Después de haber caminado alrededor del pasado embebido en mis pensamientos, recreando los galardones y chambonadas en mis relajaciones espermáticas, decidí desahogarme en el keyboard, todos los experimentalismos que con una locuela vidita disfruté estos últimos diez años.
Es algo parecido a una auto evaluación pero sin serlo; definámosla más bien como un peritaje y que la misma empezó a navegar en aguas cristalinas desde el instante en que la puerta se cerró tras ella.
Ello me obligo a desvestirme de mis prejuicios y aburrimiento y vestirme de acuerdo a la época en que vivimos y adoptar una personalidad más acorde a la situación que empezaba a comenzar: Vivir como un hombre libre de ataduras sentimentales.
No es fácil hablar de estas cosas, pero ustedes se habrán dado cuenta, que es más fácil expresarse por escrito, que hacerlo oralmente, por ello es que en estas páginas desgrano, grano a grano, las gotas de mi inexperiencia. Las mismas servirán a vosotros cojonudos, a entender, comprender, descifrar el sui generis meollo mental de las féminas y aprender técnicas que les ayuden a despuntar las pruebas de la vida.
Si por casualidad éste criterio cayese en taleguilla desgarrada la lectura a la lectora le serviría de consuelo, pues así, comprenderá al copuchento y cojonudo que todavía está en el banco de la paciencia.
Desde el momento que el resuello divino cayó sobre la masa de arcilla, las mujeres nos llevaron al paraíso, allí nos suministraron su frutita de la desgracia y al final por su culpa se acaba el edén y todos patitas a la calle a buscar el pan de cada día, ¡¡¡EN CADA TRABAJO DE MIERDA!!! Con un jefe incapaz, mandón, mal vestido y con aliento a albañal.
Y peor aún si es una jefa, ¡ufa! Allí la cosa se pone color hormiga (de esas que se meten a la azucarera a cagar), generalmente solterona, cuasi feminista, hablan mal de los hombres, te obligan a saludar a sus amigas, a ser amable con su madre, gentil y caballeresco con sus escasísimos asiduos, te pagan una miseria y finalmente se pasan el día acosándote, ¡es toda una mierda!
Hablando de mierda, volví a recordarla, de su apostasía y de mis billetitos (¡mis papelitos adorados!), en realidad no se ha cual darle más valor si a ella o a mis adorados.
Es que ambos tienen su peso especifico, es fácil quizá para usted que le pasó lo mismo decir a mi me duele esto, o decir me duele aquello; pero para mí un ultrasensible, me es mucho más difícil decidir, siempre titubee, siempre vacilaba.
Pues si decíais una cosa, quizás la heríais, pero si calláis quedáis como pelotudáis, entonces la duda se instalaba plácidamente y desfilaba el tiempo y al final el que quedaba como cojudo fue él, que, posó en silencio, por no lastimar.
Como ven a veces uno no sabe si hacerlo o no hacerlo; si decirle o no decirle; si salir o no salir; si pegarle o marcharme; ¿¡si mandarla al carajo!?
¡Mandarla al carajo! fue la única decisión que tuve y no me arrepiento de perder el empleo, finalmente ¡mande a la mierda a la acosadora feminista… y termine en la mierda del desempleo! ¡¡Pero soy feliz!!
No hay nada mejor que sentirse feliz. ¡Es como descargar la tripa! una felicidad de saberse libre de pesos, de llenura, de hartazgo, ¡realmente eso es felicidad! ¡Como tener sexo! saberse hombre, fuerte, viril y con herramienta de primera; ¡realmente eso es felicidad!
Ser libre, dormir hasta el mediodía, hacer el amor hasta las tres de la madrugada, tomarse unas copitas sin tener que pensar en el mañana, ¡sí carajo! ¡¡¡¡¡ESTO HABÍA SIDO LA MENTADA FELICIDAD!!!!!
Si amigas y amigos, encontré la felicidad, dedicando unas cuantas horas al día a redactar, quitar, borrar, corregir, añadir, pulir las entradas preparadas para ustedes, para que algunos se rían, algunas se enojen, otros protesten y otras se burlen del Tauromáquico.
Hubieron unas ácidas y acuchillantes opiniones a mis mamotretos y ninguna de ellas me ofendió, entendí que no les agrado lo que escribí y todos ustedes tienen la libertad de comentar y decirme todo lo que quieran y así como yo les doy la libertad, yo la tomo también para actuar y utilizar esa libertad de expresión facial.
Perdón si alguno de mis comentarios en su blog los ofendió, pero al leer sus post, en mi cacumen entraron tal como las entendí y de la misma forma salieron. Es que para mí no hay grises, o son blancos o son negros.
Reitero nuevamente el agradecimiento por visitarme, yo también siempre los visitaré, es que las cosas buenas, nunca hay que olvidar.
Abrazos para los demás y besos para las damas.
sábado, 6 de noviembre de 2010
lunes, 1 de noviembre de 2010
62: El eslabón perdido
Como un mentís a la anterior entrada, recibí un e-mail anónimo donde me indicaban que mis amigos me jugaron una mala pasada al no haber incluido en las listas de amores fósiles a sus enamoradas (en el entendido que algunas pasaron por las armas) y que posiblemente lo hicieron con el temor de despertar añosos rencores.
Ante la ferviente llamada de atención anónima no me quedo más remedio que de nuevo acudir en busca de socorro en los viejos recuerdos de las esposas de mis leales amigos.
Ellas al principio presentaron ciertas objeciones, pero al final lo tomaron como un viaje al pasado II, y puestos de acuerdo nos fuimos a mi vieja quinta, en razón de que algunas lo conocían muy bien y las otras ardían de deseos por conocerla.
Una vez puestos en obra, ellas confeccionaron una lista y organizaron tres mesas de discusión y análisis. Tenemos que ser honestos pero no existe ningún ser mejor que la mujer para desmenuzar los recuerdos y poner los puntos en las íes. Son tan hábiles en el arte de sacar recuerdos que hasta lo logran de una sopa de mariscos. Dentro del análisis no quedaron puntos suspensivos, honestamente ellas hablaron a calzón quita´o.
Realmente fue muy divertido el fin de semana, como nos reímos al recordar las caras llenas de zozobra de sus juveniles enamorados cuando nos veían llegar a las fiestas, fueron dos días llenos de hermosos y manoseados recuerdos, simplemente, nos mirábamos y estallábamos en carcajadas. No voy a negar que en algunos momentos nos pusiéramos un poco sentimentales y ellas derramaron una o dos lagrimas como un tributo al ayer.
Finalizado el recuento y en aras de la amistad y primando interés sagrados no tuve más remedio que declarar que fui un muchacho desafortunado y que nunca tuve el primer amor; en cambio todas ellas encontraron el eslabón perdido.
Lamentablemente el escarbar en el pasado, siempre tiene sus consecuencias. Mis amigos quedaron con la sangre en el ojo. Mis amigas en cambio quedaron… Bueno, eso es otra historia.
Ante la ferviente llamada de atención anónima no me quedo más remedio que de nuevo acudir en busca de socorro en los viejos recuerdos de las esposas de mis leales amigos.
Ellas al principio presentaron ciertas objeciones, pero al final lo tomaron como un viaje al pasado II, y puestos de acuerdo nos fuimos a mi vieja quinta, en razón de que algunas lo conocían muy bien y las otras ardían de deseos por conocerla.
Una vez puestos en obra, ellas confeccionaron una lista y organizaron tres mesas de discusión y análisis. Tenemos que ser honestos pero no existe ningún ser mejor que la mujer para desmenuzar los recuerdos y poner los puntos en las íes. Son tan hábiles en el arte de sacar recuerdos que hasta lo logran de una sopa de mariscos. Dentro del análisis no quedaron puntos suspensivos, honestamente ellas hablaron a calzón quita´o.
Realmente fue muy divertido el fin de semana, como nos reímos al recordar las caras llenas de zozobra de sus juveniles enamorados cuando nos veían llegar a las fiestas, fueron dos días llenos de hermosos y manoseados recuerdos, simplemente, nos mirábamos y estallábamos en carcajadas. No voy a negar que en algunos momentos nos pusiéramos un poco sentimentales y ellas derramaron una o dos lagrimas como un tributo al ayer.
Finalizado el recuento y en aras de la amistad y primando interés sagrados no tuve más remedio que declarar que fui un muchacho desafortunado y que nunca tuve el primer amor; en cambio todas ellas encontraron el eslabón perdido.
Lamentablemente el escarbar en el pasado, siempre tiene sus consecuencias. Mis amigos quedaron con la sangre en el ojo. Mis amigas en cambio quedaron… Bueno, eso es otra historia.
jueves, 28 de octubre de 2010
61: El Tauromáquico
He leído con atención, algunas entradas en las cuales ensalzan al primer amor, ello me llevó a buscar en la memoria de mis amigos y comprobar: ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿En dónde disfrute del mismo?
¿Sería acaso esa niña que me mostraba su pecho plano, mientras nos bañábamos desnudos en el río Acero? O quizás ¿esa otra niña blonda de ojos azules que la amarré al Tótem y en el interludio le robaba un beso y le amasaba los limoncitos? O esa niña de los zapatitos, calcetines, calzones y vestido rojo a la cual le cantaba “solo tú” ahora usted se preguntará ¿Dónde se vio a un niño cantando boleros? La respuesta es sencilla: mi progenitor, él las cantaba en las serenatas que llevaba a mi madre (después me entere que no era la única que recibía esas canciones) o ¿será la hermana de Gustavo que me obligaba a darle masajitos en los muslos y su barriguita bajo el pretexto que le dolían?
Ahora no creo que en esta retrospectiva deban entrar todas aquellas niñeras que me incitaban a prácticas extrañas. También de este peritaje aparto a las cocineras de tío Hugo, que iniciaron mis nociones de anatomía. Dejando de lado, también a las amigas de mamá y las primas de papá que sembraron sus simientes de marañas.
Como ven, hasta el momento parece que no apareció el primer amor. Me viene a la mente la croata que se burló de un amigo yéndose conmigo y el día menos indeliberado se burló de mí marchándose con otro, en el entreacto podría decir que está manoseó por un pelo la cresta del embrollo.
Ahora si nos ponemos a merodear me percibo que el primer amor podríamos desenterrarlo utilizando el método de las “ideas de los contrarios” Las que contribuyen a diferenciar el placer del dolor, la alegría de la tristeza, el dominio de la sumisión, transgrediendo los límites del yo consciente, más allá de las fases “equivalente” y “paradójica”
1. ¿En algún momento pensamos en ella?
2. ¿Ella nos trae evocaciones sublimes?
3. Recuerdos agraciados cuando ella costeaba las cuentas
4. Ella tenía o parecía tener un rostro trivial
5. Ella tenía o parecía tener un cuerpo aguantable
6. ¡Ella era inteligente!
7. ¿Ella significaba alguna cosa para mí?
8. ¿Ella era alguna fuente para mí?
9. ¿Y?
10. ¿Qué habría acaecido si continuaba con ella?
11. ¿Cómo hubiera sido nuestro idilio?
12. ¿Dónde la conocí?
13. Y yo ¿qué hacía en ese lugar de mierda?
14. Y pensándolo bien no era tan inteligente
15. Y tampoco atractiva, pero tenía buen carácter
16. Bueno, hasta que se enojaba, ahí se volvía una maldita
17. Siempre que nos topamos me sonríe con tristeza
18. ¿Por qué será que siempre está entristecida?
19. ¡Debe ser una amargada de mierda!
20. ¡Y qué hijos caricaturescos que tiene!
21. ¿Y cómo se casó con ese?
22. Definitivamente no tiene buen gusto
23. Y esos colores y modelos que viste
24. ¡Definitivamente no sabe maquillarse!
25. Pensándolo bien creo que siempre vistió estrafalariamente
26. ¿En que estaba cavilando cuando me arregle con ella?
27. ¿Sería por las pulcras ofrendas que me hacía?
28. ¡Ni me acuerdo porque termine con ella!
29. ¿Al día siguiente me arregle con otra?
30. ¿Quién era la otra?
31. ¿Por qué siempre las confundo?
32. ¿Por qué será que nunca me acuerdo de sus nombres?
Lamentablemente y con la mente adolorida de mis inseparables debo exteriorizar que no encontramos a mi primer amor, habiendo recorrido todo el abecedario (tres veces para no errar), encabezando con Abelarda y finalizando en Zulema, donde tuvimos algunos problemas lingüísticos fue con Wilfrígida pues unos le decían Will y otros Frígida, pero ninguna de las tres traspusieron la frontera.
Gustavo me instruye, diciéndome que todos los que toparon el primer amor, es lógico que también fenezcan en el último y que mi caso en un asunto que escapa del Principio de Pavlov y que yo siempre viviré buscando el primer amor hasta el momento que eclipse la erección final.
No contento con las explicaciones y consolativos de Gustavo indague en libros esotéricos, el porqué algunos jamás tuvieron el primer amor y las respuestas cabalísticas indicaron que posiblemente el imperfecto tenía puesta su atención en otros asuntos a los cuales les daba más importancia que a un miserable y lacrimoso romance juvenil.
¿Sería acaso esa niña que me mostraba su pecho plano, mientras nos bañábamos desnudos en el río Acero? O quizás ¿esa otra niña blonda de ojos azules que la amarré al Tótem y en el interludio le robaba un beso y le amasaba los limoncitos? O esa niña de los zapatitos, calcetines, calzones y vestido rojo a la cual le cantaba “solo tú” ahora usted se preguntará ¿Dónde se vio a un niño cantando boleros? La respuesta es sencilla: mi progenitor, él las cantaba en las serenatas que llevaba a mi madre (después me entere que no era la única que recibía esas canciones) o ¿será la hermana de Gustavo que me obligaba a darle masajitos en los muslos y su barriguita bajo el pretexto que le dolían?
Ahora no creo que en esta retrospectiva deban entrar todas aquellas niñeras que me incitaban a prácticas extrañas. También de este peritaje aparto a las cocineras de tío Hugo, que iniciaron mis nociones de anatomía. Dejando de lado, también a las amigas de mamá y las primas de papá que sembraron sus simientes de marañas.
Como ven, hasta el momento parece que no apareció el primer amor. Me viene a la mente la croata que se burló de un amigo yéndose conmigo y el día menos indeliberado se burló de mí marchándose con otro, en el entreacto podría decir que está manoseó por un pelo la cresta del embrollo.
Ahora si nos ponemos a merodear me percibo que el primer amor podríamos desenterrarlo utilizando el método de las “ideas de los contrarios” Las que contribuyen a diferenciar el placer del dolor, la alegría de la tristeza, el dominio de la sumisión, transgrediendo los límites del yo consciente, más allá de las fases “equivalente” y “paradójica”
1. ¿En algún momento pensamos en ella?
2. ¿Ella nos trae evocaciones sublimes?
3. Recuerdos agraciados cuando ella costeaba las cuentas
4. Ella tenía o parecía tener un rostro trivial
5. Ella tenía o parecía tener un cuerpo aguantable
6. ¡Ella era inteligente!
7. ¿Ella significaba alguna cosa para mí?
8. ¿Ella era alguna fuente para mí?
9. ¿Y?
10. ¿Qué habría acaecido si continuaba con ella?
11. ¿Cómo hubiera sido nuestro idilio?
12. ¿Dónde la conocí?
13. Y yo ¿qué hacía en ese lugar de mierda?
14. Y pensándolo bien no era tan inteligente
15. Y tampoco atractiva, pero tenía buen carácter
16. Bueno, hasta que se enojaba, ahí se volvía una maldita
17. Siempre que nos topamos me sonríe con tristeza
18. ¿Por qué será que siempre está entristecida?
19. ¡Debe ser una amargada de mierda!
20. ¡Y qué hijos caricaturescos que tiene!
21. ¿Y cómo se casó con ese?
22. Definitivamente no tiene buen gusto
23. Y esos colores y modelos que viste
24. ¡Definitivamente no sabe maquillarse!
25. Pensándolo bien creo que siempre vistió estrafalariamente
26. ¿En que estaba cavilando cuando me arregle con ella?
27. ¿Sería por las pulcras ofrendas que me hacía?
28. ¡Ni me acuerdo porque termine con ella!
29. ¿Al día siguiente me arregle con otra?
30. ¿Quién era la otra?
31. ¿Por qué siempre las confundo?
32. ¿Por qué será que nunca me acuerdo de sus nombres?
Lamentablemente y con la mente adolorida de mis inseparables debo exteriorizar que no encontramos a mi primer amor, habiendo recorrido todo el abecedario (tres veces para no errar), encabezando con Abelarda y finalizando en Zulema, donde tuvimos algunos problemas lingüísticos fue con Wilfrígida pues unos le decían Will y otros Frígida, pero ninguna de las tres traspusieron la frontera.
Gustavo me instruye, diciéndome que todos los que toparon el primer amor, es lógico que también fenezcan en el último y que mi caso en un asunto que escapa del Principio de Pavlov y que yo siempre viviré buscando el primer amor hasta el momento que eclipse la erección final.
No contento con las explicaciones y consolativos de Gustavo indague en libros esotéricos, el porqué algunos jamás tuvieron el primer amor y las respuestas cabalísticas indicaron que posiblemente el imperfecto tenía puesta su atención en otros asuntos a los cuales les daba más importancia que a un miserable y lacrimoso romance juvenil.
jueves, 21 de octubre de 2010
60: Precepto tauromáquico
No sea usted de esos hombres de la calle que le doran la pildora a encantadoras mujeres hablando mal de otros hombres de la calle.
Son aquellos, que le dicen a la pareja del otro:
* Yo por usted me mataría trabajando;
* Nunca la dejaría sola;
* No sé, como usted le perdona sus infidelidades;
* ¿Sabía usted que él es casado?;
* Dicen que tiene tres hijos.
Y un montón más de verdades, despertando e incitando ideas de revancha y ellos se ofrecen para coronar al infidelísimo.
Usted hombre bien plantado de 1.60 no necesita utilizar esas malas artes, su apostura, su perfección, su caminar tigresco, su retozo y esa pelambrera que no acepta peine lo dicen todo.
Usted con solo mirarla la conquista (no necesita ni siquiera guiñar), reitero usted no necesita platicar, su peculiaridad lo dice todo y una mujer inteligente sabra fehacientemente reconocerlo.
Son aquellos, que le dicen a la pareja del otro:
* Yo por usted me mataría trabajando;
* Nunca la dejaría sola;
* No sé, como usted le perdona sus infidelidades;
* ¿Sabía usted que él es casado?;
* Dicen que tiene tres hijos.
Y un montón más de verdades, despertando e incitando ideas de revancha y ellos se ofrecen para coronar al infidelísimo.
Usted hombre bien plantado de 1.60 no necesita utilizar esas malas artes, su apostura, su perfección, su caminar tigresco, su retozo y esa pelambrera que no acepta peine lo dicen todo.
Usted con solo mirarla la conquista (no necesita ni siquiera guiñar), reitero usted no necesita platicar, su peculiaridad lo dice todo y una mujer inteligente sabra fehacientemente reconocerlo.
miércoles, 13 de octubre de 2010
59: La sordina del ingenuo
Posiblemente el mutismo guardado por varios días estimuló pretensiones garrafales en ustedes por ojear mis mamotretos llenos de improvisación sapiencial. Llenándolos de una angustia en su tórax e inexplicablemente rebuscaron en el mundo estéreo en busca del susodicho que ni decóa pio y tampoco podian leer los disparatados comentarios que generalmente el susodicho arrebatado hace en sus blogs.
Más en la vida color rosa de un soñador a veces surgen cumbres borrascosas donde las brumas tergiversan el tajo y la hacen difusa y crean meandros en la psiquis: cortocircuitos los cuales se exteriorizan con chisporroteos y olores rancios a gomita usada.
Les debo una explicación y aunque el buen gusto me indica que no debo descubrirlo porque la misma se reviste y me desviste (y si no me viste es que nunca me conociste) mostrando mis desnudeces mentales y sicosomáticas del entrevero que ocasionó Ella cuando toda sonrisa apareció en el vano de la puerta.
Desde ese momento quede estático y lo único que pude dibujar en mi faz (fuera de la embocadura simpática) una mimica de compromiso (que no se enreda a nada)y ella dentró de nuevo en mi vida mostrando unos suvenires(*) que obtuvo en su periplo lejos de mi vida.
Como ustedes pueden comprender mo mente quedo casi en blanco y no pude dedicarme a ustedes (ni a ellas), pues mi cacumen solo trabajaba en mensajes subliminales con el único y plausible objetivo a corto plazo: el de librarme de ella.
Perp ya lo dice esa canción que tras el chaparrón siempre asoma su hocico en calma y asi sucedió finalmente y asi tan fugaz como surgió, se esfumó y lo hizo de la misma manera que la vez anterior: cargándose unos quintos que tenía atesorado para mis ociosidades de fin de año.
¿Pero a quien le preocupa unos milloncitos de pesos devaluados? ¿No es acaso que lo que vale es el fin si uno tiene los medios?
Por lo tanto, lo mismo que ustedes, podemos jadear calmosos y ya que la ecuanimidad se ha enclavado cómodamente en mi vida, podré darme un descanso merecido. Y para mi, al igual que para ustedes, solo reposamos, garrapateando cuartillas inmaculadas.
Como corolario, podemos afirmar que sólo seremos felices si mos libramos de los amores del ayer, aunque nos cueste un poco de dinero. Finalmente y solo en este caso, acá se cumple eso, que el peculio hace radiante al hombre.
(*) Un morochito de cinco años y una rubicunda de dos.
Más en la vida color rosa de un soñador a veces surgen cumbres borrascosas donde las brumas tergiversan el tajo y la hacen difusa y crean meandros en la psiquis: cortocircuitos los cuales se exteriorizan con chisporroteos y olores rancios a gomita usada.
Les debo una explicación y aunque el buen gusto me indica que no debo descubrirlo porque la misma se reviste y me desviste (y si no me viste es que nunca me conociste) mostrando mis desnudeces mentales y sicosomáticas del entrevero que ocasionó Ella cuando toda sonrisa apareció en el vano de la puerta.
Desde ese momento quede estático y lo único que pude dibujar en mi faz (fuera de la embocadura simpática) una mimica de compromiso (que no se enreda a nada)y ella dentró de nuevo en mi vida mostrando unos suvenires(*) que obtuvo en su periplo lejos de mi vida.
Como ustedes pueden comprender mo mente quedo casi en blanco y no pude dedicarme a ustedes (ni a ellas), pues mi cacumen solo trabajaba en mensajes subliminales con el único y plausible objetivo a corto plazo: el de librarme de ella.
Perp ya lo dice esa canción que tras el chaparrón siempre asoma su hocico en calma y asi sucedió finalmente y asi tan fugaz como surgió, se esfumó y lo hizo de la misma manera que la vez anterior: cargándose unos quintos que tenía atesorado para mis ociosidades de fin de año.
¿Pero a quien le preocupa unos milloncitos de pesos devaluados? ¿No es acaso que lo que vale es el fin si uno tiene los medios?
Por lo tanto, lo mismo que ustedes, podemos jadear calmosos y ya que la ecuanimidad se ha enclavado cómodamente en mi vida, podré darme un descanso merecido. Y para mi, al igual que para ustedes, solo reposamos, garrapateando cuartillas inmaculadas.
Como corolario, podemos afirmar que sólo seremos felices si mos libramos de los amores del ayer, aunque nos cueste un poco de dinero. Finalmente y solo en este caso, acá se cumple eso, que el peculio hace radiante al hombre.
(*) Un morochito de cinco años y una rubicunda de dos.
domingo, 26 de septiembre de 2010
58: El Tauromáquico
Podría tener el atrevimiento de afirmar que si un cojonudo escribiría un mamotreto él lo titularía "Los caballeros las prefieren brutales" y él aseveraría que el verdadero mal de este siglo es la inestabilidad macrobiótica tanto en copuchentos como en féminas.
En lo que recalcaría sublimemente hasta el holocausto es que las mujeres, diariamente y sin perder un minuto deberían transformarse en catadoras de hombres como una terapia de un climaterio solitario y lleno de recuerdos.
A continuación él mostraría tipos de cojonudos que las mujeres deberán de probar por qué en el uso y abuso está el conocimiento y de esta nace la inexperiencia que las forjará, endurecerá y las hará mucho más agradables para los sinsabores de la vida marital.
El comida rápida: el hombre ideal para la ilusa que construye castillos con fundamento de un polvo fugaz.
El comida típica: el prototipo ideal para la fémina introvertida, frígida y poco conversadora.
El domicilio: para aquella que le gusta naufragar en el mar del noveno mandamiento.
El paella: el hombre ideal para toda mujer que odia maquillarse y gusta andar desarreglada dentro de la casa.
El tetafula: el tipejo especial para toda mujer vanidosa y llena de encantos natural exprofeso y encantos supernaturales añadidos.
El lomo fino: ideal para las feas las cuales tienen derecho a un polvo de vez en cuando.
El parrilla: para aquella mujer con dinero que le agradan los hombres bebedores ya que el alcohol los hace desinhibidos.
El pollo asado: son para aquellas féminas que quieren ser madres y amantes al mismo tiempo.
El risotto: especial para todas aquellas mujeres tercas y dominadoras y que creen que pueden cambiar al mundo.
El chorizo: man adecuado para aquellas féminas con espíritu de mártir.
El pasta: espécimen superlativo adecuado para todas las noveles en el arte sexual.
El buñuelo: es el hombre con el que las abuelitas sueñan para sus nietas pues les parece un buen tipo y nadie se atrevería a contradecir los gustos de las viejitas del siglo pasado.
El sopita en bajo: es el hombre que siempre estará presto para un polvacho y se mantendrá en segundo plano esperando el próximo.
El lenteja: hombre apto para toda mujer indecisa.
El roscón: espécimen apto para toda mujer con glamour.
El churro: es el hombre con el que sueñan todas las mujeres, pero pocas lo consiguen y las pocas que lo consiguen terminan odiándolo al comprobar que ellas envejecen y él no.
El helado: el hombre ideal para toda fémina con inclinaciones lésbicas.
El perro caliente: propio para la mujer con amplia parentela femenina y que le encanta el chismorreo.
El alka seltzer: es el hombro donde las lágrimas de la desilusión se acuestan, mientras la mano de él acaricia su entrepierna. Toda mujer siempre deberá tener a mano este paño y este pipi para aquellos momentos en que la ingesta de los anteriores platillos haya atiborrado su sed de experiencia psicovaginales.
El copuchento terminaría indicando:
En las féminas es cuestión el aprender el arte del buen coger. Es decir, aprender a clasificar lo que le gusta, lo que le sirve o no, para tener la vida que usted se ha delirado. Si no, viva del sexo y deje de envidiar a sus amigas. Confórmese con lo que escogió y tiene encima. deje de soñar con grandes pipis y las 69 posiciones del kamasutra. Y por favor, deje respirar a ese hombre que no tiene la culpa de que usted haya escogido mal. Y dele, al menos, la oportunidad de una fellatio de vez en cuando. Lo cierto es que la mayoría de las mujeres son terribles y lo que quierem, casi nunca corresponde al escenario que escogen. Por esto, muchas de ellas viven amargadas, frustadas y reniegan del cojonudo así éste sea un dechado de virtudes aunque usted jamás lo crea.
En lo que recalcaría sublimemente hasta el holocausto es que las mujeres, diariamente y sin perder un minuto deberían transformarse en catadoras de hombres como una terapia de un climaterio solitario y lleno de recuerdos.
A continuación él mostraría tipos de cojonudos que las mujeres deberán de probar por qué en el uso y abuso está el conocimiento y de esta nace la inexperiencia que las forjará, endurecerá y las hará mucho más agradables para los sinsabores de la vida marital.
El comida rápida: el hombre ideal para la ilusa que construye castillos con fundamento de un polvo fugaz.
El comida típica: el prototipo ideal para la fémina introvertida, frígida y poco conversadora.
El domicilio: para aquella que le gusta naufragar en el mar del noveno mandamiento.
El paella: el hombre ideal para toda mujer que odia maquillarse y gusta andar desarreglada dentro de la casa.
El tetafula: el tipejo especial para toda mujer vanidosa y llena de encantos natural exprofeso y encantos supernaturales añadidos.
El lomo fino: ideal para las feas las cuales tienen derecho a un polvo de vez en cuando.
El parrilla: para aquella mujer con dinero que le agradan los hombres bebedores ya que el alcohol los hace desinhibidos.
El pollo asado: son para aquellas féminas que quieren ser madres y amantes al mismo tiempo.
El risotto: especial para todas aquellas mujeres tercas y dominadoras y que creen que pueden cambiar al mundo.
El chorizo: man adecuado para aquellas féminas con espíritu de mártir.
El pasta: espécimen superlativo adecuado para todas las noveles en el arte sexual.
El buñuelo: es el hombre con el que las abuelitas sueñan para sus nietas pues les parece un buen tipo y nadie se atrevería a contradecir los gustos de las viejitas del siglo pasado.
El sopita en bajo: es el hombre que siempre estará presto para un polvacho y se mantendrá en segundo plano esperando el próximo.
El lenteja: hombre apto para toda mujer indecisa.
El roscón: espécimen apto para toda mujer con glamour.
El churro: es el hombre con el que sueñan todas las mujeres, pero pocas lo consiguen y las pocas que lo consiguen terminan odiándolo al comprobar que ellas envejecen y él no.
El helado: el hombre ideal para toda fémina con inclinaciones lésbicas.
El perro caliente: propio para la mujer con amplia parentela femenina y que le encanta el chismorreo.
El alka seltzer: es el hombro donde las lágrimas de la desilusión se acuestan, mientras la mano de él acaricia su entrepierna. Toda mujer siempre deberá tener a mano este paño y este pipi para aquellos momentos en que la ingesta de los anteriores platillos haya atiborrado su sed de experiencia psicovaginales.
El copuchento terminaría indicando:
En las féminas es cuestión el aprender el arte del buen coger. Es decir, aprender a clasificar lo que le gusta, lo que le sirve o no, para tener la vida que usted se ha delirado. Si no, viva del sexo y deje de envidiar a sus amigas. Confórmese con lo que escogió y tiene encima. deje de soñar con grandes pipis y las 69 posiciones del kamasutra. Y por favor, deje respirar a ese hombre que no tiene la culpa de que usted haya escogido mal. Y dele, al menos, la oportunidad de una fellatio de vez en cuando. Lo cierto es que la mayoría de las mujeres son terribles y lo que quierem, casi nunca corresponde al escenario que escogen. Por esto, muchas de ellas viven amargadas, frustadas y reniegan del cojonudo así éste sea un dechado de virtudes aunque usted jamás lo crea.
lunes, 13 de septiembre de 2010
57: El Tauromáquico
Isabella Santo Domingo en su libro “Los caballeros las prefieren brutas” asegura que el verdadero mal del siglo 21 es la inestabilidad emocional en las mujeres. Y que las mujeres deberán convertirse en catadoras de hombres como una terapia de supervivencia.
A continuación la autora muestra tipos de comidas que las mujeres deberán de evitar si no quieren terminar siendo más infelices de lo que ya son actualmente:
El comida rápida, este espécimen es un buen pedazo de carne, pero nada más. Se come rápido, de apuro y no es para nada saludable. Más que nada para la mente.
El comida típica, las mismas posiciones aburridas, la misma conversación y la misma sensación de vacío al final.
El domicilio, a este tipo solo le interesa el sexo, el que nunca la llevará a la esquina a comer una salchicha y que a usted tampoco le interesa salir a la calle con él.
La paella, comer paella significa atenderlo en la casa, criarle los hijos y, aun así, que se vaya con otra.
El tetafula, es la clase de tipo que no las admira más que por sus curvas. Es al que se le van los ojos detrás de cuanta “copa 38D” se le atraviesa por el camino.
El lomo fino, el plato no es más que un pendejo que, en vez de traer el pan a la casa, se lo lleva a la otra. El que una mujer termina manteniendo para no quedarse sola.
El parrilla, es el que sin cerveza no funciona. Este platillo gourmet es el típico hombre que en público es el mejor anfitrión, pero que en privado ni la determina. Es el que confía que su pareja lavará los platos, cuando sus amigos se hayan ido.
El pollo asado, es decir el niño, el que para bronceado porque no hace más que pasear. Este bocadillo, ensarta el corazón y da vueltas y vueltas al asunto y nunca decide nada.
El risotto, el típico bueno para nada que, encima de todo se las da de muy gracioso. El que se lava las manos de toda responsabilidad. El encantado de la vida que vive muerto de la risa, pero que niega todo cuando se lo pilla con las manos en la masa.
El chorizo, es aquel bien dotado pedazo de carne grasosa que, a pesar que la mujer sabe que no es saludable para el corazón ella lo consume. Lo interesante es que usualmente viene como parte de una larga cadena y, después de uno, siempre viene otro igual detrás.
El pasta, un don nadie que se adhiere como un pegote, la única manera para sacárselo de encima es anunciarle de repente que está embarazada. Son una maravilla para salir huyendo.
El buñuelo, el regordete, bonachón, grasoso, calvo y encima de todo amante de los fritos. Es el hombre con el que las abuelas sueñan para marido de sus nietas pues les parece un buen tipo y nadie dice lo contrario. El problema es que como todo entra por los ojos… y es que…. ¿acaso no merecemos algo mejor?
El sopita en bajo, es el que nunca clasifica para novio, pero que sí vale la pena retenerlo por ahí cerca por si las moscas.
El lenteja, es un lento para todo. El indeciso que toma sus licencias eternas para regalar un poco de seguridad que la mujer necesita. El que se demora para todo, menos para venirse.
El roscón, es ese que se las da de muy macho, pero que parece una piñata, “lleno de maricaditas”
El churro, este hombre atrae a simple vista y sin tener que hacer el mínimo esfuerzo. Todas lo miran… y a su vez a él le encanta que lo miren. Es el hombre que deleita, que provoca, pero que al final empalaga tanto que produce náuseas.
El helado, ese hombre poco detallista, circunspecto, aburrido y, encima de todo criticón. Ese al que le dará exactamente lo mismo si duerme a su lado en pijama, baby doll, sin ropa o… ¡sin él!
El perro caliente, el problema fundamental con esta popular comida rápida es que pone los cuernos indiscriminadamente. Es decir, le da igual si es con una de su categoría o de varios escalones menos y es de los que se enfurecen terriblemente ante cualquier reclamo de su pareja.
El alka seltzer, este modelo de hombre es con el que la mujer sale para aliviarse de tanta indigestión. Las mujeres nunca apreciaron sus bondades y solo es utilizado después de comer tantas pendejadas y porquerías. Es el hombre que deja poca huella y que su recuerdo se diluye rápidamente como la espuma.
Termina indicando:
Es cuestión de aprender el arte del descarte. Es decir, aprender a clasificar lo que le gusta, lo que le sirve o no, para tener la vida que usted ha soñado. Si no, viva del amor y deje de envidiar a sus amigas. Confórmese con lo que escogió y tiene al lado. Deje de soñar con grandes galas y zapatillas de cristal. Y por Dios, deje en paz a ese hombre que no tiene la culpa de que usted haya escogido mal. Y dele, al menos, la oportunidad de una vida digna. Lo cierto es que la mayoría de las mujeres somos terribles y lo que pensamos, lo que queremos, casi nunca corresponde a la realidad que escogemos. Por esto, muchas de ellas viven amargadas, frustradas y reniegan del marido así éste sea un dechado de virtudes.(Editorial Grijalbo)
Un libro de cabecera para todas aquellas mujeres que siguen soñando.
A continuación la autora muestra tipos de comidas que las mujeres deberán de evitar si no quieren terminar siendo más infelices de lo que ya son actualmente:
El comida rápida, este espécimen es un buen pedazo de carne, pero nada más. Se come rápido, de apuro y no es para nada saludable. Más que nada para la mente.
El comida típica, las mismas posiciones aburridas, la misma conversación y la misma sensación de vacío al final.
El domicilio, a este tipo solo le interesa el sexo, el que nunca la llevará a la esquina a comer una salchicha y que a usted tampoco le interesa salir a la calle con él.
La paella, comer paella significa atenderlo en la casa, criarle los hijos y, aun así, que se vaya con otra.
El tetafula, es la clase de tipo que no las admira más que por sus curvas. Es al que se le van los ojos detrás de cuanta “copa 38D” se le atraviesa por el camino.
El lomo fino, el plato no es más que un pendejo que, en vez de traer el pan a la casa, se lo lleva a la otra. El que una mujer termina manteniendo para no quedarse sola.
El parrilla, es el que sin cerveza no funciona. Este platillo gourmet es el típico hombre que en público es el mejor anfitrión, pero que en privado ni la determina. Es el que confía que su pareja lavará los platos, cuando sus amigos se hayan ido.
El pollo asado, es decir el niño, el que para bronceado porque no hace más que pasear. Este bocadillo, ensarta el corazón y da vueltas y vueltas al asunto y nunca decide nada.
El risotto, el típico bueno para nada que, encima de todo se las da de muy gracioso. El que se lava las manos de toda responsabilidad. El encantado de la vida que vive muerto de la risa, pero que niega todo cuando se lo pilla con las manos en la masa.
El chorizo, es aquel bien dotado pedazo de carne grasosa que, a pesar que la mujer sabe que no es saludable para el corazón ella lo consume. Lo interesante es que usualmente viene como parte de una larga cadena y, después de uno, siempre viene otro igual detrás.
El pasta, un don nadie que se adhiere como un pegote, la única manera para sacárselo de encima es anunciarle de repente que está embarazada. Son una maravilla para salir huyendo.
El buñuelo, el regordete, bonachón, grasoso, calvo y encima de todo amante de los fritos. Es el hombre con el que las abuelas sueñan para marido de sus nietas pues les parece un buen tipo y nadie dice lo contrario. El problema es que como todo entra por los ojos… y es que…. ¿acaso no merecemos algo mejor?
El sopita en bajo, es el que nunca clasifica para novio, pero que sí vale la pena retenerlo por ahí cerca por si las moscas.
El lenteja, es un lento para todo. El indeciso que toma sus licencias eternas para regalar un poco de seguridad que la mujer necesita. El que se demora para todo, menos para venirse.
El roscón, es ese que se las da de muy macho, pero que parece una piñata, “lleno de maricaditas”
El churro, este hombre atrae a simple vista y sin tener que hacer el mínimo esfuerzo. Todas lo miran… y a su vez a él le encanta que lo miren. Es el hombre que deleita, que provoca, pero que al final empalaga tanto que produce náuseas.
El helado, ese hombre poco detallista, circunspecto, aburrido y, encima de todo criticón. Ese al que le dará exactamente lo mismo si duerme a su lado en pijama, baby doll, sin ropa o… ¡sin él!
El perro caliente, el problema fundamental con esta popular comida rápida es que pone los cuernos indiscriminadamente. Es decir, le da igual si es con una de su categoría o de varios escalones menos y es de los que se enfurecen terriblemente ante cualquier reclamo de su pareja.
El alka seltzer, este modelo de hombre es con el que la mujer sale para aliviarse de tanta indigestión. Las mujeres nunca apreciaron sus bondades y solo es utilizado después de comer tantas pendejadas y porquerías. Es el hombre que deja poca huella y que su recuerdo se diluye rápidamente como la espuma.
Termina indicando:
Es cuestión de aprender el arte del descarte. Es decir, aprender a clasificar lo que le gusta, lo que le sirve o no, para tener la vida que usted ha soñado. Si no, viva del amor y deje de envidiar a sus amigas. Confórmese con lo que escogió y tiene al lado. Deje de soñar con grandes galas y zapatillas de cristal. Y por Dios, deje en paz a ese hombre que no tiene la culpa de que usted haya escogido mal. Y dele, al menos, la oportunidad de una vida digna. Lo cierto es que la mayoría de las mujeres somos terribles y lo que pensamos, lo que queremos, casi nunca corresponde a la realidad que escogemos. Por esto, muchas de ellas viven amargadas, frustradas y reniegan del marido así éste sea un dechado de virtudes.(Editorial Grijalbo)
Un libro de cabecera para todas aquellas mujeres que siguen soñando.
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