lunes, 14 de febrero de 2022

0556: catorce de febrero

 

Gozosa descendió del avión, cruzo el aeropuerto y tomo un taxi

Valeria buscó el portero eléctrico y tocó el departamento de Paolo ubicado en el segundo piso.

Nada. Nadie respondió.

Paolo debería estar al volver del trabajo… Y, ahora, ¿qué hacía?

Justo vio que un vecino joven abría la reja y salía con su bicicleta.

-¿A qué piso vas?

-Voy al segundo

-Vas a lo de Giovanni… Acaba de salir con su moto.

-¿¿Giovanni?? No, no, no. Voy a lo de Paolo.

-¡¡Ah!! El padre. No sé si estará. El otro hijo está en el colegio. Soy amigo de los chicos. Espera a Giovanni que seguro vuelve enseguida y le preguntas.

Con la voz temblequeando Valeria se animó a hacer una pregunta clave.

-Y… ¿la madre no está?

-¿La madre? No, no vive acá. ¿Quieres esperarlo acá adentro en el jardín?

-Sí, muchas gracias.

Valeria se quedó parada.

Era una estatua en el medio del jardín.

Valeria intentaba pensar, desenmarañar en su cabeza lo que acababa de escuchar… casi no respiraba. ¿Hijos? ¿Dos?

Levantó la vista y a través de la reja vio llegar a Paolo.

Su Paolo.

Valeria lo miraba sin emitir sonido.

Paolo cerró la reja con el pie y avanzó hacia la segunda puerta. Levantó la vista y ahí… la vio.

Su mirada pétrea congeló a Valeria más de lo que ya estaba.

“Así que has venido…”, le dijo guardando su sorpresa y sin sonrisa.

Y, en el segundo siguiente, ensayó una mueca que imitaba un gesto de complacencia.

En ese preciso momento Valeria se dio cuenta de que el hechizo de amor se había roto. 

Él ya no era él.

El Príncipe Azul de las carteras Gucci se había evaporado.

Ni ella era una novia enamorada cayendo en los brazos de su amado.

La novela rosa de diez días atrás había terminado.

 “Nada de lo que digas va a cambiar lo que yo pienso. Nada me va a alcanzar. Tienes dos hijos grandes, con los que convivís, y jamás me hablaste de ellos, como si no existieran… La vida que me contaste no es la que tienes. ¿Y vos decías que te querías casar conmigo? Qué disparate”.

Su vida había explotado por los aires.

Todo era una gran mentira. Una increíble e inmensa mentira.

No volvió a mirarlo.

Empezó a llorar una vez que atravesó las rejas grises de la casa de Paolo

2 comentarios:

  1. Menudo día de San Valentín.
    Un abrazo.

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  2. divertido como siempre te perdes por tiempos te dejo un saludo y mis mejores deseos

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