jueves, 30 de abril de 2020

0451: Ramón María


Mis condiscípulos: tres chiquillas feúcas, de pelito azafranado y medias listadas, un gordinflón que se hurgaba la nariz y nos punzaba con el agudo lápiz; otro niño flaco, triste, ojerudo, con pañuelo al cuello y oliendo a eucalipto; y Martica. Siete u ocho a lo sumo: las tres hermanas se llamaban las Ramirez, el gordinflón José Antonio, y el niño flaco que murió a poco, ya no recuerdo cómo se llamaba. Sé que murió porque una tarde dejó de ir, y dos semanas después no hubo escuela.
La Señorita tenía un hermano, un hermano con el cual nos amenazaba cuando dábamos mucho que hacer o estallaba una de esas extrañas rebeldías infantiles que delatan a la eterna fiera.
-¡Sigue!, ¡sigue rompiendo la pizarra, malcriado, que ya viene por ahí Ramón María!
Nos quedábamos suspensos, acobardados, pensando en aquel terrible Ramón María que podía llegar de un momento a otro...
Ese día, con más angustia que nunca, le veíamos entrar tambaleante como siempre, oloroso a reverbero, los ojos aguados, la nariz de tomate y un paltó dril verdegay.
Sentíamos miedo y admiración hacia aquel hombre cuya evocación sola calmaba las tormentas escolares y al que la Señorita, toda tímida y confusa, llevaba del brazo hasta su cuarto, tratando de acallar unas palabrotas que nosotros aprendíamos y nos las endosábamos unos a los otros.
-¡Los voy a acusar con la Señorita!
Protestaba casi con un chillido Marta, la más resuelta de las hembras.
-La Señorita y tú...
Y la interjección fea, inconsciente y graciosísima, saltaba de aquí para allá como una pelota, hasta dar en los propios oídos de la Señorita.
Ese era día de estar alguno en la sala, de rodillas sobre el enladrillado, el libro en las manos, y las orejas como dos zanahorias.
-Niño, ¿por qué dice eso tan horrible?
Me reprendía afectando una severidad que desmentía la dulzura gris de su mirada.
-¡Porque yo soy hombre como el señor Ramón María!
Y contestaba, confusa, a mi atrevimiento:
-Eso lo dice él cuando está «enfermo»

martes, 28 de abril de 2020

0450: el debate

Hace varios siglos, el Papa decretó que todos los judíos debían convertirse al cristianismo o abandonar Italia. Esto produjo una fuerte reacción de parte de la comunidad judía, de modo que el Papa ofreció un acuerdo: tendría un debate con el líder de la comunidad.
Si ganaban los judíos podrían quedarse en Italia. Si ganaba el Papa debían abandonarla. Los judíos aceptaron y buscaron un anciano y sabio rabino para que los representara en el debate. Pero, como el rabino no sabía hablar italiano y el Papa no sabía hablar hebreo, acordaron que el debate fuera silencioso.
El día elegido, el Papa y el Gran Rabino se sentaron frente a frente, y por un minuto ninguno se movió.
De pronto, el Papa levantó una mano e hizo un giro con ella apuntando con tres dedos. El Rabino, levantó una mano y mostró un dedo. Luego el Papa giró su mano alrededor suyo. El rabino apuntó con su dedo hacia donde estaba sentado el Papa. El Papa sacó la hostia y el vino. El Rabino sacó una manzana. El Papa, entonces, se levantó de su asiento y se declaró vencido.
-El Rabino es muy sabio, los judíos pueden quedarse en Italia.
Más tarde, los cardenales le preguntaron al Papa qué había pasado.
-Primero levanté los tres dedos para representar la Trinidad. Él levantó un dedo para mostrar que los tres es Uno solo. Luego yo levanté un sólo dedo y giré mi mano para mostrar que Dios está alrededor de todos nosotros. Él contestó apuntando el suyo hacia el suelo diciendo que Dios estaba aquí, con nosotros. Luego tomé la hostia y el vino para mostrar que Dios nos absuelve de todos los pecados. El sacó la manzana para recordarme el pecado original. Con ello me venció y no pude continuar.
Entretanto, los miembros de la Comunidad Judía se reunieron a celebrar el resultado, y le preguntaron al rabino qué había sucedido.
-Primero me dijo que sólo teníamos tres días para abandonar Italia, así que le contesté con el ademán de "¡Anda a cagar!" Luego me dijo que el mundo iba a estar limpio de judíos y le contesté: "Nosotros nos quedaremos aquí."
-¿Y luego, que pasó?
-¿Y yo qué sé? Él sacó su almuerzo y yo saqué el mío.

domingo, 26 de abril de 2020

0449: Atención al cliente

Una mujer fue al servicio de atención al cliente de una gran tienda de electrodomésticos y le dijo al empleado del mostrador que quería devolver una tostadora que había comprado porque no funcionaba. El empleado respondió entonces que no podía reembolsarle la tostadora porque la había comprado con una oferta especial. De repente, la mujer levantó los brazos y comenzó a gritar:
-¡Apriétame las tetas, apriétame las tetas, apriétame las tetas!
El empleado, aturdido, corrió a buscar al gerente del local. Frente a una multitud creciente de clientes, el gerente preguntó a la mujer:
-Pero, ¿qué le pasa, señora?
Ella explicó otra vez el problema de la tostadora; el gerente, entonces, le repitió la misma explicación dada por el empleado, la tostadora no podía ser devuelta porque se compró con una oferta especial. Inmediatamente ella, una vez más, levantó los brazos y comenzó a gritar:
-¡Apriétame las tetas, apriétame las tetas, apriétame las tetas!
Y, haciendo eso, atrajo una multitud mucho mayor. Aturdido, el gerente preguntó:
-Pero, señora, ¿por qué grita usted eso?
-¡Porque me gusta que me aprieten las tetas cuando me están jodiendo!

viernes, 24 de abril de 2020

0448: un culo inquieto


La mayor parte del gasto energético del cuerpo corresponde al metabolismo basal, es decir, estar vivos: mantener el cerebro en marcha (un 20% de la energía la consume él solo), los órganos internos, la temperatura corporal constante y el corazón latiendo, entre otras cosas.
Otro 10% de la energía se atribuye al efecto térmico de la comida, es decir, la energía que consumimos al masticar, digerir y absorber alimentos. Se ha observado que las comidas ricas en grasa y carbohidratos consumen menos energía en su digestión, y que las proteínas consumen más, hasta el 30%.
El 30% restante del gasto energético corresponde a la actividad física, con variaciones que van entre el 10% de las personas sedentarias y el 50% en las muy activas. Comúnmente se pensaba que esta parte dependía del deporte que se hiciera. Pero los últimos cotorreos indican la mayor parte de la energía consumida en la actividad física se quema, es decir, termogénesis por actividad física sin ejercicio.
Dentro de los cálculos entra caminar de un lado a otro, subir escaleras, bailar, reírse, limpiar el baño, levantarse de la silla, o incluso agitar las manos, rascarse, hacer molinos con el bolígrafo (y recogerlo cuando se cae) o moverse de un lado a otro en el asiento.
Es el triunfo del “culo inquieto”.
Un culo inquieto que pase sentado ocho horas consumirá 312 kcal más al día que alguien que se siente y apenas se mueva. 
¿Se puede evitar la acumulación de grasa y luchar contra la obesidad utilizando el poder del culo inquieto? Gustavo (gurú del arte de enterrar la yuca) sostiene que sí. Basta con incorporar más actividad a nuestra vida diaria. Son pequeños cambios que pueden suponer una gran diferencia. Estas son algunas de las actividades que más calorías por hora consumen (alrededor de 200 kcal/h):
Limpiar, ir a la tienda de la esquina, pintar paredes, jardinería, bailar, jugar a los bolos, pescar, pasear al perro, caminar al trabajo, subir escaleras
Atención, esto complementa, no sustituye a la práctica del deporte, que es necesario para mantener el nivel de fuerza muscular y el metabolismo basal, especialmente a medida que envejecemos. Si al final tienes que estar sentado, recuerda que te conviene ser un culo inquieto.

martes, 21 de abril de 2020

0447: Desafío


En Facebook me desafiaron y así les respondí:

LA NOVELA PERFECTA: Zohar (Shimon bar Yojai)

LA NOVELA DE MI ADOLESCENCIA: La opinión ajena (Eduardo Zamacois)

LA NOVELA DE MI INFANCIA: Nostradamus (Miguel Zévaco)

LA NOVELA QUE ME HIZO OSCURO: La Rueda del tiempo (Robert Jordan).

LA NOVELA QUE MÁS VECES HE LEÍDO: Cien años de soledad (García Márquez)

LA NOVELA QUE ME HIZO REFLEXIVO: Las venas abiertas de américa latina (Eduardo Galeano)

LA NOVELA QUE ME HUBIERA GUSTADO ESCRIBIR: Los jinetes de la pradera roja (Zane Grey)

LA NOVELA QUE ATESORO: Ulises (James Joyce)

LA NOVELA QUE ME DEVUELVE A LA NIÑEZ: Cuentos para niños (León Tolstói)

LA NOVELA QUE SIEMPRE VOY A LEER: La Serie de la Fundación (Isaac Asimov) 

UNA NOVELA FRANCESA: Bella-Rosa (Louis Amédée Eugène Achard)

UNA NOVELA INGLESA: Al filo de la navaja (Maugham, W. Somerset)

UNA NOVELA RUSA: El eterno marido (Fiódor Dostoyevski)

UNA NOVELA ALEMANA: La muerte en Venecia (Thomas Mann)

UNA NOVELA ESPAÑOLA: La hermana San Sulpicio (Armando Palacio Valdés)

UNA NOVELA UNIVERSAL: Pedro Páramo (Juan Rulfo)

UNA NOVELA LATINOAMERICANA: Huasipungo (Jorge Icaza)

UN NOVELA NORTEAMERICANA: La isla de las 3 sirenas (Irving Wallace)

UNA NOVELA BOLIVIANA: La chaskañawi (Carlos Medinacelli)

UNA NOVELA QUE ME ENCANTA Y SIEMPRE DEJO PARA EL ÚLTIMO: Versos satánicos (Salman Rushdie)

lunes, 20 de abril de 2020

0446: equívoco


Ella está ya medio dormida en la cama cuando escucha llegar a su marido del trabajo y siente cómo es acariciada levemente, casi de manera furtiva, recorriendo suavemente la periferia de su cuerpo, y siente cómo su cuerpo reacciona inmediatamente a las caricias, el marido toma sus manos y las recoge, mete una de sus manos por su espalda y llega atrevidamente hasta sus redondeces.
En ese momento ella está ardiendo, jadeante y deseosa, entonces sus piernas son abruptamente levantadas, la mujer siente que la pasión perdida por años ha regresado y nota cómo su hombre recarga sobre ella todo su peso, siente en su nuca el aliento cálido de él, ella levanta las caderas, separa e inclina sus piernas y se dispone a ser tomada cuando, de pronto, su marido suelta sus piernas, gira sobre sí mismo y se acomoda en su lado de la cama. La mujer, atónita y respirando entrecortadamente, pregunta qué pasó.
-¡Ya!
-¿Ya qué, grandísimo cabrón?
-¡Ya duérmete, mi cielo, que ya encontré el mando a distancia!

viernes, 17 de abril de 2020

0445: el abogado de la corona

Amit era un alto funcionario de la corte del rey Akbar. Hacía mucho tiempo estaba obsesionado con el deseo incontrolable de chupar las tetas de la reina hasta hartarse. Por supuesto, nunca había podido hacerlo. Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y abogado de la corona, y le pidió que hiciese algo para ayudarlo. Birbal, después de mucho pensar, aceptó ayudarlo, con la condición de que Amit le pagara mil monedas de oro. Amit aceptó el acuerdo.
Al día siguiente Birbal preparó un líquido que causaba picazón y lo derramó en el sostén de la reina, mientras ésta tomaba un baño. Pronto el escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al rey preocupado y a la reina muy molesta. Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que a su entender sólo una saliva especial, aplicada por cuatro horas, curaría el mal. Birbal también dijo que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Amit.
El rey Akbar se puso muy feliz y llamó a Amit, quien durante las cuatro horas siguientes se cansó de chupar a voluntad los suculentos y deliciosos pezones de la reina. Lamió, mordió, apretó y acarició; en fin, hizo todo lo que siempre había deseado.
Con su deseo ya plenamente realizado y su libido satisfecho, Amit se negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, se burló de él y se le rio en la cara. Sabía que, naturalmente, Birbal nunca podría contar el hecho al rey. Pero Amit había subestimado al abogado de la corona, hombre de muchos recursos, como todos los de su profesión. Al día siguiente Birbal colocó el mismo líquido en los calzoncillos del rey.