Todos hemos escuchado esa historia.
La abuela que se cae, se rompe la cadera, y en menos de un año está muerta. Y pensamos: “Caray, qué mala suerte.”
Pero no es mala suerte. Es biología pura y dura.
Déjame contarte algo que Harvey Cushing, el padre de la neurocirugía moderna, ya sabía en 1920: el cuerpo humano es un adicto al movimiento, tus músculos necesitan contraerse… o se van.
Cuando tu abuela se rompe la cadera y pasa dos semanas en cama, sus músculos empiezan a desaparecer... se evaporan. Un pequeño porcentaje de de masa muscular se pierde por día de reposo absoluto. Y esto se extiende por semanas y meses.
¿Y SABES QUÉ PASA ENTONCES?
Que se levanta débil. Tan débil que cualquier escalón es el Everest. Que su corazón, que también es músculo, bombea peor. Que su sistema inmune, que depende de la movilidad para funcionar, se resiente.
Llega una oportunista neumonía por estar tumbada... se cae otra vez porque sus piernas ya no responden.
Y así, señoras y señores, es como una fractura de cadera mata. No es la fractura. Es la inmovilidad.
Los romanos lo sabían cuando obligaban a sus legionarios a marchar 30 kilómetros diarios. No era disciplina militar. Era supervivencia.
Porque el movimiento no es opcional. ES LA MEDICINA.
Y el reposo eterno, el “descansa que ya te lo has ganado”… Eso es veneno puro. Una trampa para el cuerpo. Te hace sentir bien al principio, pero te está matando por dentro.
Tu cuerpo no entiende de jubilaciones.
Solo entiende de uso o un irremediable deterioro.
EL MOVIMIENTO ES SALUD. EL MOVIMIENTO ES VIDA.
Movámonos, entonces.
ResponderEliminarUn abrazo.