TIERRA: Son aquellas manos constituidas por una palma pequeña y dedos cortos.
FUEGO: Todas las que posean una palma larga pero dedos pequeños.
AIRE: Si tu palma es pequeña, pero tus dedos tienen tendencia a ser más largos entonces eres este tipo de manos.
AGUA: Son todas aquellas manos grandes, constituidas por una palma grande y dedos largos.
TIERRA.
Te caracterizas por ser una persona en ocasiones un poco terca, pero con mucha energía, y grandes y sólidos valores. Un poco materialista a veces, te gusta trabajar con tus manos. Eres práctica y responsable.
FUEGO.
Tú, chica fogosa, a veces puedes ser un poco egoísta e impulsiva. Extrovertida, espontánea, entusiasta y optimista, enfrentas los nuevos desafíos con mucho instinto y valentía.
AIRE.
Ingeniosa, sociable y habladora, tu hogar es el mundo de las ideas. Así como eres muy sociable, no permites que nadie te lastime y si alguien lo hace puedes ser rencorosa y vengativa. Eres algo rebelde y te encanta hacer las cosas por caminos diferentes a los demás.
AGUA.
Si estás entre las manos de agua, te caracterizas por ser una persona simpática, creativa y perceptiva. En ocasiones, puedes ser algo introvertida, pero muy emotiva y sentimental. Esto te hace, también, muy vulnerable a la tristeza y la depresión. En todo lo que te propones obtienes muy buenos resultados, pues eres intuitiva y muy paciente.
viernes, 29 de abril de 2016
jueves, 28 de abril de 2016
611: Seis cosas que deberías aprender de las estrellas porno
Si crees que no hay nada que aprender de esas voluptuosas mujeres que salen en las películas porno, ¡te equivocas!
APROVECHA QUE TU HOMBRE ES VISUAL.
Las pornstars visten decenas de vestidos sexys, lencería erótica, incluso la propia desnudez es parte del juego voyerista que a los hombres les fascina. ¿Qué aprendes de esto? Pues que la próxima vez, en lugar de apagar las luces, déjalas prendidas. Verás que el sexo fluirá mucho mejor. También puedes usar ropa sexy, simplemente lo volverás loco.
SÉ ELOCUENTE.
Las estrellas porno exageran, pero el verdadero trasfondo de sus gritos es la necesidad que tiene el varón de escuchar que lo están “haciendo bien”. Pero no sólo eso, las pornstars saben que los hombres no son adivinos, así que dicen todo el tiempo qué es lo que quieren, cómo lo quieren, si les gusta o no, si quieren cambiar de posición, cómo se sienten. La clave está en la comunicación.
PON ATENCIÓN A TU PAREJA, PERO TAMBIÉN A TI MISMA.
Dicen que el orgasmo es de quien lo trabaja y no hay algo más cierto. Si bien es cierto que la prioridad debe ser complacer a tu pareja, ver qué es lo que quiere y le gusta en la cama, también es fundamental que aprendas a identificar qué es lo que te gusta a ti y qué es lo que quieres tú.
HAZ COSAS NUEVAS, NO TE QUEDES EN TU ZONA DE CONFORT.
Las estrellas porno saben que la novedad es lo que atrae la atención. No te quedes siempre con las mismas posiciones, trata de experimentar cosas nuevas, lugares poco habituales, pero que te hagan sentir cómoda. ¡Improvisa! Incluso las notas sexuales son sexis, no tienes que hacer cambios drásticos sino pequeñas cosas.
NO IMPORTA TU CUERPO, TU PUEDES SER UNA DIOSA DEL SEXO.
Quizá no eres de las que consume contenido porno, pero te cuento que hay muchas categorías: las maduras, las rubias, las latinas, las gorditas, las asiáticas, las flaquitas. Todas muestran una actitud de diosas sexuales, calientes, maestras del erotismo. Están en lo que están y no importa si una bubi tiene un implante más grande que el otro o si se les ve una que otra estría.
MIRA EL SEXO COMO UNA OBRA DE TEATRO, UNA ACTUACIÓN MAGISTRAL.
Ese es el truco de los juegos sexuales, cambio de roles y uso de disfraces. El sexo es un juego donde tú eres la actriz protagonista. Te ayudará a relajarte. Si eres de las que se distrae con problemas y otras preocupaciones, actúa como si el coito fuera la única cosa que quisieras estar haciendo en ese momento. Al principio sentirás que es falso, pero eso te ayudará poco a poco a relajarte. Sólo por ese instante, tu orgasmo y el acto sexual son tu prioridad.
APROVECHA QUE TU HOMBRE ES VISUAL.
Las pornstars visten decenas de vestidos sexys, lencería erótica, incluso la propia desnudez es parte del juego voyerista que a los hombres les fascina. ¿Qué aprendes de esto? Pues que la próxima vez, en lugar de apagar las luces, déjalas prendidas. Verás que el sexo fluirá mucho mejor. También puedes usar ropa sexy, simplemente lo volverás loco.
SÉ ELOCUENTE.
Las estrellas porno exageran, pero el verdadero trasfondo de sus gritos es la necesidad que tiene el varón de escuchar que lo están “haciendo bien”. Pero no sólo eso, las pornstars saben que los hombres no son adivinos, así que dicen todo el tiempo qué es lo que quieren, cómo lo quieren, si les gusta o no, si quieren cambiar de posición, cómo se sienten. La clave está en la comunicación.
PON ATENCIÓN A TU PAREJA, PERO TAMBIÉN A TI MISMA.
Dicen que el orgasmo es de quien lo trabaja y no hay algo más cierto. Si bien es cierto que la prioridad debe ser complacer a tu pareja, ver qué es lo que quiere y le gusta en la cama, también es fundamental que aprendas a identificar qué es lo que te gusta a ti y qué es lo que quieres tú.
HAZ COSAS NUEVAS, NO TE QUEDES EN TU ZONA DE CONFORT.
Las estrellas porno saben que la novedad es lo que atrae la atención. No te quedes siempre con las mismas posiciones, trata de experimentar cosas nuevas, lugares poco habituales, pero que te hagan sentir cómoda. ¡Improvisa! Incluso las notas sexuales son sexis, no tienes que hacer cambios drásticos sino pequeñas cosas.
NO IMPORTA TU CUERPO, TU PUEDES SER UNA DIOSA DEL SEXO.
Quizá no eres de las que consume contenido porno, pero te cuento que hay muchas categorías: las maduras, las rubias, las latinas, las gorditas, las asiáticas, las flaquitas. Todas muestran una actitud de diosas sexuales, calientes, maestras del erotismo. Están en lo que están y no importa si una bubi tiene un implante más grande que el otro o si se les ve una que otra estría.
MIRA EL SEXO COMO UNA OBRA DE TEATRO, UNA ACTUACIÓN MAGISTRAL.
Ese es el truco de los juegos sexuales, cambio de roles y uso de disfraces. El sexo es un juego donde tú eres la actriz protagonista. Te ayudará a relajarte. Si eres de las que se distrae con problemas y otras preocupaciones, actúa como si el coito fuera la única cosa que quisieras estar haciendo en ese momento. Al principio sentirás que es falso, pero eso te ayudará poco a poco a relajarte. Sólo por ese instante, tu orgasmo y el acto sexual son tu prioridad.
miércoles, 27 de abril de 2016
610: CÓMO NOS “Amargamos LA VIDA”
Nosotros tenemos una enorme facilidad para amargarnos e incluso tenerlo crónicamente activado.
Lo activamos cuando no dejamos de cavilar porque las cosas no transcurren como deseamos, cuando no dejo de pensar en lo torpe que estuve ayer en la reunión de vecinos, cuando tarda mi hijo en regresar a casa y me pongo en lo peor que pudiera haberle ocurrido, cuando anticipo que me voy a quedar sin trabajo o que voy a ser objeto de recriminación y de rechazo, cuando recuerdo un incidente de tráfico que tuve ayer y me irrito por el comportamiento del hijoeputa que se sonreía al quitarme el aparcamiento o por haber sido objeto de un trato injusto y humillante, o me siento culpable porque injustamente acusé a un amigo de algo que no hizo, y por tantas otras situaciones que no encierran peligro físico para mi supervivencia pero que reacciono ante ellas como si estuviera en juego mi vida.
Podemos, ante hechos cotidianos y sin importancia, “amargarnos la vida” y sufrir innecesariamente.
Una cosa es tener en cuenta lo que los demás piensan, que puede resultar muy útil para conducirnos mejor por la vida, y otra muy diferente es preocuparnos en exceso por esas opiniones hasta el punto de atormentarnos y paralizarnos.
La metáfora de la familia que viajaba con un burro puede ayudarnos a valorar en sus justos términos lo que los demás opinan acerca de nuestra conducta.
“Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer mundo. Así, se fueron los tres con su burro y pasaron por 5 pueblos. Pero al pasar por el primer pueblo, oyeron que la gente comentaba: ‘¡Mira ese chico mal educado! Él, arriba del burro y los pobres padres, ya mayores, llevándolo de las riendas!’ Entonces, la mujer le dijo a su esposo: ‘No permitamos que la gente hable mal del niño.’ El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: ‘¡Mira que sin vergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima’. Entonces, tomaron la decisión de subir a la mujer al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: ‘¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro. Y pobre hijo... ¡qué le espera con esa madre!’ Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje. Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que sus pobladores decían: ‘¡Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!’ Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: ‘¡Mira a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!"
Lo activamos cuando no dejamos de cavilar porque las cosas no transcurren como deseamos, cuando no dejo de pensar en lo torpe que estuve ayer en la reunión de vecinos, cuando tarda mi hijo en regresar a casa y me pongo en lo peor que pudiera haberle ocurrido, cuando anticipo que me voy a quedar sin trabajo o que voy a ser objeto de recriminación y de rechazo, cuando recuerdo un incidente de tráfico que tuve ayer y me irrito por el comportamiento del hijoeputa que se sonreía al quitarme el aparcamiento o por haber sido objeto de un trato injusto y humillante, o me siento culpable porque injustamente acusé a un amigo de algo que no hizo, y por tantas otras situaciones que no encierran peligro físico para mi supervivencia pero que reacciono ante ellas como si estuviera en juego mi vida.
Podemos, ante hechos cotidianos y sin importancia, “amargarnos la vida” y sufrir innecesariamente.
Una cosa es tener en cuenta lo que los demás piensan, que puede resultar muy útil para conducirnos mejor por la vida, y otra muy diferente es preocuparnos en exceso por esas opiniones hasta el punto de atormentarnos y paralizarnos.
La metáfora de la familia que viajaba con un burro puede ayudarnos a valorar en sus justos términos lo que los demás opinan acerca de nuestra conducta.
“Había una vez un matrimonio con un hijo de doce años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer mundo. Así, se fueron los tres con su burro y pasaron por 5 pueblos. Pero al pasar por el primer pueblo, oyeron que la gente comentaba: ‘¡Mira ese chico mal educado! Él, arriba del burro y los pobres padres, ya mayores, llevándolo de las riendas!’ Entonces, la mujer le dijo a su esposo: ‘No permitamos que la gente hable mal del niño.’ El esposo lo bajó y se subió él. Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: ‘¡Mira que sin vergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima’. Entonces, tomaron la decisión de subir a la mujer al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: ‘¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro. Y pobre hijo... ¡qué le espera con esa madre!’ Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje. Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que sus pobladores decían: ‘¡Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna!’ Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: ‘¡Mira a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!"
martes, 26 de abril de 2016
609: Rastros preocupantes
Se detuvo durante un momento, mirando la balanza.
Mirarla no había constituido antes una amenaza, pero ahora era incluso menos placentero.
Hizo acopio de valor y subió al peso.
Ciento dos y medio. ¡No puede estar bien! Su corazón comenzó a latir con fuerza en el pecho.
¡Diablos, no! Algo debe de andar mal... Algo...— ¡Déjalo! —se susurró con voz baja y ronca.
Se alejó andando hacia atrás, como un hombre retrocede ante un perro que sabe que muerde.
Se llevó la palma de la mano a la boca y se la pasó rozando de arriba abajo.
Yessy le llamó desde las escaleras.
Él miró a la izquierda y vio su propio rostro exangüe contemplándole desde el espejo. Aparecían unas bolsas purpúreas debajo de los ojos que nunca habían estado allí, y la serie de arrugas de su frente parecían haberse ahondado aún más. Cáncer, pensó de nuevo
— ¿Estás arriba?
Un leve y aterrado sonido salió de su garganta. El rostro del hombre en el espejo estaba hondamente aterrado, era la cara embrujada de un inválido desde hacía mucho tiempo. En aquel momento, casi creyó en ello: que tenía cáncer, que estaba acribillado por él.
—Sí, estoy aquí.
Su voz fue firme. Casi.
— ¡Dios mío he estado gritando toda una eternidad!
—Lo siento...
No subas aquí, no me veas de este modo o me llevarás a la jodida Clínica en un abrir y cerrar de ojos. Quédate ahí donde está tu sitio. Por favor. — ¿No te olvidarás de concertar una cita con el doctor Hurtado verdad?
—No me olvidaré.
—Gracias, querido —le respondió, en voz baja. Y misericordiosamente, se retiró.
Orinó y luego se lavó las manos y la cara. Cuando creyó que comenzaba de nuevo a parecerse a sí mismo —más o menos— se fue abajo, intentando silbar.
No se había sentido tan asustado en toda su maldita vida.
Mirarla no había constituido antes una amenaza, pero ahora era incluso menos placentero.
Hizo acopio de valor y subió al peso.
Ciento dos y medio. ¡No puede estar bien! Su corazón comenzó a latir con fuerza en el pecho.
¡Diablos, no! Algo debe de andar mal... Algo...— ¡Déjalo! —se susurró con voz baja y ronca.
Se alejó andando hacia atrás, como un hombre retrocede ante un perro que sabe que muerde.
Se llevó la palma de la mano a la boca y se la pasó rozando de arriba abajo.
Yessy le llamó desde las escaleras.
Él miró a la izquierda y vio su propio rostro exangüe contemplándole desde el espejo. Aparecían unas bolsas purpúreas debajo de los ojos que nunca habían estado allí, y la serie de arrugas de su frente parecían haberse ahondado aún más. Cáncer, pensó de nuevo
— ¿Estás arriba?
Un leve y aterrado sonido salió de su garganta. El rostro del hombre en el espejo estaba hondamente aterrado, era la cara embrujada de un inválido desde hacía mucho tiempo. En aquel momento, casi creyó en ello: que tenía cáncer, que estaba acribillado por él.
—Sí, estoy aquí.
Su voz fue firme. Casi.
— ¡Dios mío he estado gritando toda una eternidad!
—Lo siento...
No subas aquí, no me veas de este modo o me llevarás a la jodida Clínica en un abrir y cerrar de ojos. Quédate ahí donde está tu sitio. Por favor. — ¿No te olvidarás de concertar una cita con el doctor Hurtado verdad?
—No me olvidaré.
—Gracias, querido —le respondió, en voz baja. Y misericordiosamente, se retiró.
Orinó y luego se lavó las manos y la cara. Cuando creyó que comenzaba de nuevo a parecerse a sí mismo —más o menos— se fue abajo, intentando silbar.
No se había sentido tan asustado en toda su maldita vida.
domingo, 24 de abril de 2016
608: Las discusiones y los problemas dentro de una relación es algo normal, no siempre acaban en buenos términos. Te damos algunos consejos básicos como sugerencia
HABLAR LAS COSAS EN SU MOMENTO.
Llegas a tu casa y corres a tu alcoba para despertar a tu amada con un beso y la encuentras durmiendo con don Johnny, ellos despiertan sorprendidos y tú reculas al dormitorio de las visitas a morderte los puños con ira.
“No dejes para después, lo que puedes hablar ahora”
HABLAR POR TURNOS.
Marido: ¡qué diablos pasa aquí!
Amante: ¡Buenos días, Roberto!
Esposa: ¡Hola, mi amor!
NO INSULTAR.
Marido: ¡Don Johnny cuando le dije que cuidara de Teresita, no me refería a esto!
TRANQUILIZARSE.
Esposa: Tranquilízate querido, hemos usado condón
DAR EL BENEFICIO DE LA DUDA
Amante: ¡Roberto, no saques conclusiones apresuradas! Esto sólo fue un polvo casual
Llegas a tu casa y corres a tu alcoba para despertar a tu amada con un beso y la encuentras durmiendo con don Johnny, ellos despiertan sorprendidos y tú reculas al dormitorio de las visitas a morderte los puños con ira.
“No dejes para después, lo que puedes hablar ahora”
HABLAR POR TURNOS.
Marido: ¡qué diablos pasa aquí!
Amante: ¡Buenos días, Roberto!
Esposa: ¡Hola, mi amor!
NO INSULTAR.
Marido: ¡Don Johnny cuando le dije que cuidara de Teresita, no me refería a esto!
TRANQUILIZARSE.
Esposa: Tranquilízate querido, hemos usado condón
DAR EL BENEFICIO DE LA DUDA
Amante: ¡Roberto, no saques conclusiones apresuradas! Esto sólo fue un polvo casual
sábado, 23 de abril de 2016
607: El diablo sabe más por… ¿cómo era?
Un granjero sale de compras y regresa con un gallo joven para las gallinas del corral.
El gallo joven mira a su alrededor, camina hasta donde está el gallo viejo y le dice: “Bueno viejo, llegó la hora de retirarte”. El gallo viejo le dice: “Vamos, no me digas que tú vas a poder con TODAS estas gallinas. ¡Mírame a mí como me han dejado! ¿Por qué no me dejas aunque sea aquellas dos gallinas viejas que están en el rincón?” Pero el gallo joven le contesta: “Ya vete viejo. Tú ya estás acabado! y ahora soy yo quien está a cargo”.
El gallo viejo le contesta: “Hagamos una cosa, jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero”. El gallo joven se echa a reír: “Vamos viejo, tú sabes muy bien que vas a perder. Pero para no ser injusto te voy a dejar que salgas primero”.
El gallo viejo arranca a correr. A los quince segundos, el gallo joven sale corriendo detrás de él. Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo y el gallo joven cada vez está más cerca. Ya está a quince centímetros detrás del gallo viejo y cada vez se le acerca más.
Mientras tanto el granjero, sentado en su sitio de costumbre en el portal, ve a los dos gallos que pasan corriendo. Agarra la escopeta y -BOOM – le dispara al gallo joven y lo hace trizas.
El granjero tristemente sacude la cabeza y dice: – “Coño, pero que suerte la mía ¡El tercer gallo maricón que compro este mes!
El gallo joven mira a su alrededor, camina hasta donde está el gallo viejo y le dice: “Bueno viejo, llegó la hora de retirarte”. El gallo viejo le dice: “Vamos, no me digas que tú vas a poder con TODAS estas gallinas. ¡Mírame a mí como me han dejado! ¿Por qué no me dejas aunque sea aquellas dos gallinas viejas que están en el rincón?” Pero el gallo joven le contesta: “Ya vete viejo. Tú ya estás acabado! y ahora soy yo quien está a cargo”.
El gallo viejo le contesta: “Hagamos una cosa, jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero”. El gallo joven se echa a reír: “Vamos viejo, tú sabes muy bien que vas a perder. Pero para no ser injusto te voy a dejar que salgas primero”.
El gallo viejo arranca a correr. A los quince segundos, el gallo joven sale corriendo detrás de él. Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo y el gallo joven cada vez está más cerca. Ya está a quince centímetros detrás del gallo viejo y cada vez se le acerca más.
Mientras tanto el granjero, sentado en su sitio de costumbre en el portal, ve a los dos gallos que pasan corriendo. Agarra la escopeta y -BOOM – le dispara al gallo joven y lo hace trizas.
El granjero tristemente sacude la cabeza y dice: – “Coño, pero que suerte la mía ¡El tercer gallo maricón que compro este mes!
viernes, 22 de abril de 2016
606: Los caminos del amor
La princesa se ha convertido en sapo. ¿Qué importancia tiene esto? ¿A quién necesito probarle algo si no busco nada, ni hombre ni amor? «Ya lo sabía. Sabía que iba a desequilibrar mi mundo. El cerebro avisó, pero el corazón no quiso seguir su consejo»
— Escucha más tu corazón.
— Eso es exactamente lo que hago: escucho. Y prefiero salir de aquí. No me siento cómoda.
— No bebas. No ayuda nada.
— Crees que lo sabes todo. ¿Que entiendes de instantes mágicos? No sé qué haces a mi lado.
— Te admiro. Y admiro la lucha que estás librando contra tu corazón.
— ¿Qué lucha?
— Nada.
Pero sé a qué se refiere.
— No te hagas ilusiones. Si quieres, podemos hablar de eso. Estás engañado con respecto a mis sentimientos.
Él deja de mover el vaso y me mira a la cara.
— No lo estoy. Sé que tú no me amas.
Eso me deja todavía más desorientada.
— Pero voy a luchar. Hay cosas en la vida por las que vale la pena luchar hasta el fin.
Sus palabras me dejan sin respuesta.
— Tú vales la pena
Yo aparto la mirada, y finjo estar interesada en la decoración del restaurante. Me estaba sintiendo sapo, y vuelvo a ser princesa. «Quiero creer en sus palabras —pienso, mientras miro un cuadro con pescadores y barcos—. No van a cambiar nada, pero por lo menos no me sentiré tan débil, tan incapaz»
En el camino de regreso me siento más confusa. Puede ser el sol, pero no, es otoño y el sol no calienta nada. Puede ser el viejo, pero el viejo ha salido de mi vida hace ya algún tiempo. Puede ser todo eso nuevo. Zapato nuevo molesta. La vida no es diferente: nos coge desprevenidos y nos obliga a caminar hacia lo desconocido cuando no queremos, cuando no lo necesitamos.
— Escucha más tu corazón.
— Eso es exactamente lo que hago: escucho. Y prefiero salir de aquí. No me siento cómoda.
— No bebas. No ayuda nada.
— Crees que lo sabes todo. ¿Que entiendes de instantes mágicos? No sé qué haces a mi lado.
— Te admiro. Y admiro la lucha que estás librando contra tu corazón.
— ¿Qué lucha?
— Nada.
Pero sé a qué se refiere.
— No te hagas ilusiones. Si quieres, podemos hablar de eso. Estás engañado con respecto a mis sentimientos.
Él deja de mover el vaso y me mira a la cara.
— No lo estoy. Sé que tú no me amas.
Eso me deja todavía más desorientada.
— Pero voy a luchar. Hay cosas en la vida por las que vale la pena luchar hasta el fin.
Sus palabras me dejan sin respuesta.
— Tú vales la pena
Yo aparto la mirada, y finjo estar interesada en la decoración del restaurante. Me estaba sintiendo sapo, y vuelvo a ser princesa. «Quiero creer en sus palabras —pienso, mientras miro un cuadro con pescadores y barcos—. No van a cambiar nada, pero por lo menos no me sentiré tan débil, tan incapaz»
En el camino de regreso me siento más confusa. Puede ser el sol, pero no, es otoño y el sol no calienta nada. Puede ser el viejo, pero el viejo ha salido de mi vida hace ya algún tiempo. Puede ser todo eso nuevo. Zapato nuevo molesta. La vida no es diferente: nos coge desprevenidos y nos obliga a caminar hacia lo desconocido cuando no queremos, cuando no lo necesitamos.
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