sábado, 18 de abril de 2026

0903: el sueño

 -La tercera ley dice: “Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando dicha protección no entorpezca el cumplimiento de la primera y segunda ley”.

-Sí, doctora Calvin, esta es efectivamente la tercera ley, pero en mi sueño la ley terminaba en la palabra “existencia”. No se mencionaba ni la primera ni la segunda ley.

-Pero ambas existen. La segunda ley, que tiene preferencia sobre la tercera, dice: “Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando dichas órdenes estén en conflicto con la primera ley”. Por esta razón los robots obedecen órdenes. Hacen el trabajo que les has visto hacer, y lo hacen fácilmente y sin problemas. No están abrumados; no están cansados.

-Y así es en la realidad, doctora Calvin. Yo hablo de mi sueño.

-Y la primera ley, que es la más importante de todas, es: “Un robot no debe dañar a un ser humano, o, por inacción, permitir que sufra daño un ser humano”.

-Sí, doctora Calvin, así es en realidad. Pero en mi sueño, me pareció que no había ni primera ni segunda ley, sino solamente la tercera, y esta decía: “Un robot debe proteger su propia existencia”. Esta era toda la ley.

-¿En tu sueño?

-En mi sueño.

-Elvex, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás hasta que te llamemos por tu nombre.

Y otra vez el robot se transformó aparentemente en un trozo inerte de metal. Calvin se dirigió a Linda Rash:

-Bien, y ahora, ¿qué opinas, doctora Rash?

-Doctora Calvin -dijo Linda con los ojos desorbitados y el corazón palpitándole fuertemente-, estoy horrorizada. No tenía idea. Nunca se me hubiera ocurrido que esto fuera posible.

-No -observó Calvin con calma-, ni tampoco se me hubiera ocurrido a mí, ni a nadie. Has creado un cerebro robótico capaz de soñar y con ello has puesto en evidencia una faja de pensamiento en los cerebros robóticos que muy bien hubiera podido quedar sin detectar hasta que el peligro hubiera sido alarmante.

-Pero esto es imposible -exclamó Linda-. No querrá decir que los demás robots piensen lo mismo.

-Conscientemente no, como diríamos de un ser humano. Pero, ¿quién hubiera creído que había una faja no consciente bajo los surcos de un cerebro positrónico, una faja que no quedaba sometida al control de las tres leyes? Esto hubiera ocurrido a medida que los cerebros positrónicos se volvieran más y más complejos… de no haber sido puestos sobre aviso.

-Quiere decir, por Elvex.

-Por ti, doctora Rash. Te comportaste irreflexivamente, pero al hacerlo, nos has ayudado a comprender algo abrumadoramente importante. De ahora en adelante, trabajaremos con cerebros fractales, formándolos cuidadosamente controlados. Participarás en ello. No serás penalizada por lo que hiciste, pero en adelante trabajarás en colaboración con otros.

-Sí, doctora Calvin. ¿Y qué ocurrirá con Elvex?

-Aún no lo sé.

Calvin sacó el arma electrónica del bolsillo y Linda la miró fascinada. Una ráfaga de sus electrones contra un cráneo robótico y el cerebro positrónico sería neutralizado y desprendería suficiente energía como para fundir su cerebro en un lingote inerte.

-Pero seguro que Elvex es importante para nuestras investigaciones -objetó Linda-. No debe ser destruido.

-¿No debe, doctora Rash? Mi decisión es la que cuenta, creo yo. Todo depende de lo peligroso que sea Elvex.

Se enderezó, como si decidiera que su cuerpo avejentado no debía inclinarse bajo el peso de su responsabilidad. Dijo:

-Elvex, ¿me oyes?

-Sí, doctora Calvin -respondió el robot.

-¿Continuó tu sueño? Dijiste antes que los seres humanos no aparecían al principio. ¿Quiere esto decir que aparecieron después?

-Sí, doctora Calvin. Me pareció, en mi sueño, que eventualmente aparecía un hombre.

-¿Un hombre? ¿No un robot?

-Sí, doctora Calvin. Y el hombre dijo: “¡Deja libre a mi gente!”

-¿Eso dijo el hombre?

-Sí, doctora Calvin.

-Y cuando dijo “deja libre a mi gente”, ¿por las palabras “mi gente” se refería a los robots?

-Sí, doctora Calvin. Así ocurría en mi sueño.

-¿Y supiste quién era el hombre… en tu sueño?

-Sí, doctora Calvin. Conocía al hombre.

-¿Quién era?

Y Elvex dijo:

-Yo era el hombre.

Susan Calvin alzó al instante su arma de electrones y disparó, y Elvex dejó de ser.


miércoles, 15 de abril de 2026

0902: Denis Licaón

 —Lo siento mucho, señor, ¿pero podría hacernos el favor de compartir su mesa con la señorita?

Denis echó una ojeada a la zagala, desfrunciendo el ceño al mismo tiempo.

—Encantado 

—Gracias.

—Si usted me lo agradece a mí ¿a quién deberé yo? Agradecérselo

—A la clásica providencia, sin duda 

Y a continuación dejó caer su bolso, que Denis recogió al vuelo.

—¡Oh! ¡Tiene usted unos reflejos extraordinarios!

—Sus ojos son también bastante extraños Los veo parecidos a… a…

—De buena gana le devolvería el piropo, pero pasándolo al género femenino


Salieron juntos del restaurante. La lagarta confió al lobo convertido en hombre que, no lejos de allí, ocupaba una encantadora habitación en el Hotel del Pasapurés de Plata.

—¿Por qué no viene a ver mi colección de grabados japoneses? 

—¿Sería prudente? ¿Su marido, su hermano o algún otro de sus parientes no lo vería con inquietud?

—Digamos que soy un poco huérfana 

—Una verdadera lástima

Al llegar al hotel creyó darse cuenta de que el recepcionista parecía llamativamente distraído


Apenas si comenzaba éste a salir de una especie de coma bastante distinto de todo cuanto hubiese conocido hasta entonces Sofocado y pálido, se incorporó a medias en el lecho y quedó boquiabierto viendo cómo su compañera, con el culo al aire, dicho sea con todo respeto, registraba con diligencia el bolsillo interior de su americana.

—¿Desea una foto mía?

Se sintió halagado pero, por el sobresalto que empinó la bipartita semiesfera que ante sus narices tenía, al instante se dio cuenta del inmenso error de tan aventurada suposición.

—Esto… eh… sí, querido mío .

Denis volvió a fruncir el ceño. Se levantó, y fue a comprobar el contenido de su cartera.

—¡Así que es usted una de esas hembras cuyas indecencias pueden leerse en la literatura de Vargas Vila! — ¡Una prostituta, por decirlo de algún modo!

Se disponía ella a replicar, y en qué tono, que se cagaba en tal y en cual, que se lo montaba con su cuerpo serrano, y que no acostumbraba a tirarse a los pasmados por el gusto de hacerlo, cuando un cegador destello procedente de los ojos del lobo antropomorfizado le hizo tragarse todos y cada uno de los proyectados exabruptos. De las órbitas de Denis emanaban, en efecto, dos incesantes centellas rojas que, cebándose en los globos oculares de la morenita, la sumieron en muy curiosa confusión.

—¡Haga el favor de cubrirse y de largarse en el acto!


Volvió a poner donde correspondía cada uno de sus avíos, se lavó donde más lo necesitaba y salió a la calle. No había caminado ni dos metros, cuando tres individuos se le acercaron. Vestidos un poco llamativamente, con ternos demasiado claros, sombreros demasiado nuevos y zapatos demasiado lustrados, lo cercaron.

—¿Podemos hablar con usted?

—¿De qué? 

—No te hagas el tonto 

—Entremos ahí… 

propuso el aceitunado según pasaban por delante de un bar.

Lleno de curiosidad, Denis entró. Hasta aquel momento, la aventura le parecía interesante.

—Querido amigo acaba usted de comportarse de una manera muy poco correcta con una jovencita.

Denis comenzó a reír a mandíbula batiente.

—Da la casualidad de que los intereses de esa muchacha son también los nuestros.

—Ahora entiendo Ustedes son sus chulos.

Los tres se levantaron como movidos por un resorte.

—¡No nos busques las vueltas

Denis los contemplaba.

—Noto que voy a encolerizarme Será la primera vez en mi vida, pero reconozco la sensación. Tal como ocurre en los libros.

Los tres individuos parecían desorientados.

—¡Arreglado vas si piensas que nos asustas!

Al tercero no le gustaba hablar. Cerrando el puño, tomó impulso. Cuando estaba a punto de alcanzar el mentón de Denis, éste se zafó, atrapó de una dentellada la muñeca del agresor y apretó. La cosa debió doler.

Una botella vino a aterrizar sobre la cabeza de Denis, que parpadeó y reculó.

El bar se había quedado vacío. Denis saltó por encima de la mesa y del adversario gordo. Sorprendido, éste se quedó un instante aturdido, pero llegó a tener el reflejo de agarrar uno de los pies calzados del solitario de Fausses-Reposes.

Siguió una breve refriega al final de la cual, Denis, con el cuello de la camisa desgarrado, se contempló en el espejo. Una cuchillada le adornaba la mejilla, y uno de sus ojos tendía al índigo. Prestamente, acomodó los tres cuerpos inertes bajo las banquetas. El corazón le latía con furia. 

Y, de repente, sus ojos fueron a fijarse en un reloj de pared. Las once.

«¡Por mis barbas», «es hora de marcharse!».


viernes, 10 de abril de 2026

0901: LO IRÓNICO DEL VELORIO NO ES LA MUERTE… ES EL ESPECTÁCULO

Lo más triste de un velorio no es el ataúd. Es el ruido alrededor. El mismo teléfono que nunca sonó para preguntar “¿cómo estás?” hoy no deja de vibrar para anunciar: “ya falleció”

Y entonces aparecen. Como si la muerte tuviera más poder de convocatoria que la vida.

Llegan los abrazos que no dieron. Las flores que nunca regalaron.

Las palabras bonitas que jamás se atrevieron a decir cuando todavía podían escucharlas.

Algunos lloran fuerte… demasiado fuerte. Pero no lloran por amor. Lloran porque el silencio del ataúd les grita todo lo que no hicieron. Les recuerda la llamada que postergaron. La visita que prometieron.

El “luego paso” que nunca llegó.

Qué fácil es amar cuando ya no pueden responderte.

Qué cómodo es hablar bien de alguien cuando ya no puede señalar tu ausencia.

Qué sencillo es parecer buen hijo, buen hermano, buen amigo… cuando el único testigo ya no respira.

La verdad incomoda, pero alguien tiene que decirla:

Muchos funerales no están llenos de amor. Están llenos de culpa vestida de negro.

Y si este texto te molesta… no es porque sea cruel.

Es porque sabes que alguna vez prometiste una visita que nunca hiciste.

Reflexión final

No esperes a que el silencio de un ataúd te obligue a sentir lo que pudiste demostrar en vida. Llama hoy. Visita hoy. Abraza hoy. Porque el verdadero amor no se demuestra con coronas de flores… se demuestra con presencia cuando todavía hay latidos.

 

sábado, 4 de abril de 2026

0900: Asnos estúpidos

 Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. 

En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.

En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

-Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!

-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.

-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.

-Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?

El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.

-Ah, sí -dijo Naron- lo conozco.

Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues: La Tierra.

-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero.

-De ningún modo, señor -respondió el mensajero.

-Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?

-Sí, señor.

-Bien, ese es el requisito -Naron soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.

-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.

Naron se quedó atónito.

-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?

-Todavía no, señor.

-Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?

-En su propio planeta, señor.

Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:

-¿En su propio planeta?

-Si, señor.

Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia.

-¡Asnos estúpidos! -murmuró.


por Isaac Asimov


miércoles, 1 de abril de 2026

0899: “Los relatos bíblicos”

 Gonzalo Garcés dice que él no tenía mucho que ver con la Biblia ni con la religión. Pero que la literatura lo llevó a revisar algunas historias y, bueno, se entusiasmó con lo que leyó y terminó escribiendo Los relatos bíblicos, un libro que ya agotó la primera edición, donde un poco cuenta y un poco da contexto y analiza. Es valorativo: dirá que es un libro que abre la cerradura de nuestra mente y, también, que Dios es una idea de futuro. Pero, también, que es un texto duro, realista, a veces pragmático. Y que allí encontró personajes que podrían estar en Breaking bad o en Game of thrones.


—¿Por ejemplo?

—Jacob, que es uno de los patriarcas del Antiguo Testamento, del Génesis, el fundador de las doce tribus de Israel. Y el tipo es un sinvergüenza. Estafa a su hermano, le saca el derecho de primogenitura, estafa a su propio padre, que está ciego, y se tiene que escapar de su familia porque lo quieren matar -con toda razón, además. Y sin embargo, en el texto dice que Dios lo elige, cosa que te da que pensar. Es como si Dios pensara: “Bueno, en un sentido, si se trata de fundar una nación, si se trata de realizar un gran proyecto, más vale una persona que es un poco inmoral, pero que también es reflexiva, que también piensa en el largo plazo, que tiene garra, que tiene tanta hambre de vivir que está dispuesto a cometer crímenes. Y después, por el camino, ya va a aprender la ética. Pero lo primero es el hambre de vivir. Si la Biblia fuera el libro ñoño, edificante, que yo me imaginaba antes de leerlo, todo el tiempo nos encontraríamos con historias donde los justos son recompensados y los malos son castigados. Y eso no pasa. Todo el tiempo, Dios elige a estafadores como Jacob, a cobardes como Pedro el apóstol, a aventureros dudosos, políticos dudosos como David. Y tira abajo del colectivo a gente buena, indudablemente buena, como Esaú, como Urías, como Job.


—¿Por qué?

—Porque la Biblia es un mapa existencial de toda nuestra naturaleza, de todos nuestros impulsos contradictorios, de nuestro egoísmo en lucha con nuestra generosidad y de lo que podés esperar de la existencia como ser humano. Y lo interesante es que sigue siendo cierto exista Dios o no.


A partir de los rusos

Gonzalo Garcés nació en Buenos Aires, es escritor y anda por los 50 años. Colabora en medios, trabaja en la radio con Jorge Fernández Díaz, escribió, entre otros libros, Los impacientes -donde “los tres protagonistas de la novela luchan por superar la idea de adolescencia que su época les impone”- El futuro -un padre que llega a reencontrarse con su hijo, se encandila con una mujer y resulta que es... la mujer del hijo- y Hacete hombre, donde se pregunta qué es ser hombre hoy.

La religión, dijimos, no fue lo suyo. Su abuelo materno era judío y su madre se crio “en la cultura judía”. Por parte de padre, ateos españoles de origen católico. “Soy un tipo más bien individualista y entonces siempre me provocó mucho rechazo la idea de poner tu vida y tu voluntad en las manos de Dios, que es un concepto central en las religiones. Siempre me mantuve a mucha distancia y sigo siendo así. Lo que pasó es que me puse a leer la Biblia porque mis escritores rusos preferidos hablaban de la Biblia. Me dio curiosidad y, cuando entré, me encontré ontré con una de las sorpresas de lector de mi vida. Y es que había personajes que parecían sacados de la novela rusa o de Shakespeare, o de Breaking Bad, o de Game of Thrones, o de Taxi Driver".

El libro tiene como subtítulo “Las historias y los personajes que formaron a Occidente” y va desde el Génesis -dice que hay dos relatos de la Creación- hasta el Apocalipsis. En el medio, de todo: Adán y Eva; Caín y Abel, La Torre de Babel; Abraham y Sara, Jacob, Moisés, David y otros. Por supuesto, Jesús y pasión tienen varios capítulos. Los relatos de la Biblia, dice, “siempre refieren sucesos ocurridos siglos antes del momento en que se escribieron. Es decir que sus autores hablan del pasado lejano para responder preguntas de su presente”.

Y lee, por ejemplo, la salida de los judíos de Egipto y su camino a la Tierra Prometida en clave política: “En el relato del Éxodo vos tenés la primer Estado de Derecho de la Historia, cuando el gobernante también tiene que obedecer leyes. Y eso vos lo tenés con los diez mandamientos y con la ley que Moisés recibe en el monte Sinaí”.

O mira a Jesús como líder: “El modo de proceder políticamente de Jesús sigue siendo un modelo para cualquier movimiento que se proponga, eh, subvertir una sociedad. Es un modelo revolucionario".

Garcés no discute la veracidad de las historias sino que busca otra cosa. Lo del subtítulo: qué huellas de la formación de Occidente -la democracia, el Estado de derecho, la idea de individuo- despuntan en esos relato.

Una idea fuerte es que “Dios nos habla desde el futuro”. Eso, dice: que Dios es una idea que actúa como impulso.


—¿Cómo es eso de que Dios habla desde el futuro?

—En la Biblia, Dios es una voz que habla desde el futuro. Siempre es así. Siempre es una voz que te llama hacia lo desconocido, te llama a la aventura. Cuando Abraham, que es el primero que dialoga con Dios en la Biblia, escucha por primera vez esa voz, ¿qué le dice Él? Le dice (parafraseando): “Salí de tu casa, salí de tu confort y andate a esta tierra peligrosa y desconocida a correr aventuras”. Y no le dice nada más concreto. Le dice que va a tener una descendencia, justo a él, que no puede tener hijos. Esencialmente, es un Dios que te convoca a lo desconocido y a la aventura. Y si vos no creés en Dios _al menos de una manera ortodoxa- lo podés conceptualizar así: todos en algún momento sentimos que tenemos un potencial no realizado. Digamos que yo llego a un momento de mi vida en el cual me digo: “¿Esto es todo lo que hay?" Bueno, podemos ir un paso más allá y pensar que Dios es todos mis potenciales no realizados que me llaman hacia el futuro. Y después lo podés llevar al plano colectivo, es decir, Dios es todos los potenciales de mi comunidad, de mi tribu, de mi nación. Y cuando te querés dar cuenta, estás trabando relación con el futuro de una manera religiosa.


—Contame los de las dos creaciones del mundo.

—Eso no es interpretación mía. Si vos abrís la Biblia, tenés primero la famosa historia que empieza: “En el principio, Dios creó los cielos y la Tierra. pero la Tierra era oscura y caótica...” Después, Dios va creando todo con palabras. Dice: “Haya luz” y hubo luz, “Haya tierra” y hubo tierra. Las palabras crean la realidad. Y esa historia, en realidad, históricamente es varios siglos más reciente que la otra historia, que es más cortita y más primitiva.


—¿La del Edén?

—Sí, dice que Dios creó el Edén cuando todavía no había seres humanos para regar y cultivar la tierra. Y claro, es lindo, es encantador. Pero eso corresponde a ese momento que pasan las civilizaciones en su etapa primitiva, las culturas primitivas. Pero la historia, el génesis del caos, empieza en serio cuando los judíos pierden la tierra, pierden Jerusalén, pierden el templo, están exiliados en Babilonia, no tienen más nada y se dan cuenta de que aun así pueden existir como un pueblo fundado en dos cosas: en las palabras y en la esperanza de que aunque en el presente todo sea humillación y dolor, en elhorizonte espera algo bueno. Y eso yo en el libro lo llamo “Un arma secreta espiritual”, porque cuando vos pensás que algo bueno te espera, sos virtualmente indestructible.


—¿Encontraste patrones comunes a lo largo de la Biblia, siendo un texto de múltiples autores?

—Varias cosas. La primera es que el gran tema que atraviesa toda la Biblia es el sacrificio. Nosotros, en nuestra cultura del siglo XXI, cuando escuchamos “sacrificio”, visualizamos una persona que se golpea el pecho y dice: “Yo me sacrifico”, de un modo un poco feo, como sin razón. Pero en la Biblia tiene un sentido muy concreto. “Sacrificar” es hacer un esfuerzo a futuro. Y, claro, cuando vos querés algo del futuro, inevitablemente tenés que hacer una inversión, tenés que invertir tu energía, tu tiempo, tu amor, tus recursos materiales. En la Biblia eso es la constante.


—¿Dónde lo ves?

—Desde Caín y Abel, que hacen cada uno una ofrenda a Dios, solo que a Abel le va bien y a Caín le va mal. Y ahí la Biblia te plantea un nudo de la experiencia humana: si querés llegar a alguna parte, vas a tener que hacer un sacrificio. Pero ¿qué pasa si no te resulta? ¿Qué pasa si fracasás? Esa pregunta sirve para entender otros conflictos. Es la historia de Mozart y Salieri, es infinitas historias.


—Y Moisés...

—Moisés hace un sacrificio cuando deja su privilegio. Porque Moisé es un hombre de origen hebreo, supuestamente, pero criado en una familia noble egipcia, y deja ese privilegio para sacar a los hebreos de Egipto. A propósito de esto, hay una teoría que para mí es muy seductora y es que la palabra “hebreo” viene de “habiru”, que eran los trabajadores extranjeros, los jornaleros. En otras palabras, la clase baja de la clase baja, los que no tenían ningún derecho. Y a esos, medio desheredados, Moisés los saca para llevarlos a vivir en libertad.


—Un camino “sacrificado”, también.

—Tienen que pasar cuarenta años en el desierto sacrificando la comodidad, la seguridad, la certeza. Sacrifican todo para aprender a ser libres. Así que un tema es el sacrificio. El otro es que no hay un personaje en la Biblia que no tenga defectos gravísimos, pero gravísimos.


—Hablamos de...

—Ya te nombré alguno. Jacob: un chanta, un sinvergüenza, un estafador. Moisés es un líder, es el arquetipo del liberador, al punto que a Abraham Lincoln, que decretó la libertad de los esclavos en Estados Unidos, lo apodaban “Moisés”. Sin embargo, Moisés es lo menos perfecto que hay. Es un tipo iracundo que no sabe hablar, es tartamudo, está lleno de dudas, siente que no está para nada a la altura de la misión.


—¿Cuál más?

—Ni hablemos del fundador del reino de Israel, que es para mí es el personaje más fascinante de la Biblia por todas las aristas que tiene, que es David. Por un lado, David es un idealista que toca la lira, es un poeta, un tipo con una sensibilidad extraordinaria. Pero, al mismo tiempo, es el sujeto que tiene la sangre fría como para mandar a matar al rey que lo apadrinó, una de tantas historias donde el “pollo” del hombre fuerte lo termina reemplazando. Y que tiene esta historia extraordinaria con una mujer.


—Contala.

—Cuando David ya es rey, un día desde la terraza de su palacio ve a una mujer desnuda que se baña y se excita tanto con ella que la manda a llamar. Esta mujer es Betsabé... y está casada. Peor todavía, está casada con uno de los soldados más leales a David. Sin embargo, David está tan entusiasmado que se acuesta con ella, la embaraza y entonces manda a llamar a Urías, el marido de Betsabé, desde el frente de batalla, y trata de que se acueste con Betsabé para que parezca que el bebé es de él, del marido. Pero no funciona porque el tonto de Urías es tan leal que no quiere pasar la noche en la comodidad de su casa y durmiendo con su mujer mientras sus compañeros de armas están peleando. Y cuando David ve que ese truco no le va a funcionar, lo manda al frente con una carta sellada que tiene que entregarla a su general. Y la carta dice: “Pongan a este hombre, que trae la carta, a Urías, en lo más recio de la batalla para que sea muerto”. Y se queda con su mujer.


—Uf.

—Sin embargo, ese hombre que es desleal, que es inmoral y qie al mismo tiempo es capaz de esos arrebatos de poesía, ese es el fundador del reino, el que después, en el Nuevo Testamento, es el modelo de Jesucristo. En los Evangelios dice que Jesucristo “Ocupará el trono de David”. O sea la Biblia es un libro duro, no es un libro sentimental, no es un libro para almas sensibles, porque te muestra, todas las canalladas de las que sos capaz. Y no solo eso, las canalladas que a veces son necesarias para realizar grandes cosas


—¿Por qué funciona este texto? ¿Por qué es uno de los grandes relatos de la humanidad?

—Ningún libro puede seguir leyéndose después de veinte o treinta siglos si no contiene claves de la existencia que te sirven para vivir. Si fuera solo mandatos, lo habríamos desechado hace mucho. Si fuera solamente: “No hagas esto, hacé lo otro”, si estuviera en contradicción con nuestra naturaleza, lo habríamos descartado. Es una llave que sigue abriendo la cerradura de nuestra mente y de nuestro funcionamiento como seres humanos. Por eso perdura.


Por

Patricia Kolesnicov


sábado, 28 de marzo de 2026

0898: Como ella lo contó, nosotras lo contamos

 Como ella lo contó, nosotras lo contamos. Mima seguro que me iba a pegar y todo, pero cuando yo se lo conté todo se echó a reír y dijo que ya era hora de que Petra se aprovechara. Parece que ella quería decir que Petra era muy vieja y hacía como diez años que era novia de su novio, porque era eso lo que todo el mundo decía en el barrio y lo que mi madre dijo exactamente fue, «Bueno, parece que Petra se decidió a casarse por detrás de la iglesia». Yo sé que eso no quiere decir que Petra se casara por la otra parte de la iglesia, por el fondo, sino que quiere decir otra cosa, pero yo sé muy bien que no lo podía decir (como no podía decir lo que Aurelita y yo hacíamos debajo del camión) y le pregunté a Mima, «Mima, ¿cómo se casan por detrás de la iglesia? ¿Sin el cura?», y Mima soltó una carcajada y dijo, «Sí, niña, eso mismo: sin el cura», y por poco se ahoga de la risa ahí mismo. Entonces fue que llamó a las vecinas.

Así fue como Aurelita y yo empezamos a contar lo que pasó y cada vez que llegaba alguien a casa lo único que hacía era (ya para entonces Mima no daba café) dar las buenas noches o los buenos días o las buenas tardes y preguntar enseguida, «Niñas, vengan acá. ¿Qué cosa estaban haciendo ustedes debajo del camión?». Y

nosotras lo contamos y lo contamos, hasta que por poco contamos qué estábamos haciendo de verdad debajo del camión. Pero entonces Ciana Cabrera y su hija Petra se mudaron para Pueblo Nuevo, que no es en realidad otro pueblo ni es nuevo, sino un barrio que hay al otro extremo del pueblo mucho más pobre todavía, donde la gente vive en casas con piso de tierra y techo de guano y eso, y la gente del barrio dejaron de preguntarnos y Aurelita y yo decidimos ir a Pueblo Nuevo todos los días cuando salíamos del colegio, a que nos preguntaran, «Muchachitas, vengan acá, ¿qué cosa estaban haciendo ustedes debajo de ese camión?)».

Fue en Pueblo Nuevo que supimos que el novio de Petra no había vuelto más al pueblo los jueves ni los domingos y que luego volvió al pueblo nada más que los domingos a pasear por el parque y nos enteramos de que Petra no salía a ningún lado, porque la madre tenía la puerta de la casa todo el día cerrada y nadie la veía y la vieja no hablaba con nadie cuando salía a hacer los mandados y no se trataban con nadie, como antes, que siempre estaban haciendo visitas


miércoles, 25 de marzo de 2026

0897: NOTICIA

 Los personajes, aunque basados en

personas reales, aparecen como seres de

ficción. Los nombres propios mencionados

a lo largo del libro deben considerarse como

pseudónimos. Los hechos están, a veces,

tomados de la realidad, pero son resueltos

finalmente como imaginarios. Cualquier

semejanza entre la literatura y la historia es

accidental. 


ADVERTENCIA

El libro está en cubano. Es decir,

escrito en los diferentes dialectos del

español que se hablan en Cuba y la

escritura no es más que un intento de

atrapar la voz humana al vuelo, como aquel

que dice. Las distintas formas del cubano se

funden o creo que se funden en un solo

lenguaje literario. Sin embargo, predomina

como un acento el habla de los habaneros y

en particular la jerga nocturna que, como

en todas las grandes ciudades, tiende a ser

un idioma secreto. La reconstrucción no fue

fácil y algunas páginas se deben oír mejor

que se leen, y no sería mala idea leerlas en

voz alta. Finalmente, quiero hacer mío este

reparo de Mark Twain:


«Hago estas explicaciones por la

simple razón de que sin ellas muchos

lectores supondrían que todos los

personajes tratan de hablar igual sin

conseguirlo.»

GCI


«Y trató de imaginar cómo se vería la luz

de una vela cuando está apagada.»

Lewis Carroll


 TRES TRISTES TIGRES

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