martes, 29 de julio de 2025

0750: La Entrada de los Gladiadores

 Julius Fučík, director de banda militar del Ejército Austrohúngaro, se encontraba destinado en Sarajevo cuando, el 17 de octubre de 1897, compuso la pieza que inicialmente tituló "Grande Marche Chromatique“. El nombre hacía referencia al uso destacado de las escalas cromáticas, una técnica que permitía a los instrumentos de metal ejecutar pasajes rápidos y uniformes, reflejando los avances tecnológicos en la construcción de estos instrumentos a finales del siglo XIX.

La Entrada de los Gladiadores se caracteriza por una estructura tripartita que resalta tanto la destreza técnica como la expresividad musical. La primera sección introduce la melodía principal a cargo de las trompetas, acompañadas por diversas líneas de apoyo. En la segunda parte, los metales graves, especialmente las tubas, asumen el protagonismo mediante el desarrollo de una escala cromática que otorga a la pieza su carácter distintivo.

El trío, o tercera sección, ofrece un contraste melódico más suave, donde se equilibra el diálogo entre los instrumentos de viento madera y los metales graves, aunque mantiene la presencia de las escalas cromáticas.

Originalmente, la marcha fue escrita en compás descompuesto y pensada para interpretarse al tempo estándar de una marcha militar. Sin embargo, cuando la pieza se adaptó al contexto circense, su tempo se aceleró considerablemente, lo que contribuyó a la sensación de dinamismo y espectáculo que hoy se asocia a la melodía.

El giro decisivo en la historia de la Entrada de los Gladiadores ocurrió en 1901, cuando el compositor canadiense Louis-Philippe Laurendeau adaptó la pieza para bandas de viento estadounidenses. Con el título "Truenos y Llamaradas" (“Thunder and Blazes”), transformó la marcha en una obra idónea para el repertorio de las bandas circenses, que buscaban música enérgica y reconocible para acompañar la entrada de los payasos y animar al público bajo la gran carpa.

A partir de entonces, la melodía se consolidó como la banda sonora predilecta del circo, desplazando su origen militar y adquiriendo una nueva identidad en la cultura popular. Dicha adaptación no solo facilitó la difusión de la pieza en América del Norte, sino que también sentó las bases para su asociación universal con el mundo circense, una relación que perdura hasta la actualidad.

El proceso de transformación y difusión de la “Entrada de los Gladiadores” no se limitó a la adaptación de Laurendeau. El 10 de enero de 1900, el maestro de capilla Anton Fridrich, conocido por su marcha de regimiento “Khevenhüller-Marsch”, realizó un arreglo para orquesta de cuerda en Graz. Poco después, en julio de ese mismo año, la imprenta de partituras "Hoffmanns Witwe" de Praga publicó la “Marcha de concierto para gran orquesta” bajo el título “Einzug der Gladiatoren”, según consta en los registros de Hofmeister.

La expansión internacional de la pieza continuó en 1903, cuando la Banda de la Guardia de Coldstream, una de las formaciones militares más prestigiosas del Reino Unido, grabó una versión anunciada por Columbia Records bajo el título “Entrada de los Gladiadores”. Ese mismo año, se editó una partitura para piano titulada “Entrada de los Gladiadores / Truenos y Llamas” (“Donner und Feuersbrünste”), lo que evidencia la multiplicidad de nombres y versiones que la obra fue adquiriendo en distintos contextos y mercados.

La frase “Entrada de los Gladiadores” ya era común en inglés desde al menos el siglo XVIII, lo que facilitó su integración en el repertorio popular y su reconocimiento más allá del ámbito militar o clásico.


El legado de la obra de Fučík

Tras una carrera marcada por el éxito en el ámbito militar y musical, Fučík se trasladó a Berlín en 1913, donde fundó una orquesta y una editorial llamada Tempo-Verlag. Sin embargo, su vida se vio truncada prematuramente: falleció en 1916 a los 44 años.

Nunca llegó a saber que su marcha militar, concebida bajo la influencia de la literatura romana y la innovación instrumental, se convertiría en una de las melodías más reconocibles y perdurables de la cultura popular mundial, yendo desde los desfiles de Sarajevo hasta las pistas de circo de todo el mundo..


viernes, 25 de julio de 2025

0749: Suele suceder y mas seguido de lo que pensamos:

Una Abuelita habla por teléfono al Sanatorio y pregunta tímidamente,

- “¿Sería posible que alguien me informara, como está una paciente?”

La Operadora contesta:

- “Encantada de ayudarla, ¿Cómo se llama la paciente y en qué cuarto está?”

La abuelita con su voz temblorosa dice:

- “Nora Fernández, Cuarto 302”

La operadora responde,

- “Permítame ponerla en espera, mientras hablo con la enfermera del piso para poder informarle”

Después de unos 2 minutos, le informa: - “Tengo buenas noticias, la enfermera que en este momento está con ella me dijo que Nora va muy bien, su presión arterial y su glucosa ya están en su curso normal y su Doctor que la vio esta mañana dice que la darán de alta el martes”

La Abuelita dice:

- “Qué alegría… ya estaba preocupada, Dios la Bendiga señorita por las buenas noticias”

La Operadora dice:

- “Fue un placer ayudarla, perdón, ¿Nora es su Hija? “

La Abuelita le contesta:

- “!No!…¡Nora, soy yo, la del Cuarto 302!

Lo que pasa que estoy internada por la obra social de los jubilados y nadie me da pelota cuando llamo con el timbrecito de porquería...

No me dan medicamentos, no me sirven comida, la enfermera no viene a verme y el médico hace tres días que no aparece, entonces antes de ayer me vine a mi casa.

Estoy llamando para saber si ya estoy bien y si en ese sanatorio de mierda alguien se dio cuenta que me fui.

 

miércoles, 23 de julio de 2025

0748: un tipo común y corriente

 A primera vista, es un rostro anónimo, casi insignificante: algo joven/medio envejecido, flojo y estirado a la vez, ensanchado pero también reducido por la línea de cabello que retrocede. Es el rostro de tu barbero local, del tipo que te enseñó geografía mundial o del vendedor que le vendió a tu padre su primer Nissan. Hace falta otra mirada, o quizá dos, para notar los ojos, que al principio se presentan como pozos de melancolía, hasta que se encienden con alegría, seducción, desconcierto, o una furia gélida que te deja sin aliento porque es lo último que esperabas.

Siguió los pasos de Paul Muni, Edward G. Robinson y Humphrey Bogart: actores de carácter que, contra todo pronóstico, fueron catapultados al estrellato. Que cada uno de ellos transitara el camino del forajido no es una coincidencia: a nuestra cultura le gustan los tipos que nos sacuden un poco, y si no parecen alguien a quien llevaríamos a casa para presentarles a nuestros padres, mucho mejor, porque en nuestros teatros y salas de estar podemos visitar sus sórdidos apartamentos y mantenerlos a distancia.

él podía ser James, Jamie, Jimmy o incluso Bucky. Nuestro biógrafo se decide por Jim, un nombre que engloba tanto al chico de Jersey que destacó en baloncesto en la escuela secundaria Park Ridge como al joven y decidido actor que llegó a Nueva York con todo el encanto, la potencia y el talento que tenía. El éxito no tardó demasiado en llegar: un papel secundario en la reposición de Broadway de 1992 de Un tranvía llamado Deseo, seguido de un momento decisivo en el cine con True Romance de Tony Scott, donde su asesino a sueldo de sonrisa suave aterroriza metódicamente a Patricia Arquette. Incluso entonces, le preocupaba ser encasillado. “Si alguna vez vuelves a hacerme interpretar a un gángster”, le dijo a su representante, “te mataré a pu*os.”

Fiel a sus principios, rechazó el papel secundario en el biopic de HBO sobre Gotti. Tampoco quería hacer televisión, pero la siguiente propuesta de HBO fue la que no podía rechazar: un papel protagónico como un jefe del crimen del norte de Jersey asediado, que roba visitas a una terapeuta mientras intenta apuntalar su tambaleante imperio, familia y psique. Es una premisa que, como demostró la película Analyze This, lanzada simultáneamente, fácilmente podría haber derivado en comedia. Pero el creador y director de la serie, David Chase, tenía algo más en mente: la erosión diaria del alma de un hombre.

La triste verdad era que, por muchas horas de terapia que Tony Soprano se sometiera, por muchas epifanías que encontrara por el camino, nunca llegó a ser un mejor hombre. Por el contrario, escribe Bailey, “Tony siempre regresaba a los consuelos del crimen, y buscaba y adquiría más poder de manera despiadada, incluso si eso requería más derramamiento de sangre. Este hombre de mediana edad no iba a arreglarse a sí mismo, y nadie iba a arreglarlo a él.”

El antihéroe ahora era el héroe, y Tony Soprano, en la inolvidable interpretación de Gandolfini, pasó a presidir no solo una pila de cadáveres, sino también una larga y aún creciente fila de hombres vacíos.

Así que si amas a tu Dexter, tu Don Draper, tu Walter White, di una pequeña oración de agradecimiento por su padrino. Haz otra oración, ya que estás, por James Gandolfini, quien, de acuerdo con el consenso general, no era el tipo que interpretaba. Bailey ha entrevistado a hordas de sus íntimos y colegas y ha llegado a una teoría unificada: nuestro Jim era un “dulce”, “un hombre tranquilo, de buen corazón, genuinamente modesto, un tipo común y corriente,” “un hombre grande, adorable e increíblemente talentoso.”


domingo, 20 de julio de 2025

0947: La Fórmula Podcast, Hernán Casciari, escritor, editor y narrador argentino,

 — Yo creo que la mejor etapa del mundo es esta o es la que viene, si agarrás bien la ola no hay nada mejor que la serenidad con solvencia económica y experiencia, no hay nada mejor que eso, porque tenés todo a favor, siempre en estas etapas de 15. De 0 a 15 aprendés, lo único que hacés es aprender, pero no en la escuela, aprendés a caminar, a hablar, a desarrollarte, a tener un vocabulario, a saber si sos los del fondo del aula, los de adelante o los del medio, aprendés si sos extrovertido o introvertido, aprendes a masturbarte o a cog*r, cualquier de las dos, pero aprendés los primeros 15 años.

Los segundos 15, o sea de los 15 a los 30, ponés en uso ese aprendizaje sin ningún tipo de experiencia, te va bastante para el orto, e incluso en los éxitos, porque estás tanteando a ciegas. De los 30 a los 45, que es la etapa más energética que vas a tener, porque nadie va a tener más energía que de los 30 a los 45, que es donde formás la familia, donde te pensás en serio, en un futuro, en una labor, en un oficio, en una profesión, en una dinámica. Esa edad tiene en contra que poseés la experiencia pero no necesariamente el capital para desarrollarla, te falta todavía un toque, estás ahí, haciéndola, tratás de hacerla con una pala o llegar a fin de mes o comprarte el departamento o hacer el viaje que querés. Pero estás siempre en donde el dinero está rompiendo los huevos sin parar, porque tenés hijos por primera vez o porque tenés dos o porque tenés tres. O porque no tenés ninguno y entonces queres vivir la vida de diez personas al mismo tiempo. De los 45 a los 60 empezás, si tenés suerte obviamente, a tener una solvencia económica, los hijos están, pero son una ayuda, un acompañamiento, hay un aprendizaje, está todo bien y sobre todo empezaste a aprender realmente a ser tu tarea en tanto tu tarea sea tu vocación.


— ¿En cuál estás vos y cómo te sentís con eso?

— Yo estoy esa, en el 45 a 60, y la estoy pasando muy bien, muchísimo mejor que en todas las etapas anteriores en donde siempre faltaba algo, o experiencia o guita o necesidad, en esta no tengo ninguna cosa que esté fallando, pero me falta todavía el poder decirle que “no” a todo lo que no quiero, por eso cuando me preguntás el objetivo de lo que va a pasar de los 60 a los 75, el objetivo es que no me rompan los huev*s. Es poder decir “no” a cada una de las cosas que no quiero hacer, a dejar de caretear, incluso en la mayor profundidad. Ahora aprendí por suerte a no caretear, no careteo, si algo no me gusta lo digo, si alguien no me gusta me voy, me chupa un huev* bastante todo, todavía quedan cositas, quedan resabios, pero yo creo que estoy hurgando para que a los 60 no haya ni una cosa a la que yo le tenga que decir: “¡Uy! Sí, esto lo tengo que hacer”, ¿sabes por qué?. Porque en esa etapa va a haber una cosa a la que yo le tenga que decir: “Bueno, vení”.


— ¿Cuál es?

— El cáncer, la muerte, la mierd*… Va a venir, ese es el final del camino, es salir de una consulta y que el médico te haya dicho: “Mira, lo que tenés ahí no es bueno”. Esa es la última careteada, y quiero que sea esa, no quiero que sean boludeces. No que te digan: “¡Ay! Tenemos que ir a cenar a lo del matrimonio tal, pero tenemos que ir porque…”.


— Te quiero preguntar por un libro tuyo que son tus charlas con tu hemisferio derecho, que tiene que ver con esto que estamos hablando ¿cómo es la relación con tu diálogo interno?

— Es tremendo. Ese libro inaugura una forma que nunca perdí de comunicación. Soy tremendamente amigo mío, pero tremendamente, por eso también el silencio, la soledad, no sé si es algo que ejercité como musculatura sino más bien algo que tuve que ejercitar para no quedarme en silencio solo, pero yo aprendí a conversar conmigo, a tener idea, pingponearla y poder duplicar en la cabeza el que pregunta y el que responde. En ese libro que se llama “Charlas con mi hemisferio derecho” cuento la primera vez que conocí esta posibilidad que en ese momento era muy rústica, tenía dos lapiceras, una azul y una negra. Y con la azul me hacía preguntas, que no sabía qué repuestas tenían y después agarraba la otra y trataba de contestar con absoluta sinceridad. Esto los chicos hoy lo hacen con el chat GPT, les interesa más hablar con una entidad que con una persona, tienen menos vergüenza para hacerlo. A mí me pasaba eso, yo podría haber ido a un psicólogo, pero preferí construir esta comunicación interna en donde voy entrando y saliendo de mi propio subconsciente, no a placer, no a piacere, pero sí con una estructura y con una verosimilitud. Escribo como respuesta lo que yo creo y la pregunta no me sé la respuesta. Al principio lo hacía con mucha rusticidad, después empezó a fluir y hoy converso conmigo con muchísima naturalidad y no tengo la sensación de estar solo. Jamás me pasa el “no sé qué hacer”, jamás me aburro.

En un viaje en avión o en un lugar tranquilo, que estoy en una sala como esta, con dos micrófonos, donde estoy hablando con el otro de las cosas que más me divierten en el mundo, estoy en mi propia fiesta, me gusta mucho eso. Pero lo encontré, lo busqué, hubo algo y ese “algo” que antes yo te hubiera dicho: “Es una búsqueda creativa”, hoy te puedo confesar que me parece que tiene que ver con que he sido siempre muy antisocial y que necesitaba conversar con alguien. Esto no lo he hablado en ningún lado, no es algo que yo tenga como una teoría para afuera, pero para mí tiene que conversar y tiene que divertirse con los defectos de la otra, cada voz se tiene que divertir, no tiene que ser solemne. Lo que sí ocurre es cuando una de las dos voces se calla, eso siempre fue doloroso y confuso en las etapas en las que yo no sabía que ese era el problema, “¿por qué me está pasando esto? ¿y por qué me está pasando esto otro?”, porque una de las dos voces se calla. Después hay muchísimo suplemento en otras personas, te estoy hablando de mí hoy donde estoy tremendamente cascarrabias y encerrado, pero no siempre fui así. De los 45 a ahora que es esta etapa, es Julieta, mi mujer, sin duda, con las personas que puedo hablar de todo.


— ¿Cómo se diferencia tu crianza con la que vos les das a tus hijas?

— Un montón. Yo era un chico curioso en una casa donde no había mucha curiosidad, no había libros, estaban todo el tiempo persiguiendo alcanzara el dinero. Nunca nos faltó nada ni a mi hermana ni a mí, pero no se hablaba de otra cosa más que de guita, la que faltaba. Cuando el primer tema es la guita hay un problema siempre, no importa si tenés mucha o poca, cuando el primer tema es ese hay un problema y en mi familia había, ese tema era el tema. Y yo era tremendamente curioso. Con mis hijas es muy distinto, tanto la más grande como la que ahora tiene ocho, vivieron en dos casas de dos continentes distintos, en dos circunstancias muy distintas de sus padres, donde lo único común soy yo, el padre, pero nunca fue la guita el primer tema, nunca. La casa está llena de libros, aquella casa está llena de libros y esta casa está llena de libros, pero no de libros para figurar, no de esos libros que juntan polvo en bibliotecas que nadie mira. Libros en el suelo, libros abiertos, libros como diversión, y entonces ese cambio a mí me parece que es fundamental, es un gran cambio respecto a mi infancia, a lo que yo viví.


— Dijiste algo que me quedó grabado: que lo único que te desvela es la fragilidad de la paz.

— Es una locura eso, la fragilidad de la paz, esto que nos está pasando que se da vuelta como una media a las 12:35 de un martes que no le importa a nadie, tu vida se fue al carajo. Eso me da miedo a mí, en cualquiera de sus versiones, me parece espantoso que estemos a merced de ese día, me parece espantoso que no sepamos, que no vengamos el primer día nacemos “che, mira, tal día te va a pasar esto”, que no sé si estaría bueno tampoco, la solución no sé si estaría buena porque estarías todo el tiempo pensando en que va a llegar ese día. Para mí la fragilidad, lo frágil que es la paz, lo tranquilo que estamos a veces sin saber que hay algo que está sobrevolando y que se cae en picada como esas águilas que van a buscar el venado. Entonces te pasa una rarísima y te morís o se muere la persona que más querés en el mundo, o empieza un periplo de sufrimiento eterno de no sé qué, ¡Uy! Dios.

Lo vemos en los diarios y lo vemos a veces que son balas que nos pican cerca, pero están ahí esas balas y nosotros estamos ahí poniendo el pecho en la calle todos los días. Nos puede pasar. El tema de ser permanentemente consciente de lo frágil de estar en paz, hace que acariciemos más, abracemos más cosas que parecen no ser nada pero que son las únicas importantes, esas cosas que pasan a veces. Viste cuando sos chico que no tenés la menor idea de que estás pasando una Navidad con tus cuatro abuelos y no te das cuenta que es magia. Un día pasé mi Navidad con mis cuatro abuelos y mi papá y mi mamá y están todos vivos alrededor de una mesa y yo pensando cualquier boludez ese día. Capaz que me fui afuera a fumar un porro porque me parecía que la vida estaba en otro lado y adentro, donde yo pensaba que no había nada, estaban todos vivos, qué loco eso ¿no?


martes, 15 de julio de 2025

0946: Las campanas de la iglesia de mi pueblo

 Las campanas de la iglesia de mi pueblo no suenan: hablan. Y cuando hablan, no lo hacen al aire, sino al alma. Cada tañido tiene un sentido, una emoción, una memoria fundida en metal.

Para anunciar la muerte, la campana mayor –una mole suspendida de casi dos metros – lanza un golpe hondo, grave, que parte en dos la rutina del valle. Es un lamento metálico que queda suspendido en el aire, como si el tiempo se detuviera para acompañar a quien parte. Luego, un silencio denso de cinco segundos. Entonces, la campana pequeña responde con tres toques lentos, pausados; otros tres, y otros tres más. Y al final, vuelve a hablar la campana grande:

TON… tan… tan, tan… tan… tan, tan… tan… tan, tan… TON.

Ese eco, que parece subir desde la tierra hasta el cielo, avisa a San Pedro que prepare las llaves: hay visita. Las campanas no suenan, lloran. Lloran durante cinco minutos cada tres horas hasta que el alma abandona definitivamente el pueblo.

Pero cuando la vida florece de alegría –cuando es hora de aprender o jugar –, la campana chica ríe con voz aguda y vivaz: tin, tin, tin, tin. Una carcajada metálica recorre las calles, despierta a los niños, empuja los cuerpos al recreo, activa la mente. Suena a dopamina, a alegría, a comunidad viva.

Y cuando algo urge, cuando el peligro asoma o el pueblo debe reunirse, la campana mayor sacude el aire con un repique que ya no es sonido, sino grito:

TON, TON, TON, TON, TON.

Es un llamado, una orden, una súplica. No admite espera. Es la urgencia convocando a todos.

Desde 1791, año en que fue concluido el Templo Colonial San Juan Bautista, esas dos campanas marcan el tiempo y el alma de Pocoata, Potosí. Durante 234 años han anunciado nacimientos, bodas, incendios, misas, agonías, despedidas. Y hoy temen, silenciosamente, que algún día se les asigne una última tarea: tocar el réquiem del templo donde cuelgan.

El templo fue construido por el arquitecto Joaquín Marín, el mismo que edificó la torre sur de la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en Córdoba, Argentina. Trabajó en Pocoata entre 1779 y 1791, y de su mano nació una joya neoclásica con adornos barrocos. El 31 de enero de 1945, una ley lo declaró Monumento Nacional. La firmó el entonces presidente teniente coronel Gualberto Villarroel.

Según los franceses Tristan Platt, Thérèse Bouysse-Cassagne y Olivia Harris en su libro Historia antropológica de una confederación aymara – Qaraqara-Charka, fue Don Fernando Chinchi II quien mandó construir la iglesia; exigió que fuera “la más imponente de la provincia… con capillas ricas, adornos de plata labrada y muchas piñas doradas”.

El cura Francisco Javier Troncoso escribió en 1791: “no es de madera, sino de yeso y ladrillo, pues aún en esto he querido mirar por la mayor duración y firmeza”. Añadió que sus molduras, estípites, pedestales y pinturas esmaltadas en oro fueron pensadas para resistir incluso el fuego.

Pero antes de la Guerra del Chaco (1932–1935) se derrumbó la espadaña. Desde entonces, el templo se fue deteriorando, pero nunca cayó del todo. En 1993, llegó a Pocoata el párroco alemán Ibbes Anderson. Quedó conmovido por la belleza herida del templo y reconstruyó, con el apoyo de algunos vecinos, la espadaña caída, las graderías de la torre y la cúpula blanca.

Hoy, su fachada sigue imponente. Pero por dentro, el templo sufre: las paredes están picadas, los dorados del altar han perdido su brillo, la pila bautismal ya no existe, las arañas y candelabros desaparecieron, y los cuadros únicos del maestro Melchor Pérez de Holguín fueron trasladados a Potosí.

Aun así, un grupo de vecinos resiste. Organizan actividades, buscan apoyo y sueñan con restaurar el templo. Avanzan despacio, faltan recursos, pero sobra corazón. Los pocoateños han decidido tocar las puertas de la cooperación internacional –sobre todo española– con la esperanza de salvar este monumento vivo, testigo de una parte de la historia de Bolivia.

Las campanas de la iglesia de mi pueblo no suenan: hablan. Hablan de vida, de muerte, de fiesta, de miedo, de fe. Y yo solo pido que nunca tengan que tocar el fin de su propio templo.

Andrés Gómez es periodista.


jueves, 10 de julio de 2025

0945:"los abuelitos".

Nacimos en los 40, 50 y 60.

Crecimos en los 50, 60 y 70.

Estudiamos en los 60, 70 y 80.

Estuvimos juntos en los 70, 80 y 90.

Nos casamos o no, y descubrimos el mundo en los 70, 80 y 90.

Aventurándonos en los 80 y 90.

Nos estamos adaptando a la década del 2000.

Nos volvimos más sabios en la década del 2010.

Y seguimos adelante con fuerza en el 2020 y más allá.

Resulta que pasamos por OCHO décadas diferentes...

DOS siglos diferentes...

DOS millennials diferentes...

Hemos pasado del teléfono con operador para llamadas de larga distancia, las cabinas de pago, las videollamadas en todo el mundo.  Hemos pasado de las diapositivas a YouTube, de los vinilos a la música online, de las cartas manuscritas a los correos electrónicos y WhatsApp.

Partidos en directo por la radio, televisión en blanco y negro, televisión a color, luego televisión 3D HD.

Íbamos al videoclub y ahora vemos Netflix.

Conocimos las primeras computadoras, las tarjetas perforadas, los discos, y ahora tenemos gigabytes y megabytes en nuestros smartphones.

Usamos pantalones cortos durante toda nuestra infancia, luego pantalones largos, pantalones de entrepierna abierta o minifaldas, zapatos Oxford, Clarks, bufandas palestinas, monos y vaqueros.

Evitamos la parálisis infantil, la meningitis, la poliomielitis, la tuberculosis, la gripe porcina y ahora la COVID-19.

Hemos practicado patinaje sobre ruedas, triciclo, bicicleta, ciclomotor, gasolina o diésel, y ahora conducimos híbridos o eléctricos.  Jugábamos con los pequeños

a las damas, avestruces y a las bolitas, al polikadron y tambien a las escondidas, ahora tenemos Candy Crush en nuestros smartphones

Y leíamos... mucho

Y la religión de nuestros compañeros no era una asignatura...

Solíamos beber agua del grifo y limonada en botellas de vidrio, y las verduras de nuestro plato siempre estaban frescas; hoy nos traen la comida a domicilio.

Sí, hemos pasado por mucho, ¡pero qué vida tan hermosa hemos tenido!

Podrían describirnos como "ex-anuales"; personas que nacieron en este mundo de los años 50, que tuvieron una infancia analógica y una adultez digital.

Deberíamos añadir la Revolución Biológica que hemos presenciado. En 1960, la biología era muy descriptiva. Hemos presenciado el auge de la Biología Molecular: se descubrieron las moléculas de la vida: ADN, ARN, etc. Cuando ves todo lo que ha surgido de ella: terapia génica, huellas genéticas y demás, el progreso es considerable.

¡En realidad, lo hemos visto todo!  Nuestra generación ha vivido y presenciado literalmente más que cualquier otra en todas las dimensiones de la vida.

Esta es nuestra generación que se ha adaptado al "CAMBIO".

¡Felicitaciones a todos los miembros de una generación muy especial, que será ÚNICA! 

jueves, 3 de julio de 2025

0944: el profesor y el granjero

Un profesor se sienta al lado de un granjero en un tren. El profesor pronto se aburre y propone un juego para pasar el tiempo.

-Te propongo un pequeño juego –dice el profesor. “Déjame hacerte una pregunta. Si no sabes la respuesta me das 5€. Entonces me haces una pregunta. Si no lo sé te doy 50€. Aceptas?"

El granjero siente curiosidad, asiente y acepta.

El profesor comienza: “¿Cuál es la distancia exacta entre la Tierra y la Luna?”

Sin decir palabra, el agricultor saca cinco euros de su bolsillo y se los entrega al profesor.

Ahora es el turno del granjero. Piensa un momento y luego pregunta: "¿Qué animal sube montañas con tres patas y desciende con cuatro?"

El profesor quedó atónito. Se devana los sesos, repasa todos sus conocimientos, mira sus apuntes y trata de encontrar una explicación lógica. Pero en vano. Finalmente se da por vencido, saca 50 € de su cartera y se los entrega al granjero.

El granjero toma el dinero, sonríe satisfecho y se recuesta para dormir profundamente.

Pero el maestro, en su frenesí de curiosidad, no pudo soportar dejar la pregunta sin respuesta. Despierta al granjero e insiste: “Entonces, ¿qué animal es este?”

Sin decir palabra, el agricultor saca cinco euros de su bolsillo, se los entrega al profesor y continúa durmiendo tranquilamente.


La historia continúa...

Una mujer fue de compras, al llegar a la caja abrió la cartera para pagar.

La cajera vio que allí tenía un control remoto de televisión. No pudo controlar su curiosidad y preguntó:

-¿Siempre anda usted con el control remoto de televisión en su cartera?

-No, no siempre, pero mi esposo se negó a venir conmigo de compras porque  tenía que ver un partido de fútbol, así que me traje el control remoto.

Moraleja:

Apoye y acompañe a su esposa cuando ella se lo solicite.

Pero la historia continúa...


La cajera se rio y le devolvió la mercancía a la señora. Sorprendida, esta le pregunta qué sucedía.

La cajera le explica:

-Su marido ha bloqueado su tarjeta de crédito.

Moraleja: 

Respeta los pasatiempos de tu esposo.

Pero la historia continúa...


La esposa sacó la tarjeta de crédito de su marido de la cartera. 

¡De seguro no iba a bloquear su propia tarjeta!

Moraleja:

No subestimes la sabiduría de tu esposa.

Pero la historia continúa...


Cuando deslizó la tarjeta, la máquina solicitó: 

INGRESE EL PIN ENVIADO A SU TELÉFONO MÓVIL, o sea

¡al teléfono del esposo!

Moraleja:

Cuando un hombre está en riesgo de perder, hasta la máquina es suficientemente inteligente como para salvarlo.

Pero la historia continúa...


La mujer sonrió y sacó el móvil que sonó en su bolso.

¡Era el teléfono de su marido!

Ella lo había tomado junto con el control remoto para que no la llamara durante sus compras.

Ella compró sus artículos y regresó a casa ¡feliz!

Moraleja:

¡Nunca subestimes a una mujer!


Pero la historia continúa...

Al llegar a casa, su esposo se había ido. Encontró una nota en la puerta que decía: 

"No encontré el control remoto".

Salí con los niños para ver el partido. Llegaremos tarde a casa. Llámame a mi teléfono si necesitas algo.

Se llevó las llaves de la casa.

Moraleja:

No intentes controlar a tu esposo. Puedes perder el control.

La risa es el mejor antídoto contra la depresión. 

"PERO LA HISTORIA CONTINÚA"..