lunes, 27 de noviembre de 2023

0789: Mireya

 En ese momento comenzó el rasgueo de una guitarra, y una voz varonil se elevó vibrante y clara:

"Si un imposible me mata

por un imposible muero;

imposible es alcanzar

el imposible que quiero..."

Era Santos Menacho a quien alguien había pedido que le cante. —El mozo no se hizo de rogar y entonó las viejas estrofas que decían de amores quiméricos, de dolor y de pasión contenida. La guitarra bajeaba sonora en la pausa, mientras el cantor, compungido, observaba con ansiosa interrogante a la mujer que amaba. Mireya, cuchicheante miraba a Hurtado con ojos maliciosos sin reparar, al parecer, en Santos. El sentía que la guitarra le temblaba entre las manos y siguió cantando:

"De los cien imposibles

que el amor tiene,

yo ya llevo vencidos

noventa y nueve..."

Un nuevo bajeo y terminó, dando a su canto toda la intención, que, oculta en su alma simple. pugnaba por salir bullente como una dolorida protesta ante la indiferencia de Mireya:

"Noventa y nueve, sí,

llevo vencidos,

uno solo me falta

con el olvido..."

La concurrencia premió al cantor con muchos aplausos, pero un chusco que había observado a Santos mientras cantaba, deslizó al oído de su compañero:

—Me parece que esos versos piden sal... A ver si no se la dan en taza llena... Con Hurtado no hay chistes...

A su vez los amigos de Hurtado le pidieron que cantara algo. Hurtado era buen guitarrista y sabía bien que la vihuela era instrumento de certera puntería en las lides del amor. Tenía una voz muy bien templada, ejercitada en las mil correrías de su vida jaranera, Y mucho gusto para cantar. Pero no le agradaba prodigarse y cuando cantaba era bien rogao. Sin embargo, aquella noche cedió a la primera invitación. Se hallaba fastidiado con la insistencia de Santos que él, por supuesto, juzgaba impertinente, porque era a su juicio el único obstáculo al que se aferraban los viejos para mezquinarle a Mireya. Quería hartarlo a su rival; hacerle saber que: esa hembra era de él y sólo para él y que de nada le servirían sus quejas ni sus protestas. Cogió la guitarra y la pulsó con decisión. Bajo la enérgica presión de sus dedos, el encordado vibró sonoro y limpio. Era una música impetuosa que tenía algo de himno y de marcha; las notas altas saltaban con nitidez

Cristalina entre la bruma del bajeo y las cuerdas, al caer, rebotaban sobre la madera de la guitarra, como sobre el pergamino de un tambor, en un chicotazo silvante y persistente. Luego vino la voz cálida y segura, en un preludio que hablaba de luchas y victorias, de esperanzas y de amores para remachar en un cuarteto rotundo como un desafío: 

"Esta noche con la luna,

o me la vengo a robar

y el que no me tenga miedo

que me la venga a quitar..."

Mireya, a su lado, la cabeza soberbia inclinada hacia atrás, la boca sensual abierta en una leve sonrisa indefinida, lo envolvía en una mirada acariciante.

Fueron clamorosos los aplausos para Hurtado que, sin duda, era el hombre del día en el rancho.

El baile continuó. Las parejas sudorosas, tambaleantes por las libaciones, no atinaban a llevar el compás. Algunos hombres gravitaban sobre su compañera con inercia de bolsas. Junto a Toledo conversaban quedamente unas viejas y oyó que decían:

—Ah, ¿el famoso Hurtado? —Sí; el mismo.

—Pero si ej su mana, comadre. No vé a na Segunda le hizo su jocha... Le plantó pa' su muchacho y le sacó hasta el último medio.

—Si puej, la pobre... está de ocho meses lo menoj...

—¿Qué?, comadre. Está al tumbar. No pasa de esta semana... Toledo volvió la vista y sus ojos tropezaron con la mirada fría de Hurtado, que continuaba junto a Mireya. No le gustaba el hombre. Desde el primer momento sintió hacia él una invencible antipatía. Se le figuraba el bravucón de arrabal jactancioso y pendenciero, y le incomodaba su actitud de conquistador presumido.

De pronto calló la música. Se escucharon gritos airados y el sordo galopar de un caballo que se alejaba. La gente corrió hacia la puerta como un remolino. Un tiro retumbó en la pampa con ecos de cañonazo. Luego entró Santos Menacho, pálido y compungido. El arma todavía humeante le temblaba en la mano.

—Se huyó con Hurtado —gritó iracundo.

Don Luciano, perplejo, se arrimaba al marco de la puerta. —Pero qué hacés viejo e porras, que no los seguís —le gritó doña Ubaldina, endemoniada.

Santos intentó salir nuevamente, pero le detuvieron. —Sosiéguese, amigo... —le dijo un hombronazo rudo, cogiéndole por el brazo—. ¿ Qué va sacar dando bala al disparate? La prenda ya se jué y usté nos está desparramando la caballada.

La concurrencia, prudente, comenzó a dispersarse. Sólo quedaban pequeños grupos donde se comentaba a gritos el suceso.

Los amigos también salieron.

En el cielo limpio de nubes no faltaba una sola estrella. La luna brillaba radiante sobre la pampa tersa que la brisa lamía suavemente.

Cuando se alejaban, Toledo vio cruzar por su imaginación, como un relámpago, la figura sensual de Mireya. Avanzaban paso a paso. El silencio infinito del campo se iba tragando, impasible, el sordo rumor que salía del rancho como un zumbido. 

 

La Virgen de las Siete Calles de Alfredo Flores Suárez.

sábado, 25 de noviembre de 2023

0788: las mujeres de Weinsberg

 ― Pero ¡mi señor! ¡Esto es…!

Exclama indignado el cabecilla de la guardia personal del emperador del Sacro Imperio Romano al observar el burlesco espectáculo que se está produciendo ante sus mismísimas narices.

― ¡Es ridículo! ¡Se están mofando de nosotros! ¡Deberíamos…!

―Aplaudir.

Completa el electo emperador la frase con cierto tono recreativo, aplacando de un plumazo la ferviente y ostentosa indignación de su leal servidor. Este, sorprendido, a la par que confuso, ante la inesperada respuesta de su señor, y su condescendiente actitud, traga saliva y baja el rostro.

― Acaso no veis que el ingenio de estas mujeres es…

Comienza a buscar el objetivo adecuado que pueda hacer justicia a tan elevado acto de agudeza y audacia, mientras se pierde en el recuerdo del demoledor ultimátum lanzado el día anterior a los defensores de la sitiada ciudad bávara de Weinsberg.

«Si mañana, al amanecer, aún no habéis rendido la ciudad, la demoleré hasta sus cimientos y pasaré a cuchillo todas vuestras gargantas».

La contundencia de aquella amenaza, sumado al precario estado presentado por los defensores, había provocado que estos no solo temblasen de miedo, sino que, en un último acto de dignidad y valentía, pidiesen que, por clemencia, se dejara salir antes del asalto final a sus mujeres e hijos.

Conrado III, dudó entonces si conceder aquel beneplácito o no a aquellos hombres, ya que el sitio a la ciudad se había alargado más de lo que su paciencia era capaz de soportar; sin embargo, movido por la satisfacción de ver aquel problema a las puertas de la conclusión, no solo había aceptado, sino que había añadido cómo condescendiente cláusula al trato que se las permitiese salir portando sus bienes más preciados sin ayuda de ningún carro o animal de carga.

― Es. ¿Cómo definirlo?…

― ¿Intrépido, señor?

― No. No, exactamente…

Sonríe, Conrado III, negando con el rostro sin dejar de observar la cómica, y al mismo tiempo, sagaz, procesión que transcurría ante él.

― Diría que el ingenio de estas mujeres es…

Sigue buscando mientras se regocija al observar con innegable admiración como las mujeres de Weinsberg, astutas como las sobrenaturales entidades de los viejos cuentos, habían sabido buscar la manera de adaptar la promesa del emperador, a sus propias necesidades.

―Es…

Ríe, Conrado III, negando una vez más con el rostro ante la imposibilidad de encontrar calificativo.

― ¡Increíble!

Se desternilla de la risa.

― ¡Sí, eso es! ¡El ingenio de estas mujeres es increíble! 

Se carcajea hasta faltarle el aire mientras, a una decena de pasos, las mujeres de Weinsberg; hambrientas… y debilitadas por el asedio… en un acto sin igual, habían decidido dar una lección de audacia al rey, cargando sobre sus brazos y espaldas, sus bienes más preciados… Sus maridos, padres e hijos.

Tal sería la admiración mostrada por Conrado III que, en un acto de reciprocidad ante tan elevado proceder, decidiría no solo respetar la vida de los habitantes, sino mantener la ciudad intacta. 

Según consta en la página de Heritage History; (la cual, ha servido para recrear esta escena novelada):

«Volviendo a las mujeres, que estaban junto con sus maridos, les dijo: (…) No os haré daño a ninguno, porque lo merecéis. Mantened el tesoro que lleváis.

De hecho, había algunos caballeros enojados a su alrededor que no tenían mucho respeto por los hechos heroicos recordándole que su primer juramento era el de matar a los hombres, pero Conrad se volvió hacia ellos y dijo: «Un emperador mantiene su última y sagrada palabra «.

Luego llamó a los hombres y mujeres y les dijo que no sólo los perdonaba, sino también perdonaría a la ciudad de su perdición de espada y fuego. Así las mujeres de Weinsberg salvaron a sus maridos y a su ciudad.»


jueves, 23 de noviembre de 2023

0787: los consejos pa´la luna de miel

 “La boda se celebraba con gran pompa y con esmero...” Anacleta, la nieta del afamadísimo Filósofo de Güémez, se casaba con “El Mono” Vázquez, distinguido intelectual tulteco. La enramada de 24 horcones era insuficiente para dar cabida a los cientos de amigos del Filósofo que asistían a compartir un momento tan dichoso para él.

El “Mono” Vázquez estaba acompañado por la alta jerarquía política que engalanaba el evento, entre los que no podían faltar: “EL Chino” Chío, “Tolo” Hernández, el abogado “Nacho” Martínez, Lulú Figueroa “La Duquesa de la Borreguera”, “El Checo” González, y el beisbolista “Pancho” Valdez.

En el momento que el Filósofo departía alegremente unos tragos de mezcal “San Carlos” con sus amigos la novia acompañada por su ahora esposo, se acercó para decirle:

- AGÜELITO, QUIERO PEDIRLE UN FAVOR, ¿POR QUE NO DICE UNAS PALABRAS PARA EL BRINDIS? -Y sin esperar respuesta, tomó el micrófono y espetó a los concurrentes:

- ¡¡¡Señores... señores y señoras!!!... ¡¡¡pssstt... ppssssttt....señores!!!... les pido guarden silencio, mi agüelito va a hacer el brindis.

El silencio reinó ISPSO FACTO -es decir de inmediato, déjenme echarme la dominguera-, el Filósofo se paró ante el micrófono y con voz serena, sentenció:

- Miren Anacleta y mi querido “Mono” Vázquez, que güeno que su noviazgo fue corto y llegaron rápido al matrimonio, acuérdense que: 

EL MATRIMONIO ES COMO EL BAÑO DE AGUA FRIA EN TIEMPO DE FRIO... HAY QUE ENTRARLE RAPIDO PORQUE SI LE PIENSAN MUCHO SE RAJAN.

Las carcajadas de los concurrentes se hilvanaron en una sola.

- Para que un hombre sin más escuela que la vida como yo pueda decirles un brindis, tiene que TOMAR PALABRAS DE TODOS Y DE SIEMPRE, y decirles que sacien su sed en la rivera de su alma, hagan un canto común al corazón que nacerá del vientre, que el canto sea un canto de fe y de esperanza, que ese palpitar llene sus latidos de alegría.

CONSTRUYAN UN UNIVERSO DE SUEÑOS CON LA UNION DE SUS ALMAS; recuerden que el amor tiene algo de cielo y de calvario, tengan la sabiduría para entenderlo y trabajo para enfrentarlo; el amor lleva en sí mismo su propia plenitud. 

EL MATRIMONIO ES ESTAR UNIDOS PERO NO ATADOS; siempre dejen espacios en su cercanía. Llénense mutuamente las copas pero nunca beban de una sola; compartan su pan pero no coman del mismo trozo. Que su amor viva junto pero no demasiado, porque la fuerza del templo son los pilares separados.

NI EL MEZQUITE CRECE BAJO LA SOMBRA DEL ALAMO, NI EL ALAMO CRECE BAJO LA SOMBRA DEL MEZQUITE. Nunca se griten, la única excepción es si la casa se está quemando; nunca se disgusten los dos al mismo tiempo; nunca el piloto y el copiloto salen al mismo tiempo de la cabina del avión en pleno vuelo, alguien tiene que llevar el mando. Recuerden que en el matrimonio: uno más uno da 50 mil. 

COMPARTAN LO QUE DIOS LES DE, ASI NUNCA LES FALTARA LO INDISPENSABLE; nunca remuevan la conducta errada del pasado; que para ustedes sólo exista el momento actual y el futuro inmediato; nunca terminen el día sin un regalo: QUE MEJOR QUE UN ABRAZO, UN ELOGIO O HACER LA CUENTA DESPACITO DE CUANTO SE AMAN, y no olviden que en sus besos siempre haya calor, aunque ya no haya llamaradas y por último, imposible sería, mis queridos “Mono” y Anacleta, pedir que no haya discusiones, pero no se pierdan el placer de los dioses que es: LA RECONCILIACION.

Esto es lo que les aconseja en este brindis, un viejo que les dice que con estos consejos, su hogar tendrá forma... ¡¡¡Salud por los novios amigos!!!!

- ¡¡¡Salud!!!

La fiesta continuó a todo lo que daba, no faltaban los refrescos, las cervezas, el mezcal, el tequila, el cabrito en su sangre y entomatado, la barbacoa, el asado de puerco, el arroz, los frijoles y las tortillas echas a mano. Nuevamente Anacleta se acercó a su abuelito y abrazándolo cariñosamente, lo condujo hacia la orilla de la cerca:

- AGÜE, ¿QUE CONSEJO ME DA?, ¿COMO DEBO VESTIRME PA’ LA LUNA DE MIEL?

- Ponte una bufanda mijita -contestó rápidamente el Filósofo.

- ¿¿¿Una bufanda??? Pero si estamos en plena primavera y además mi luna de miel va a ser en las paradisíacas playas de Tampico....

- Pos te digo que te pongas una bufanda

- No agüelito yo creo que estás equivocado... no me entiendes... te digo que no sé cómo vestirme en la luna de miel.

- Mira mija... tu agüelita en la luna de miel se puso una bata de manga larga que le llegaba del cuello a los talones y...

¡¡¡TODA LA NOCHE SE LA TRAJE DE BUFANDA!!!

Texto: El Filosofo de Güémez.

lunes, 20 de noviembre de 2023

0786: EN LOS AÑOS 1600 Y 1700

Se dice que al visitar el Palacio de Versalles en París, se observa que el suntuoso palacio no tiene baños.

En la Edad Media, no había cepillos de dientes, perfumes, desodorantes, y mucho menos papel higiénico.

Los excrementos humanos eran lanzados por las ventanas del palacio.

En un día de fiesta, la cocina del palacio pudo preparar un banquete para 1500 personas, sin la más mínima higiene.

En las películas actuales vemos a las personas de esa época sacudirse o abanicarse... La explicación no está en el calor, sino en el mal olor que emitían debajo de las faldas (que fueron hechas a propósito para contener el olor de las partes íntimas, ya que no había higiene).

Tampoco era costumbre ducharse debido al frío y la casi inexistencia de agua corriente.

Solo los nobles tenían lacayos para abanicarlos, para disipar el mal olor que exhalaban el cuerpo y la boca, además de ahuyentar a los insectos.

Los que han estado en Versalles han admirado los enormes y hermosos jardines que, en ese momento, no solo se contemplaban, sino que se usaban como retrete en las famosas baladas promovidas por la monarquía, porque no había baños.

En la Edad Media, la mayoría de las bodas se realizaban en junio (para ellas, el comienzo del verano). La razón es simple: el primer baño del año se tomaba en mayo; así que en junio, el olor de la gente todavía era tolerable. Sin embargo, como algunos olores ya comenzaban a molestar, las novias llevaban ramos de flores cerca de sus cuerpos para cubrir el hedor. De ahí la explicación del origen del ramo de novia.

Los baños se tomaban en una sola bañera enorme llena de agua caliente. El jefe de la familia tenía el privilegio del primer baño en agua limpia. Luego, sin cambiar el agua, llegaban los demás en la casa, en orden de edad, mujeres, también por edad y, finalmente, niños. Los bebés eran los últimos en bañarse. Cuando llegaba su turno, el agua en la bañera estaba tan sucia que era posible matar a un bebé adentro.

Los techos de las casas no tenían cielo y las vigas de madera que los sostenían eran el mejor lugar para que los animales: perros, gatos, ratas y escarabajos se mantuvieran calientes. Cuando llovía, las filtraciones obligaban a los animales a saltar al suelo.

Los que tenían dinero tenían platos de lata. Ciertos tipos de alimentos oxidaban el material, causando que muchas personas mueran por envenenamiento.

Recordemos que los hábitos higiénicos de la época eran terribles.

Los tomates, siendo ácidos, se consideraron venenosos durante mucho tiempo, las tazas de lata se usaban para beber cerveza o whisky; esta combinación, a veces, dejaba al individuo "en el piso" (en una especie de narcolepsia inducida por la mezcla de bebida alcohólica con óxido de estaño). Alguien que pasara por la calle pensaría que estaba muerto, así que recogían el cuerpo y se preparaba para el funeral. Luego se colocaba el cuerpo sobre la mesa de la cocina durante unos días y la familia se quedaba mirando, comiendo, bebiendo y esperando a ver si el muerto se despertaba o no. De ahí la que a los muertos se les vela (velatorio o velorio), que es la vigilia al lado del ataúd.

Inglaterra es un país pequeño, donde no siempre había lugar para enterrar a todos los muertos. Luego se abrían los ataúdes, se extraían los huesos, se colocaban en osarios y la tumba se usaba para otro cadáver. A veces, al abrir los ataúdes, se notaba que había rasguños en las tapas en el interior, lo que indicaba que el hombre muerto, de hecho, había sido enterrado vivo.

Así, al cerrar el ataúd, surgió la idea de atar una tira de la muñeca del difunto, pasarla por un agujero hecho en el ataúd y atarla a una campana. Después del entierro, alguien quedaba de servicio junto a la tumba durante unos días. Si el individuo se despertaba, el movimiento de su brazo haría sonar la campana.

Y sería "salvado por la campana que es popular expresión utilizada por nosotros hasta hoy.

sábado, 18 de noviembre de 2023

0785: la psicóloga

Llevaba ya algunas sesiones con Marina, mi psicóloga. La había empezado a visitar por mis problemas de relación con mi esposa en el plano sexual. Problemas de deseo, problemas de erección, problemas de duración del coito... Marina estaba algo quejosa pues las últimas sesiones estaban siendo poco productivas. Me recriminaba que no avanzábamos, que no cumplía mis compromisos de tareas y ejercicios. En la última sesión, ya cuando estábamos terminándola, algo molesta me preguntó:

-¿Tu conoces el cuerpo de tu esposa? Tienes ya una edad, pero creo que no sabes muy bien cómo funciona el sexo de una mujer. ¿Me equivoco?

-Creo que si Marina, no soy un niño, creo que en eso no tienes razón.

-Estás seguro de que no? ¿Sabes dónde está el clítoris? ¿Como estimularlo? ¿Los labios internos y externos? ¿Las paredes? como acariciar? ¿Como lamer?

-Buenos, si, más o menos ...

-Te hago un test y me lo demuestras? Pero si me estás mintiendo vamos a dejar la terapia. No puedo trabajar con mentirosos.

-No Marina, eso no por favor

-Eso no, lo del test, o lo de dejar la terapia?

-Lo de dejar la terapia. Tienes razón, lo siento, creo que no se mucho de cómo funciona su cuerpo. No hace falta el test. Discúlpame Marina.

-Ya me lo parecía... Bien, terminamos por hoy, el próximo día vamos a empezar otro tipo de sesiones, no de terapia sino de formación un poco práctica, a ver si aprendes a satisfacer a una mujer. ¿Entendido?

-Si claro ... lo que tu creas Marina.

-Perfecto, así me gusta. 

Marina era mucho más joven que yo, no sabía su edad, pero debía ser recién licenciada, pero su apego, su seguridad, su forma de tratarme en confianza aún la diferencia de edad debo reconocer que me hacían sentir un poco a su merced. Tenía la sensación de que más de la cuenta.

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Durante los días previos al siguiente encuentro las dudas sobre cómo sería esa terapia me llenaban de incertidumbre y nerviosismo. En el fondo, empezaba a ser consciente de mi ignorancia, y pensar que Marina lo descubriría me hacía sentir como un niño pequeño al que iban a regañar. Llegado el día, acudí más nervioso que de costumbre.

-Bueno, hacemos un test previo para saber como vas, o quieres aceptar que no sabes casi nada y pasamos a la formación?

-Quizá mejor pasamos a la formación, Marina

Dije avergonzado y con la mirada al suelo.

-No debes avergonzarte, son muchos los hombres maduros como tú que en realidad saben casi nada del sexo y del cuerpo de la mujer. Yo te voy a enseñar.

-Muchas gracias, Marina.

-La verdad que primero había pensado en hacer una cosa teórica con fotos, videos, y eso ... pero aunque con hombres de tu edad en general funciona, en tu caso lo dudo bastante, por lo que haremos algo más práctico. Te parece bien, ¿verdad?

-Buenos, no se ... supongo que si Marina, no se muy bien a que te refieres.

-Claro, es normal, es la primera clase. Pero yo soy la profesional e imagino que confías en mí, verdad? Porque si no, pues casi mejor que no empezamos y podría derivarte a algun compañero mio con el que quizá estés más a gusto.

-No no, perdona Marina, estoy muy a gusto contigo, solo que todo esto me cuesta un poco.

-No tengas miedo y relájate, confía en mi y ya verás como la clase irá muy bien si vas haciendo todo lo que yo te diga.

-Si Marina, adelante, lo que tu digas - estaba nervioso, pero deseoso ya de empezar y poderme dejar llevar por sus indicaciones sin pensar mucho y aprender todo lo que pudiera.

Marina se levantó y se recostó en la mesa, delante de mí. No puede evitar sentirme un poco impresionado al verla alta, esbelta, con su bonita figura y esa mirada penetrante que daba esa mezcla de confianza y autoridad a la vez.

-Empezamos. Haremos 4 sesiones de entrada y luego ya decidiremos. La primera la dedicaremos a la vagina, la segundo al culo, la tercera a las tetas y la cuarta a la boca y resto del cuerpo. ¿Entendido?

-Si si, lo que tu digas

-Bien, perfecto. Como te decía, en tu caso, por tu edad y tus pocos conocimientos, no creo que algo muy teórico sea demasiado útil, o sea que lo haremos más práctico conmigo misma. 

Marina se dio la vuelta, se volvió a sentar en la mesa, esta vez bastante abierta de piernas ofreciéndome una visión de su entrepierna joven y, parecía, completamente rasurada.

-Empecemos la sesión de hoy. La vagina o, casi mejor, el coñito - dijo abriéndose un poco más de piernas...

miércoles, 15 de noviembre de 2023

0784: ¿Cuándo no estamos hablando de la familia, con la familia, en contra de la familia, a pesar de la familia?

 —¡En esta familia no hay secretos! —dijo Padre.

Claro, en esta familia no hay secretos… ¿a alguien le suena? Eso puede ser una cándida expresión de deseos o una amenaza: en esta familia nadie podrá callar algo que quiera callar, esta familia es un panóptico donde todo está a la vista, en esta familia ¿se puede desear algo que no sea lo que SE DEBE, es decir lo que el poder —aquí, papá— dice?

En este caso, Padre lo dice, justamente, en este sentido. Una hija, Martina, cometió un delito de lesa transparencia: ¡se compró un diario íntimo con candado! ¿Qué, si no cosas feas, transgresiones, traiciones, se puede querer escribir con candado? ¿Qué si no una vida propia como sujeto y no como parte de la familia?

Después sabremos que, encima, Martina no es hija del esperma de Padre sino, justamente, de otra parte de la familia y de una falla: los tíos buenos no fueron tan buenos como para adoptarla cuando murió la madre de Martina y la nena terminó en esta casa rígida donde no hay secretos porque hay vigilancia.

La familia, entonces, es este Padre severo y, en lo personal, un poco trucho que ¿es abogado? ¿en serio junta plata casa por casa para la caridad? ¿O se la queda? Y, también, la familia es esa madre que la única que vez que sintió algo fue antes de Padre, cuando otro le besó los pezones.

La familia es ese primer hijo al que la madre rechazó apenas nació, hundida en la depresión. Es Rosa, la hija concebida el día que Madre le contó a Padre lo de los pezones y él se le tiró encima y la tomó a la fuerza. Es “Aqui”, el menor, que sí parece hacer lo que quiere, desafiar, zafar. Y Martina.

Odiamos a Padre desde el comienzo. Es tiránico, blande sus principios como órdenes. Pero sus principios, ah, no están tan mal. Son Gandhi, la Declaración de los Derechos Humanos, los libros en vez de la televisión: no hay televisor en la casa.

El padre cuida que no haya una vida chatarra, que sean cultos, que sean refinados y no vulgares. Hay una escena desgarradora en la que el tío copado —ese que no se quiso quedar con Martina— le regala un juguete que tiene que ver con la coquetería y Padre la obliga a devolverlo. ¿Eso es una familia? ¿Opresión en nombre de valores que puede que sean buenos?

En fin, por supuesto que hay muchísimo más, es una de esas novelas con muchos personajes y muchos recovecos.

A mí, lo que me hizo pensar fue justamente eso: el sometimiento. ¿Cómo educar sin someter? ¿Cómo enfrentar la fuerza enorme del mercado —que impone miles de pavadas— en nombre de una vida mejor, más plena, menos alienada? Porque no se trata de rendirse a las modas y a lo que “es”. Pero someter ¿no es la peor enseñanza?

Hace unos meses discutimos mucho sobre Roald Dahl, el autor de Matilda. Ya lo dije acá: Matilda me parece un modelo de insumisión. Una nena que enfrenta a unos padres tiránicos. Pero, en un punto, Dahl ahí la tiene fácil porque los padres son idiotas, son todo lo que está mal.

Aquí el dilema es más difícil: ¿cuánto se puede presionar en nombre de los buenos valores? O al revés, ¿cuánto se deja ir todo al diablo en nombre de la libertad?

“La familia” (Fragmentos)

1. “Aunque deberías recordar algo. Una cosa es el deseo de mantener a salvo la intimidad, lo que es muy comprensible, y otra es que nos andemos con secretos. Los secretos nunca son buenos. Al revés, son nocivos, se usan para tapar asuntos feos. ¿Por qué si no son secretos? Es mejor no tener nada que ocultar, ir con la cabeza bien alta y no esconderse”.

2. “Damián me contó que le obligó a tirar todos sus cómics a la basura. El pobre los compraba con su dinero, los leía en secreto y luego los escondía en el trastero, en cajas de apuntes antiguos. Pero el padre los encontró y le obligó a romperlos. Tuvo que hacerlo él mismo, página a página, y después bajarlos al contenedor, sin rechistar. Sus propios cómics, toda su colección. Todo porque el padre decía que los superhéroes eran violentos y pornográficos. Que difundían valores nefastos o qué sé yo. Vamos, que no lo hizo como un castigo. Era una enseñanza”.

3.”Ellos no tenían hijos, no habían podido. Cuando la madre de Martina murió, agobiados por la inseguridad y las dudas, dejaron que fuese la abuela quien se encargara de la niña, que por entonces tenía ocho años. Adoptarla en ese momento habría sido como reconocer su fracaso: en eso los dos estuvieron de acuerdo sin necesidad de decirlo. Fueron egoístas, desconsiderados y débiles, pero no tanto como más adelante, cuando murió la abuela y perdieron por segunda vez la oportunidad”.

4. “No era religioso, pero se oponía con firmeza a las relaciones prematrimoniales. Laura sintió vergüenza de haber insinuado que por ella... Cuando tenía quince años se enamoró de un chaval de su edad, un pelirrojo guapísimo, triste, desmadejado, con la mirada huidiza y los brazos y las piernas muy largos, como cansados de crecer; huesudo, todo codos, rodillas, pómulos y escápulas”.

5. “Lo que más recordaba Laura de aquella escena eran los momentos previos, cuando el chico había besado sus pezones, el tacto de la lengua apenas rozándola, diestro en su torpeza, y el interior de aquella casa abandonada dando vueltas, las paredes licuándose y un pensamiento fulminante, clarísimo: he nacido para esto”.

6. “—Vale que no lo hace con mala voluntad, que se deja llevar por lo que ve, pero ¿la rueda de la moda? ¿Qué insensatez es esa? Menudos valores difunde el juguetito, eso de que las niñas se vistan como adultas y que lo único que importe sean la ropa y las joyas. Y tampoco es que sea muy creativo. Basta con frotar el lápiz para que salga el dibujo. ¡No hay que esforzarse nada! ¡Vaya enseñanza!

Martina hizo un amago de protesta.

—Pues a mí me gusta.

—Lo sé, Martinina, sé que te gusta, como a todas las niñas les gusta. Está pensado para eso, para gustar, como a los cerdos les gusta una hamburguesa, fíjate qué contradicción. Pero créenos: no es lo más adecuado para ti”.


En su novela “La familia” la española Sara Mesa muestra un padre tiránico pero con ideas que muchos de sus lectores compartimos. Y abre muchas preguntas.


martes, 14 de noviembre de 2023

0783: para saber si lo que sufres es lo mismo de lo que sufro yo

“El paciente lleva varios días arrojando”. 

“La señora rompió la fuente antes de lo esperado”. 

“Hay muchos casos de lechina en este país”. 

Las tres son expresiones propias de una enfermera, un ginecólogo o una doctora. 

Las tres se pueden escuchar en casi cualquier consulta médica y todas utilizan el español como lengua vehicular, pero muchos usuarios no son capaces de comprender su significado. La falta de consenso entre las distintas variantes del castellano puede generar confusiones, malentendidos y lecturas erróneas. 

El problema, no obstante, tiene fácil solución. La Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) ha presentado este lunes el primer diccionario panhispánico de términos médicos, una herramienta digital y de acceso libre para poner fin a la falta de entendimiento en las consultas. El glosario recoge más de 70.000 vocablos y ha conseguido establecer una “norma consensuada” para velar por el uso correcto del español. 

La iniciativa ha salido adelante con el respaldo de una docena de países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

El Instituto Cervantes asegura que casi 500 millones de personas utilizan el español como lengua materna en todo el mundo, pero cada país tiene su propia variante. “Un doctor mexicano que trabaja en un hospital de Bolivia puede tener problemas para comprender a los pacientes, por eso hacía falta una herramienta como esta”, explica Cristina González, lexicógrafa y coordinadora general de la Unidad de Terminología Médica. El diccionario recoge la “riqueza del idioma español” y la ilustra con mapas, ejemplos y recomendaciones de uso.

Los expertos reconocen que el argot científico guarda más similitudes que diferencias, pero la amplia variedad de términos para referirse a los instrumentos, síntomas y enfermedades comunes rompe en cierto modo la estadística. “Durante las tareas de compilación, hemos encontrado muchas voces curiosas que pueden dar lugar a errores de interpretación en la consulta médica”, sostiene la lexicógrafa. En este sentido, romper la fuente, sala de expulsiones y quebranto son tres de las expresiones más extrañas para el público español.

Los pacientes de Colombia, Bolivia, Perú, México y Ecuador utilizan romper la fuente para referirse a la fractura del saco membranoso durante el parto de una mujer. En España, esta acción se conoce como romper aguas. Las habitaciones de un hospital acondicionadas para el parto también pueden generar dudas. Los españoles utilizan la palabra paritorio para denominar estas estancias, mientras que los mexicanos, los venezolanos y los ecuatorianos hablan de salas de expulsión. El ojo vago recibe en algunos países latinoamericanos el nombre de ojo flojo y los bastoncillos de algodón se conocen como cotonetes en casi todo el continente.

El resfriado, por ejemplo, se llama quebranto en Colombia, Costa Rica, Ecuador, México y Venezuela. Los mexicanos se refieren a la diarrea del viajero como la venganza de Moctezuma. Esta enfermedad digestiva suele estar causada por la ingesta de productos contaminados y produce heces líquidas y cólicos abdominales. La viruela, que provoca fiebre y erupciones cutáneas, tiene su variante lechina en buena parte del continente latinoamericano. Los pacientes costarriqueños utilizan la palabra chistate para hacer alusión a la cistitis y los escalofríos se conocen como chuchos en Argentina, Bolivia, México y Paraguay. El verbo utilizado para referirse a la expulsión bucal de alimentos y líquidos también cambia a cada uno de los lados del Atlántico. En España, los usuarios hablan de vomitar, mientras que los chilenos, argentinos, colombianos y peruanos definen la misma acción como arrojar.

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