-¿Fuiste al psiquiatra, como te mandaron tantas veces?
-Sí, voy al psiquiatra y al psicólogo. Ahora tengo otros padecimientos: la vulnerabilidad de los seres humanos ha sido un tema tabú, sobre todo en los hombres. Pero estamos hechos de una fragilidad tremenda.
-Vos decís en la novela: “Estoy harto de ser un hombre y un hombre histórico”. Explicame.
-Creo que el hombre ha cumplido su ciclo, ya no da más de sí.
-¿Qué quiere decir eso?
-Quiere decir que el ciclo histórico de la masculinidad está concluido. Que hay otro orden en las relaciones entre hombres y mujeres. Hay muchos hombres que se han cansado de que la historia les dicete ese papel horrible de la masculinidad. Y el hombre que aparece en Islandia está cansado de ser hombre.
-Pero a los diez minutos ya tiene otras mujeres. Se porta como un “hombre histórico”. Dice: “Estoy destrozado, estoy destrozado y no puedo más” mientras le contesta el WhatsApp a otra.
-Sí, está determinado por su historicidad, que nos determina a todos. La literatura es la única posibilidad, a través de la imaginación, el deseo, incluso el erotismo, de salirnos de la determinación histórica. Somos lo que somos en función de los valores históricos con que vivimos. Dentro de cincuenta años habrá otros valores y la gente será de otra manera y nos mirarán a nosotros, probablemente, con cierto aire de pena, como nosotros podemos mirar la España de hace cincuenta años. La historia no ha terminado, la historia no ha muerto, eso es mentira.
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