIA BISSO: Hubo una vez, un príncipe

Llegué como si llegara a la alfombra roja de los Oscar con la triple S: sonriente, sexy y segura.
Pero como siempre hay un pero en esta vida, había olvidado un pequeño detalle. Cuando encontré a mi grupo de amigos hice un veloz cálculo matemático. Todos habían ido con pareja. Malditas sean las convenciones sociales, no entiendo que parte de mi cerebro olvidó que ahora ya nadie va solo a ningún lado. Y como acá casi todos los matrimonios siguen un mismo protocolo por más casual que la pinten, a la hora del dancing, me encontré cual estatua de hielo en la mesa.
La verdad no estaba de humor de bailar. Menos, en medio de esos ritmos tropicales que no me hacen mucha gracia. Segura de que me iba a divertir más con una copa de vino y una buena película, hice lo que uno debe hacer cuando se encuentra en una situación en la que no le da la gana de estar: pedí mi taxi de regreso a casa. Cuando el celular me aviso que el taxista había llegado, hice un seco y volteado, cogí mi cartera y me levanté camino a la salida.
Entonces pasó eso que las comedias románticas te enseñan a esperar pero que nunca pasa en la vida real. Un chico guapísimo se paró de su silla, me detuvo y me dijo: hola.
—        Hola
Le devolví la sonrisa, me levanté de hombros y lo único que se me ocurrió decir porque, en efecto, ya me iba, fue: “bueno, chau”, y seguí mi camino.
—        ¿Ya te vas?
Me volví a él sin dejar de caminar y asentí.
—        Acaba de empezar la fiesta.
—        ¡No me gusta la música!
Salí del ruido y vi que el taxi me estaba esperando. Me iba a subir cuando escuché a una voz entrecortada que me dijo:
—        Espera, espera.
—        ¿Qué pasa? – le dije riendo.
—        Tienes que venir conmigo.
—        Me tengo que ir con él – le dije señalando al conductor del taxi.
—        Confía en mí, ven.
En tres segundos mi cerebro repaso lo que significa la “confianza en alguien” después del 2014: algo de lo que he estado huyendo, que no se le debe dar a cualquiera, menos a alguien que no conoces. Aunque mi memoria me advirtió sobre un dato curioso: las personas que me fallaron en este último tiempo fueron chicos que conocí antes de ayer sino gente que estaba en mi vida hacía tiempo ya. Eso me pasa por recicladora y ganadora del premio a la tonta que se pronuncia en contra pero da segundas oportunidades.
Entonces, decidí aventurarme a salir del taxi. Le pedí disculpas al conductor.
Caminamos uno al lado del otro de vuelta a la fiesta.
—        Escucha -dijo.
—        ¿Qué onda? –dije sin dejar de sonreír.
(¿Acaso me había vuelto la Cenicienta a la que su hada madrina le hizo el milagro de cambiar el reggaetón por “The The”?)
Empezamos a bailar. No hacía ninguna falta decir que había onda, química y el mismo gusto musical. Pero lo mejor de todo fue que también compartíamos el mismo sentido del humor, porque después de intercambiar más que nuestros nombres, convinimos no convertir esa fiesta en una entrevista de trabajo con preguntas como: ¿qué haces?, ¿dónde trabajas?, ¿dónde estudiaste?, ¿haces deporte?, ¿te gusta viajar?, y etc. Qué increíble es darse cuenta de lo aburrido (y muchas veces inútil) que es este intercambio de datos. Así que quedamos en hablar de todo menos de nosotros. Nada de esforzarse en crear buenas impresiones.
Jugamos a esta especie de coqueteo tipo dominó, toda la noche. Así que mientras yo bailaba con Oliver, riendo, hablando en nuestro nuevo lenguaje, mi grupo de amigos me miraba con cara de signo de interrogación desde su mesa.
Hasta que por supuesto el chisme no pudo evitar hacer su aparición y mandaron a una emisaria a preguntar de donde había sacado a ese cuerazo. Me levanté de hombros y le dije:
—        Ni idea de dónde salió.
—        ¿Pero quién es?
—        No tengo la más mínima idea –me volví hacia él y le dije –ella quiere saber quién eres.
—        Soy su novio.
—        Es mi novio.
Con cara de “seguro esta está ocultando algo pero ya me enteraré de todo” la chismosa se fue. Después de diez canciones y un par de whiskies, ya no importaba si era cumbia, góspel o el hipi jay, Oliver y yo no paramos de bailar.
Cuando pensé que nada podía mejorar ese momento que ya se habían convertido en “las horas más increíbles del 2015”, el DJ regresó a los 80´s y puso un set de lentos. Seguro muchos no vivieron la época en la que en toda fiesta había un set de canciones lentas, que con suerte podías bailar apachurrado de tu chico/a, con una power balad de fondo. Yo me sentí de vuelta a 1992, cuando obligaba a mi pobre novio amante del heavy metal a ponerse camisa y bailar en esas discotecas que él odiaba, pero a mí me quería demasiado. (No creo que leas esto, pero acuérdate que Michael Bolton fue parte de nuestro soundtrack aunque a los dos nos da vergüenza aceptarlo).
Oliver y yo nos mirábamos a los ojos, nos tocábamos con cuidado y movíamos despacio al ritmo de la música. Todo era perfecto. Era el momento del beso.
Yo sentí que su boca era un imán del tamaño de un reactor nuclear, creo que el sentía lo mismo porque puso sus manos en mi cara, me miró a los ojos y yo no tuve mejor reacción que voltearle cara cuando a mi sobrina no le gusta la papilla.
¿Qué pasó?, no es muy difícil de explicar. El pasado. En un microsegundo recordé mi último primer beso del 2014. Y de bonito y especial pasó a absurdo, catástrofe, error, gran error.
La hora loca llegó a la fiesta y mientras unos hombres en zancos hacían su aparición, Oliver y yo buscamos un sitio tranquilo donde hablar. La fantasía se había terminado y era hora de decir la verdad. Nos apoyamos en un árbol y nos sentamos en el pasto. Oliver me puso su saco sobre los hombros y empezó a hablar.
Es peruano pero vive y trabaja en Londres hace varios años, había ido al colegio con el novio, por eso estaba ahí. Se quedaba una semana más en Lima y por supuesto quería conocerme más, solo si yo también quería. Me quedé callada mirando mis zapatos. No era que no le creyese, no era que no muriese de ganas de besarlo, pasar la noche y la semana con él, pero un eco me repetía ¿para qué?
a) Para pasar una noche de sexo casual increíble.
b) Para conocerlo más y ver qué pasaría en el futuro.
c) Para vivir una semana alucinante y seguir en contacto, y quién sabe, terminar viviendo con él en Europa.
d) Porque había encontrado al hombre perfecto para casarme, tener el hijo que siempre he querido tener y ser feliz el resto de mi vida.
De estas cuatro posibilidades la única real es la a), y ahora, en este momento de mi vida, no se me antoja tener sexo casual con nadie.
Tengo ganas de ilusionarme, de creer, de enamorarme otra vez. Pero no así. Con tan poca realidad de por medio. Así que dejé que el príncipe Oliver me lleve al nuevo departamento en el que vivo. Lo besé en la cara y le dije chau.
Ya estaba amaneciendo. Tiré los zapatos entre las cajas llenas de libros. Me quite el vestido y me metí en mi nueva cama. No tardé mucho en quedarme dormida.
Me desperté horas después y mientras tomaba jugo de naranja en mi casa nueva, sonreí. Todo lo que había allí dentro todo era real, así no fuese perfecto. Eso es lo bueno de los príncipes, se quedan en la puerta. Elegir a alguien en la realidad es trabajo nuestro.

lunes, 22 de mayo de 2017

965: ¿Y tú porque te dejas coger?

— ¿Qué opinas de ella?
— ¿De quién?
—De su esposa. ¿Crees que lo sabe?
—No lo sé.
Y al ver que él no replica nada
—Yo, en su lugar, estoy segura de que lo sabría. Pero él asegura que le interesan más los niños que él. A veces, intento convencerme de que quizás en el fondo se alegre de no tener que preocuparse por él. Me refiero a preocuparse de que sea feliz.
—Eso es lo que a ti te gustaría...
—Es posible. En todo caso, francamente, creo que la respuesta es no. No pienso en ella y no me siento culpable. Tal vez porque no creo que lo nuestro hubiera sucedido si fueran felices... o si conectaran de verdad.
—Las mujeres tienen una concepción tan errónea de los hombres.
— ¿Crees que es feliz con ella?
—No tengo ni idea. Sencillamente, no creo que necesite ser infeliz con su esposa para coger contigo.

domingo, 21 de mayo de 2017

964: Antes…, ahora ya no

— ¿La querías a Ivana?
—No sé. Creía que la quería. Me pasó tantas veces.
— ¿Qué?
—Creer que quiero y no querer.
—Como a mí.
—Como a vos.

viernes, 19 de mayo de 2017

963: ¿cuál es la ración semanal óptima?

¿Por qué cada dos días? Porque la satisfacción se mantiene en niveles elevados hasta unas 48 horas después. Para referirse a esa satisfacción posterior, los vecinos utilizan la palabra afterglow, que es el resplandor que puede todavía verse en el cielo después de la puesta de sol. 

Tener tracata cada dos días, impide que ese afterglow se apague. Gustavo constató que, entre cuatro y seis meses después, las parejas que en promedio tracatearon cuatro días a la semana sentían una mayor satisfacción y bienestar en la relación que las que no habían alcanzado esa cantidad de polvachos. Según Andrea, el polvacho se  destaca cómo factor clave para "mantener a las parejas unidas"

UNA VEZ POR SEMANA, UN BUEN NÚMERO
A finales del anteaño, otro vecino había revelado algunas pautas de la relación entre tracata y bienestar. Su principal conclusión fue que "más no siempre es mejor": la clave, según él, consiste en tracatear una vez por semana. Amelya Ruis y Emily Indosterra explicaron que a mayor frecuencia de tracata, más felicidad, pero solo hasta que ese ritmo llega a una vez por semana. Si se tiene más tracata, el bienestar no se reduce, pero las diferencias son muy poco significativas.

¿CUÁNTO DEBE DURAR EL TRACATA?
Está bastante difundida en la ciudad  la idea de que, cuanto más tracateado sea el tracata, más placentero es. Pero ¿es realmente así? Eric y Jenny Guardia preguntaron a las vecinas cuál es la duración más apropiada para el tracata. La opinión de la mayoría fue que lo deseable es que se extienda entre 7 y 13 minutos. Incluso un tracata de entre 3 y 7 minutos fue calificado como "adecuado" por parte de estas.

Si el tracata dura 1 o 2 minutos, las vecinas la señalaron como "demasiado breve", mientras que si supera los 13 minutos es "demasiado larga". ¿Cuál es el problema de que dure mucho? Irritaciones y molestias. Por ello, la conclusión apunta que "estos datos pueden ayudar a cambiar las expectativas" y evitar una situación de angustia y estrés, ya que "tratar de alcanzar una meta que no es razonable puede ocasionar perjuicios psicológicos en los vecinos"

BENEFICIOS DEL TRACATA FRECUENTE

Practicar tracata con frecuencia tiene muchas otras consecuencias positivas. Además de contribuir con el bienestar de vecinas y vecinos, funcionan como un ejercicio físico, previenen la depresión e incluso tienen sus beneficios en relación con problemas como el insomnio y enfermedades cardiovasculares y de la piel, entre otras. Y más aún: según Úrsula Monasterio, las mujeres que tienen más tracata desarrollan en mayor medida el tejido nervioso del hipocampo, área del cerebro vinculada con cierto tipo de memoria. En concreto, estas mujeres desarrollaron más el tipo de memoria abstracta que se pone en práctica al tener que recordar palabras. En cambio, para recordar caras, el grado de memoria de estas mujeres fue similar al de aquellas cuya frecuencia tracatoria era menor. 

jueves, 18 de mayo de 2017

962: el primer beso

— ¿Cómo es que ya sabes latín?
—Estudio mucho
— ¿Por qué?
—Me gusta.
— ¿Por qué?
—Me gusta porque me hace diferente y mejor.
— ¿Por qué?
—Mi padre dice que recuerdo mejor las cosas que los demás, porque presto mucha atención y me preocupo.
— ¿Por qué?
—Porque es importante saber cosas. Por ejemplo, acabo de aprender que el emperador romano Vitelio se comió una vez mil ostras en un día, lo que es un impresionante acto de abligurición. Y también es importante saber cosas porque te hace especial y puedes leer libros que la gente normal no puede leer, como las Metamorfosis de Ovidio, que están en latín.
— ¿Por qué?
—Porque vivió en Roma cuando allí hablaban y escribían en latín.
— ¿Por qué?
Y esta vez se quedó bastante confundido. ¿Por qué vivió Ovidio en la antigua Roma y no en Sipesipe? ¿Ovidio habría sido Ovidio si hubiera vivido en otro lugar? ¿Ovidio era importante por ser Ovidio o porque vivió en la antigua Roma?
—Muy buena pregunta, y voy a intentar descubrir la respuesta para ti.
— ¿Quieres salir conmigo?
Se incorporó rápidamente y la miró. Las terminaciones nerviosas estallaron en temblores en su piel. Le palpitaba el diafragma. Y por supuesto no podía ser deseo o amor, y no lo parecía, de modo que debía de ser lo que los chicos llamaban «gustarse».
—Sí, sí, quiero salir contigo.
Ella se inclinó hacia él con los labios fruncidos y le dio un beso en la mejilla. Fue el primer beso. Los labios de la chica le parecieron como el invierno que estaba a punto de terminar —fríos, secos y agrietados—, y se le ocurrió que el beso no le había parecido ni la mitad de bueno que el sonido de su voz al preguntarle si quería salir con ella.

martes, 16 de mayo de 2017

961: celos

—No veo con exactitud qué sentimientos abriga hacia mí. Me parece que gano terreno; pero es un terreno tan inestable.
—Lo ganas de día en día
—Cuando me despedí, estaba de nuevo siniestra. Se reprochaba el no haber ido a su clase y tenía un ataque de asco por sí misma. Trata de ser amable con ella ahora.
—Siempre soy amable con ella. Es terrible ese amor propio que tiene. Habría que estar segura de un éxito inmediato y deslumbrante para atreverse a arriesgarse.
—No es solamente amor propio.
— ¿Entonces qué es?
—Ha dicho cien veces que la asqueaba rebajarse a todos esos cálculos, toda esa paciencia.
— ¿Tú sientes que eso es rebajarse?
—Yo no tengo moral.
— ¿Sinceramente crees que ella lo hace por moral?
—Pues sí, en un sentido. Tiene una actitud bien definida ante la vida, con la cual no transige: eso es lo que yo llamo una moral. Buscaba la plenitud: es el tipo de exigencia que siempre hemos estimado.
—Hay mucha abulia en su caso.
— ¿La abulia qué es? Una manera de encerrarse en el presente; sólo allí encuentra la plenitud. Si el presente no se da, ella se encierra en su rincón como un animal enfermo. Pero, sabes, cuando uno lleva la inercia hasta el punto a que ella la lleva, la palabra abulia ya no conviene, pues cobra una especie de poder. Ni tú ni yo tendríamos fuerzas para permanecer cuarenta y ocho horas en un cuarto sin ver a nadie y sin hacer nada.
—No digo que no.
—En compensación, cuando una cosa la conmueve, es sorprendente la manera en que puede gozar de ella; siento mi sangre tan pobre al lado de ella; por poco me sentiría humillado.
—Sería la primera vez en tu vida que conocerías la humildad.
—Le dije al irme que ella era una perla negra. Se encogió de hombros, pero lo creo de veras. Todo es tan puro en ella y tan violento.
— ¿Por qué negra?
—A causa de esa especie de perversidad que tiene. Por momentos parecería que es una necesidad en ella hacer el mal, hacerse daño y hacerse odiar. Es curioso, sabes, a menudo, cuando uno le dice que la estima, se encabrita, como si tuviera miedo; se siente encadenada por esa estima que uno le ofrece.
—No tarda mucho en sacudir sus cadenas.
—Hay mucha verdad en todo eso. A menudo siento algo patético en ella. Pero es imposible tener amistad con ella. Es de un egoísmo demasiado monstruoso; ni siquiera es que se prefiera a las demás personas, no tiene el más mínimo sentido de la existencia ajena.
—Sin embargo, te quiere mucho, y tú eres bastante dura con ella, ¿sabes?
—Es un amor que no es agradable. Me trata a la vez como un ídolo y como un felpudo. Quizá en el secreto de su alma contempla mi esencia con adoración; pero dispone con un desparpajo más bien desagradable de mi pobre persona de carne y hueso. Eso es muy comprensible; un ídolo nunca tiene hambre, ni sueño, ni le duele la cabeza; se le venera sin pedirle su opinión sobre el culto que se le rinde.
—Hay algo de cierto; pero vas a encontrarme parcial: a mí me conmueve su incapacidad de mantener relaciones humanas con la gente.
—Te encuentro un poco parcial
—Sabes, extraño un poco no dormir contigo.
Era aterrador. La frase acariciadora, el ademán tierno; ella ya no veía en ellos sino una intención de ser amable; no eran objetos plenos, no llegaban. Se estremeció. Era como un resorte que se había
soltado a pesar de ella. Y ahora que eso había empezado, se preguntaba si alguna vez la duda podría ser detenida.
—Que pases una noche agradable

lunes, 15 de mayo de 2017

960: interrogativa

—Nunca quisiste ser novia de nadie y ahora eres la mujer de alguien.
—Hasta a mí me sorprendió.
—No creo que yo llegue a entenderlo nunca. Vamos, que no tiene mucho sentido.
—Surgió sin más.
—Pero eso es lo que no entiendo, ¿cómo surgió sin más?
—Solo... solo me levanté un día y lo supe.
— ¿El qué?
—Pues lo que no supe seguro contigo...

sábado, 13 de mayo de 2017

959: sillage

Durante un buen rato cruzaron en silencio el terreno, con hierba hasta la rodilla, que irritaba la sensible piel de las pantorrillas de Cesar. Pensó en comentarlo y preguntar si no había otro camino con la hierba cortada, pero sabía que a Hugo iba a parecerle una niñada, así que se quedó callado mientras la hierba le hacía cosquillas en la piel. Pensó en su ciudad, donde puedes pasarte días andando sin pisar ni una sola vez un trozo de tierra. El mundo asfaltado parecía llamarlo, y lo echó de menos mientras sus pies sentían las irregulares masas de tierra endurecida en las que corría el riesgo de torcerse los tobillos.
— ¿Te he comentado hoy que deberías ir a la universidad?
—Solo tienes que ver adónde te ha llevado ser académicamente brillante.
—Bueno, deberías ir este año. No puedes quedarte sin ir para siempre.
—La verdad es que sí puedo quedarme sin ir para siempre. Te lo he dicho ya y te lo repito: me encanta apalancarme, ver la tele y ponerme cada vez más gordo. Es mi función en la vida. Por eso me gustan los viajes en coche. Es como hacer algo, pero en realidad no haces nada. De todas formas, mi padre no fue a la universidad, y es rico de cojones.
Cesar se preguntó si los cojones eran muy ricos
—Sí, pero tu padre no se apalanca precisamente. Trabaja cien horas por semana.
—Es verdad. Es verdad. Y gracias a él no tengo que trabajar ni que ir a la universidad.
Cesar no supo qué responder. Pero no entendía la apatía de Hugo. ¿Qué sentido tiene estar vivo si al menos no intentas hacer algo importante? Qué raro creer que Dios te dio la vida, pero no pensar que la vida exige algo más de ti que ver la tele. Y se dedicaba a hacer anagramas con «es raro» —«rasero», «aserro», «arreos»— cuando se arreó un porrazo. Tropezó con una piedra y se cayó. Se desorientó tanto al ver el suelo acercándose a él a toda velocidad que ni siquiera extendió las manos para amortiguar la caída. Cayó hacia delante como si le hubieran disparado por la espalda. Y lo primero que tocó el suelo fueron sus gafas, seguidas de cerca por la frente, que se golpeó contra una piedra puntiaguda. Y cuando Cesar abrió los ojos, vio de forma borrosa que Hugo y Laura estaban arrodillados a su lado. Le llegó un fuerte olor a perfume afrutado, que creyó que se llamaba Curve. Lo había comprado una vez para Lupe, pero a ella no le había gustado.
—Estoy sangrando, ¿verdad?
—Como un cerdo apaleado. No te muevas. Dame tu camiseta.
Hugo se negó.
—Tenemos que presionar
Hugo volvió a negarse tranquilamente, y entonces Laura dijo: «Muy bien, de acuerdo», y se quitó la camiseta. Cesar entrecerró los ojos intentando atisbar algo sin las gafas, pero no vio demasiado.
—Quizá deberíamos dejar estas cosas para la segunda cita
—Muy bien, pervertido
La chica siguió hablando mientras le limpiaba la frente suavemente con la camiseta y luego le presionaba con fuerza en una zona sensible por encima de la ceja derecha.
—Menudo amigo tienes, por cierto. Deja de mover el cuello. Podrías tener una lesión vertebral o un hematoma subdural. Bueno, las posibilidades son mínimas, pero debes tener cuidado, porque el hospital más cercano está a una hora de camino.
Cesar cerró los ojos e intentó no moverse mientras Laura le presionaba con fuerza la herida.
—Aprieta fuerte aquí con la camiseta. Vuelvo en ocho minutos.
—Deberíamos llamar a un médico
—Soy asistente sanitaria.
—Pero ¿tú qué edad tienes?
—Diecisiete. Vale. Muy bien. Asistente sanitaria en formación. Ocho minutos. Lo prometo.
Echó a correr. Lo que le gustó a Cesar no fue exactamente el olor a Curve. Fue el olor que quedó flotando en el aire cuando Laura empezó a correr. Dejó tras de sí el olor del perfume. Lo que a Cesar le gustaba del Curve no era su olor en la piel, sino su sillage, el dulce aroma afrutado al alejarse.
—Perdona que no me haya quitado la camiseta.
— ¿Es por las tetas?
—Sí, bueno. Creo que debería conocer un poco a la chica antes de enseñarle las tetas. 

viernes, 12 de mayo de 2017

958: tienes que saber que la vida es hermosa

La vida tiene altibajos que debemos asumir con serenidad y madurez. Es inevitable no quebrarnos ante una experiencia triste o desagradable, pero tenemos que tener claro que los malos momentos pasan y las grandes lecciones quedan para hacernos mejores personas cada día.

Si, las lágrimas son inevitables. Llora todo lo que quieras pero ponte una fecha límite, date plazo para desfogar y vuelve para continuar, la vida es hermosa y vale la pena luchar.

Puedes tener amor, puedes tener felicidad, confía en ti, acéptate tal como eres. Yo sé que hay días en los que lágrimas derramarás, pero darán comienzo a un nuevo amanecer.

Todos deberíamos aprender a llorar, saber que más de alguna vez te romperán el corazón y que nada es perfecto en el mundo real. Pero eso no es algo que te debiera entristecer sino lo contrario, pues por cada paso en falso que das, en muchos más acertarás.
No evitemos el dolor, no se puede, es inevitable sentirlo alguna vez. No es malo sentir dolor, porque ayudará a que cuando llegue el amor y renazca la ilusión, podamos reconocerlo y guardarlo como un gran tesoro.

No permitas que nada, ni nadie te quite la ilusión  de un nuevo amor, eres mucho más que una mujer enamorada, eres la mujer ideal para esa relación, te lo mereces. Mas no permitas que la vanidad te reste humildad, cuando encuentres el amor, atrápalo en tus manos y en tu corazón; no lo pierdas, lucha por aquel sueño.

Puedes tener lo que quieras tener, tú decides, si lo dejas lejos o cerca. No importa la distancia no hay impedimentos que te estén separando de tu amor, lucha con todas tus fuerzas porque esas mismas fuerzas que inviertes, serán las que también le darás a él para seguir adelante luchando por ti.

El camino hacia la felicidad nunca ha sido fácil, siempre nos encontramos con piedras que nos hacen tropezar y muchas veces por cobardes dejamos ir y no tardamos mucho en preguntarnos “¿Y si mi amor estaba en esa persona?”. La cuestión es que si quieres ese amor, debes luchar, no importa cuántas trampas te pongan, tú sabrás sortearlas. Nadie ha dicho que tener y conservar el amor de una persona sea tarea fácil: al contrario, es algo que se gana pulso a pulso.

Entonces piensa si vale la pena, ¿Qué haces ahí llorando? ¡Mírate! Eres una persona madura, elegante y sobretodo, tu rostro muestra la serenidad que sólo te da la paz interior que tienes. Muchos te ofrecerán quimeras, sueños por un día o unos meses, NO. Eso sí que no… Tú mereces algo que sea para siempre, algo que sabes por lo que trabajarás y lucharás para que en un futuro tus ojos y los suyos se miren en solo horizonte y juntos sean un solo sueño, una realidad.

No te mereces menos. Y que nadie te diga lo contrario. A estas alturas de la vida ya nadie te dirá lo que debes o no debes hacer, eso ya lo sabes tú. La vida, aun con todos sus obstáculos y tristezas, siempre vale la pena… lo mismo que el amor. Un día llegará una persona que tome tu mano y te diga “caminemos juntos” y te verás en sus ojos… Ese es tu amor, tu corazón te lo dirá y finalmente podrás decir:

"VALIÓ LA PENA ESPERAR, ME SIENTO ESPECIAL, ME AMO TAL CUAL SOY Y EL AMOR LLEGÓ A MÍ PORQUE ME SUPE VALORAR.”