domingo, 14 de julio de 2019

0332: criollismos


ACHICHIU–He aquí una bonita expresión que decimos mucho los cholos paceños cuando nos duele algo, o cuando nos golpeamos el dedo con un martillo.
BUENUDO– Es el ciudadano  bueno y cojudo. O sea, excesivamente bueno, por lo que lo toman como a idiota.
CALANCHO– Palabra que utilizamos los cholos para decir desnudo. También se utiliza la abreviación de “cala”
DISPARARSE– Significa hacer poco caso a las recomendaciones familiares y a otras razones y decidir lanzarse una noche por los caminos de la alegría y del fandango.
EKEKO– Dios aymara de la prosperidad.
FIFÍ– Petimetre de modales un poco finolis y de vestir demasiado rebuscado para ser elegante.
GUAGUALÓN– Sujeto ya mayor  que todavía se divierte con las cosas y juguetes que alegran a los niños.
HINCHAR– Verbo criollo que quiere decir fastidiar, importunar, o molestar.
IMPAJARITABLE– Inteligente adjetivo criollo que sirve para expresar algo impostergable e ineludible.  
JUKUCHAR– Voz derivada del aymara que sirve para expresar la acción de ahorrar poco a poco hasta llegar a atesorar grandes fortunas, como lo hacen muchos políticos.
KECHALERA– La gente culta le llama colitis, o infección intestinal y en último caso: diarrea.
LUSTRACACHOS– Es el estupendo sujeto que vive de limpiar los calzados. Tiene sentido del humor y dónde reside el verdadero brillo social: en los calzados. 
MACURCA– Decimos que tenemos macurca cuando sentimos dolor muscular debido al cansancio, luego de un ejercicio prolongado o de una caminata. Los españoles dicen agujetas, pero esa palabra no expresa nada.
NINA–NINA– Sujeto inquieto y capaz de causar cualquier estropicio. Esta voz viene del aymara y quiere decir fuego.
ÑATO– Se le dice ñato a un señor de nariz chata o aplastada. En el hablar popular, la palabra ñato sustituye muchas veces a muchacho. Por eso las chicas dicen: “me gusta ese ñato”. En el género femenino sucede la misma cosa, diciéndose “ñata” a una muchacha o chica.
OPACHISTE– Un chiste sin gracia, y quien lo cuenta es un opachistoso.
PICHANGA– En el lenguaje del cacho, pichanga es un tiro en que es imposible formar ningún juego con los dados. Este vocablo también significa una ganga o adquisición a bajo precio, conseguir un buen resultado en alguna acción o empresa con poquísimo esfuerzo.
QUELLI– Rechazar una invitación por delicado o por hacerse el interesante. Hacerse el enfadado y no salir de su habitación ni para ir a comer.
REPETE– Voz nacida en la guerra del Chaco cuando los soldados indígenas pedían que les repitieran el rancho. Hoy ha quedado como sinónimo de soldado.
SAN PEDRO– La más prestigiosa marca de los Singanis nacionales. Viene dando placer a los buenos bebedores desde hace años y consagradas firmas de bebedores nacionales y extranjeros avalan su calidad.
TUCA– Miedo menor que la kisa. Se siente tuca en el momento de proponer matrimonio, o también momentos antes de rendir un examen en el colegio o en la universidad. Uno puede cagarse de la kisa, pero nunca cagarse de tuca. 
ULUPICA– Pequeñísimo y picantísimo fruto que los paceños comen con algunos platos criollos. Causa tal ardor en el paladar y la lengua que tuvo la culpa de cien días de purgatorio a la santa monjita Sor Reverberación cuando, después de probar una ulupica, exclamó: “¡Ay, mierda!
VIOLÍN– Instrumento sin cuerdas ni arco que suele ser tocado por una persona inocente mientras una pareja de enamorados chunquea a su gusto a los acordes de alguna música celestial que los puede llevar al infierno o al matrimonio, o a las dos partes y al mismo tiempo.
WISTU– Vocablo que quiere decir “torcido”. De ahí viene el “wistupico”, que es el que tiene la boca torcida, o el “wistu–cacho” que es el que tiene los zapatos torcidos.
YESCA– Ciudadano que no tiene un centavo para el gasto. Esta palabra es cruceña.
ZAMBACANUTA– “Decir la zambacanuta” es cantarle a una persona toda la cartilla. Es decirle la verdad monda y lironda. O dicho de otra manera: es decirle  su vida en verso y en tecnicolor con fechas y pelos.

Alfonso Prudencio Claure, (Paulovich),  nos ha dejado a los 91 años. Y hay que recordarlo con sonrisa de cholo y carcajada de birlocha. Hay tanto por decir, y no nos queda otra que acudir a su Diccionario del Cholo Ilustrado para subrayar algunas palabras, palabritas y palabrotas. Al leerlo, vamos a reír y recordar hasta hacernos dar kechalera. Nos ha caricaturizado con sus palabras, nos ha quitado lo opa con su ingenio, nos ha hecho jugar tunkuña con el lenguaje. 

sábado, 13 de julio de 2019

0331: Charles Bukowski


Salía de una relación que no había funcionado, la verdad me encontraba al borde del precipicio me sentía asqueado y deprimido cuando tuve la suerte de meterme con esta mujer en su cama cubierta con un toldo lleno de joyas y por si fuera poco vino champaña cigarros pastillas y TV a color. 

Permanecimos en la cama y bebimos vino, champaña, fumamos y tragamos pastillas por docenas mientras yo (que me sentía asqueado y deprimido) trataba de superar los malos recuerdos de mi relación pasada. 

Comencé a ver la TV para anestesiar mis sentidos y lo que realmente me ayudó fue ese largo programa (especialmente escrito para TV) sobre espías americanos y rusos tan hábiles y discretos que ni sus hijos sabían que lo eran ni sus esposas incluso de algún modo ellos mismos lo ignoraban. 

Me di cuenta que se trataba de contraespías, espías dobles: tipos que trabajaban para ambos lados y uno que era doble espía se convirtió en triple espía una bonita confusión. Creo que ni el tipo que escribió el guion sabía lo que estaba pasando. ¡El programa duró horas! hidroaviones se estrellaban contra icebergs un sacerdote en Madison, asesinó a su hermano, un trozo de hielo enviado por barco en un alhajero a Perú en lugar del diamante más grande del mundo rubias yendo y viniendo comiendo helado y nueces; el triple espía se convirtió en cuádruple espía y todos se amaban entre sí y el programa siguió y pasó el tiempo y finalmente desapareció como un clip en el basurero yo me estiré, me acomodé en el sofá y por primera vez en semana y media dormí bien.

viernes, 12 de julio de 2019

0330: si otros escucharan tus conversaciones telefónicas


Una amiga le compró a su hija de dos años un teléfono de juguete. Y dado que a los niños les gusta imitar a sus padres, mi amiga observó cómo jugaba su hija: empujando el cochecito de su muñeca, con el teléfono al oído, la niña le dijo a su amiga imaginaria: “¡Estos niños son sencillamente imposibles!”.

Este fue un verdadero llamado de atención para mi amiga. Su hija no sólo escuchaba cuidadosamente cada una de sus palabras, sino que también prestaba atención a lo que su madre decía sobre ella y su hermano menor.

¿Cuál era el mensaje que la niña recibía? Al darse cuenta de lo que ocurría, mi amiga lo cortó de raíz.

Pero debería hacernos pensar a todos. Si alguien que nos importa (nuestros hijos, padres, amigos), alguien a quien admiramos o alguien que nos respeta escuchara nuestras conversaciones, ¿qué escucharían realmente?  ¿Y qué pensarían? ¿Hablamos bien sobre los demás? ¿Nos quejamos de nuestra pareja y de nuestros hijos? ¿Hablamos de forma refinada, con palabras que estamos orgullosos de decir y un lenguaje apropiado para lo que pensamos de nosotros, para lo que aspiramos llegar a ser?

Me alegra no haber escuchado nunca a mis hijos cuando jugaban con sus teléfonos. ¡Creo que me voy a cuidar de no regalarles nunca a mis nietos ese juguete!

miércoles, 10 de julio de 2019

0329: El Yuppie y la Flauta


 -¿De dónde vienes?
-De Harvard, don Jacinto.
–¿Y dónde queda eso?
–Oh, lejos, don Jacinto. Bien lejos de aquí y muy caro.
El infeliz me miró convocándome a la complicidad con un guiño: -¿Harvard estará a unos 500 años de saberes, ciencia y cultura de este pueblito? ¿Qué dices tú? No supe qué responder, pero ya estaba sintiendo que mi bronca por el baboso jarvardiano me subía desde los tobillos. Sobrador de porquería. Somos primos y don Jacinto es tío nuestro. De niños, veníamos ambos a esta hacienda, de vacaciones, traídos por nuestros padres. Éramos felices trepando árboles, corriendo al cerro, jugando en la lagunita. Pero ahora el Yuppie, desclasado, miraba todo con mohines de asco. Lo llamamos el Yuppie a pedido de él, desde que llegó de los Yúnais. Ese apelativo en inglés significa, creo, young university professional people. Pinche altanero.
El viejo nos ofreció la espumante cerveza y con el dejo natural de las melancolías comentó que le alegraba vernos y en especial a Fernandito, así dijo, porque, pues, te fuiste al exterior muy jovencito y que bueno que ya volviste al país, porque es de buenos hijos volver al solar nativo y…
El Yuppie oía sin escuchar, mirando con molestia a cualquier parte de la modesta estancia. El tío siguió con que seguramente a tu papá le habría gustado verte así, como te ves, tan desenvuelto y capaz…
–Oh, sí –interrumpió el Yuppie, sin pizca de sentimiento-. Mi viejo murió cuando yo tenía quince años.
–El corazón; fue fulminante, qué pena-, dijo el tío, y luego: ¡salud, salud, bienvenidos, hijos! y dio un sorbo a la espumante. Bebimos todos y luego se alzó un silencio incómodo. Yo no atinaba a decir nada y peor aquél, ajeno, ido, que se puso a mirar el patio por la ventanita.
Tosió el viejo como para aclararse la voz y habló penosamente:
-Al poco tiempo de la muerte de mi hermano Víctor, toda tu familia se mudó a la ciudad, a la casa de Elvira, tu santa mamacita que en paz descanse, Nandín.
Nandín, así llamábamos a Fernando en aquellos años. El déspota seguía sin palabra para nadie y el silencio se atrevió a hacerse oír más pesado entre los tres. Creí obligado decir cualquier cosa y musité: gracias, querido tío, por recibirnos en esta casa de tantos buenos recuerdos para nosotros… y ¡salud!”.
Al ver que el Yuppie ni se amoscabas, allí, en el fondo de la salita, le dije con sorna: ¡Salud, doctor!
–¿Doctor? ¿Eres doctor? –se iluminó el viejo-. ¡Qué bueno, Nandín! Mira qué buena suerte que hayas venido. ¿Sabes qué, hijo? Hace unas dos semanas me empezaron unos dolores aquí por la cintura y cuando me agacho ya casi no me puedo enderezar porque…
–¡No, no, don Chinto! –cortó aquel con molestia-. No soy doctor de… de…¡de esas cosas! – Por un momento pensé que iba a decir de esas huevadas.
El viejo, detenido tan en seco, frunció el ceño y tragó saliva. El Yuppie, en la consagración de su petulancia habló para diplomar su vanidad: Tengo un doctorado en econometría, en Harvard, como ya dije.
El tío sorbió lentamente su cerveza, se relamió los labios y limpiándose la boca con la manga de la camisa habló como en sus tiempos de vocero que fue de la familia.
–Mira, Nandín, seré muy viejo e ignorante, pero aquí, en el pueblo y en los buenos tiempos, había dos clases de doctores: los matasanos y los buscapleitos. O sea, médicos y abogados. ¿Ahora hay otra clase de doctores?
Antes de que el Yuppie se mande otra de sus babosadas intervine:
-Querido tío, cuando uno excava y excava la tierra y encuentra vasijas antiguas, de barro, es un doctor en antropología; si otro especialista entra en una cueva, se pone a investigar edades de la tierra y sale con olor guano es un doctor en espeleología…
En eso saltó el Yuppie: ¡Si manipula gente y sociedades por años y años es un doctor en sociología! Dio unos pasos hasta mí y mirándome fijamente, remarcó las sílabas de su dicho: Si luego de decir que estudia la sabiduría sale con que solo sé que no sé nada, puede decirse que es un doctor en filosofía, ¿no es cierto?
El tío Jacinto tomó el último trago de su chela, se rascó la cabeza y achinando la mirada le preguntó:
-Tú, ¿en qué dices que eres doctorado?
-Soy doctor en economía. Déjeme explicarle sencillito, don Chinto. Estudié en Harvard para sanear las finanzas públicas…
-¡Ah, como la Fili! –se iluminó el viejo provinciano-. ¿Se acuerdan de la Fili, chicos?
-Yo, sí –dije-. Esa buena moza a la que la gente malpensada le decía la Flauta, ¿no?
-¡Esa! Felicia, la de la tienda –dijo el viejo frotándose las manos como envolviendo un íntimo gozo. Y en eso, sorpresivamente, el interés del Yuppie
-¿Qué pasó con la Fla… la Fili?
–Pues… se hizo pública y saneó todas sus finanzas –repuso el viejo. Y antes de que el Yuppie reaccionara ante tamaño sopapo verbal:
-Pero, la Fili no nos decía que era doctorada, aunque dejó a muchos en la ruina…

Mantología: JORGE MANSILLA TORRES

lunes, 8 de julio de 2019

0328: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”


Homero Carvalho Oliva
La pregunta ha sido parafraseada en múltiples contextos y situaciones históricas. Antes de esta novela ya había leído La ciudad y los perros y La casa verde, que me iniciaron como un devoto de este autor a quien veía como un escritor osado, que jugaba con las estructuras y las técnicas literarias: los saltos temporales y espaciales; así como los temas de la actualidad de ese entonces tan lejano y tan cercano, tal el caso de las dictaduras. 
Leí la novela, el año 1976, cuando estaba en la universidad de la ciudad de La Paz y el hecho de que las conversaciones de la obra sean en un bar y hablaran de la dictadura de Manuel Odría y sus esbirros, me recordaban a las que teníamos en esos años de la dictadura de Banzer en cantinas malolientes en las que discutíamos los mismos temas políticos de Santiago y sufríamos la misma represión que Odría imponía en Perú con verdugos como Cayo Bermúdez. 
En el prólogo de la novela Vargas Llosa señala: “Entre 1948 y 1956 gobernó el Perú una dictadura militar encabezada por el general Manuel Apolinario Odría. En esos ocho años, en una sociedad embotellada, en la que estaban prohibidos los partidos y las actividades cívicas, la prensa censurada, había numerosos presos políticos y centenares de exiliados, los peruanos de mi generación pasamos de niños a jóvenes, y de jóvenes a hombres. Todavía peor que los crímenes y atropellos que el régimen cometía con impunidad era la profunda corrupción que, desde el centro del poder, irradiaba hacia todos los sectores e instituciones, envileciendo la vida entera”.
El año 1994 la realidad se acercó a la ficción cuando Óscar Eid y otros dirigentes del MIR, fueron acusados de recibir dineros del narcotráfico a partir de una fotografía con un reconocido narcotraficante; Eid pronunció su tristemente célebre frase: “¿Jodidos?, jodidos estamos todos” que lo enterró políticamente y me trajo a la mente la de Zavalita con respecto a su país. Y si hoy nos miramos en el espejo podemos repetir la ya inmortal pregunta de Zavalita y la patética respuesta de Eid, con la diferencia de que si antes una fotografía con un narco servía como prueba para incriminar a un político, ahora es apenas una anécdota y por eso estamos tanto o más jodidos que antes, ¿lo estaremos siempre? Quizá Zavalita tenga la respuesta y habría que releer la novela para encontrarla.

Claudio Ferrufino
¿Cuándo se jodió Bolivia? ¿O Argentina? ¿O Brasil? El Perú sigue jodido. Todos andamos más jodidos que nunca porque nos quitaron lo último que teníamos, la esperanza, esa mujer flácida e infiel que se apodaba Revolución. Hoy los pajpakus se adueñaron hasta de ella, revolcaron el pasado, enmierdaron el futuro.
Cayo Mierda representa a este grupo de ilustres delincuentes que puebla la tierra desde Agua Prieta hasta Ushuaia. Diestros o siniestros, ni importa. 
Este libro vigente pregunta por cincuenta años aquello que no tiene respuesta. O tantas tiene que cada una suelta resulta irrelevante. La Catedral, el bar de la esquina, viven con nosotros desde los fogones del Martín Fierro. Los mentideros perviven allí donde haya dos viejos y el asunto es recurrente: ¿cuándo nos jodimos? Que si el Mono Paz, que si Barrientos, que si Che o JJ. ¿Quién recuerda en el Perú a Hugo Blanco? El dolor se olvida; la muerte se oculta. La vida es un negocio turbio donde crecen los pendejos y se ahogan soñadores. 
¿Que si lo salvaría de un naufragio? Primero me salvo yo. Tengo el fetiche del libro, pero no tengo ídolos. A mi alma de coleccionista se opone mi espíritu ácrata. Lo leído vale y mejor volverlo a leer, así se lo preserva.

Alex Salinas
Conversación en la catedral es sin duda la cima del afán totalizador del escritor, del deseo por lograr una novela total, mural de la realidad peruana, tal como en su momento lo había hecho Ciro Alegría con El Mundo es ancho y ajeno (1941), novela que Vargas Llosa alguna vez había dicho admirar, pero que, según el propio escritor, fracasaba en convencernos, por el uso de técnicas narrativas obsoletas, por la intromisión de un narrador acartonado. Conversación en La Catedral, por lo contario, es el despliegue máximo de la ambición formal del peruano. El narrador desaparece casi por completo para dar lugar a los diálogos, que otorgan, a su vez, la ilusión de ser testigo antes que lector. El diálogo principal de Zavalita y Ambrosio en el bar La Catedral desemboca en el registro verbal de otros muchos personajes, otros muchos diálogos, que se leen de manera simultánea en las páginas, aunque provengan de distinto tiempo y lugar. A pesar de esto, la complejidad no deja cabos sueltos, las muchas historias se cierran, completadas en el texto o en la inferencia final de los lectores. Así, es una novela perfecta.
Ante todo, Conversación es una novela política, que responde, lo sabemos desde las primeras páginas, a la pregunta “En qué momento se jodió el Perú”. Sin embargo, a lo largo de la lectura, responde también una pregunta más profunda que el personaje principal se hace a sí mismo: ¿cuándo me jodí yo? Es decir, cuándo se perdió la inocencia de toda una generación, la pureza ideológica, la energía y la confianza de la juventud en el discurso político, ya sea aprista o comunista, para cambiar la realidad peruana. Al final, todo deviene en la tranza, en acomodo, simulacros de acción de los personajes, ya que la dictadura, la corrupción, los excesos del poder ilimitado lo envilecen todo, el universo de lo público y lo privado. En ese sentido, Conversación acaso sea la novela más relevante del peruano a la realidad política actual de Latinoamérica.

domingo, 7 de julio de 2019

0327: euwo


Es un hecho que el tipo tiene aptitudes para el debate. Sus padres no han querido convencerlo de nada, pero ha crecido en una casa con libros, en un contexto de charlatanes y de personas que trabajan con la palabra. Sus maestras de jardín de infantes lo definen como un "bebé conversador".
Suena bastante cómico pero así es. 
A veces las ganas de expresarse superan ampliamente sus aptitudes de hablante y en esas ocasiones no se da por vencido: estira las vocales y trata de llenar todos los silencios cuando le toca el turno dentro de una conversación, como si entendiera todo lo que se dice pero le costara poner ciertas ideas en palabras.
Algo parecido a lo que nos sucede a los adultos cuando tratamos de incorporar un idioma.
Sin embargo, desde hace varias semanas mi hijo repite una palabra cuyo significado ni mi mujer ni yo logramos comprender.  
Mi hijo dijo "euwo" y lo repitió bien clarito enfatizando la "e" inicial. Euwo, euwo, lo dice con determinación, como lo haría un adulto, sin la exagerada saliva del balbuceo. Parece una palabra salida de una lengua del África. 
La primera vez que la escuché la repetí varias veces hasta que ajustamos el ritmo y la dijimos al unísono. Estaba maravillado por el descubrimiento y cuando me escuchó pronunciar la palabra me miró satisfecho, creyendo que lo había comprendido. ¿Qué significa "euwo"? Con mi mujer nos miramos desconcertados.
Podría querer decir indistintamente fuego, huevo o juego. Cada tanto, de la nada le recuerdo el término y mi hijo sonríe y la repite. No sé por qué mi esposa me reta. Tal vez sea por temor a esa pronunciación desconocida.

viernes, 5 de julio de 2019

0326: sorpresa

-¿Perico?...  ¡¡Perico!!
-Ahh ¡Hola!
-¡Qué alegría verte! ¿Por qué no me avisaste que venias?
-Pues… no tengo tu teléfono
-Vamos hombre, para eso está messenger
-Verdad… verdad, no había pensado en eso
-Espera, voy a llamar a mis hermanas…
-¡Detente plis!
-¿No quieres que avise a mis hermanas?
-Pues…, calma, él que ha llegado soy yo, soy la sorpresa y me gustaría hacerlo a mi manera, parece que te has olvidado como soy, no me gustan las cosas precipitadas y menos aún que alguien —en este caso tú—me maneje a su antojo. Déjame que yo sea el que maneje los tiempos y los movimientos. Regreso después de trece años, primero quiero mirar ciertas calles, algunos edificios y cuando se me pase la emoción del regreso y este en paz conmigo mismo, me podré enfrentar con el pasado.