martes, 21 de abril de 2026

0904: “Damas y caballeros, les habla su capitán”

“Damas y caballeros, les habla su capitán”: “Tenemos un pequeño problema. Los cuatro motores se han detenido. Estamos todos haciendo lo posible para hacerlos funcionar nuevamente. Confío en que no estén demasiado angustiados”

“Mayday. Mayday. Yakarta control, Speedbird 9. Hemos perdido los cuatro motores. Repito, hemos perdido los cuatro motores”

Les advirtió a sus compañeros: “Creo que nos quedan unos diez ó quince minutos de planeo”. Serían trece. El avión iba perdiendo altura. Era un gigante pájaro de 170 toneladas planeando sobre las montañas de Java. Moody lo tuvo claro desde el principio: si los motores no arrancaban antes de llegar a los 3600 metros de altura tendría que intentar un amerizaje en medio del océano. Eso implicaba una muerte casi segura para todos a bordo.

El jugador de cricket neozelandés Ewen Chatfield reveló: “Todos pensamos que íbamos a morir. No había pánico”. Cada uno estaba aferrado a sus propios pensamientos y plegarias.

Cuando la tragedia es inminente no hay espacio para dramatismos.

Los pilotos desconcertados no veían que hubiera alarmas indicando incendio. Ni la tripulación ni los controladores aéreos sabían en ese momento qué estaba pasando. Barajaban la idea de una tormenta inusual o de un fallo técnico múltiple. No habían estudiado una situación semejante jamás.

Ante la evidente emergencia el avión fue desviado hacia Yakarta, a la pista más cercana.

El capitan Eric Moody planeó alejándose de la nube fatal mientras iban, sin potencia, acercándose a la superficie del mar. Ya no había vibraciones ni sacudidas. Solo un tranquilo descenso hacia quién sabe dónde. El único sonido era el del aire rozando el fuselaje. Lo único que Moody podía hacer era bajar y subir la nariz del avión para intentar la velocidad adecuada para encender los motores.

A 7900 metros cayeron las máscaras de oxígeno. En la cabina Roger, el ingeniero, se la fue a poner y la mascarilla se rompió. Nada salía bien. Moody entendió que Roger se desmayaría en breve sin oxígeno. Decidió hacer una caída controlada de unos dos mil metros en pocos segundos para evitarlo. Lo necesitaba colaborando con él. El terror de los pasajeros ante la maniobra fue inmenso, pero Moody logró lo que necesitaba. A 6000 metros podrían respirar sin ayuda.

Cuando estaban a 4115 metros ocurrió el primer milagro. Unos trece minutos después del anuncio de Moody, el motor número 4 arrancó.

En los 90 segundos que siguieron empezaron a encenderse los otros tres. El motor número 2 comenzó a vibrar violentamente. Lo apagaron. Volarían con tres. Respiraron aliviados, pero la adrenalina seguía corriendo porque el peligro no había terminado.

Así fue que encararon la pista en el Aeropuerto Internacional Halim Perdanakusuma de Yakarta.

El Boeing 747 volaba a ciegas porque el parabrisas estaba cubierto de polvo. Solo tenían una pequeña franja en el vidrio por donde ver algo. Deberían aterrizar confiando plenamente en los instrumentos. Una emergencia no admite miedos. Ahí fueron.

Finalmente, después de unos minutos de terror, lograron tocar tierra. Los pasajeros y la tripulación estallaron en aplausos eufóricos. Algunos lloraban. Al bajar el ingeniero de vuelo, Barry Townley-Freeman, besó el suelo agradecido.

Poco después todos supieron lo que había ocurrido: el Monte Galunggung, un volcán activo a 180 kilómetros al sureste de Yakarta, había entrado en erupción y despedido cenizas volcánicas mientras ellos lo sobrevolaban. Los motores se habían apagado por la ingestión de esas cenizas ardientes que les habían parecido nubes oscuras. Los resplandores que habían presenciado, un fenómeno que suele denominarse “Fuego de San Telmo”, aunque en ese momento no lo asociaron con eso. La fricción de las cenizas había generado ese show lumínico.

El particular humor de Moody salió a la luz una vez más cuando la prensa preguntó sobre la actitud del ingeniero de vuelo que besó el suelo al bajar del avión como suele hacerlo el Papa cuando viaja. Su respuesta arrancó carcajadas: “Es que él vuela en Alitalia”.


 

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