viernes, 10 de abril de 2026

0901: LO IRÓNICO DEL VELORIO NO ES LA MUERTE… ES EL ESPECTÁCULO

Lo más triste de un velorio no es el ataúd. Es el ruido alrededor. El mismo teléfono que nunca sonó para preguntar “¿cómo estás?” hoy no deja de vibrar para anunciar: “ya falleció”

Y entonces aparecen. Como si la muerte tuviera más poder de convocatoria que la vida.

Llegan los abrazos que no dieron. Las flores que nunca regalaron.

Las palabras bonitas que jamás se atrevieron a decir cuando todavía podían escucharlas.

Algunos lloran fuerte… demasiado fuerte. Pero no lloran por amor. Lloran porque el silencio del ataúd les grita todo lo que no hicieron. Les recuerda la llamada que postergaron. La visita que prometieron.

El “luego paso” que nunca llegó.

Qué fácil es amar cuando ya no pueden responderte.

Qué cómodo es hablar bien de alguien cuando ya no puede señalar tu ausencia.

Qué sencillo es parecer buen hijo, buen hermano, buen amigo… cuando el único testigo ya no respira.

La verdad incomoda, pero alguien tiene que decirla:

Muchos funerales no están llenos de amor. Están llenos de culpa vestida de negro.

Y si este texto te molesta… no es porque sea cruel.

Es porque sabes que alguna vez prometiste una visita que nunca hiciste.

Reflexión final

No esperes a que el silencio de un ataúd te obligue a sentir lo que pudiste demostrar en vida. Llama hoy. Visita hoy. Abraza hoy. Porque el verdadero amor no se demuestra con coronas de flores… se demuestra con presencia cuando todavía hay latidos.

 

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