jueves, 13 de agosto de 2026

0928: El cerdito

 La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín pardusco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces dos, a veces tres que llegaban desde las casas en ruinas, más allá de la placita, atravesando el puente de madera sobre la zanja seca ahora, enfurecida de agua, en los temporales de invierno.

Aunque los niños empezaran a ir a la escuela, siempre lograban escapar de sus casas o de las aulas a la hora de pereza y calma de la siesta. Todos, los dos o tres; eran sucios, hambrientos y físicamente muy distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo del nieto perdido; a veces a Juan le correspondían los ojos o la franqueza de ojos y sonrisa; otras, ella los descubría en Emilio o Guido. Pero no transcurría ninguna tarde sin haber reproducido algún gesto, algún ademán del nieto.

Pasó sin prisa a la cocina para preparar los tres tazones de café con leche y los panqueques que envolvían el dulce de membrillo.

Aquella tarde los chicos no hicieron sonar la campanilla de la verja sino que golpearon con los nudillos el cristal de la puerta de entrada. La anciana demoró en oírlos pero los golpes continuaron insistentes y sin aumentar su fuerza. Por fin, porque había pasado a la sala para acomodar la mesa, la anciana percibió el ruido y divisó las tres siluetas que habían trepado los escalones.

Sentados alrededor de la mesa, con los carrillos hinchados por la dulzura de la golosina, los niños repitieron las habituales tonterías, se acusaron entre ellos de fracasos y traiciones. La anciana no los comprendía pero los miraba comer con una sonrisa inmóvil; para aquella tarde, después de observar mucho para no equivocarse, decidió que Emilio le estaba recordando al nieto mucho más que los otros dos. Sobre todo con el movimiento de las manos.

Mientras lavaba la loza en la cocina oyó el coro de risas, las apagadas voces del secreteo y luego el silencio. Alguno caminó furtivo y ella no pudo oír el ruido sordo del hierro en la cabeza. Ya no oyó nada más, bamboleó el cuerpo y luego quedó quieta en el suelo de la cocina.

Revolvieron en todos los muebles del dormitorio, buscaron debajo del colchón. Se repartieron billetes y monedas y Juan le propuso a Emilio:

—Dale otro golpe. Por las dudas.

Caminaron despacio bajo el sol y al llegar al tablón de la zanja cada uno regresó separado, al barrio miserable. Cada uno y su choza y Guido, cuando estuvo en la suya, vacía como siempre en la tarde, levantó ropas, chatarra, desperdicios del cajón que tenía junto al catre y extrajo la alcancía blanca y manchada para guardar su dinero; una alcancía de yeso en forma de cerdito con una ranura en el lomo.


Juan Carlos Onetti


jueves, 6 de agosto de 2026

0927:Garota de Ipanema

 A 64 años de “Garota de Ipanema”, la canción sigue siendo un ícono de la música brasileña y de la bossa nova. Aquí te cuento su origen y evolución:

 Origen de “Garota de Ipanema”

Autores: Antonio Carlos Jobim (compositor) y Vinicius de Moraes (letrista), dos gigantes de la música brasileña.

Inspiración: La musa fue Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, una adolescente de 15 años que vivía en la calle Montenegro del barrio Ipanema, en Río de Janeiro.

Lugar clave: El bar Veloso, donde Jobim y Vinicius se reunían a conversar y componer. Heloísa pasaba por allí a diario, y su forma de caminar cautivó a los músicos.

Título original: La canción se llamó primero “Menina que passa” (“La chica que pasa”), pero luego se cambió a “Garota de Ipanema”.

 Impacto mundial

La versión en inglés, interpretada por Astrud Gilberto, se convirtió en un éxito global.

Ganó el Grammy al Disco del Año en 1965.

Se convirtió en una de las canciones más versionadas de todos los tiempos.

 La verdadera “Garota”

En 1965, Vinicius confirmó públicamente que la chica era Heloísa.

La describió como “una mezcla de flores y sirenas, llena de luz y gracia, pero también de tristeza por la fugacidad de la juventud”.

Heloísa se convirtió en figura pública en Brasil, incluso posó para Playboy en 1987 y 2003.

 Controversia legal

Heloísa abrió una tienda de ropa llamada Garota de Ipanema.

Los herederos de Jobim y Vinicius intentaron demandarla por usar el nombre.

El juez falló a favor de Heloísa, quien expresó su decepción: “Nunca recibí dinero por la canción, pero ahora quieren prohibirme ser la chica de Ipanema. Eso es ir demasiado lejos”

“Garota de Ipanema” no solo es una canción, es un símbolo cultural de Brasil que ha dejado una huella profunda en la identidad nacional y en la percepción global del país. Aquí te explico cómo influyó:

🇧🇷 1. Icono de la bossa nova

La canción se convirtió en el estandarte del movimiento bossa nova, un género que fusiona samba con jazz y que emergió en los años 50 y 60.

Su ritmo suave, melancólico y sofisticado capturó la esencia de la vida carioca: relajada, sensual y poética.

🌍 2. Proyección internacional de Brasil

La versión en inglés, interpretada por Astrud Gilberto, llevó la música brasileña a los escenarios internacionales.

Fue la segunda canción más grabada de la historia, solo detrás de “Yesterday” de The Beatles.

Ayudó a posicionar a Brasil como un país de cultura vibrante y talento musical.

💃 3. La imagen de la mujer brasileña

La “Garota” se convirtió en un arquetipo: joven, bella, libre, caminando hacia el mar.

Representó una idealización de la mujer carioca, aunque también generó debates sobre la objetivación femenina y el rol de la musa en el arte.

🏖️ 4. Turismo y cultura popular

El barrio de Ipanema se volvió un destino turístico icónico.

El bar Veloso fue rebautizado como Garota de Ipanema, y la historia de Helô Pinheiro atrajo curiosos de todo el mundo.

⚖️ 5. Controversia y legado

La canción generó disputas legales cuando Helô Pinheiro usó el nombre para su tienda de ropa.

A pesar de no recibir regalías, ella fue reconocida como parte inseparable del mito cultural.

🎤 6. Influencia artística

Ha sido versionada por artistas como Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Amy Winehouse y Caetano Veloso.

Aparece en películas, comerciales y series, manteniendo su vigencia como símbolo de elegancia y nostalgia.


domingo, 2 de agosto de 2026

0926: el mes de la Pachamama

 Dulces, plantas medicinales, incienso y los sullus (fetos disecados de llama) son partes esenciales de las ofrendas entregadas en distintos lugares de Bolivia este sábado, al iniciar el mes dedicado a la Pachamama para agradecerle por los bienes logrados en el último año y pedir una renovada prosperidad.


Agosto es el mes elegido para presentar este agradecimiento porque concluye la primera temporada agrícola en el mundo andino y  en este momento del año la Madre Tierra abre la boca para alimentarse con ofrendas que retribuyan los frutos dados y los que dará en el futuro.


Algunas ofrendas se entregan en las áreas urbanas en viviendas y comercios, pero también hay quienes las ofrecen en los sitios considerados sagrados en la cultura andina, como La Cumbre, un paso entre las montañas a unos 4.200 metros de altitud que conecta a la ciudad de La Paz con la zona subtropical de Los Yungas.


La gente suele trasladarse allí desde la madrugada y algunos inician el ritual cuando aún está oscuro, para esperar con la ofrenda ya hecha la salida del sol para recargar las energías.


«Muy felices y contentos de estar dando el agradecimiento a la Pachamama, siempre con la fe y con mucho cariño. No simplemente es recibir, también es dar»


Lo primordial en una ofrenda es la llamada «mesa» con dulces de distintas formas y los «misterios», unas pequeñas tablas de azúcar con diversas imágenes en las que se cree que sale la suerte de quien hace el ofrecimiento.


También incluye la wira k’oa, una planta medicinal sagrada que crece en el Altiplano, resinas aromáticas vegetales y la grasa de llama, además del sullu, frutas, flores, canela y azúcar, entre otros.


Estos elementos se acomodan encima de una estructura de maderas.


Quienes presentan la ofrenda la deben ch’allar con alcoholes, para después prenderle fuego y esperar hasta que quede reducida a cenizas. Una vez enfriado, el residuo se entierra.


Además de La Cumbre, hay otros sitios a donde también acude la gente para entregar sus ofrendas al ser considerados sagrados en la cultura andina, como la Waraco Apacheta, situada en las afueras de El Alto, y los cerros Pajchiri y Lloco Lloco en el Altiplano boliviano.


miércoles, 29 de julio de 2026

0925: algo de William Faulkner

 O quizá no ese bebé, no el mío, porque, ya que yo misma destruí al mío cuando me deslicé por la puerta trasera de aquel tren aquel día hace ocho años, necesitaré todo el perdón y el olvido de que es capaz un bebé de seis meses. Pero sí el otro: el tuyo: del que me hablaste: el que habías llevado seis meses en tu vientre cuando fuiste al pícnic o al baile o convite o peleao lo que fuera y aquel hombre te dio una patada en el vientre y lo perdiste.

¿Cómo? ¿El padre le dio a usted una patada en el vientre cuando estaba embarazada?

No lo sé.

¿No sabe quién le dio la patada?

Eso sí lo sé. Creí que se refería a si era el padre.

¿Quiere decir que el hombre que le dio la patada no era el padre?

No lo sé. Cualquiera de ellos podía serlo.

¿Cualquiera de ellos? ¿No tiene usted idea de quién era el padre?

Si se sienta usted sobre una sierra, ¿podría decir qué diente lo hirió primero? ¿Qué pasa con él?

¿Podría también ese bebé estar allí, que nunca tuvo padre y que nunca nació, para perdonarte? ¿Hay un cielo al que pueda ese bebé ir para perdonarte? ¿Hay un cielo, Nancy?

No lo sé. Yo creo.

¿Crees en qué?

No lo sé. Pero yo creo.

Todos se interrumpen al ruido de pasos que se aproximan al otro lado de la puerta de entrada, todos miran la puerta cuando la llave golpea de nuevo el cerrojo y la puerta se abre y entra el Carcelero cerrando la puerta tras de sí.

Treinta minutos, Abogado. Usted lo dijo, ¿sabe?: no yo.

Volveré más tarde.

Con tal de que no venga demasiado tarde. Quiero decir, si se espera hasta la noche para volver, puede que tenga compañía; y, si lo deja para mañana, ya no tendrá clienta. (a Nancy) Encontré al predicador que querías. Dijo que estaría aquí hacia el atardecer. Su voz suena como si pudiera ser un buen barítono. Y nunca se tienen suficientes, especialmente porque después de esta noche ya no te hará falta uno, ¿eh? No me guardes rencor, Nancy. Cometiste el crimen más horrible que ha visto el condado, pero estás a punto de pagar por ley, y si la propia madre del niño... Ya estoy otra vez hablando de más. Vamos, si es que el Abogado ha terminado contigo. Podrás empezar a tomarte tu tiempo mañana al amanecer, porque puede que tengas un duro y largo viaje.

¿Y qué pasa conmigo? Aun en el caso de que haya uno y alguien esté esperándome en él para perdonarme, siempre queda el mañana y el mañana. E imagina mañana y mañana, y que después no haya nadie, nadie esperándome para perdonarme... Crea.

¿Creer en qué, Nancy? Dímelo.

Crea.


Sí, señor. Un duro y largo camino. Si alguna vez enloqueciese yo hasta el punto de cometer un asesinato que me llevase a meter la cabeza en un nudo corredizo, la última cosa que querría ver sería un predicador. Mil veces mejor creer que no hay nada después de la muerte que arriesgarse al puesto al que seguramente iría yo a parar. (espera, sujetando la puerta y mirando atrás hacia ellos. Temple permanece inmóvil hasta que Stevens le toca ligeramente el brazo. Entonces se mueve, tropieza ligera e infinitesimalmente; tan infinitesimal y rápidamente se recobra que el Carcelero apenas alcanza a reaccionar, aunque lo hace: con rápido interés, con ese modo casi gentil, casi articulado que hay en él, apartándose de la puerta, dejándola incluso abierta cuando comienza a dirigirse rápidamente hacia ella)

Aquí; siéntese en el banco; le traeré un vaso de agua.

Estoy bien. 

¿Está segura?

Sí. Segura.

Muy bien. Desde luego no la censuro. Maldito si entiendo cómo puede soportar este hedor ni siquiera una negra asesina.

Pasa por la puerta y sale, invisible pero aún sujetando la puerta y esperando para cerrarla. Temple, seguida por Stevens, se aproxima a la puerta.

Buenas. Gowan, aquí está su esposa.

Alguien que lo impida. Alguien que quiera hacerlo. Si no hay nadie, estoy hundida. Todos lo estamos. Condenados. Malditos.

Claro que lo estamos. ¿No nos lo ha estado diciendo Él desde hace dos mil años?

Temple.

Voy.

Salen. Se cierra la puerta con un estrépito metálico, el estrépito y el golpear de la llave, mientras el Carcelero echa de nuevo el cerrojo y luego los tres pares de pisadas suenan y van desapareciendo por el pasillo exterior.


domingo, 26 de julio de 2026

0924: un libro que se llama Islandia

 -¿Fuiste al psiquiatra, como te mandaron tantas veces?

-Sí, voy al psiquiatra y al psicólogo. Ahora tengo otros padecimientos: la vulnerabilidad de los seres humanos ha sido un tema tabú, sobre todo en los hombres. Pero estamos hechos de una fragilidad tremenda.

-Vos decís en la novela: “Estoy harto de ser un hombre y un hombre histórico”. Explicame.

-Creo que el hombre ha cumplido su ciclo, ya no da más de sí.

-¿Qué quiere decir eso?

-Quiere decir que el ciclo histórico de la masculinidad está concluido. Que hay otro orden en las relaciones entre hombres y mujeres. Hay muchos hombres que se han cansado de que la historia les dicete ese papel horrible de la masculinidad. Y el hombre que aparece en Islandia está cansado de ser hombre.

-Pero a los diez minutos ya tiene otras mujeres. Se porta como un “hombre histórico”. Dice: “Estoy destrozado, estoy destrozado y no puedo más” mientras le contesta el WhatsApp a otra.

-Sí, está determinado por su historicidad, que nos determina a todos. La literatura es la única posibilidad, a través de la imaginación, el deseo, incluso el erotismo, de salirnos de la determinación histórica. Somos lo que somos en función de los valores históricos con que vivimos. Dentro de cincuenta años habrá otros valores y la gente será de otra manera y nos mirarán a nosotros, probablemente, con cierto aire de pena, como nosotros podemos mirar la España de hace cincuenta años. La historia no ha terminado, la historia no ha muerto, eso es mentira.


miércoles, 22 de julio de 2026

0923: No tenía oído musical, desafinaba y pegaba alaridos

 El espectáculo que daba era tan bochornoso, que despertaba fascinación en el público, que no ocultaba sus risotadas detrás de la mano, una carpeta, acompañadas de miradas cómplices. Los espectadores acudieron esa noche al teatro luciendo sus mejores galas de la época: tapados de piel, collares con brillantes. Florence hizo lo propio y se inclinó por un atuendo extravagante. Su vestido, cargado de brillos, llevaba alas en la espalda, uno de sus modelos favoritos que ella misma diseñaba.

Con una confianza inquebrantable, digna de tutoriales de autoayuda, Florence estaba convencida de que cantaba bien, y disfrutaba de su interpretación con bailes, mientras lanzaba flores a su público. Si advertía alguna burla, creía que era por pura envidia o falta de buen gusto musical. Además, al final de sus conciertos, el público se acercaba a felicitarla calurosamente. No podía estar equivocada.

Una niña prodigio

Florence Foster Jenkins nació el 19 de julio de 1868 en Pensilvania. Era hija de un abogado y terrateniente de buena posición. Desde niña demostró aptitudes musicales al piano. Tenía tan solo siete años cuando tocó en la Casa Blanca ante el presidente Rutherford Hayes. Pero el futuro brillante se le escapó de las manos.

Cuando terminó el colegio, Florence tenía intenciones de estudiar música en Europa. Pero su padre se opuso: las jóvenes de la alta sociedad no viajaban solas por el continente, se casaban. Ella obedeció, pero no exactamente en los términos que él esperaba. A los 17 años se casó con el doctor Frank Thorton Jenkins, un médico de 33 que la contagió con sífilis. El matrimonio duró un año. Florence lo abandonó y nunca más le dirigió la palabra.

La enfermedad le dañó el brazo y con ello su soñada carrera como pianista. Junto con su madre quien también había dejado a su marido, se mudaron a Nueva York sin respaldo económico. Durante años, Florence se ganó la vida dando lecciones de piano, aunque muy lejos de los escenarios que había imaginado.

El verdadero giro llegó en 1909, con la muerte de su padre. Con el dinero heredado tomó la decisión de dedicarse al canto. Encaró el proyecto con absoluta seriedad, ya que tomó lecciones con algunos de los mejores maestros. Todos, tarde o temprano, se enfrentaban al mismo dilema ético: cobrar el dinero o decirle la verdad. La mayoría optó por ambas cosas en ese orden.

La mujer ya cerca de los 50 años intentaba cantar con la solemnidad de una gran soprano. El resultado, sin embargo, era pobre: no tenía voz, carecía de oído musical y no se ahorraba alaridos en sus interpretaciones. Uno de sus biógrafos atribuyó esa imposibilidad de afinar a los tinitus y los problemas auditivos provocados por la sífilis.

Nada fue un obstáculo en su vida para integrarse a los clubes musicales de moda, espacios exclusivos dedicados a la promoción de grandes intérpretes y compositores. Incluso, fundó su propio club, el Verdi, bautizado en homenaje al compositor italiano, y logró convertirlo en uno de los centros de la vida cultural neoyorquina. Florence oficiaba de anfitriona, mecenas y, llegado el momento, como estrella.

Una atracción de la alta sociedad

Sobre el escenario del Club Verdi hizo su debut como cantante y fue impactante: el público no sabía de qué se trataba el show, si lo hacía en serio o era una broma de mal gusto. Algunos debieron salir corriendo de la sala para largar la carcajada fuera y no ofender a la artista.

Una de sus anécdotas más increíbles se remontan a un accidente en taxi que tuvo en 1943. Fue cuando descubrió que podía cantar “un fa más alto que nunca”. En lugar de una demanda, le regaló una caja de puros caros al chofer.

Lady Florence, como le gustaba que la llamaran, siguió adelante y ofreció recitales anuales memorables en el hotel Ritz Carlton. Las entradas no eran fáciles de conseguir, ya que ella misma solía distribuirlas a un selecto club de mujeres y elegidos. Su repertorio incluía a Mozart y Bach, además de composiciones propias, y completaba el número con vestidos, siempre ostentosos y extravagantes, diseñados por ella misma, que iban cambiando durante el espectáculo como una verdadera diva.

Ella parecía no registrar nada de esto, o si lo hacía, no le importaba. Año tras año repitió sus presentaciones en hoteles exclusivos. También actuó como mecenas de jóvenes cantantes líricos con talento real. Ese rol convivía con el enigma central de su figura: si desconocía de verdad la magnitud de sus limitaciones o si toda su carrera había sido una parodia sostenida con convicción total.

El público se reía de ella y acudía a sus funciones como quien busca un espectáculo cómico, un placer culposo. Durante años recibió presiones para actuar en el Carnegie Hall, la sala más prestigiosa de la ciudad, y siempre respondía que todavía no estaba preparada. En 1944, con 76 años, finalmente aceptó.

La función tuvo un vestuario desbordado: apareció envuelta en tul, con alas, corona y flores en los brazos que arrojaba al público. Los asistentes levantaban esas flores y se las devolvían para que pudiera lanzarlas otra vez, en una secuencia que se prolongó durante varios minutos.

El recital de 1944 fijó su leyenda

Por primera vez no cantaba ante un círculo de admiradores elegidos por ella, sino frente a miles de desconocidos. Las carcajadas, los silbidos, los gritos y los aplausos terminaron por cubrir casi por completo su voz. Sin embargo, Florence parecía disfrutar que todas las miradas estuvieran puestas en ella. Era su noche.

The New York Times se negó a reseñar el recital. Otro diario de la ciudad lo definió como “la mayor broma masiva de la historia de Nueva York. La señora Florence puede cantar cualquier cosa. Menos notas musicales, claro”.

Circularon dos versiones sobre su reacción. Una sostenía que atribuyó los silbidos y las risas a infiltrados enviados por sus enemigos y que se disgustó con las críticas; la otra asegura que bajó del escenario feliz y dijo: “Dicen que no puedo cantar, puede ser. Pero está claro que he cantado toda mi vida”.

Su vida inspiró al menos dos películas, estrenadas en 2016. Una llamada Florence Foster Jenkins, protagonizada por Meryl Streep, acompañada por Hugh Grant y dirigida por Stephen Frears. Y otra versión fue una coproducción franco belga checa, Madame Margarite.

Un mes después de esa noche, Florence Foster Jenkins murió en el hospital donde había ingresado dos días después de la función con un problema coronario severo. Había conseguido exactamente lo que quería: ofrecer un concierto como las grandes estrellas de su género, las divas de su época, a las que consideraba pares.


sábado, 18 de julio de 2026

0922: Cómo decorar tu casa según tu signo y sentirte mejor en cada espacio

 Aries — Energía en movimiento

Aries es fuego puro: acción, impulso, ganas de moverse. Cuando trabajo con un Aries, lo primero que descarto es cualquier ambiente que lo frene. Necesita un espacio que sostenga esa energía, no que la reprima.

Por eso, el estilo que mejor le queda es el industrial: ladrillo a la vista, metal, madera natural, líneas rectas, cero adornos innecesarios. Nada de cuadros decorativos vacíos ni almohadones de más. En la casa de un Aries, cada objeto tiene que justificar su lugar. Si no cumple una función o no significa algo, sobra.

Mi tip de diseñadora para este signo: Aries se aburre rápido, así que evito venderle muebles fijos o soluciones definitivas. Le recomiendo piezas modulares, livianas, que se puedan mover o reconfigurar sin esfuerzo. Un living que se pueda reinventar en una tarde es, para un Aries, sinónimo de libertad.


Tauro — Una casa que active los sentidos

Tauro es el signo más sensorial del zodíaco y, regido por Venus, tiene una relación casi física con el confort. Pero ojo, no hablo del confort de revista, de esos livings que se ven cómodos en foto y son un incordio en la vida real. Hablo del confort de verdad, el de llegar a tu casa después de un día largo y sentir que el cuerpo tiene espacio donde relajarse.

Para Tauro trabajo siempre con el estilo campestre o rústico: madera maciza, piedra, textiles naturales como el lino o el algodón grueso. Nada de sintético, Tauro lo nota enseguida, casi sin darse cuenta, en la calidad de cómo se siente un ambiente.

La paleta ideal es de tierra: beige, tostado, verde oliva, blanco roto. Una mesa con historia, una manta de lana, una vela con buen aroma. Todo lo que uno puede tocar, oler y sentir.

Un dato de diseño que aplico siempre en estos proyectos: activar los cinco sentidos en un mismo ambiente —textura al tacto, aroma, luz cálida, materiales nobles— es lo que hace que un espacio se sienta “hogar” y no solo “decorado”. Esa es, literalmente, la fórmula de una casa Tauro.


Géminis — Mil personalidades, mil espacios

Géminis es el signo más difícil de encasillar en un solo estilo, y con razón: tiene mil personalidades, y su casa también las necesita. El error más común que veo es tratar de meter a un Géminis en un ambiente cerrado y de un solo lenguaje estético. Se aburre en dos semanas.

Por eso, el estilo que mejor le sienta es el ecléctico o boho chic: la mezcla inteligente de lo clásico y lo moderno. Un mueble antiguo con tapizado contemporáneo, una lámpara industrial sobre una mesa de madera minimalista. La clave está en la palabra “inteligente”: no es amontonar estilos, es combinarlos con criterio.

Lo que sí necesita Géminis, sin excepción, son zonas diferenciadas dentro de su propia casa: un rincón para trabajar, uno para recibir gente, uno para leer o simplemente estar. Ayuda a su cabeza a ordenarse cuando el espacio ya viene ordenado por función.

Mi tip para este signo: como Géminis necesita variedad todo el tiempo, sugiero una base neutra —blancos rotos, verdes suaves, madera natural— y un único color de acento que se pueda cambiar cada temporada. Así renueva la energía de su casa sin mudar un solo mueble.


Cáncer — Una casa con alma

Cáncer no decora una casa, construye un refugio. Es el signo más emocional del zodíaco y su relación con el hogar es casi ancestral; para Cáncer, la casa es memoria, es historia familiar, es un lugar donde el tiempo pasa distinto.

El estilo que mejor lo representa es el vintage: muebles con historia, paletas suaves, fotos en marcos distintos, objetos heredados. Nada de espacios fríos ni superficies muy brillantes; para Cáncer, todo tiene que tener alma, tiene que sentirse “vivido”.

El truco que más le recomiendo: armar una galería de fotos en la pared principal de su living o su cuarto. No hace falta que sea perfecta ni simétrica, de hecho, mejor si no lo es. Tiene que ser auténtica. Cáncer necesita ver su historia en las paredes para sentirse en casa.


Leo — Espacios con presencia

Leo no decora: escenifica. Y lo digo con cariño y con total admiración profesional, porque trabajar con un Leo es divertido. Entiende que un espacio bien diseñado también comunica quién sos.

Su estilo es el clásico o tradicional: molduras en paredes y techos, muebles con volumen, telas con textura. Los colores tienen que ser profundos —verde botella, azul petróleo, borgoña— o ir directamente al contraste de blanco con dorado. Con Leo no hay término medio: o el ambiente tiene carácter, o no sirve.

El dato clave que aplico en cada proyecto Leo: necesita un punto focal en cada ambiente. Un lugar donde la vista descanse y diga “esto es importante para mí”: puede ser una lámpara, un cuadro de gran formato o un sillón con presencia propia. Sin ese protagonista, un espacio para Leo se siente incompleto, por más bien decorado que esté.


Virgo — En orden y en calma

Virgo es, sin dudas, el signo que más disfruta del orden. Y eso no tiene nada de aburrido. El orden, para Virgo, es la forma más concreta de tener paz mental.

El estilo que mejor le sienta es el minimalista: paleta neutra, muebles de líneas limpias, nada a la vista que no cumpla una función. Pero ojo, el minimalismo de Virgo no tiene que ser frío; se logra con texturas sutiles, buen aprovechamiento de la luz natural y —esto es innegociable— cada objeto en su lugar exacto.

Mi truco para este signo, el que más resultado me da: invertir en buenas soluciones de guardado. Para Virgo, tener dónde guardar cada cosa cambia completamente su relación con el espacio. No es estética, es salud mental.

viernes, 10 de julio de 2026

0921: La dentadura


Fausto Arrayán, que se apareció muy entrado el verano, lleno de cortesanas esperanzas y vivos recuerdos de recientes aventuras. No obstante, la hermosura de Águeda despertó en él memorias frescas aún, y se renovaron con mayor animación por parte del galán los diálogos y los ventaneos y los paseos y las ternezas. Águeda le parecía doblemente linda y atractiva que antes, y un fueguecillo impetuoso empezaba a comunicarse a sus sentidos. Cierto día que, hablando con uno de sus amigos de la niñez, manifestó la impresión que le causaba la belleza de Águeda, el amigo respondió:

—¡Ya lo creo! Ha ganado un cien por cien desde que se puso dientes nuevos.

Atónito quedó Fausto. ¿Cómo? ¿Los dientes? ¿Todos, sin faltar uno? ¡Cuánto trastorna la vanidad femenil! Y soltó una carcajada de humorístico desengaño…

Cuando, años después, le preguntó alguien por qué había roto tan completamente con aquella Águeda, que aún permanecía soltera y llevaba trazas de seguir así toda la vida, Fausto Arrayán, ya célebre, glorioso, dueño del presente y del porvenir, respondió, después de hacer memoria un instante:

—¿Águeda…? ¡Ah, sí! Ahora recuerdo… ¡Porque no es posible que entusiasme una muchacha sabiendo que lleva todos los dientes postizos!…

 

domingo, 5 de julio de 2026

0920: los que se cogieron a Taylor Swift antes de Travis Kelce

Todo comenzó en 2008, cuando Swift, entonces de 18 años, tuvo su primer  polvo con el músico Joe Jonas. La ruptura, que Jonas ejecutó por teléfono en 25 segundos, quedó registrada en The Ellen DeGeneres Show.

En 2009, Swift tuvo dos romances breves. Primero con el actor Lucas Till, su coprotagonista en el videoclip de “You Belong with Me”, quien confirmó la relación a MTV con una explicación poco habitual. Ese mismo año, Swift salió brevemente con el actor Taylor Lautner, relación que inspiró la canción “Back to December”

También en 2009 comenzó el vínculo con el músico John Mayer, cuya relación suscitó controversia por la diferencia de edad: Swift tenía 19 años y él rondaba los 30.

La cantante abordó ese desequilibrio en la balada “Dear John”, con versos como “¿No crees que 19 es demasiado joven / para ser manipulada por tus oscuros y retorcidos juegos, cuando tanto te amé?”.

En 2010, Gwyneth Paltrow presentó a Swift con el actor Jake Gyllenhaal en una cena en su casa. “Conozco a Jake desde hace mucho tiempo, es un gran chico”, explicó Paltrow a USA Today.

La relación, que duró apenas unos meses, inspiró la que muchos consideran la canción más emblemática de Swift: “All Too Well”

En el verano de 2012, Swift estuvo con Conor Kennedy, nieto de Ethel Kennedy, quien describió a la cantante como “espectacular” y “sensacional por dentro y por fuera” en declaraciones al The Cape Cod Times.

Ese mismo año, salió con el cantante británico Harry Styles, de la banda One Direction. La relación fue breve.

En 2015, Swift conoció al DJ escocés Calvin Harris en los Elle Style Awards, con presentación de la cantante Ellie Goulding. Salieron durante poco más de un año, con escenas de afecto que incluyeron besos en la ceremonia de los Billboard Music Awards. La relación terminó en mayo de 2016.

Ese mismo mes, Swift coincidió en la Gala Met con el actor británico Tom Hiddleston. En junio, la prensa los fotografió besándose en una roca frente a la mansión de Swift en Rhode Island.

La relación, bautizada por los tabloides como “Hiddleswift”, fue intensa y muy pública, con viajes a Inglaterra, Roma y Australia y encuentros con las respectivas familias.

Hiddleston confirmó el romance en julio de 2016 a The Hollywood Reporter: “Taylor y yo estamos juntos y somos muy felices”. En septiembre de ese año, la relación había concluido.

En la Gala Met de 2016, Swift conoció al actor británico Joe Alwyn. La relación, que se hizo pública en mayo de 2017, fue la más larga y reservada de su historial: seis años y medio.

Alwyn colaboró con Swift en la composición de varios temas bajo el seudónimo “William Bowery”, entre ellos “Champagne Problems” y “Exile”, incluidos en los álbumes Folklore y Evermore.

En junio de 2024, el artista habló por primera vez de la ruptura, ocurrida en abril de 2023, en una entrevista con The Sunday Times.

“Espero que cualquier persona pueda empatizar y entender las dificultades que conlleva el fin de una relación larga, amorosa y plenamente comprometida de más de seis años y medio. Eso es difícil de gestionar”, aseguró.

Y añadió: “Siempre habrá una brecha entre lo que se sabe y lo que se dice”.

En mayo de 2023, una breve relación con el cantante Matty Healy, vocalista de The 1975, acaparó la atención mediática antes de que TMZ confirmara su fin tras apenas un mes.

Según una fuente citada por Entertainment Tonight, “ambos son extremadamente ocupados y se dieron cuenta de que no son realmente compatibles

 

lunes, 29 de junio de 2026

0919: la bailarina

 La anciana, que parecía estar completamente alelada, llevaba un niño de pocos meses atado a la espalda y dos niñas, de unos tres y cinco años, cogidas de la mano. De un sucio hatillo asomaba un cestito de arroz y unas cuantas ciruelas secas. Otros cinco o seis peones la rodeaban y trataban de animarla. Yo me hice cargo de ella sin vacilar.

—De acuerdo. Con mucho gusto.

—¡Oh, gracias! Debía acompañarla yo mismo, pero me es totalmente imposible.

Y, uno tras otro, los trabajadores fueron saludándome con una profunda reverencia.

La lancha se balanceaba violentamente. La bailarina, con los labios apretados, tenía los ojos fijos en un punto. Al extender la mano hacia la escala de cuerda, me volví ligeramente para decir adiós, pero sólo pude saludar con un movimiento de cabeza. Luego, la lancha nos llevó al barco y volvió al muelle. Eikichi agitaba incesantemente la gorra que yo le había regalado.

Entonces, a lo lejos, la pequeña bailarina empezó también a agitar algo blanco.

Hasta que el vapor salió de la bahía de Shimoda y dobló la punta sur de la península de Izu, permanecí apoyado en la borda, sin dejar de mirar la isla de Oshima, que se alzaba en el inmenso mar. De pronto, tuve la sensación de que hacía ya mucho tiempo que me había despedido de mi pequeña amiga. Luego, entré en el camarote, para atender a la anciana. La encontré rodeada de personas que le hablaban, en tono amistoso y consolador.

Tranquilizado, me fui al camarote contiguo. En el tempestuoso mar de Sagami había fuerte oleaje que nos zarandeaba violentamente a derecha e izquierda. Me tendí en la colchoneta, con la cabeza apoyada en la cartera. Sentía un extraño vacío en la cabeza. Lentamente, resbalaron por mis mejillas unas lágrimas, que cayeron en la cartera. Sentí un escalofrío, y di la vuelta a la cartera.

Cerca de mí viajaba un muchacho, hijo de un fabricante de Kawazu, que iba a Tokio para examinarse de ingreso. Mi gorra de la Primera Escuela Superior pareció infundirle respeto y me habló con gran cortesía:

—¿Ha sufrido alguna desgracia?

—No, no. Sólo fue una despedida —respondí con franqueza.

Me tenía sin cuidado que me vieran llorar.

No pensaba en nada. Pero sentía qué las lágrimas me devolvían la paz de espíritu


jueves, 18 de junio de 2026

0918: “Messi es un perro”

 “Descubrí esta tarde, mirando ese video, que Lionel Messi es un perro. O un hombre perro. Messi es el primer perro que juega al fútbol". La frase es de Hernán Casciari y la escribió en 2012, cuando todavía faltaban diez años para que Argentina ganara su tercera estrella en Qatar.

El primero de los relatos, Messi es un perro, surgió de una observación que Casciari no buscó. Estaba mirando videos del futbolista cuando notó algo en su mirada al recibir la pelota: una concentración que le recordó a Totín, un perro salchicha que tuvo de chico y que observaba una esponja amarilla con una fijación casi mística, ajena a cualquier distracción del entorno. El cuento mezcla postales de su infancia, recuerdos familiares y una teoría construida con humor sobre esa conexión casi inexplicable entre el jugador y el balón. Se viralizó con rapidez y se convirtió en uno de los textos más leídos del autor.

“No escribí estratégicamente un texto, sino que se me ocurrió que eso podía ser interesante y divertido”, explicó Casciari. El escritor, nacido en Mercedes, provincia de Buenos Aires, en 1971, fue enfático al describir su proceso creativo: "Yo nunca tomo una decisión en la escritura. Yo escribo sobre cosas que me conmueven o que me llaman la atención".

Esa lógica, dijo, aplica a toda su obra. Entre sus cerca de 900 cuentos publicados, solo dos tienen a Messi como protagonista, y los separan exactamente diez años.

“La valija de Lionel”

El segundo relato, La valija de Lionel, apareció en la revista Orsai tras la consagración de Argentina en Qatar 2022 y tiene un origen diferente. Casciari vivió en Barcelona, España, entre 2003 y 2004, época en que emigró junto a otros argentinos que, como él, armaron redes informales para sobrevivir lejos de casa. En esos chats de compatriotas en el extranjero, los mensajes iban desde la búsqueda de una carnicería que cortara la carne “paralela al nervio” hasta la de una panadería que ofreciera “sanguchitos de miga” o compañeros de piso en la zona del Eixample.

Fue en ese contexto donde Casciari escuchó por primera vez el apellido Messi. “Rápidamente lo até a una historia de migrantes a la que Messi también pertenece", contó. El relato conecta la experiencia de esa comunidad de argentinos dispersos con la figura de un joven que por entonces daba sus primeros pasos en el fútbol profesional europeo y que, dos décadas después, se convertiría en el jugador más laureado de la historia.

La valija de Lionel fue el texto que llevó al propio Messi a las lágrimas cuando lo leyó, un detalle que trascendió y que amplificó la repercusión del relato más allá del círculo literario. “Anto me mostró lo de Hernán, lo que escribió, cómo lo contó, fue impresionante, nos pusimos a llorar los dos porque es algo muy cierto todo lo que cuenta, muy emotivo”, le dijo Messi a Andy Kusnetzoff.

“Esas fueron las dos únicas veces que escribí sobre el tema”, aclaró Casciari. “Así que no hay decisión en la escritura. Yo creo que nunca decidí escribir sobre nada, sino que son cosas que me pasan por la cabeza, se me ocurren y está el teclado cerca”.


sábado, 13 de junio de 2026

0817: : frases del Indio Solari

 La vocación

“Cuando me echaban de todos los colegios, yo no me ponía contento. Uno no se jactaba de algo así, porque dolía. Además había que bancarse a los padres remachando eso de que con la guitarrita y con la escritura me iba a cagar de hambre. Y la realidad parecía darles la razón: tus compañeros se habían recibido y vos seguías amurado en un cuartucho, escribiendo, pintando con pintura regalada… Y mientras tanto, mirabas al cielo y te rebelabas, pensando: ¿Por qué me despertás esta ambición si no tengo posibilidades?”


La cabeza

“Durante esos tres años, del ’67 al ’69, la psicodelia fue lo más importante que me pasó. Yo me considero un hombre de la psicodelia. Imagino que hoy habrá otras experiencias a disposición, que le serán parangonables de algún modo. Pero aquello era otro contexto y otras drogas. Lo que hizo en mí fue abrir mi cabeza, básicamente.”


Los Redondos

“Es que éramos decadentes de verdad, ninguno de nosotros podía pasar por un miembro productivo de la sociedad. Haber sido marginal en serio —política, cultural, socialmente— te dotaba de una cierta fortaleza. Lo que perseguíamos no era una satisfacción epitelial, efímera. En la época que empezamos no había premio alguno, ninguna zanahoria bailando ante tus narices.”


La misa

“Creo que lo que inspiró esa cosa religiosa fue, sencillamente, la felicidad de la gente que nos iba a ver. A pesar de que de algún modo pareciese una contradicción, porque la temática que tocábamos, la tensión que producíamos, distaba de ser ligera. Pero la gente salía feliz de los shows. Eso era lo que te quitaba de encima el demonio, no era cuestión de rezar: lo que funcionaba era ir a un lugar donde lo expulsabas de veras, participabas de una experiencia dionisíaca.”


Después de Los Redondos

“Cuando se rompieron Los Redondos, me preguntaban: Y ahora, ¿Qué vas a hacer? Y yo iba a seguir haciendo lo mismo, obviamente. Corría el riesgo de ser menos convocante pero no podía cambiar mi esencia. ¡No sé hacer otra cosa, ni de otro modo! Cuando uno vive la vida como la vivo yo, no se toma las cosas con mesura. Mejor que exploten haciendo una canción que poniendo una bomba. Yo no me dediqué a esto para entretener a la gente, para distraerla mientras le meten la mano en el bolsillo.”


El rock

“Yo creo que acá hay mucha gente que vivió la cultura rock sin compromiso profundo. Los platenses éramos meloneros, una fauna pequeña pero interesante. Cuando entrás a escarbar en el melón, descubrís estímulos interminables. Por eso tendíamos a producir un arte disruptivo, irritante. La única revolución que está verdaderamente a tu alcance es lo que hacés de la mañana a la noche, tu manera de vivir.”


Las letras

“Mucha gente tendía a menospreciar a nuestro público. Pretenden que no pueden entender lo que les estoy diciendo, por eso de que mis letras son crípticas. Pero en los momentos claves de la canción, soy bruscamente claro. Puede que el relato no sea simple, la forma en que voy encadenando imágenes. Pero, cuando llego ahí, cuando digo violencia es mentir, o todo preso es político, o nuestro amo juega al esclavo… Ahí nadie se confunde ni se pierde. Eso es una bandera y así lo entienden.”


El dinero

“Los que no están a favor de que uno siga infectando la sociedad hablan del millonario, con la intención de separarme de la gente. Como diciendo: Este dice esto, pero es un ricachón. Cuando yo no dije nunca que el dinero era malo. Lo único que distingo es entre los que se lo ganan de forma genuina o no. Si te lo ganaste bien, disfrutalo. Pero doná algo al Garrahan de vez en cuando, turro.”


La separación

“Lo que pasó esa noche me sorprendió… Lo único que sé es que seguimos gritando hasta que Skay se fue a la mierda, porque no le gustan las situaciones tensas. No recuerdo si al final dije expresamente Esto se acabó acá, pero me subí al coche… y volví a casa. …Me enfurecí tanto que no daba para volver atrás. Porque esos son los términos en que yo vi y sigo viendo la cosa: para mí fue una traición. Que arruinó un eje de mi vida, algo central. Más allá de Bruno y de Virginia, no me han pasado cosas más importantes: ¡como proyecto de vida, yo fui un Redondo durante casi toda mi existencia!”


El futuro

“Me va a costar convencer a la gente de que no voy a tocar más. Casi nadie quiere creerlo, ¿no?”


viernes, 12 de junio de 2026

0916: la singular pronunciación en inglés del árbitro Sampaio en México-Sudáfrica

 La escena ocurrió a los 83 minutos, cuando Sampaio revisó en el monitor una acción de Themba Zwane, que había ingresado en el segundo tiempo y golpeó sin balón a Roberto Alvarado. Después de observar las imágenes, el árbitro mostró la tarjeta roja directa al número 11 de Sudáfrica por agresión.

Al comunicar la sanción por los altavoces del estadio, como establece el protocolo implementado por FIFA para las decisiones revisadas por VAR, Sampaio se manifestó y lo que se escuchó fue: “After review, attacker number 11 commits serious foul play. He’s... arms direct hit in the face of the... de... defender. Decision: direct free kick, red card” (sic). Quiso decir “después de la revisión, el atacante número 11 comete infracción grave. Él... golpea directamente con los brazos en la cara del... de... defensor. Decisión: tiro libre directo, tarjeta roja”. El mensaje tuvo titubeos y una pronunciación que generó desconcierto.

Ese fue el momento que volvió viral al árbitro brasileño. Incluso los futbolistas sudafricanos no comprendieron con claridad la explicación, y la reacción de sorpresa de Zwane comenzó a circular poco después en videos compartidos en redes sociales.


lunes, 8 de junio de 2026

0915: Hugh Laurie reacciona a burla por 'Dr. House'

 Todo comenzó cuando la periodista Janet Murray publicó en redes sociales una opinión sobre la fórmula de la serie. Según su visión, los episodios seguían una estructura predecible: “Paciente con enfermedad misteriosa. Hugh Laurie (House) se equivoca en el diagnóstico. El paciente casi muere. Laurie tiene una idea de último minuto, acierta y no lo despiden”. Murray remató irónicamente: “¿Ocho temporadas de esto?”, lo que generó un intenso debate entre seguidores y detractores del programa.

La respuesta de Laurie no tardó en llegar y sorprendió por su ingenio. En su mensaje, Laurie fue más allá del caso puntual de House y defendió la idea de las “variaciones sobre un tema” como parte esencial de muchas formas artísticas. Comparó la estructura repetitiva de la serie con las Variaciones Goldberg de Bach, los autorretratos de Frida Kahlo y las esculturas de Henry Moore. Para el actor, si el espectador solo percibe “bla bla médico”, quizás el programa simplemente no era para esa persona.

La interacción alcanzó gran repercusión, superando el millón de visualizaciones y reavivando el debate sobre la originalidad en las series de televisión. La respuesta de Laurie incluyó una frase lapidaria dirigida a la periodista: “No obstante, espero con interés tu primera novela”..


martes, 2 de junio de 2026

0914: Ejemplos de chistes malos

 — ¿Cuál animal puede saltar más alto que una casa?

— Cualquiera, porque las casas no saltan.


— ¿Cuál es la mejor cura para la caspa?

— La calvicie


— ¿Tienen libros sobre el cansancio?

— Sí, pero ahora no tengo. ¡Están todos agotados!


— ¿Cuál es el colmo de un libro?

— ¡Que en otoño se le caigan las hojas!


— Mi hermano anda en bicicleta desde los cinco años.

— ¿Ah sí? ¡Qué lejos debe de estar ya!


—¿Cuál es tu plato favorito y por qué?

— El hondo, porque cabe más comida

Una niña le pregunta a su padre:

— Papá, ¿qué día nací yo?

— El 20 de noviembre, hija.

— ¡Qué coincidencia, el mismo día de mi cumpleaños!


viernes, 29 de mayo de 2026

0913: El divertido error de Halle Berry en vivo: creyó que le hacían una pregunta sexual

 Todo ocurrió durante el segmento “Pink Chair Questionnaire”, una dinámica de preguntas rápidas conducida por Jenna Bush Hager y Sheinelle Jones. Mientras Berry respondía distintas consultas sobre cultura pop y experiencias personales, Bush Hager lanzó una última pregunta: “Biggest ick?”, una expresión coloquial en inglés que hace referencia a aquello que provoca rechazo o mata la atracción en una persona (malos modales o hábitos incómodos).

Sin embargo, la pronunciación rápida de la frase hizo que la actriz entendiera algo completamente distinto. Berry creyó haber escuchado “biggest dick”, una expresión relacionada con la anatomía masculina.

La estrella de Hollywood quedó sorprendida y reaccionó incrédula antes de taparse el rostro y estallar en carcajadas al notar la confusión. “¡Oh, Halle!”, bromeó Sheinelle Jones mientras fingía golpearla con sus tarjetas de notas. “¡Eres traviesa!”

El malentendido provocó risas en todo el estudio, incluyendo a parte del equipo de producción que podía escucharse detrás de cámaras. La propia Berry intentó justificar lo ocurrido entre carcajadas. “¡Yo estaba como, ‘¿Qué?!’”, dijo la actriz. “Sonó como eso, ¿no? A mí sí me sonó así”.

“Iba a decir… ¿el de Van?”, comentó entre risas, en referencia a su prometido, el músico Van Hunt. La frase desató una nueva ola de carcajadas entre las conductoras.

Bush Hager también reconoció que la confusión tenía cierta lógica fonética. “Hay algo con la palabra ‘biggest’ junto a ‘ick’. Ella tiene razón”, comentó la presentadora, ya que la combinación de sonidos podía prestarse a malentendidos durante una conversación rápida en inglés.

La situación volvió a repetirse segundos después, cuando Bush Hager mencionó la serie Heated Rivalry y la frase “biggest ick” otra vez provocó una reacción de sorpresa en Berry.

“¡Ick! ¡Dije ick!”, aclaró rápidamente la conductora mientras todos seguían riendo. Incluso Sheinelle Jones continuó el juego y bromeó con la actriz diciendo: “No, no lo dijo”.


miércoles, 27 de mayo de 2026

0912: La noche en que todo cambió

 Un domingo. Él estaba dormido. Yo no podía dormir — una de esas noches en que tu cabeza no para — y estaba en el c0912: La noche en que todo cambióelular en la oscuridad. Encontré un post en un grupo de salud para hombres que nunca había visto. Un hombre de la edad de mi esposo había escrito: "Subí 16 kilos a principios de mis cuarenta. Todos los doctores decían que era testosterona. Resultó que no eran las hormonas. Era mi sistema nervioso."

Me senté en la cama y leí todo.

Escribió sobre lo que pasa cuando un cuerpo funciona con estrés durante años. No el tipo de estrés que se siente como crisis — el tipo que simplemente es la vida. El trabajo. Las responsabilidades. Ese zumbido constante de nunca estar completamente en paz. Cuando un sistema nervioso se queda en ese estado suficiente tiempo, entra en modo supervivencia. Y en modo supervivencia, el cuerpo hace algo específico: se aferra. Acumula grasa. Se niega a soltarla. Porque un cuerpo que cree que está bajo amenaza no quema sus reservas. Las protege. No importa lo que comas. No importa cuánto corras.

Los síntomas se ven exactamente como "solo te estás haciendo viejo." El peso que no se mueve. El cansancio que el sueño no arregla. La mente nublada. Esa sensación de estar apagado. Los doctores ven a un hombre en sus cuarenta y dicen "testosterona" o "metabolismo" sin hacer una sola pregunta sobre el estado en el que su sistema nervioso ha estado atrapado.

Puse mi mano en el hombro de mi esposo y lo desperté. A la 1 de la mañana un domingo.

Se volteó. "¿Qué pasó?"

"Nada malo. Encontré algo. ¿Lo puedes leer?"

Miró mi celular en la oscuridad. Luego lo tomó y leyó. Yo miraba su cara. Conozco su cara. La he estado leyendo por catorce años. Y vi algo moverse en ella — algo que no había visto en mucho tiempo. No exactamente esperanza. Más como reconocimiento.

"Este soy yo," dijo.

"Lo sé."

"El cansancio que no se quita. El peso que no se mueve sin importar qué. La sensación de que el cuerpo está haciendo algo en mi contra."

"Lo sé."

"¿No es la comida?"

"Puede que no sea la comida."

El post mencionaba una app que se llama Liven. Método de Micro-Ciclos. Cinco minutos al día. No es una dieta. No es un programa de ejercicio. Es algo que trabaja con el sistema nervioso — para ayudarlo a salir del modo supervivencia para que el cuerpo deje de acumular todo lo que ha estado protegiendo.

Encontró el quiz en su página. No preguntaba sobre su dieta o su rutina de ejercicio. Preguntaba sobre el estado en el que había estado funcionando. Sobre el cansancio. Lo apagado. La sensación de aguantar cada día hasta que algo truena.

Dijo que sí a casi todo. En silencio. En la oscuridad.

Descargó Liven a la 1:15 de la mañana.

"No tengo nada que perder," dijo. "Todo lo demás ha fallado."

Esto es lo que vi pasar. Desde afuera. Desde el lugar de la esposa.

Semana uno: Dormía diferente. Lo noté antes que él. Había tenido el sueño ligero por años — de los que se despiertan con cualquier ruidito y se quedan ahí dándole vueltas a todo. Empezó a dormir más profundo. Lo podía sentir desde mi lado de la cama.

Semana dos: Llegó del trabajo un jueves e hizo una broma en la cena. No una broma forzada — una de verdad, de las que salen de estar realmente presente en lugar de solo actuar que estás presente. Mi hija se rio. Él se rio. Lo vi sentado en esa mesa realmente en el momento por primera vez en no sé cuánto tiempo.

Semana tres: Se paró en la cocina un sábado en la mañana y dijo, sin que nadie le preguntara: "Me siento menos pesado." Lo decía de las dos formas. Me di cuenta. El número en la báscula había empezado a moverse. Pero más que eso — la otra pesadez. La que no tenía nada que ver con el peso.

Semana cuatro: Salió a correr. No porque fuera parte de un plan. Porque quiso. Regresó diferente a como regresaba antes — no agotado, no tachando algo de una lista. Solo de regreso de correr, la cara despejada, moviéndose con facilidad.

"No tuve que forzarme," dijo. "Simplemente pasó."

Semana seis: Se fajó la camisa. Yo no dije nada. Él no dijo nada. Pero lo vi y tuve que voltear hacia otro lado un momento.

Semana ocho: Salió del baño y dijo un número. Había bajado seis kilos. Sin cambiar lo que comía. Sin un plan. Sin sufrir ni aguantarse nada.

Lo abracé. Le cayó de sorpresa — lo embosqué. Me abrazó de vuelta, y sentí sus hombros, y estaban abajo. Suaves. Los hombros con los que me casé.

Han pasado cuatro meses. Ha bajado más de diez kilos. Habla de su cuerpo como solía hacerlo — no con resignación ni como si fuera una guerra, sino de manera neutral, como alguien reportando sobre algo que le pertenece.

Pero esto es lo que importa más que el número:

Regresó. Es la única forma en que lo puedo describir. El hombre que se había ido a algún lugar — algún lugar dentro de sí mismo donde yo no podía alcanzarlo — regresó. Está en el cuarto. Está en la mesa. Escucha las cosas cuando la gente las dice.

La semana pasada vino a buscarme a la cocina para contarme algo que había pasado en el trabajo — no porque fuera importante, sino solo porque quería contármelo. Solo quería compartir algo. Platicamos veinte minutos de nada. Como antes.

Pensé: esto era lo que faltaba. No el peso. Nada de eso. Esto. Él, entrando a un cuarto, queriendo decir algo, porque todavía tiene algo que dar.

Tres años vi a mi esposo intentarlo. Tres años de correr en la oscuridad y rechazar el pan y hacer todo lo que los doctores decían. Tres años porque a nadie se le ocurrió hacer una pregunta sobre el estado en el que su cuerpo había estado atrapado.

No era la edad. Era un sistema nervioso en modo supervivencia. Y una vez que atendió eso — cinco minutos al día, sin dieta, sin gimnasio — su cuerpo finalmente soltó.

Si tu esposo ha estado subiendo de peso sin importar lo que haga. Si ha intentado cada plan, cada dieta, cada disciplina, y su cuerpo sigue peleando contra él. Si su doctor sigue diciendo "testosterona" o "solo duerme más" o "come menos, muévete más." Si ya se empezó a quedar callado sobre el tema — dejó de intentar, dejó de mencionarlo, lo guardó en algún lugar donde no te deja entrar.

Puede que no sea lo que le están diciendo. Su cuerpo puede estar atrapado en un lugar donde nadie ha pensado buscar.

Liven tiene un quiz. Unos minutos. No cuesta nada. No pregunta sobre comida. Pregunta sobre el estado en el que ha estado funcionando.

Déjalo abierto en tu celular. No tienes que decir nada. Él lo va a leer.

Ojalá lo hubiera encontrado cuando tenía 40. Le habría ahorrado tres años de esforzarse más en lo equivocado. Me habría ahorrado tres años de ver al hombre que amo pelear contra un cuerpo que no estaba jugando limpio.


jueves, 21 de mayo de 2026

0911: Taiwan Travelogue'

 El año es 1938. Taiwán es una colonia japonesa y habitantes de la isla como Chizuru se ven presionados para imitar a sus invasores; quienes no lo hacen eligen no enfrentarse a los desprecios y desaires. Ella siente la obligación de resistirse a convertirse en una herramienta para las autoridades coloniales que han patrocinado su viaje, pero también sueña con visitar los cerezos en flor, que los japoneses han logrado cultivar en la isla. “Es cierto que los métodos coercitivos del emperador son desagradables”, le dice a su traductora. “Pero los hermosos cerezos en flor son inocentes de cualquier delito.”


¿Cómo debe exactamente el sujeto colonial taiwanés admirar estos cerezos no autóctonos, o, en todo caso, la cómoda red ferroviaria construida para transportar mercancías al imperio? Cuando Chizuko compra un kimono para su traductora o la anima a mudarse a Nagasaki en lugar de casarse con el hombre que su familia ha elegido, ¿está siendo una amiga generosa o imponiendo su propia noción de liberación?


¿Quién mejor para responder a estas preguntas que una traductora, experta en el idioma y la cultura tanto de la colonia como del colonizador? La traducción, al fin y al cabo, puede ser tanto una capitulación como un acto de resistencia ante el poder blando de un imperio. Dominando las herramientas del amo, la traductora comprende perfectamente cómo funciona la dominación cultural. Quizás por eso Yang construye Taiwan Travelogue como una muñeca rusa de traducciones. Las conversaciones, ricamente detalladas, sobre la comida, por ejemplo, funcionan como código para la creciente tensión erótica entre Chizuko y Chizuru, que permanece sin expresarse verbalmente.


Más allá de esto, el propio libro se presenta como una traducción ficticia de una novela japonesa escrita por Chizuko años después de regresar a Nagasaki. Según este recurso de encuadre, la novela fue publicada en Japón en 1954 y traducida al mandarín dos veces, primero por Chizuru y luego, décadas más tarde, por Yang. Hay varios posfacios y muchas notas al pie de traductores tanto ficticios como reales. Todo esto constituye una virtuosa demostración de polifonía literaria.


En su desconcertante y convincente posfacio, Yang, escribiendo como la traductora ficticia del libro, relata cómo descubrió la novela de Chizuko siguiendo un rastro de migas de pan en archivos históricos. (Para complicar aún más las cosas, Yang Shuang-zi es en realidad un seudónimo, pero, para no volvernos locos, me refiero a ella como la autora en esta reseña).


Unas páginas después, la traductora al inglés de la novela, Lin King, escribe en su propio posfacio (real) que consultó la traducción japonesa de Taiwan Travelogue para clarificar ciertos términos, y señala la ironía de recurrir a “la traducción japonesa de una novela taiwanesa que afirma ser una traducción taiwanesa de una novela japonesa”.


lunes, 18 de mayo de 2026

0910: Lo que la IA le hizo a mi clase de la universidad

 En la Universidad de Stanford, donde estoy cursando mi último año, los directores ejecutivos del sector tecnológico son algo así como estrellas del rock. Cuando el fundador de Nvidia, Jensen Huang, apareció para dar una conferencia como invitado a finales del mes pasado, los estudiantes se abalanzaron sobre él. Le ofrecieron sus portátiles y sus estaciones de trabajo personales, desesperados por conseguir un autógrafo de uno de los grandes nombres de la era de la inteligencia artificial. El año pasado, al hablar ante la misma clase, Huang repartió relucientes tarjetas gráficas de 4.000 dólares con su nombre autografiado en tinta dorada: el símbolo de estatus definitivo en las residencias universitarias.

Stanford siempre ha sido un refugio para los aspirantes a expertos en tecnología, pero los acontecimientos recientes han llevado a la universidad a un territorio inexplorado. La IA lo es todo. Hablamos de ella en los comedores y en las clases de historia, en las citas y mientras fumamos con amigos, en el gimnasio y en los baños comunes de las residencias. Casi toda la educación superior se ha visto invadida por esta tecnología, y Stanford es un caso de estudio de hasta dónde puede llegar. Durante los últimos cuatro años, mis compañeros de clase y yo hemos sido sujetos de un experimento de alto riesgo.

Somos la primera promoción universitaria de la era de la IA: ChatGPT llegó al campus unos dos meses después de que lo hiciéramos nosotros. Cuando nos graduemos el mes que viene, esta tecnología habrá alterado nuestras vidas de formas muy diferentes. Para algunos, ha abierto la puerta a una riqueza astronómica. Pero para muchos de los que llegamos a Stanford —¡hace solo cuatro años!—, cuando un título parecía un billete garantizado para un trabajo bien remunerado, la puerta se ha cerrado de golpe. Para todos nosotros, la IA ha cambiado para siempre nuestra forma de pensar y comportarnos.

Stanford ya tenía una reputación inestable en cuanto a integridad cuando llegué en 2022. Fue el lugar de origen de la estafadora de Theranos, Elizabeth Holmes (que ahora cumple una condena de 10 años de prisión), del estafador de criptomonedas Do Kwon (que ahora cumple una condena de 15 años de prisión) y de los fundadores de Juul (que se vio obligada a pagar miles de millones por enganchar a los jóvenes a los cigarrillos electrónicos). Todos estos escándalos estaban en las noticias cuando comenzó el primer curso. Muchos de mis compañeros llegaron idealistas y llenos de esperanza, pero entre los ambiciosos que buscaban un camino hacia la fortuna, la cultura del «hustle» era la forma de vida aceptada. Ahora, la IA ha hecho que el engaño sea más fácil y más lucrativo que nunca.

Las trampas se han vuelto omnipresentes. No conozco a nadie que no haya utilizado la IA para sacar adelante algún trabajo en la universidad, pero al principio la institución tardó en darse cuenta de lo extendido que llegaría a estar. A medida que avanzaba el primer curso, algunos profesores sugirieron que tal vez fuera necesario recurrir a la «opción nuclear»: permitir que el profesorado supervisara los exámenes presenciales, una práctica prohibida en la universidad desde hacía más de un siglo para demostrar «confianza en el honor» de los estudiantes.

En nuestro mundo, cada vez más tecnificado y ahora impulsado por la inteligencia artificial, los estudiantes se saltaban las normas cada vez más en casi todo. Desviaban fondos de la residencia para gastarlos en sus amigos y mentían diciendo que tenían COVID para conseguir los créditos de UberEats que la universidad ofrecía a quienes estaban en cuarentena. Algunos chicos que conocía publicaron un artículo en el que afirmaban haber logrado un avance revolucionario en inteligencia artificial. Los detectives de Internet señalaron rápidamente que parecía tratarse simplemente de un modelo chino robado, a lo que los dos coautores de Stanford respondieron culpando del plagio al tercer autor.

En tercer curso, el 49 % de los 849 estudiantes de informática que respondieron a una encuesta anual del campus dijeron que preferían copiar en un examen antes que suspender. Una amiga mía captó el espíritu de la universidad mientras discutíamos sobre el hardware tecnológico y otros artículos que nuestro club estudiantil se había olvidado de devolver a los patrocinadores corporativos. Todo era, recuerdo que dijo, «solo un pequeño fraude».

A mitad del primer curso, algunas clases de programación empezaron a exigir a los alumnos que firmaran una declaración —«No he utilizado ChatGPT»— para entregar cada trabajo. Durante el primer trimestre en que empezaron a aparecer estas declaraciones, vi a un estudiante de primer curso que conocía firmar la declaración de que había hecho los deberes sin ayuda de la IA, mientras tenía ChatGPT abierto en la ventana de al lado, y todo ello en la cubierta de una fiesta en un yate financiada por inversores de capital riesgo. Las estructuras de incentivos no estaban orientadas hacia la honestidad. Uno podía salir adelante, rápidamente, tomando atajos, centrándose en la imagen personal.

El dinero es una parte importante de ello. La IA no ha hecho más que acelerar una tendencia que ya estaba en marcha en Stanford y que se ha reflejado en muchas de las universidades más corporativizadas del país: la educación en sí misma puede considerarse un objetivo secundario para facilitar el éxito futuro, definido con frecuencia como una ganancia inesperada futura.

La primera vez que nos reunimos toda la promoción de la universidad fue en una ceremonia de graduación a finales de septiembre de 2022. Mientras uno de los oradores parloteaba sin parar, recuerdo que miré a mi alrededor y vi a varios de mis compañeros de clase desplomados a la sombra, echándose una siesta. «Uno de esos chicos se va a convertir pronto en multimillonario», pensé. Me pregunté quién sería y cómo lo lograría.

Al principio, la respuesta parecía ser las criptomonedas, y luego fue la inteligencia artificial.

La mayoría de mis amigos recuerdan dónde estaban y qué estaban haciendo cuando se lanzó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022. Yo estaba a punto de terminar el famoso curso de «selección» de Informática de Stanford, el CS107. Al igual que la química orgánica para los futuros médicos, esta era la asignatura que separaba a los auténticos programadores de aquellos que carecían de la garra necesaria (con muchas lágrimas públicas y sin pudor de por medio).

La velocidad a la que se produjo el cambio desde el día en que ChatGPT entró en nuestras vidas fue impresionante. Un amigo me envió por mensaje un enlace al avance de la última demostración de OpenAI: «¿Ya has visto esto? Es una LOCURA». Empezamos a lanzar preguntas sin sentido, divirtiéndonos mientras ChatGPT explicaba el algoritmo de ordenación por burbujas «al estilo de un listillo parloteador de una película de gánsteres de los años 40». «Está muy bien. Muy, muy bien», le escribí a mi amigo. Aun así, ninguno de los dos entendimos que esto marcaría la transformación de la IA de una tecnología a un producto.

Probablemente, los estudiantes fueron los primeros en adoptarlo a gran escala. Al fin y al cabo, era, con diferencia, la vía más rápida para sacar un sobresaliente. Cuando cursé CS107, la única forma viable de copiar era buscar a un estudiante que ya hubiera pasado por la asignatura y suplicarle que te diera las soluciones a los ejercicios, famosos por su dificultad. No había alternativa a dedicar una gran cantidad de trabajo. Incluso si se conseguían las respuestas de otro estudiante (lo cual, por cierto, era un acto social, como mínimo), los estudiantes que yo conocía que hacían esto seguían pasando horas retocando el código robado para no ser descubiertos.

Pocos copiaban de esta forma tan descarada en aquella época. Pero un mes después, cualquier estudiante podía recurrir a un chatbot, introduciendo una pregunta en solitario en su habitación de la residencia y repitiendo sin pensar el resultado. «Recuerdo que la primera vez que lo utilicé sentí una culpa inmediata», me dijo recientemente un amigo. «Ahora es algo normal».

La mitad de los portátiles de cualquier clase parecen tener abiertos ChatGPT o Claude. Al principio, experimentar con los modelos era un pasatiempo para los frikis; presumir de haber conseguido acceso anticipado al último modelo de lenguaje grande era un símbolo de estatus, y la gente venía a suplicarte que les dieras tus claves de autorización para probarlo por sí mismos. Sin embargo, en tan solo unos pocos años, la IA se ha convertido en algo habitual. «Es de lo único que hablamos», comentó recientemente mi profesor de historia del arte griego antiguo.

En abril de 2026, la política de exámenes supervisados entró finalmente en vigor. Debido a la IA, la mayoría de nosotros ahora hacemos los exámenes escribiendo en cuadernos azules, como los estudiantes de hace un siglo, garabateando las respuestas a mano bajo una atenta observación. Mientras tanto, nos preguntamos constantemente qué pasará después.

Muchos estudiantes ven estos grandes modelos de lenguaje como una amenaza para el empleo. Las máquinas han mejorado tanto en programación que los ingenieros noveles no pueden competir realmente. Una licenciatura en informática de Stanford significa hoy algo muy diferente de lo que significaba cuando pisamos el campus por primera vez: ya no hay una garantía efectiva de un puesto de nivel inicial.

Pero para quienes estén dispuestos a crear una empresa con las siglas «IA» en el nombre, existe una vía casi infalible hacia las ganancias económicas. Perplexity, fundada justo cuando yo empezaba mi primer año de universidad, es un ejemplo de startup «de envoltura»; en otras palabras, una empresa que no cuenta con su propia IA patentada y que se limita a reempaquetar modelos existentes con una forma diferente. Se trata de una herramienta de búsqueda que, en esencia, pierde dinero cada vez que un nuevo usuario introduce una consulta. En abril de 2024 alcanzó una valoración de mil millones de dólares; dos meses después, esa cifra se triplicó. En mayo de 2025 anunció que estaba recaudando fondos con una valoración de 14 000 millones de dólares, que había aumentado a 18 000 millones en julio y a 20 000 millones en septiembre.

El dinero en Silicon Valley se ha convertido en un juego de cifras casi sin sentido que se lanzan al aire con una despreocupación asombrosa. Esto contribuye al efecto remolino que los estudiantes de Stanford han sentido en torno a la tecnología y el lucro: si tu compañero de habitación puede dejar la universidad y fundar una empresa de nueve cifras, ¿por qué no ibas a sacar tú también provecho? ¿Por qué dedicar toda tu energía a ser estudiante cuando parece que todo el mundo a tu alrededor se está haciendo rico? Una vez, durante mi segundo año, estaba haciendo los deberes en la sala común de mi residencia con una conocida cuando ella comentó de pasada: «La semana pasada compré una casa en Las Vegas». Y añadió: «Es bueno para los impuestos». Es difícil ponerse los auriculares y volver enseguida a los problemas matemáticos cuando alguien dice algo así.

Sin embargo, los mismos estudiantes que abandonaron Stanford y que parecen ser los que más dinero están ganando en este momento suelen estar trabajando precisamente en la tecnología que está empeorando la vida de sus antiguos compañeros de clase.

Las últimas investigaciones han comenzado a demostrar lo que para la mayoría de la gente resulta obvio: confiar en la inteligencia artificial para tareas cognitivas puede reducir la propia capacidad intelectual y la resiliencia. Una cosa es utilizarla en el ámbito laboral, pero en el aula, la dificultad suele ser precisamente el objetivo. Claro, un robot puede levantar 270 kilos mucho más fácilmente que yo, pero eso no me ayuda mucho si estoy intentando hacer ejercicio. Lo mismo ocurre con el ejercicio mental que supone la educación. Sin embargo, decirles eso a los estudiantes es un mensaje tan atractivo como «come verduras» o «duerme ocho horas». Suena a regaño.

Incluso en el corazón de la utopía tecnológica de Silicon Valley, la mayoría de la gente sabe que nuestra tecnología es mala para nosotros, o al menos que puede serlo. La IA suele suponer un enorme aumento de la productividad, pero mis amigos se refieren cada vez más tanto a los vídeos cortos como a sus registros de chat con IA en términos de adicción. Se está arraigando, moldeando el carácter de nuestra generación. Somos una generación digital, cada vez más apegada al mundo virtual.

La tecnología que hay detrás de la IA es increíblemente ingeniosa, y cuando los grandes modelos de lenguaje aún eran un experimento de investigación —antes de que impulsaran la economía estadounidense—, mis amigos y yo estábamos rebosantes de emoción. Recuerdo intentar explicarle a mi abuelo, que ya ha fallecido, que la «retropropagación», una técnica fundamental para la IA, surgió de los intentos de demostrar cuantitativamente las teorías de Freud sobre el «flujo de energía psíquica». No creo que lograra convencer al abuelo de por qué debía importarle, pero para mí, el desarrollo de la IA era el genio humano en su máxima expresión, y estaba deseando abrir los enlaces de arXiv que la gente me enviaba por mensaje con las últimas y mejores investigaciones. El resultado de un modelo no importaba ni de lejos tanto como cómo se había diseñado.

Ahora ocurre justo lo contrario. La IA es una aplicación en la que la gente realmente confía, y las empresas son cada vez menos transparentes en cuanto a su diseño. Lo que importa es la respuesta inmediata que recibes cuando le envías un texto a ChatGPT para que te lo resuma mientras vas de camino a clase. La mayoría de los estudiantes llaman al modelo de OpenAI «Chat». Muchos se refieren a él de manera familiar, consultando a Chat repetidamente a lo largo del día, dejando que decida cómo enviar un mensaje de texto en una relación ambigua y repitiendo con seguridad afirmaciones alucinadas mientras hacen cola en la cafetería. Durante años, los streamers en línea han utilizado la palabra «Chat» para interactuar con su público, pidiendo a los comentaristas que les digan qué decisiones tomar en los videojuegos. Que los estudiantes utilicen ahora el mismo nombre para la IA parece apropiado. ¿Cuál es realmente la diferencia entre un ser humano sin nombre y sin rostro al que nunca conocerás salvo a través de Internet y una aproximación estadística de lo mismo?

Internet ya nos ha permitido sentirnos más conectados que nunca, al tiempo que nos ha hecho sentir más solos que nunca. La inteligencia artificial nos permite eliminar por completo el componente humano de la interacción humana.

Hace poco, mientras asistía a una clase sobre el amor en la ficción francesa —exactamente el tipo de asignatura que cursa un estudiante de último año antes de que todo llegue a su fin—, escuché la primera presentación de un alumno, titulada: «Aplicación del algoritmo de Gale-Shapley a La princesa de Clèves». Los emprendedores ponentes intentaron resolver los contratiempos de la novela romántica de 1678 mediante un algoritmo informático de emparejamiento. El amor era algo que «debía optimizarse». A mi lado, un estudiante garabateaba en un bloc de notas de la marca Hudson River Trading, una empresa de comercio cuantitativo donde los recién graduados pueden ganar más de 600 000 dólares al año. Otra tenía una pegatina en su portátil: «Practica C.S. segura». La clase no podía haber sido más típica de Stanford.

Vivir en el campus durante los últimos cuatro años ha sido un viaje revelador. La educación superior no estaba preparada para la revolución de la IA. Algún día, en el futuro, los Clawdbots o Moltbots totalmente autónomos (o como quiera que la gente los llame) se reirán entre dientes de este ridículo interregno en el que las universidades parecían paralizadas, tratando de salvar la brecha entre la educación liberal de antaño y el futuro en el que los humanos no tienen el monopolio de la inteligencia.

Para nosotros, esto fue la universidad.


© The New York Times 2026.



viernes, 15 de mayo de 2026

0909: ‘El desprecio’

 La tesis central del libro es tan sencilla como perturbadora: todos, en algún momento, despreciamos y somos despreciados. Los pobres desprecian a las élites porque les dan lecciones desde el pedestal sin resolver sus problemas cotidianos. Los sectores dominantes —y no pocos progresistas— desprecian a quienes, a sus ojos, encarnan la ignorancia o el conservadurismo.

Los maestros, los médicos y los investigadores se sienten ignorados por una sociedad que ya no los trata como referentes morales. Y entre los sectores populares, hay quienes dirigen su hostilidad hacia quienes reciben asistencia estatal o hacia los extranjeros que, según perciben, les disputan el trabajo. El desprecio flota, afecta a todos y no reconoce arriba ni abajo.

En una entrevista con motivo de la publicación, Dubet explicó que este sentimiento no es nuevo, pero sí ha cambiado radicalmente su naturaleza. “Hace algunas décadas, el desprecio era una experiencia colectiva inscrita en un sistema de clases”, señaló el sociólogo al citado medio. “Hoy, la gente dice: yo soy despreciado, yo, como individuo. Ese es el cambio.”

La antigua conciencia de clase —que proveía identidad colectiva y protegía la dignidad del individuo dentro de un grupo— se ha disuelto, y en su lugar proliferan experiencias singulares de humillación que no encuentran cauce político.

Dubet traza una línea directa entre esa acumulación de agravios individuales y el ascenso de los populismos. Donald Trump y los líderes de la derecha radical en Europa movilizan de forma permanente la imagen de un pueblo despreciado por sus enemigos: las élites, los expertos, los extranjeros, los “asistidos”, los ricos.

La lógica que describe el sociólogo es circular y autorreferente: “Solo se libera uno del sentimiento de ser despreciado despreciando a su vez”, afirmó Dubet. “El líder populista habla en nombre de los despreciados.”

Este mecanismo es precisamente el que las derechas han sabido explotar con mayor eficacia: aprovechan el odio al sistema para alimentar liderazgos autoritarios. Lo que el libro ofrece, en ese sentido, es un ángulo analítico para trabajar sobre el propio desconcierto ante fenómenos políticos que parecen resistir las explicaciones habituales.

La novedad del argumento de Dubet no reside en señalar la existencia del desprecio, sino en mostrar cómo se ha diversificado e individualizado. Ya no depende únicamente de la posición de clase, sino que puede surgir del trabajo, los ingresos, el sexo, la sexualidad, el origen étnico, el nivel de estudios o el lugar de residencia. Incluso las mayorías pueden sentirse discriminadas cuando dejan de ser la norma sexual, nacional o social a medida que se reconoce la dignidad de las minorías. Dubet atribuye a esa dinámica la hostilidad hacia lo que se denomina “wokismo”: en el fondo, es el miedo a ser el próximo en ser despreciado.

Contracorriente - Wokismo

Dubet atribuye a esa dinámica la hostilidad hacia lo que se denomina “wokismo”: en el fondo, es el miedo a ser el próximo en ser despreciado

Uno de los núcleos del análisis es la relación entre meritocracia e injusticia percibida. El ideal de igualdad de oportunidades —según el cual cada persona debería poder acceder a cualquier posición social en función de su mérito individual— ha reemplazado a la antigua noción de justicia basada en la reducción de desigualdades entre clases. Pero ese reemplazo tiene un costo: cuando el sistema proclama que todos parten del mismo punto, los fracasos dejan de ser estructurales y se convierten en personales.

“Incluso si las desigualdades apenas se modifican tras los recorridos escolares, los vencedores merecerían su éxito y los vencidos, su fracaso”, describió Dubet. Los diplomas se exhiben como prueba de mérito; la ausencia de diplomas, como prueba de insuficiencia. El resultado es que el desprecio no viene solo de afuera: también se interioriza.

Las consecuencias políticas de esta dinámica son visibles en las urnas. “Hace cuarenta años, los trabajadores sin diploma votaban a la izquierda, mientras los diplomados optaban por partidos conservadores. Hoy, los menos titulados no votan o apoyan a la extrema derecha, y los diplomados a los partidos progresistas, verdes y liberales”.

Esta fractura, insiste Dubet, no es exclusivamente francesa: atraviesa las democracias occidentales y refleja una reconfiguración profunda de los alineamientos políticos que tiene su raíz en cómo las sociedades producen y distribuyen el reconocimiento.

El libro también aborda la experiencia del desprecio en profesiones que históricamente gozaron de autoridad moral. Maestros, médicos e investigadores se sienten hoy desconsiderados pese a que las encuestas muestran que su prestigio social se mantiene relativamente alto. Dubet atribuye esta paradoja al fin del monopolio simbólico que esas profesiones ejercían sobre el conocimiento y los valores.

“Antes de siquiera entrar en su aula, el maestro encarnaba valores considerados sagrados, especialmente cuando los diplomas eran algo raro” Ese mundo ya no existe. Hoy, alumnos, padres y usuarios “tienen derecho a opinar”, lo que introduce tensiones inéditas en la relación entre los profesionales y la sociedad.

El saber ya no es patrimonio exclusivo de quienes lo certifican: circula en redes, en medios, en plataformas. Y esa democratización de la crítica genera en quienes antes detentaban el monopolio cultural un sentimiento de pérdida que se vive, subjetivamente, como desprecio.

Lo que distingue al desprecio de otras formas de malestar social es que no se agota en las condiciones materiales. Al mezclarse con la vergüenza y la indignación por ser discriminado, opera como una emoción que aplasta el ánimo y que muchas veces se tiende a ocultar, como si la culpa fuera propia por no estar a la altura.

El desprecio funciona como una cadena: quien lo recibe puede, a su vez, dirigirlo hacia otros. Los “blancos pobres” que votan a Trump en Estados Unidos, o sus equivalentes en Europa, no se sienten explotados en el sentido clásico del término; se sienten despreciados, y a menudo dirigen ese desprecio hacia las minorías que, perciben, reciben más atención que ellos.

Dubet diría ecupera a Tocqueville para explicar el mecanismo de fondo: en sociedades que se proclaman igualitarias, las desigualdades se vuelven insoportables precisamente porque contradicen la promesa fundacional. El resentimiento crece no cuando las condiciones empeoran en términos absolutos, sino cuando la distancia entre el ideal proclamado y la experiencia vivida se hace evidente.

Frente a ese diagnóstico, el sociólogo propone tres grandes líneas de acción: fortalecer instituciones que reconozcan múltiples formas de mérito y no solo la académica, priorizar el apoyo a los sectores más vulnerables en lugar de concentrar los esfuerzos en quienes ya están cerca de la cima, y movilizar asociaciones, sindicatos y comunidades profesionales fuera del ámbito estrictamente formal. “Una sociedad que reconoce varias formas de mérito es más justa que una que solo reconoce una”

El desprecio llega en un momento en que el fenómeno que describe —el resentimiento como motor político, la fractura entre diplomados y no diplomados, la sensación generalizada de ser ignorado por el sistema— atraviesa de forma visible las democracias de América Latina y España.´´


François Dubet advierte que el desprecio —esa emoción que aplasta el ánimo y que a menudo se confunde con vergüenza o indignación— se ha convertido en el combustible emocional del populismo en las democracias occidentales. El sociólogo francés, profesor emérito de la Universidad de Burdeos y exdirector de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), desarrolla esta tesis en El desprecio, publicado originalmente por Seuil en septiembre de 2025 bajo el título Le mépris. Émotion collective, passion politique y editado en español por Siglo XXI Editores en abril de 2026.


lunes, 11 de mayo de 2026

0908: EL PENITENTE

 En la “Puerta del Cielo”, allá por los albores de la década del 60 del siglo pasado de Nuestro Señor, cuando en el pueblo se cenaba temprano y de forma sencilla, las gallinas dormían en los árboles, las calles eran de tierra y la campana de la iglesia sonada en la oración, como señal de irse a dormir. Empezaba a llegar el viento frio del sur, los Toborochis y Ramos vestían sus mejores galas, época en la que llegaba también la Semana Santa, tiempo de silencio, de rezos, devoción, arrepentimientos y de creencias y sustos antiguos. 

Noches tranquilas donde no se silbaba, no se escuchaba música, no se reía fuerte, así lo había advertido el cura de la Iglesia por la Semana Santa, tampoco se andaba de curioso por las esquinas. Ya que era tiempo de El Penitente.

No era ánima ni aparecido. Era un cristiano vivo, de carne y hueso, pero más triste que un difunto. Hombre que había cometido un pecado muy grande y grave — de esos que ni la sombra quiere recordar — y que después de confesarse con el cura del pueblo, recibía una penitencia muy dura: salir una noche entera cargando su culpa por las calles polvorientas del Pueblo.

El cura lo mandaba llamar al caer la tarde. Nadie sabía quién era, porque todo se hacía en secreto. Lo llevaban al cementerio viejo, ese que queda por Los Motacuses, donde las cruces de madera rechinaban con el viento y los murciélagos daban vuelta sobre las covachas viejas y olvidadas. Allí, entre tumbas y velas apagadas, lo esperaba el traje de cotencio: áspero, rascador, hecho pa mortificar la piel. También la capucha larga, sin rostro, apenas dos huecos pa mirar el suelo.

Le amarraban la cintura con una soga de cabresto, gruesa como pa sujetar un potro chúcaro. En el tobillo le ajustaban una cadena pesada, de esas que al arrastrarse sonaban como lamento de fierro viejo.

¡Clanc… clanc… clanc…!

Ese ruido, era la señal.

Cuando la campana de la Iglesia daba las nueve, las puertas se cerraban con una mirada de reojo entre medio. Las viejas apagaban el mechero y todo quedaba en silencio.

Nadie salía a la calle – era la noche de El Penitente.

Se decía que si uno se topaba con él y lo miraba de frente, el penitente podía pasarle sus penas: dolores del cuerpo, pesares del alma, o esa tristeza seca que no se cura ni con baños de toco toco ni con santiguadas. 

Cuentan, que una vez un pelau alzau y burlesco de la Beni, dijo que no creía en esas cosas. Queriendo verlo pasar, se escondió detrás de una tapera, por la calle que iba pa la Normal. A la medianoche oyó primero la cadena, después vio la figura oscura, doblada, caminando despacito, como si cada paso le costara una vida.

Cuando el muchacho salió de golpe para ver quién era y reírse de él; la figura se detuvo.

No levantó la cara. No habló. Solo quedó quieta.

El viento remolineó sobre la tierra de la calle.

Se hizo un silencio sepulcral.

Dicen que el pelau sintió en el pecho un peso tan grande que le temblaban las piernas y quedó sopadingo en sudor. Desde esa noche nunca más volvió a ser el mismo; alegre, burlesco. Se volvió un hombre callado, con mirada lejana, como quien escucha algo que los demás no oyen.

Según doña Altagracia Antelo, mujer devota ella, decía que El Penitente no caminaba solo, detrás suyo iban las culpas, como sombras pegadas al suelo. Por eso los perros gemían debajo de las camas y los gallos cantaban antes de hora.

Al amanecer, cuando empezaban a berrear los terneros y las gallinas bajaban del árbol,   el penitente regresaba al cementerio. Allí lo esperaba el cura y el sacristán. Le quitaban la capucha, le soltaban la soga y le sacaban la cadena.

Nadie debía preguntar quién había sido.

Después de eso, el hombre podía volver a su casa, más liviano quizá, o tal vez no. Porque hay pecados que Dios perdona pronto… pero el corazón tarda años o quizás jamás.

Con el tiempo llegaron calles pavimentadas, luz eléctrica y ruido de motos y tractores. Ya casi nadie habla de esas cosas. Pero en Portachuelo, cuando cae Semana Santa y la noche se pone demasiado quieta, todavía hay viejitas que cierran temprano las puertas y murmuran:

— Por si acaso… mejor adentro nomás. Uno nunca sabe si todavía anda pagando sus penas El Penitente

Jorge Hugo Mercado Roda

jueves, 7 de mayo de 2026

0907: LA CUMBRE LIBIDINAL.

Lo que antes era espontáneo ahora requiere esfuerzo. Tu cuerpo no responde como antes —sientes menos sensibilidad, menos lubricación natural, y muchas veces simplemente no hay deseo aunque emocionalmente quisieras conectar con tu pareja. Te dijeron "es la edad" o "es hormonal" pero algo dentro de ti sabe que es más complejo.

No es solo edad ni hormonas; estás experimentando lo que la medicina sexual llama Disfunción Vasocirculatoria Pélvica, una reducción del flujo sanguíneo a los órganos sexuales que afecta tanto la respuesta como el deseo.

Imagina que la respuesta sexual femenina es un sistema de tres capas: emocional (deseo), neurológica (sensibilidad) y vascular (lubricación y excitación). La capa vascular es la más subestimada. Para que haya respuesta física necesitas flujo sanguíneo abundante a la zona pélvica, donde los tejidos eréctiles femeninos (sí, también existen) se llenan de sangre creando sensibilidad y lubricación. Cuando este flujo se reduce —por estrés, sedentarismo, deficiencia de óxido nítrico, o cambios hormonales— el deseo emocional puede estar presente pero la respuesta corporal no acompaña, creando una desconexión frustrante.

La herramienta más documentada para activar este sistema es el ginseng (Panax ginseng), conocido como "raíz del hombre" pero igualmente potente para mujeres.

La Activadora Pélvica

La ciencia confirma lo que la medicina china usaba durante 4,000 años. El ginseng contiene compuestos llamados ginsenosidos que aumentan la producción de óxido nítrico (la molécula clave de la vasodilatación) y mejoran la circulación periférica, incluyendo la zona pélvica. Un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine (2010) mostró mejoras significativas en función sexual femenina con suplementación de ginseng durante 8 semanas.

Protocolo Vital Shots — La Infusión de la Vitalidad: en herboristerías especializadas o tiendas de medicina china consigue raíz de ginseng coreano o americano (no las cápsulas comerciales). Corta 2-3 rodajas finas de raíz fresca y hiérvelas en una taza de agua durante 20 minutos a fuego bajo. Si usas raíz seca, una cucharadita es suficiente con el mismo tiempo. Bebe esta infusión cada mañana en ayunas durante 30 días. El sabor es terroso y ligeramente amargo. IMPORTANTE: si tienes presión alta o tomas anticoagulantes, esta hierba está contraindicada. Para todas las demás, notarás más vitalidad general en la primera semana y la respuesta circulatoria local mejorará al final del primer mes.

📚 Fuente: Oh et al., Journal of Sexual Medicine (2010) — estudio sobre Panax ginseng en función sexual femenina



 

viernes, 1 de mayo de 2026

0906: La vida te enseña quién es un sí, quién es un no… y quién nunca lo fue

 Al principio uno cree que todos los que sonríen están contigo.

Que todos los que prometen, cumplen.

Que todos los que caminan a tu lado tienen la intención real de quedarse.

Pero la vida, tarde o temprano, se encarga de revelar lo que las palabras esconden. 

Te muestra quién es un sí:

esa persona que está cuando todo se complica, que no desaparece cuando llegan los problemas, que no solo habla bonito, sino que actúa, sostiene y permanece. Es ese corazón leal que no necesita condiciones para demostrarte que puedes contar con él. 

También te muestra quién es un no:

quien nunca estuvo dispuesto, quien siempre tuvo excusas, quien dudó de ti, quien solo aparecía cuando le convenía o cuando eras útil. Personas que te hicieron entender que no todo cariño es apoyo y no toda cercanía es compromiso.

Y después están los más duros de reconocer…

los que creíste que eran parte de tu historia, pero en realidad nunca lo fueron.

Esos que parecían estar, pero jamás estuvieron de verdad.

Los que ocupaban espacio, pero no presencia.

Los que daban señales confusas, promesas vacías y afectos a medias.

Los que te hicieron perder tiempo, energía y fe, solo para darte cuenta de que estabas apostando por alguien que nunca tuvo intención real de quedarse. 

Y aunque duele, esa enseñanza vale oro.

Porque madurar también es dejar de insistir donde no hay respuesta, dejar de perseguir donde no hay reciprocidad y dejar de inventar lealtades donde solo hay costumbre o conveniencia.

La vida no siempre te quita personas…

a veces te quita vendas de los ojos.

Y cuando eso pasa, entiendes que no perdiste a todos.

Solo descubriste quién sí, quién no…

y quién jamás mereció un lugar en tu alma. 

Porque al final, la paz empieza cuando dejas de rogar presencia donde nunca hubo intención verdadera


lunes, 27 de abril de 2026

0905: El delito es el video

 La grabación de un clip musical en la finca La Victoria de Guárico, propiedad de Oswaldo Cheremo, fue la excusa para que funcionarios policiales consideraran que era un narcocorrido relacionado al cartel de Sinaloa. En una oscura trama que involucra a policías y altos funcionarios, solo el propietario y un influencer fueron acusados, mientras la propiedad fue ocupada por el subdirector nacional de la Policía Nacional. A Cheremo lo despojaron de la finca, los animales, las máquinas y vehículos, mientras permanece en la cárcel Rodeo III. Por ese caso cayó uno de los jueces más poderosos del régimen, José Macsimino Márquez, pero también arrastró al presidente del Circuito Judicial de Caracas, a su asistente, a la secretaria e incluso a una abogada relacionada con un diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Según el testimonio recogido por un amigo de la familia Cheremo, el cantante del corrido, quien posteriormente habría sido sacado del país, relató tiempo después que el mánager del video, Víctor Contreras, le dijo que un funcionario de la DGCIM lo había amenazado para que borrara la grabación y “se olvidaran de todo”, al asegurar que se trataba de una “orden de arriba”. Contreras es amigo del entonces fiscal general, Tarek William Saab Halabi. “Todo fue una trampa para robarse la finca y los bienes de Cheremo. Sé que Oswaldo ha tenido problemas en el pasado, pero fue proveedor del Consejo Nacional Electoral cuando su presidenta era Tibisay Lucena. Era un hombre con amplias relaciones en la revolución que desconozco por qué cayó en desgracia”. El 19 de noviembre de 2020, Oswaldo José Cheremo Carrasquel realizó un pago al entonces propietario, José Pérez, como parte de la compra de la finca La Victoria, ubicada en la parroquia San José de Unare, municipio Pedro Zaraza, estado Guárico. De acuerdo con la información obtenida por Infobae, a esa propiedad acudían con frecuencia funcionarios militares y dirigentes políticos, entre ellos diputados.

El delito es el video

El 28 de septiembre de 2022, Juan Rodríguez, funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), llamó a Cheremo para felicitarlo por su cumpleaños, según relatan sus familiares. Durante la conversación, Rodríguez le solicitó apoyo para un grupo que pretendía grabar un corrido mexicano, con estreno previsto en el país azteca, y le planteó que la finca La Victoria era el lugar ideal para la producción. De acuerdo con la versión familiar, ambas partes acordaron un pago de 500 dólares por el uso de las instalaciones. Los allegados señalan que Rodríguez mantenía desde hace tiempo una relación de amistad con Cheremo y que solía visitar y disfrutar de la finca La Victoria. Añaden que, además de las visitas, el funcionario pedía carne, queso, ovejos y otros productos “como colaboración para el Cicpc”. Según el relato, el equipo llegó con cámaras, bailarines y un dron para realizar la grabación. En el video, eliminado de las redes, está el cantante entonando un corrido de amor mientras aparece con jóvenes mujeres, vehículos de lujo y exhibe armas. Testigos de la grabación le dijeron a Infobae que “los artistas” hablaban con acento colombiano, aunque son venezolanos. Solo fue detenido Marcos Isaac Morales Agreda, un tiktoker conocido como “El Triple Bello”, oriundo de Caracas, y fue imputado por terrorismo. El resto de los participantes permanece en libertad, sin que ninguna fuente logre explicar por qué la Fiscalía ni las autoridades militares y policiales mostraron interés en ubicarlos. “Todos esos que están libres y participaron en el video son de Maracay, estado Aragua, se conocían entre ellos”, aseguran. También señalan que el funcionario del Cicpc, Juan Rodríguez, es de Maracay. Agregan que de ese mismo lugar serían otros involucrados, entre ellos el funcionario Jaimes Gutiérrez, a quien Cheremo reconoció como el que le aplicó torturas incluyendo la extracción de una muela para exigirle dinero. Aseguran que el alcalde del municipio Pedro Zaraza, estado Guárico, Carlos Enrique Castillo, conocido como “Cancha”, y su jefe de prensa tenían conocimiento de la visita de los cantantes que participaron en el video. Sostienen además que el hijo del alcalde, Dixon Castillo, estuvo presente con su escolta el día de la grabación. A Cheremo lo acusaron por tener armas, pero esa no es la realidad, según la familia explica a Infobae. Las escopetas, el rifle 12 y la pistola eran parte de la finca, desde antes que Cheremo la comprara, asegurando que no las sacaban de la finca porque no tenían porte legal para ello. En las fincas hay armas para la seguridad ante los grupos de abigeato, asaltantes, entre otros. “Los cartuchos fueron sembrados por los funcionarios policiales. El resto de las armas las llevó consigo la seguridad de la empresa del cantante del corrido”.

La detención

Oswaldo José Cheremo Carrasquel, de 40 años y conocido como “El Pelón Cheremo”, fue detenido en la madrugada del 21 de octubre de 2022 en el sector Los Recortes, en la finca La Victoria, parroquia San José de Unare, municipio Pedro Zaraza, Guárico. Actualmente permanece recluido en Rodeo III. Según fuentes familiares, al momento de los hechos Cheremo se encontraba con su abogado, Andrés Eloy Lunero, en el restaurante Tamanaco, a la espera de los cantantes que participarían en un video, con el fin de que firmaran el documento de alquiler de la finca por la grabación realizada. Al sitio llegó el capitán Johan Augusto Sierra Sánchez, acompañado por los funcionarios de la GNB S1 Yorsi José Coto Pérez Coto y Rafael Alberto Gutiérrez Jaimes, quien le solicitó que lo acompañara al Comando de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). El relato sostiene que el capitán Sierra le habría preguntado a Cheremo “cómo quedó la grabación”, le mostró un video difundido en redes sociales y le dijo: “¿cómo podemos arreglar eso? Consigue 60 mil para sacarte de eso”. Según las fuentes con las que habló Infobae, Cheremo habría sostenido que “Sierra lo llevó posteriormente a una propiedad de Javier Rondón, que decía ser su amigo”. Allí, el oficial le habría insistido en que consiguiera dinero, mencionando necesidades personales como la reparación de una camioneta. “Esa misma noche el capitán reapareció “con las armas y la mesa armada” y le exigió el pago de 800.000 dólares, asegurando que “un general quería esa cantidad” y que, de no entregarla, “lo iban a presentar y se iba a hundir”.

La versión de que Cheremo Carrasquel estaría siendo enjuiciado como parte del “Tren de Aragua” fue difundida por el periodista Eligio Rojas, vinculado a los medios oficialistas últimas Noticias y La Iguana. Sin embargo, según señalan allegados a la defensa, “Oswaldo no pertenece a esa organización”.

De acuerdo con esa misma fuente, Rojas publicó divulgaciones contradictorias sobre el caso y habría tenido un conflicto previo: era vecino de la madre de Cheremo en Guárico y, presuntamente, mantenían una disputa por linderos con la familia del periodista. La esposa de Cheremo lo habría denunciado ante el Colegio Nacional de Periodistas.

Posteriormente, la madre de Cheremo falleció en el Hospital de Valle de la Pascua, estado Guárico. Según la versión citada, murió “sin tener para comprar ni el catéter para su diálisis, porque su hijo estaba en prisión”.

Miguel Domínguez ocupa la finca

La finca La Victoria fue ocupada por el comisario José Miguel Domínguez, conocido como “Miguelito”, actual subdirector de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) desde julio de 2023, organismo adscrito al Ministerio del Interior y Justicia.

Domínguez dirige desde julio de 2022 la Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET), una división especializada en operaciones de seguridad de carácter estratégico.

De acuerdo con un reportaje de Runrunes, Domínguez formó parte de un colectivo en Catia, Caracas, y registra antecedentes por homicidio desde el año 2000. Posteriormente se hizo visible como escolta de Freddy Alirio Bernal Rosales, entonces alcalde de Caracas y hoy gobernador del Táchira, quien lo llevó a ese estado como jefe de las ya disueltas Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

“Miguelito” está sancionado por Francia, el Principado de Mónaco y Estados Unidos. En 2019, el entonces secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, afirmó: “Estamos sancionando a los miembros de las fuerzas de seguridad de Maduro en respuesta a la violencia, las muertes trágicas y la incesante incineración de alimentos y medicamentos destinados a los venezolanos enfermos y hambrientos”.

Según un residente del estado Guárico consultado por Infobae, la finca de Cheremo “se usa para llevar a muchachitas del pueblo, que publican videos en redes. Las hemos visto en las publicaciones. Es un centro para reuniones y fiestas”.

Los antecedentes

Sobre uno de los antecedentes citados por la Fiscalía, un abogado amigo de su familia sostiene que Cheremo no figuró como denunciado, sino como víctima de una estafa que él mismo reportó ante las autoridades. Según su versión, la denuncia se originó por el presunto robo de una máquina en Maracay, hecho que consta en el registro.

También indicó que Cheremo se comprometió a vender motores fuera de borda a un consejo comunal, pero que tras la muerte de Hugo Chávez se habrían centralizado las adquisiciones, lo que le impidió conseguir los equipos y cumplir con la entrega. Ante esa situación, acordó devolver el dinero, una parte del cual estaba destinada a la campaña a la gobernación de Lizeta Hernández Abchi.

El conflicto, añade, escaló cuando personas vinculadas al equipo de Yelitze de Jesús Santaella Hernández, exgobernadora de Delta Amacuro y Monagas y actual ministra, presentaron una denuncia contra Cheremo. “Cayó en medio de un enfrentamiento político entre Lizeta Hernández y Santaella por el control del poder regional”.

En agosto de 2013, Cheremo Carrasquel fue detenido. El 24 de febrero de 2014, en la causa YP01-P-2013-004726, él y Wilmer Antonio Tovar Thomas y Olseri Barmira Peaspan González fueron condenados a cuatro años y seis meses de prisión por peculado doloso propio y asociación para delinquir. En julio de 2014, el tribunal les otorgó el beneficio de suspensión condicional de la ejecución de la pena, en el marco del Plan Cayapa del Ministerio Penitenciario.

Funcionarios policiales y judiciales

Mientras el capitán Sierra encabezaba el grupo de funcionarios que llegó a la finca La Victoria, permitió que los participantes del video se retiraran del lugar. Sin embargo, a Oswaldo Cheremo “lo tenían secuestrado en la finca de Javier Rondón, exigiéndole dinero para que el capitán Sierra lo liberara”, aseguró a Infobae una fuente de Zaraza.

De acuerdo con ese testimonio, Rondón es un hombre con amplio poder económico en esa zona del estado Guárico y habría sido cercano al entonces gobernador José Manuel Vásquez Arangurén.

La fuente también cuestionó la versión reflejada en el acta policial: “Es falso que la finca estaba sola como dicen en el acta. Una finca así nunca está sola, y menos con unas armas como las que dicen que encontraron a la vista”.

El 9 de enero de 2023, Cheremo quien, según el caso, habría pagado 240.000 dólares entre dinero y bienes, para obtener una medida cautelar sustitutiva, fue liberado por decisión del juez José Macsimino Márquez García y por instrucción del abogado Mario Aquino Pisano, asistente del presidente del Circuito Judicial Penal de Caracas, Cristóbal Cornieles Perret. Posteriormente, los tres fueron destituidos y encarcelados.

La abogada Loreannys Mariana Mejías Díaz, quien más tarde también fue detenida, se había presentado previamente en la cárcel de La Yaguara. “El coronel Zambrano, de Valle de La Pascua, le dijo a Oswaldo meses antes que le enviaría a esa abogada para que le resolviera el caso en tribunales”, sostuvo la fuente.

Mejías se presentó como funcionaria de la Asamblea Nacional, en su condición de asistente del diputado Pedro Miguel Carreño Escobar. “Le propuso a Oswaldo Cheremo que podía ayudarle con su libertad y que, a cambio, debía pagar una alta suma de dinero; de lo contrario lo iban a condenar a 30 años de prisión”, relató.

Márquez García, conocido por llevar casos de terrorismo y por ordenar detenciones de dirigentes políticos, fue detenido el 17 de marzo de 2023.

Un año después, el 25 de enero de 2024, la jueza Katherine Haringhton Padrón, ponente de la apelación, revocó la decisión de Márquez García respecto a la entrega de una camioneta incautada.

La versión policial

Según el acta policial, el 21 de octubre de 2021 al mediodía el capitán Johan Augusto Sierra Sánchez, comandante de la 5ta. Compañía del Destacamento N.º 343, Comando de Zona N.º 34 de la Guardia Nacional en Zaraza, estado Guárico, dijo haber tenido conocimiento de un video que circulaba en redes sociales y que vinculaba a presuntos integrantes de una banda internacional conocida como el Cartel de Sinaloa.

El documento señala que en la grabación aparecen 11 personas, ocho hombres y dos mujeres, portando armas de fuego, y que entre ellas se “visualiza a un individuo de la zona conocido como Pelón Cheremo”. A partir de ello, se conformó una comisión militar integrada por los S1 Yorsi José Coto Pérez y Rafael Alberto Jaimes para realizar labores de inteligencia.

A las 11:30 a. m., indica el reporte, instalaron un punto de vigilancia en una panadería ubicada en la carretera nacional Zaraza–Tucupido, adyacente al Comando de la Guardia Nacional. El S1 Coto informó al capitán Sierra Sánchez que en el establecimiento había dos hombres tomando café y que uno de ellos sería Cheremo.

Los funcionarios también observaron una camioneta negra con características similares a las mostradas en el video difundido en redes. A las 12:10 p. m., abordaron al señalado y el capitán le solicitó trasladarse al comando de la GNB por una investigación en curso; el reporte afirma que aceptó de forma voluntaria. Su acompañante era el abogado Andrés Eloy Linero Yaguaracuto.

Posteriormente, prosigue el documento, los militares le pidieron que los guiara hasta el lugar donde se habría grabado el video, identificado como la finca La Victoria. Allí, siempre según el acta, indicó el sitio y las armas. El sargento Gutiérrez Jaimes notificó a Oswaldo José Cheremos Carrasquel que quedaba detenido por presunta infracción de la Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones; más tarde, se le añadieron señalamientos vinculados a la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo..