viernes, 20 de octubre de 2017

073: ¿qué sentiste?

- Ah, esos asuntos... ¿Qué quieres saber? Yo estaba convencida de que tía te lo había explicado.
- Bueno, sí. Pero no dijo qué siente una.
- Sospecho que eso depende de la mujer.
- ¡Vamos, tú sabes lo que quiero decir! ¿Es placentero? ¿Me gustará? Debes decírmelo, porque pronto me casaré y entonces, si no me gusta, será demasiado tarde.
- ¿Te estás arrepintiendo?
- No, no. Pero gran parte de eso parece depender del hombre.
- Sí.
- ¿A ti te gustó?
- En realidad, sí.
- Pero, ¿cómo fue? ¡Cuéntame! No me obligues a seguir haciendo preguntas.
- Fue...
Se interrumpió. ¿Qué podía decir para que su hermana comprendiera, para explicarle ese tumulto de emociones y los cambios que aquello había forjado en ella? ¿Qué palabras usar para hacerle ver la maravilla sin alarmarla?
- Fue algo increíblemente íntimo: estar tan cerca, sin nada entre nosotros, con nuestros cuerpos perfectamente ajustados, entrelazados. Fue un placer profundo y, al mismo tiempo, excitante, salvaje y libre.
- Tía Rosa dijo que dolería.
- Un poquito, pero Raúl hizo que fuera casi nada.
- ¿Sabrá Miguel cómo hacer eso?
- Estoy segura de que pondrá mucho cuidado, porque te quiere.
- Supongo que sí.
- No empieces a preocuparte por eso. Aunque al principio no sea perfecto, tengo entendido que suele ir mejorando.
- Sólo pensaba...
- ¿Qué?
- Me resulta extraño imaginarte con Raúl. Ustedes apenas se conocían. ¿Cómo pudo ser?
- No lo sé.
- ¿Te parece que sentirías lo mismo con cualquier hombre?
- No.
La respuesta fue instantánea, instintiva.
- Tal vez estaban enamorados, después de todo.
- Es más probable que se tratara de simple excitación
- ¿Es posible eso?
- ¿Cómo quieres que lo sepa? ¡No tengo tanta experiencia!
- No fue mi intención sugerir eso, de veras.
- Ya lo sé. Lo sé.

jueves, 19 de octubre de 2017

072: Opium de Yves Saint Laurent

–Saulo, esto me resulta un poco extraño, lo del apodo que usas para trabajar, y tanto misterio… no serás un prostituto, ¿verdad? Porque si me estás metiendo en algo ilegal…
–¡Pero qué bruto eres! Te aseguro que no soy un prostituto. Tú concéntrate en satisfacer a la VIP este fin de semana.
–Define “satisfacción” Porque hay muchos tipos de satisfacciones que no estoy dispuesto a darle a esa mujer por muy VIP que sea.
–No se espera de ti que le des sexo, solo un poco de compañía y conversación si la necesita.
–Espero que ella lo tenga claro. No me gustaría tener que lidiar con una vieja en busca de acción.
–¿La clienta es una vieja?
–Cincuenta y siete años.
–Entonces tranquilo, si las cosas se ponen difíciles sal corriendo y no te podrá alcanzar. No tienes de qué preocuparte. Sé simpático y educado y todo saldrá bien. Y, sobre todo, guarda las distancias, a no ser que quieras terminar en una situación “delicada”. En este tipo de trabajos los acercamientos físicos son fácilmente malinterpretados.
Me pareció un consejo un poco fuera de lugar. Se supone que iba a trabajar como traductor y asistente personal, se daba por descontado que no iban a haber “acercamientos físicos” de ningún tipo. ¿O no? Sobre todo teniendo en cuenta que la clienta en cuestión podía ser mi madre. Descarté aquel pensamiento al instante. Iba a ser tan profesional, frío y educado que no iba a dar lugar a ningún tipo de malentendido sobre mi trabajo de aquel fin de semana.

martes, 17 de octubre de 2017

071:pro-logos

—Así que se fue
—Se fue con su papito y su mamita
—¿Y nunca los conociste?
—¡Claro que los conocí! 
—¿Y que tienen de horrendo?
—¡Nada!  
—¡Pero hombre, una o dos veces al año no hace daño!
—Así es, pero yo soy un convencido de ese dicho que dice: “el que se casa, casa quiere” y eso
quiere decir que quiere hacer su propia familia, su “patriarcado” lejos, muy lejos de sus propios
padres y de sus suegros y ella mi compañera su “matriarcado” Ya nada nos obliga a seguir sus
usos y sus costumbres, creando nosotros las nuestras.
—Pero ahorita… chau patriarcado
—No seas tonto. Ella estará de vuelta antes de fin de semana
—¿Y cómo lo sabes?
—Porque no es la primera vez que se va
—¿Y qué explicación te da?
—¿Explicación? ¿Por qué tiene que darme explicación alguna? Pareces una vieja pidiendo explicaciones. Lo siento, pero yo no pido explicaciones, ni porque se va, ni porque vuelve, ella es libre de hacer lo que le venga en gana. Ella está de acuerdo con el plan. Solo que a veces la vence la nostalgia.

domingo, 15 de octubre de 2017

070: epi-logos

—Mis padres y hermanos están muy molestos contigo
—Este fin de semana podríamos ir a Samaipata y visitar el Fuerte
—No me cambies la conversación
—Me han contado que hay un restaurant suizo que tiene una cocina de maravilla
—Me han sugerido que vuelva a vivir con ellos
—Y al retorno podríamos ir a la posada de Laguna Volcán
—No me interesa ir a ningún lado con alguien que menosprecia a mi familia
—Y el lunes podríamos ir y firmar el contrato con el arquitecto
—No me vas a comprar con un palacio de cristal
—Prepara tus maletas te puedo dejar al paso cuando vaya a Samaipata

viernes, 13 de octubre de 2017

069: logos

—El domingo es el cumpleaños de mi padre y mis hermanos han preparado una fiesta y nos han invitado
—Me imagino que les has agradecido y les has dicho que no podré ir
—¿No puedes ir? ¿Por qué no puedes ir?
—Tú puedes y debes ir. Yo no me muevo de acá
—Y cuando me pregunten por que no fuiste ¿Qué les digo?
—Le verdad ¿no te enseñaron acaso tus padres a decir la verdad?
—Y la verdad es que no te interés conocer a mi familia
—La verdad es que no entiendo que tiene que ver TU familia y la MÍA en nuestra relación
—¿Lo nuestro tiene futuro?
—No existe futuro alguno, se vive día a día, solo existe el ahora y el día de ayer.
—¿Y en tu día a día has considerado la posibilidad de tener algún hijo?
—¡Estás loca! Los hijos son una carga molesta, por otra parte a ti no te gusta que te despierten al amanecer y es al amanecer cuando el llorón reclama su mamadera y que le cambien el pañal y allí entro yo para estar todo el día en el trabajo soñoliento y a ningún gerente le agrada ver a un empleado bostezando.
—¡Eres un egoísta de mierda! ¡Yo! ¡Yo! ¿Y yo qué?
—Tu eres la mujer que quiso estar conmigo conociendo lo que pienso te conté que mi padre nos abandonó porque mi madre le exigía mucho, en ese sentido yo no te exijo nada, tu y yo nos llevamos bien mientras no surgen estas conversaciones,  que no nos llevan a ninguna parte.
—Mis amigas me han aconsejado que me separe de ti, que eres toxico.
—No soy toxico, soy un tónico amargo que solo dice la verdad.

jueves, 12 de octubre de 2017

068: “… dicen que te estas casando”

Me quedé mirando la foto de la invitación a la boda: Ella y el Otro formaban una pareja de película, algo que Ella y Yo nunca habríamos podido ser.
Sin embargo, habíamos creído que estábamos hechos a la medida: yo para ella; ella para mí.
Eso había sido en otra época, cuando nos conocimos, el día en que le salvé la vida. Fue en el rio Palacios. Yo tenía veintitantos años y estaba con Otra de vacaciones; Ella pasaba las vacaciones con sus amigos en la casa de veraneo de sus padres.
Si a Ella no le hubiera dado un calambre mientras nadaba y yo no me hubiera dado cuenta, seguramente nunca nos habríamos conocido. Y ella se habría ahogado. Pero nadé unos pocos metros hacia Ella, me sumergí y la saqué, casi inconsciente, a la superficie. Acudieron sus parientes en una lancha y nos subieron a bordo.
Ella volvió a abrir los ojos cuando ya estaba en la barca. Me miró con sus maravillosos ojos verdes y susurró fascinada: Tienes los ojos más tristes que he visto nunca
Y yo susurré: Gracias, igualmente

lunes, 9 de octubre de 2017

067: dejando de ser un chicle

—Si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre
—Yo… tengo algo que objetar a esta boda.
—¿Tenemos que escucharla?
Preguntó la novia. El sacerdote estaba confundido, era evidente que en toda su carrera nunca le había ocurrido algo semejante. Después de pensarlo un momento, decidió
—No, no tenemos que escuchar.
—¡Un momento! Usted ha hecho un llamamiento para que dijéramos si teníamos algo en contra de esta unión.
—Lo decía más bien retóricamente.
—Entonces, ¿usted sólo pronuncia palabras huecas?
El reproche dio en el blanco, y a la novia le entró miedo:
—¿No… no irá a hacerle caso a esa descarada?
Me gustó que tuviera miedo, a lo mejor no estaba tan segura de que yo no pudiera recuperarlo. Eso me animó.
—Déjela hablar  
Pidió Iván y eso me animó todavía mucho más. La novia lo miró enfadada, pero él le sostuvo la mirada y luego se volvió hacia mí:
—¿Qué quieres objetar a este matrimonio?
Respiré hondo y fui a lo mío:
—Querido, te he amado mucho tiempo y tú me has cogido mucho tiempo. Sí, ya lo sé, me explicaste que ahora amas mucho más a ella y que los dos tienen un sexo maduro y que crees que están hechos el uno para el otro y etcétera, etcétera, etcétera… Cuando lo dijiste, me dolió, y no sólo porque acababan de hacerme un empaste. Iba a renunciar a nuestro amor, pero, he descubierto que las almas que están hechas la una para la otra transitan a través de los siglos y se enamoran una y otra vez.
Iván me miraba con los ojos abiertos como platos.
—Nuestras almas, la tuya y la mía, intentan estar siempre cerca y creo que lo hacen porque están predestinadas…
Miré a Iván a la cara y no me pareció que, con mis palabras, hubiera cobrado fuerza en él la sensación de que estábamos predestinados.
—Y ahora que te miro a la cara compruebo que esas palabras no provocan nada en ti…
Iván se encogió de hombros.
—… Si nuestras almas estuvieran realmente hechas la una para la otra no te limitarías a encogerte de hombros…
Se encogió de hombros otra vez.
—… Te agradecería que dejaras de…
Se encogió de hombros una vez más.
—Aunque, pensándolo bien, si tú y yo estuviéramos realmente hechos el uno para el otro, no te encogerías de hombros y, además, alguna vez me habrías defendido de tu horrible madre… Haría tiempo que tendríamos hijos y no me habrías dejado sólo porque una vez besé a otro hombre. Eso habría sido insignificante para alguien que realmente ama. Y, ahora que te miras los zapatos, también comprendo que, en realidad, para ti sólo fue una buena ocasión para dejarme e irte a coger con otra.
Clavó los ojos más insistentemente en sus zapatos.
—Pero no hace falta que sigas contemplando tus zapatos, porque probablemente no habría besado al profesor de gimnasia si tu alma y la mía hubieran estado realmente predestinadas… Además, al profesor de gimnasia lo besé porque me sentía muy sola.
—Tú… ¿te sentías sola? ¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no lo he comprendido hasta que no he dejado de sentirme sola.
—¿Y con quién no te sientes sola…?
—Con alguien que me saca de mis casillas, pero también me apoya y me defiende. Él y yo formamos un buen equipo…
—¿Un equipo?
—Olvídalo, en cualquier caso, ¡gracias a ese hombre ya no soy un cliché! ¡O sea que tengo que dejar de comportarme como tal y dejar que te cases de una vez!
Mis palabras resonaron en la nave de la iglesia sin que nadie reaccionara.
Pasaron unos segundos de silencio larguísimos hasta que el sacerdote se atrevió a preguntar:
—Ejem, ¿significa eso que puedo proseguir con la boda?
—Sí, estos dos  están hechos el uno para la otra.

domingo, 8 de octubre de 2017

066: y me hundí en una sima negra y profunda

—Bueno… ¿Qué querías decirme?
¿Presentía lo que iba a ocurrir? ¿Tenía las mismas esperanzas? ¿Podía tener yo la esperanza de que ella tuviera la misma esperanza?
—He venido para decirte que siento mucho lo que hice, y que me gustaría deshacer lo hecho, pero por desgracia no se puede viajar al pasado…  Quiero pedirte perdón…
Ella callaba, estaba confusa, intentaba procesarlo todo, pero saltaba a la vista que no lo conseguía. Luego pronuncié la única frase que importaba.
—Yo te quiero.
Ella tragó saliva. Y yo tuve que esperar su respuesta. El tiempo se dilató, quizá sólo fueron segundos, pero a mí me parecieron horas, días, años, décadas. Durante ese tiempo percibido habrían podido surgir civilizaciones y se habrían podido extinguir. Casi se me paró el corazón de nervios. Aquella cocina del infierno podía transformarse en el cielo en cualquier instante. Todos mis sueños podían hacerse realidad. Mi triste vida podía volver a tener sentido.
—Pero yo ya no te quiero.
Fue como si alguien me desgarrara el corazón, de tanto que me dolió. Ella me miraba disculpándose, era evidente que le sabía mal hacerme tanto daño.
—Yo te quería… y después de lo que me contaron, me derrumbé…
Sonrió débilmente, pero yo me sentía demasiado débil para sonreírle débilmente
—Pero gracias a esa experiencia he madurado. Ahora sé mejor lo que quiero, y el amor con mi novio es un amor profundo, adulto… un amor maduro… Sabemos que estamos hechos el uno para el otro…
y… y…
Vio en mi cara que yo no quería oír
—Y tal vez no debería seguir hablando.
Entonces, en mi interior se quebró todo. Todas mis esperanzas, mis ganas de vivir perecieron..., tambaleándome salí al vestíbulo, ella me ayudó a llegar a la puerta…

viernes, 6 de octubre de 2017

065: Clementina

— ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
—Tiene estilo
—Hay preguntas que no quieren respuesta
—Y parece una top model
Edgardo creía firmemente que los amigos tenían que tratarse con absoluta sinceridad. Y, desgraciadamente, tenía razón: mientras que la otra tenía un tipo que haría que hasta Hailey Clauson se tirara de los pelos de envidia, yo tenía celulitis, los morocos demasiado gruesos y, con mala luz, parecía una Rigoberta Menchú con la tripa caída.
—Y ha estudiado una carrera.
— ¡Yo también!
—Tú, Magisterio Rural en Charagua. Ella, Medicina en la Universidad Mayor y Pontificia de san Francisco Xavier de Chuquisaca.
—Cállate ya
—Además, los padres de ella y los de él frecuentan los mismos círculos sociales.
— ¿Qué parte no has entendido de cállate ya? ¿Cállate o ya?
—Y no es tan respondona y tiene buenos modales.
— ¿O sea que yo los tengo malos?
—Bueno, tú siempre ríes demasiado fuerte, a veces eructas. Pero hay una cosa que tú tienes y ella no.
— ¿Padres que padecen de hongos en las patas?
—Sí. Pero me refería a otra cosa.
Puse los ojos en blanco, no quería oír nada más.
—No te preocupes, sólo pretendo completar mi lista
Quizá, pensé, también le oiría decir algo agradable. Así pues, decidí seguirle el juego
—Bien, ¿qué tengo yo que no tenga esa culiparado?
—Ella no lo ha engañado.
— ¡Yo tampoco!
—Sí lo hiciste
—Cuestión de definiciones
—También hay otra cosa que tú tienes y ella no…
—No quiero oírla.
—Tú…
— ¡Me da la impresión de que lo que no quiero es oírte a ti!
—Tú tienes más corazón que ella.
Lo miré asombrada, sonreía para darme ánimos.
—Y tienes mucho carácter. Nunca te quedas con el culo al aire.
—Y eso que es descomunal
—Y tienes sentido del humor. Y por todo eso eres también mucho más fantástica que ella

miércoles, 4 de octubre de 2017

064: cosas que los hombres no comprenden, ni aunque se las expliquen mil veces

*Que si te peleas con él y le cortas el teléfono y le gritas que nunca más te llame, te enojes porque no te llamó.
*Que no puedas usar el mismo vestido para la fiesta de fin de año de la oficina en dos años consecutivos. Porque alguien puede recordar que te lo pusiste el año pasado.
*Que te dé asco su transpiración, pero no te de asco que ponerte cera ardiente en las piernas para depilártelas.
*Que no alcance con que te pregunte qué quieres para tu cumpleaños.
*Que no soportes la cama deshecha, aunque él piense en volver a deshacerla en cinco minutos.
*Que no sepa comprender que estás mal por la menstruación.
*Que te enfurezca que te diga: “¿Qué te pasa? ¿Te vino?”.
*Que siempre lleves cartera, aunque jamás la abras.
*Que le pongas sacarina al café con crema.
*Que te encante presentarle tipos a tus amigas.
*Que siempre quieras hablar de la relación.
*Que no siempre te interese coger.
*Que te saque de quicio que tu suegra quiera “ayudar” en la cocina.
*Que no puedas atender el teléfono si sospechas que es su hermana.
*Que te sientas gorda si aumentaste medio kilo.
*Que puedas pasar de amorosa a histérica a distante a llorosa a divertida en tres minutos.
*Que puedas dejar de fumar con la misma facilidad con la que te fumas dos atados en un día.
*Que vayas dos horas por día al gimnasio a hacer cinta, pero que después no puedas ir a la tintorería a buscarle su saco gris.
*Que si te compras un CD solo escuches eso cuarenta veces por día, todos los días.
*Que te dé miedo un ruidito a la noche en el jardín, pero que no te de miedo insultar a unos obreros porque te pisaron los nomeolvides de la entrada.
*Que si estás en la dieta del pescado hervido, él también tenga que hacer la dieta del pescado hervido.
*Que si decís tres veces seguidas “Me duele la cabeza”, él no te traiga corriendo una aspirina y un vaso de agua.
*Que reacciones tan bruscamente ante un asiento de inodoro levantado, o ante la butaca del auto corrida hacia atrás, lo la de la pc ajustada a la altura de él.
*Que tarde media hora en llegar a todas partes sabiendo que tú eres siempre puntual.
*Que una se enoje porque él dijo “Te llamo” ....y tardó mucho en llamar.
*Que una se enoje porque, aunque él nos haya dado los gustos durante todo el día, no te haya dicho Te quiero

lunes, 2 de octubre de 2017

063: cómo ir a ver si llueve

Se echó a reír, se le estremecieron las tetas y tuvo un último gesto maternal, puso su mano entre mis piernas, me buscó con los dedos y me aplicó una caricia circular, desprovista ya de todo deseo, una caricia agradecida y blanda, como el lengüetazo fiel de un animal.
Luego se enroscó sobre mi cuerpo, como era su costumbre, y se quedó dormida.
Hacía muchos años que no dormíamos desnudos y me intimidó en primer lugar el contacto de su cocho, abierto y plácido, que se adhirió con un dulcísimo chasquido sobre mi muslo izquierdo.
Unos minutos antes habíamos cogido, tal como se hace luego de veinticinco años de matrimonio, es decir, como se hacen unas maletas.

domingo, 1 de octubre de 2017

062: parientes

Me los imaginé a los dos, velando a los pies de la cama, tropezando deliberadamente en los pasillos; se me apareció nítida la imagen de mi esposa dándole una gragea a su padre mientras que por detrás se le acercaba ese hombre, el primo de papá, se paraba mansamente a sus espaldas y se le pegaba una pizca, un roce de nada, mero accidente del destino al agacharse para recoger una revista que el pobre viejo había dejado caer. Mi esposa se ponía en guardia, pero desechaba la idea de inmediato, y el primo se aprovechaba de su lasitud, hasta cierto punto de su inocencia, y volvía poco a poco a las andadas, y frotaba su vientre contra las nalgas macizas de mi mujer, mi esposa sintiéndolo y apenándose, era después de todo el primo de su padre, un primo cada vez más solícito que sólo esperaba a que ella se inclinara (solía inclinarse a limpiar los labios del anciano), para embestirla sin compasión ni disimulo, imponiendo sus armas aún por debajo de la tela, jadeando levemente cuando les deseaba a ambos, al padre y a la hija, muy buenas noches, porque lo que era él, se iba a dormir. La historia, por supuesto, no paraba ahí. En realidad, el primo de papá se quedaba acechando a mi esposa, esperando que también ella le diera las buenas noches a papá para irse a la cama, sólo que no a su cama, sino a la mía, susurrándole al oído que lo había vuelto loco, usted es la culpable, desgarrándole la blusa (mi esposa perdía, en cada uno de sus viajes, un par de buenas blusas), mordiéndola y empujándola hacia el hueco de la puerta donde ella aún se resistía, se debatía entre la decencia y el furor, musitando claramente que no y que no, hasta que el primo de papá, harto de tanto alarde, le atrapaba una mano, se la llevaba al bulto y sollozaba en su oreja: Mira cómo me tienes. Nuestra pequeña hija, que viajaba siempre con su madre, andaría a esas horas por el quinto sueño, pero mi esposa no podía permitir que la niña despertara y no la viera a su lado, de modo que en la madrugada salía de la habitación del primo de papá hacia la suya propia, temblando de pies a cabeza, no tanto por el fresco de la hora, como por la sensación de gozo clandestino que, mal que bien, siempre la alebrestaba. Él le preguntaba si se verían a la noche siguiente, ella daba la callada por respuesta y, por supuesto, no volvía.
Pero pasados dos o tres días, él la atrapaba en territorio neutro, pongo por caso la cocina, y mi mujer, haciéndose la mártir, se dejaba conquistar, se abandonaba toda, se derretía. El hombre finalmente la arrastraba hacia su madriguera, le alzaba la bata y le aflojaba la ropa interior, siéntese aquí, mi reina, y encima le prestaba su rostro para que enloqueciera.
En una ocasión le pregunté la edad del primo de papá, si es muy mayor, le dije, no estará en condiciones de cuidar a tu padre. Ella tensó el rostro y me miró de reojo: ¿quién me había dicho que el primo de papá era mayor?, tendría cinco o seis años más que ella, no mucho más, había perdido a su mujer hacía bastante tiempo y se sentía muy útil atendiendo al primo. Está retirado, concluyó mi esposa.
El primo de papá se retiró muy joven.
Pensé que toda la energía, todo el empeño, toda la voluntad de ese jodido viudo estarían dirigidos a la obtención de un sórdido trofeo: el amor condicional de mi esposa, que al fin y al cabo se esfumó cuando mi suegro consiguió morir.
Desde entonces habían pasado muchos años, mi esposa no se ausentaba nunca y, por lo tanto, cesaron los arrebatos del reencuentro. Comenzó a vivir un poco a través de la vida de su hija, siempre ha sido una excelente madre.